LOGINNarrado por Elena
— Claro… será una honra trabajar aquí — respondí, estrechando su mano una vez más. Adrian Stone mantuvo la misma postura seria que tuvo durante toda la entrevista. Su mirada intensa y enigmática parecía analizar cada detalle mío, como si intentara descubrir algo escondido dentro de mí. — Bueno… — comenzó él — la antigua asistente necesitó salir de la ciudad con urgencia por problemas personales. Entonces, lamentablemente, no habrá alguien que te enseñe todo. Hizo una pequeña pausa. — Pero mi hermana podrá ayudar en lo que necesites. Y si tienes alguna duda… puedes buscarme a mí. Asentí. A pesar de su tono frío, había algo en la manera en que hablaba que transmitía seguridad. Terminamos la entrevista y Valentina apareció enseguida para mostrarme la empresa. Caminamos por los elegantes pasillos mientras ella explicaba cada sector. La empresa era enorme. Mucho más grande de lo que imaginaba. Después de unos minutos, me miró de lado con una sonrisa curiosa. — Sabes… me caíste bien. Levanté una ceja, sorprendida. — Fuiste la mejor candidata para este puesto. Parpadeé un par de veces. — Fuiste la única que vino vestida de forma realmente profesional… y también la única que trató a todos los empleados con respeto. Iba a agradecer, pero ella continuó hablando antes de que pudiera abrir la boca. — Con ese carácter simpático, educado… y siendo tan linda… — entrecerró los ojos con una sonrisa maliciosa — apuesto a que tienes novio. No pude evitar reírme. — Fallaste feo. Su expresión cambió por completo. — ¿Qué? — En mi vida, en este momento, no existe espacio para relaciones — respondí con sinceridad —. Solo para mi hija. Tan pronto como terminé de hablar, Valentina dejó de caminar. Me miraba como si acabara de revelar el secreto más impactante del mundo. — ¡¿Mentira?! — dijo ella casi gritando. Miré a mi alrededor, un poco incómoda. — ¡No puedo creer que seas mamá! — continuó ella, completamente sorprendida —. Dios mío… no sé si me impacta más que seas mamá… o que exista una miniatura tuya. Terminé riendo. Seguimos caminando por la empresa, pero su expresión seguía siendo de completo asombro. Después de unos segundos, volvió a hablar. — ¿Entonces estás casada? Moví la cabeza. — No. Respiré hondo antes de continuar. — El padre de Sofía murió hace algunos años. Valentina inmediatamente se quedó sin gracia. — Ah… lo siento. No quería ser inoportuna. Sonreí levemente. — No hay problema. Pero la verdad es que ese tema siempre despertaba un torbellino de emociones dentro de mí. Porque Luca no fue solo el padre de mi hija. Fue mi mejor amigo. Mi hermano de corazón. Nos conocimos cuando teníamos quince años. Desde entonces vivíamos pegados. Siempre juntos. Siempre riendo. Muchas personas pensaban que teníamos algo, pero la verdad era que nuestra relación estaba basada en amistad, cariño… y mucha provocación. Cuando teníamos dieciocho años, Luca le contó a su familia que era bisexual. Ellos no lo aceptaron. Entonces él se fue a vivir conmigo y con mis padres. Mis padres lo acogieron como si fuera parte de la familia. Como si fuera un hijo. Un año después, a los diecinueve, nos mudamos a Nueva York para estudiar en la universidad. Y entonces… ocurrió aquella noche. Luca y yo bebimos mucho. Muchísimo. Entre risas, alcohol y curiosidad… terminamos durmiendo juntos. Cuando despertamos a la mañana siguiente, desnudos y completamente confundidos, no sabíamos si reírnos o si escondernos de la vergüenza. Fue una de las situaciones más extrañas y divertidas de nuestra vida. Pero algún tiempo después descubrí que estaba embarazada. Y Luca… Luca se quedó a mi lado. No huyó. No dijo que fue un error. Nunca me pidió que abortara. Al contrario. Prometió que estaríamos juntos en esto. Pero en el sexto mes de mi embarazo… todo cambió. Esa tarde recibí una llamada del hospital. Una llamada que cambió mi vida para siempre. Hubo un incendio en el lugar donde Luca trabajaba. Según los médicos, él intentó ayudar a los bomberos a sacar a las personas que estaban atrapadas dentro del edificio. Pero las llamas lo rodearon. Y él no pudo salir. Luca murió ese día. Mi pecho todavía dolía cada vez que lo recordaba. Él no era solo mi mejor amigo. Era mi familia. Mi hermano de corazón. Nada en el mundo podría habernos separado. Decíamos que compartíamos la misma neurona. No éramos hermanos de sangre. Pero ¿qué eran las células comparadas con una conexión tan fuerte? Sonreí levemente al recordar nuestras risas. Era imposible pensar en Luca sin recordar momentos felices. [...] Cuando finalmente llegué a casa, estaba completamente exhausta. La empresa era demasiado grande para que alguien la conociera usando tacones altos. Carla ya se había ido. Y Sofía dormía tranquilamente en su habitación. Fui directamente al baño y tomé una ducha caliente y relajante. Luego me cambié de ropa y fui a preparar la cena. Algún tiempo después, Sofía se despertó. Tomé a mi pequeña en brazos. — ¿Despertaste, mi bebé? — murmuré. Ella apoyó la cabeza en mi pecho. — ¿Dormiste bien? Sofía me miraba con esos ojos verdes brillantes que derretían cualquier corazón. Pasé un rato jugando con ella. Luego cenamos juntas, jugamos un poco en la sala y finalmente la acosté. Cuando todo quedó en silencio, me arrodillé al lado de la cama. Cerré los ojos. Agradecí a Dios por todo lo que ha hecho en mi vida. Por cuidarme. Y principalmente por cuidar a mi pequeña. Poco después me acosté. Y me dormí. Sin imaginar… Que al día siguiente mi vida comenzaría a cambiar de verdad.Lá Niñera Virgen Y El Viudo Obcessivo Sienna Blake tiene 28 años y una vida que parecía perfecta: un buen trabajo como gerente de marketing, un apartamento propio y una independencia que conquistó con esfuerzo. Pero todo se derrumba cuando descubre que su jefe, con quien se involucró, está casado —y, peor aún, la despide y promete arruinar su carrera.Meses después, sin perspectivas y con las cuentas ajustadas, Sienna acepta la sugerencia de su hermana y se postula para un puesto de niñera. ¿El problema? Nunca ha cuidado niños en su vida. Y, para empeorar las cosas, son tres traviesos que ya han espantado a 24 niñeras en menos de un año.Al llegar a la mansión de Damon Black, Sienna se encuentra con un hombre viudo, dueño de una constructora millonaria, que vive encerrado en el trabajo y parece haber olvidado que tiene hijos.— "Dudo que dure una semana."Pero Sienna no es cualquier niñera. Testaruda, persistente y con un corazón enorme, comienza a derribar las barreras que los niño
Cinco años después...Elena narrando— ¿En qué estás pensando? — preguntó Adrian, recostado en la tumbona a mi lado.La piscina infinita del hotel en Positano se mezclaba con el mar azul de la costa italiana. El sol se estaba poniendo, pintando el cielo de naranja y rosa. Un camarero acababa de servir dos copas de espumoso. No había niños corriendo, ni juguetes en el suelo, ni ruido de dibujos animados en la televisión.Solo nosotros dos.— Estoy pensando en que hacía tiempo que no estábamos así — respondí, girando el rostro hacia él. — Solos.— Cinco años, para ser exactos.— Cinco años de casados.— Y dos más de novios.— Y uno más de "jefe y asistente mirándose raro".Adrian se rió. Esa risa baja, agradable, que aprendí a amar desde el primer día.— ¿Te acuerdas de la entrevista?— Me acuerdo. Ibas de traje negro, con cara de pocos amigos.— Siempre tengo cara de pocos amigos.— Hoy menos.— Hoy te tengo a ti para ayudarme con los amigos.Cogió mi mano y besó mis dedos — justo dond
Elena narrandoJuju cumplió cinco años la semana pasada. Y hoy, por primera vez, iba a ir al colegio — el mismo colegio que Sofia, en el mismo horario, con la misma mochila azul que eligió después de cuarenta minutos de decisión.— No quiero ir — anunció, sentado en la cama en pijama, los brazos cruzados.— Tienes que ir, amor — respondí, intentando pasarle la camiseta por la cabeza.— ¿Por qué?— Porque es la ley.— La ley no me manda a mí.Adrian apareció en la puerta de la habitación, con una taza de café en la mano y una sonrisa en el rostro.— ¿Quién te manda a ti, entonces?— Yo mismo.— ¿Y qué has decidido?— He decidido que no voy.— Entendido.Adrian se sentó en la cama al lado de su hijo.— ¿Sabes lo que dijo Sofia?— ¿Qué?— Dijo que la profesora de su clase es la más divertida del mundo entero.— ¿Mentira?— Verdad. Y dijo que tiene plastilina de todos los colores.— ¿Todos?— Todos. Incluso azul claro, que es tu favorito.Miré a Adrian con admiración. Conocía a su hijo me
Elena narrandoEl domingo era sagrado en nuestra casa.No por religión — aunque mi madre insistía en que "Dios también disfruta de un almuerzo en familia". Era por tradición. Cada domingo, la casa se llenaba. Mis padres, los padres de Adrian, Valentina, Carli, Matheus, Mina, Yuna, los niños. A veces aparecía alguien más — un amigo, un vecino, el portero del edificio (después de que mi madre lo invitara una vez y él nunca lo olvidara).Hoy era mi día de cocinar. Adrian ayudaba con la ensalada. Los niños estaban en el jardín, corriendo detrás de Sofia.— ¡Mamá, Juju se cayó! — gritó Sofia desde la ventana.Ya estaba corriendo al jardín. Juju estaba en el suelo, la rodilla raspada, el labio tembloroso.— No llores, mi amor, no llores.Lloró. Claro. Pero se detuvo después de treinta segundos, cuando vio la curita de dinosaurio que Adrian trajo.— Dino — dijo, sorbiendo.— Dino — confirmó Adrian.— Quiero otra.— Solo tengo una, hijo.— Entonces quiero el dino en la otra rodilla también.—
---ADRIAN narrandoEntramos en la sala de partos. Elena ya llevaba la bata hospitalaria, tumbada en la camilla, las contracciones llegando cada dos minutos.— ¿Duele mucho? — pregunté, cogiendo su mano.— Parece que un camión está pasando por encima de mí.— ¿Quieres que llame al médico?— El médico YA está aquí.— ¿Quieres que llame a tu madre?— MI MADRE ESTÁ EN LA SALA DE ESPERA.— ¿Quieres que yo...— ADRIAN, ¡CÁLLATE!Me callé.La médica entró, examinó, sonrió.— Está casi completamente dilatada. Vamos a empezar.Empezó.Elena gritó. Apretó mi mano con tanta fuerza que juré que mis dedos se iban a romper.— Lo está haciendo muy bien — decía la médica.— ¡ESTÁ GRITANDO! — dije yo.— Es normal.— ¡SE VA A MORIR!— No se va a morir, señor Miller, cálmese.— ¡NO PUEDO CALMARME!Elena me miró.— Si no te calmás, te voy a echar de aquí.— ¡ME CALMO!Me calmé.— ¡Está saliendo! — anunció la médica.— ¿SÍ?— Sí. Un esfuerzo más, Elena.Hizo fuerza. Gritó.Y entonces, un llanto.Un llant
---Adrian narrandoAl día siguiente, cuando todos se fueron y la habitación quedó en silencio, Elena me llamó para acercarme.— Adrian.— Hola.— Quería hablar sobre el nombre.— Pensé que ya estaba decidido.— Adrian Miller Jr. es muy simple.— Es tradicional.— Es aburrido.— Es mi nombre.— Lo sé. Por eso quiero ponerle un nombre compuesto.— ¿Cómo?— Adrian... Luca.Mi corazón se detuvo.— ¿Luca?— Luca. En homenaje al padre de Sofia. Él no está aquí, pero fue importante. Y quiero que Juju lo sepa.La miré a ella. Miré al bebé.— Luca era tu mejor amigo.— Lo era.— ¿Y quieres homenajearlo?— Quiero.— ¿Incluso siendo él...— ¿El padre biológico de Sofia? Sí. Fue mi hermano de corazón. Lo merece.Cogí su mano.— Entonces vale. Adrian Luca Miller.— ¿No te importa?— Me importa. Pero me importas más tú. Si eso te hace feliz, a mí también me hace feliz.Me abrazó.— Te amo, Adrian Miller.— Te amo, Elena Miller.— Necesitamos comprarle un regalo a Carli y Valentina.— ¿Qué?— Se va







