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Capítulo 16

last update Fecha de publicación: 2025-08-14 22:16:52

Adrian

El motor del sedán vibraba bajo mis manos mientras el portón de la casa de Kael Montenegro se cerraba lentamente a mis espaldas.

No había conseguido lo que vine a buscar.

No… todavía.

Me serví un trago de whisky del minibar del coche, dejé que el líquido quemara mi garganta y sonreí para mí mismo.

Kael creía que había ganado.

Siempre creía que ganaba.

Desde que tengo memoria, Montenegro ha estado un paso adelante. En los negocios. En las alianzas. En el respeto de los viejos de la mesa.

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  • La Tentación del Mafioso   Epílogo

    Kael El viento del atardecer olía a sal. La brisa venía del mar, tibia, suave, jugando con los cabellos de Sofía y Lucas mientras corrían por la arena riendo a carcajadas. Sus risas eran lo más puro que había escuchado en mi vida. Después de tanto ruido, tanto caos, tanto disparo… ese sonido era mi paz. Danae estaba sentada junto a mí, descalza, con el vestido blanco ondeando suavemente y el sol besando su piel. La miré en silencio, tratando de grabar cada detalle. Su sonrisa. La forma en que sus ojos se cerraban un poco cuando el viento soplaba fuerte. El modo en que aún lograba quitarme el aliento, incluso después de todo. Habían pasado meses desde aquella noche en la ciudad. El pasado, con toda su oscuridad, había quedado atrás. Anya había desaparecido; algunos decían que se había ido del país. Yo elegí no buscarla. Por primera vez, no sentía necesidad de venganza. Solo quería vivir. —¿En qué piensas? —preguntó Danae, con esa voz suave que siempre lograb

  • La Tentación del Mafioso   Capítulo 123

    Kael La noche olía a tormenta. A esa calma artificial que precede al caos, al olor metálico del peligro que uno aprende a reconocer cuando lleva años caminando entre sombras. La ciudad dormía, o fingía hacerlo, mientras mis hombres y yo nos movíamos entre las calles estrechas del puerto abandonado. Sabía que él estaría ahí. Mi padre. El hombre que me enseñó a matar antes de enseñarme a vivir. El mismo que destruyó a mi familia… y que ahora había regresado para terminar lo que empezó. Matteo caminaba a mi lado, con el rostro tenso, las manos firmes. —¿Estás seguro de que quieres hacerlo tú mismo? —preguntó. —Sí. Esto empezó conmigo, y conmigo va a terminar. El eco de mis pasos era lo único que rompía el silencio. La lluvia comenzaba a caer, lenta, densa, como si el cielo también quisiera participar de aquel juicio. Entonces lo vi. De pie, en medio del almacén, esperándome con ese gesto arrogante que tanto odié de niño. No había cambiado. Los años no le habían

  • La Tentación del Mafioso   Capítulo 122

    La noche había caído sobre la mansión con un silencio que me oprimía el pecho. No era el silencio tranquilo que antecede al descanso, sino ese que pesa, que avisa que algo va a romperse. Afuera llovía con suavidad, las gotas chocaban contra los ventanales del pasillo y el sonido se mezclaba con el crujir lejano de la madera. Caminé descalza hasta el estudio, siguiendo la luz tenue que se filtraba por la rendija de la puerta entreabierta.Kael estaba allí, de pie frente al escritorio. No me vio entrar. Su cuerpo, rígido y tenso, parecía tallado en piedra. Tenía las manos apoyadas sobre el mapa extendido en la mesa, los nudillos blancos de tanto apretar. Un cigarrillo ardía entre sus labios, y el humo formaba espirales que subían hasta perderse en la penumbra.Por un instante solo lo observé. Su figura poderosa siempre me había inspirado respeto y deseo, pero esa noche… esa noche lo vi vulnerable. Había algo en su mirada que no le conocía: una tristeza contenida, un cansancio antiguo.—

  • La Tentación del Mafioso   Capítulo 121

    La noche había caído pesada sobre la ciudad.El viento golpeaba las ventanas del despacho, haciendo crujir los marcos de madera, y la luz del cigarrillo que tenía entre los dedos parpadeaba como un corazón cansado. No había dormido desde que salí del hospital. No podía. Cada vez que cerraba los ojos veía el rostro de Danae desmoronándose entre mis brazos, su voz pidiéndome que no me fuera.Y sin embargo, el caos seguía. No me daban tregua.Matteo estaba frente a mí, con el rostro tenso, los ojos fijos en los documentos que había sobre el escritorio. Su silencio me inquietaba más que cualquier noticia. Había pasado demasiados años a su lado como para no reconocer la gravedad en sus gestos.—Habla —le ordené con voz baja, sin levantar la vista de la copa de whisky que giraba entre mis manos.Matteo respiró hondo.—Lo confirmé hace una hora. No fue Dorian quien movía los hilos de todo esto. Él solo seguía órdenes.—¿De quién? —pregunté, aunque una parte de mí ya lo sabía.Esa sospecha qu

  • La Tentación del Mafioso   Capítulo 120

    El silencio del hospital era tan profundo que podía oír el tictac del reloj sobre la pared. Un sonido monótono, constante, que me recordaba que el tiempo seguía su curso aunque el mundo se me hubiese detenido por completo. Kael seguía inmóvil en esa cama, con la piel más pálida de lo que alguna vez creí posible. Cada respiración suya, asistida por las máquinas, era una lucha invisible, una guerra que yo no podía librar por él.No sé cuántas horas llevaba sentada junto a su cama. Quizás días. Afuera, la noche se confundía con la madrugada, y la madrugada con un amanecer que no traía consuelo. Me habían pedido que descansara, que comiera algo, pero no podía. Si cerraba los ojos, lo único que veía era su cuerpo cubierto de sangre, la llamada de Dorian, los gritos, el miedo.Le tomé la mano con cuidado. Estaba tibia, viva.—Kael… —susurré, y mi voz tembló como una hoja en medio del viento—. No puedes dejarme ahora. No después de todo lo que pasamos.Apreté sus dedos entre los míos. Nada.

  • La Tentación del Mafioso   Capítulo 119

    DanaeEl sonido de la lluvia golpeando los ventanales fue lo primero que escuché.Desperté sobresaltada, el corazón latiendo tan rápido que por un instante creí que se me saldría del pecho.No sabía qué hora era, pero el cielo afuera estaba oscuro y el aire tenía ese aroma a tormenta que siempre me había inquietado.Me senté en la cama, intentando calmar mi respiración, pero el presentimiento no se iba. Era como si una mano invisible me apretara el pecho. Algo dentro de mí gritaba que algo estaba mal. Muy mal.Miré a mi alrededor: la habitación estaba vacía.El lado de Kael en la cama seguía intacto, la colcha sin arrugar, el aire frío donde debería estar su calor.—Kael… —susurré, apenas un murmullo en la oscuridad.Nada.Ni una nota, ni un mensaje, ni un sonido que me dijera que estaba bien.Me levanté de golpe, caminando descalza por la habitación. Afuera el viento rugía, y cada ráfaga hacía crujir las ventanas.Intenté convencerme de que había salido temprano, que quizá estaba con

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