Compartir

3

last update Fecha de publicación: 2026-08-11 04:10:15

A R I A N A

Mi cuerpo seguía paralizado. Las lágrimas me quemaban las mejillas mientras repetía una y otra vez sus palabras en mi cabeza, y cada vez dolían más que la anterior.

Angelo estaba allí, frente a mí, con el rostro deformado por la irritación. No había culpa. No había vergüenza. Solo irritación, como si yo fuera la que hubiera hecho algo malo.

—¡Ariana! —espetó.

Me limpié el rostro con las manos temblorosas.

—¡¿No te da vergüenza?! —Mi voz salió ronca, destrozada—. Te estabas follando a mi mejor amiga, Angelo.

Cruzó los brazos, tensando la mandíbula.

—No es tan sencillo.

Solté una risa vacía.

—¿Ah, no? Entonces explícamelo. Hazme entender cómo pudiste hacerme esto. Y precisamente hoy, de todos los días.

Ni siquiera se inmutó.

—No planeaba que te enteraras de esta manera.

—¿Que me enterara de esta manera? —La voz se me quebró—. No pensabas decírmelo en absoluto, ¿verdad?

No respondió.

Y eso dolió más que cualquier otra cosa.

Me obligué a ponerme de pie, aunque las piernas apenas podían sostenerme.

—¿Desde cuándo, Angelo?

Suspiró y se pasó una mano por el cabello.

—Unos meses.

Meses.

Sentí que el estómago se me retorcía.

Todas aquellas noches en las que llegaba tarde del trabajo. Todas las veces que apenas me miraba. Todas las ocasiones en que pensé que solo estaba estresado.

Era ella.

Era mi maldita mejor amiga, Bella.

Había sido mi mejor amiga desde la universidad. La misma chica que estuvo a mi lado el día de mi boda, la que me abrazó y me dijo lo afortunada que era por tener a Angelo.

Y durante todo ese tiempo…

Se estaba acostando con él.

Con mi marido.

Tragué la bilis que me subía por la garganta.

—¿La amas?

Angelo no dudó.

—Sí.

La palabra me atravesó como un cuchillo en el pecho.

Retrocedí tambaleándome y me aferré al lavabo para no caer.

—¿Y yo? —Mi voz apenas fue un susurro—. ¿Todavía me amas?

Apartó la mirada.

—Ariana, yo…

—Solo dilo.

Sus ojos volvieron a encontrarse con los míos. Su expresión era fría.

—No. Ya no… Ahora me doy cuenta.

Sentí como si hubieran arrancado el suelo bajo mis pies.

—¿No? —logré decir entre sollozos—. ¿Después de todo? ¿Después de cuatro años? ¿Esto es lo que recibo a cambio? Fuiste mi amor de universidad durante todos estos años. Luchamos por estar juntos… ¿y así es como termina?

Negó con la cabeza.

—Solo llevamos dos años casados.

Lo miré fijamente, sintiendo que mi corazón volvía a romperse.

—¿Solo dos? —Mi voz tembló—. Angelo, llevamos cuatro años juntos. Yo pensaba… pensaba que esto sería para siempre.

Soltó una risa amarga.

—Bueno, te equivocaste.

Me estremecí como si me hubiera abofeteado.

—Dejé de amarte hace mucho tiempo —dijo con voz fría—. Me quedé porque pensé que quizá las cosas cambiarían, pero no fue así. No podías darme lo que quería.

—¿Lo que querías? —susurré.

—¡Una familia, Ariana! —Levantó las manos con frustración—. ¡Ni siquiera podías darme eso! Y lo siento por haber sido tan duro con mis palabras, pero sabes que tu útero no tiene remedio. ¡No puede darme una maldita familia!

Me llevé una mano al vientre, sintiendo que el corazón se me rompía una vez más.

Pero ahora sí puedo.

Las palabras ardieron en mi garganta, pero no las pronuncié.

Porque, de repente, no quería que lo supiera.

No quería que se acercara a mi bebé.

No nos merecía.

—Se acabó, Ariana —dijo con firmeza—. Quiero el divorcio.

Debí luchar.

Debí gritar.

Debí contarle que estábamos esperando un bebé.

Pero no lo hice.

Me quedé allí, completamente entumecida, mirando al hombre que amaba… al hombre que creí que me amaba.

—Ariana, tú no perteneces a mi mundo. No estamos al mismo nivel… No puedo seguir con esto. Te daré todo el dinero que quieras, solo vete sin montar ningún drama. Esto no es culpa de Bella, nada de esto. Así que no la culpes… Ella es la mujer con la que quiero estar ahora. Por favor, no arruines eso para mí —dijo.

Lo miré como si estuviera contemplando un fantasma.

Cada una de sus palabras dolía más que la anterior.

Este era el hombre del que me había enamorado.

El hombre por el que había renunciado a todo.

Había roto las reglas por él.

¿Y esto era lo que recibía a cambio?

Angelo era todo lo que era hoy gracias a mí.

Me había asegurado, en secreto, de levantarlo cada vez que caía. Había estado allí cuando nadie más lo estaba.

¿Y a cambio me engañaba?

Y no con cualquier mujer.

Con Bella.

El dolor me quemaba el pecho con tanta intensidad que sentía que el corazón iba a salirse de mi caja torácica.

—Angelo… —lo llamé, extendiendo una mano hacia él.

Pero retrocedió.

Me estremecí.

Me lanzó una última mirada.

—Mañana te enviaré los papeles del divorcio —dijo antes de darse la vuelta y marcharse.

Lo observé hasta que su figura desapareció.

Entonces caí al suelo y solté un grito desgarrador, mientras sus palabras regresaban a mi mente una y otra vez, como una ola de recuerdos.

Me había dejado.

Por ella.

La puerta se cerró con un clic detrás de él.

Y por primera vez en cuatro años…

Estaba sola.

Completamente sola.

Excepto por una cosa.

La pequeña vida que crecía dentro de mí.

Lo único bueno que quedaba en medio de aquella pesadilla.

Y jamás permitiría que Angelo me arrebatara eso también.

¿Cómo iba a enfrentarme a mis padres después de aquello?

Mamá se lo había advertido. Había intentado convencerme de que no estuviera con él, pero nunca la escuché.

Papá incluso amenazó con desheredarme si no cortaba todos los lazos con Angelo.

Y aun así, tampoco lo escuché.

Me enfrenté a él.

Luché por estar con Angelo.

Incluso cuando el mundo entero parecía estar en nuestra contra, seguí defendiendo nuestro amor.

Y a cambio no recibí más que un corazón destrozado.

Me odiaba a mí misma más de lo que odiaba a Angelo.

Había sido una estúpida al pensar que alguna vez encontraría el amor verdadero.

El amor verdadero no existía.

Y ahora había aprendido esa lección de la manera más dolorosa.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • La Venganza de la Heredera   EPÍLOGO

    POV DE ARIANAUn año después…El sol calentaba mi rostro mientras el jardín bullía de ruido, del bueno. Del que hacen la risa, los pies corriendo y los gritos felices de los niños pequeños.Observaba a mis hijos corretear por todas partes.Asher, Leo y las gemelas perseguían una pelota azul brillante. Las gemelas estaban celebrando su quinto cumpleaños.Un poco más allá, Isabella intentaba enseñarle a Sofía a jugar a la rayuela en las piedras del patio que había dibujado con tiza. Sofía, con sus cinco años, se lo tomaba muy en serio, con su pequeña lengua asomando por la concentración.Mi mano descansaba sobre la curva dura y redonda de mi vientre. La barriga ya se notaba grande, otro niño… lo descubrimos la semana pasada.Y no puedo creer que haya pasado un año, un año entero desde que la tormenta terminó.Mi padre, que se había escapado de la cárcel, fue la clave. Lo atraparon cuando intentaba huir del país, y cuando la policía lo interrogó, empezó a hablar.Habló de un trato con An

  • La Venganza de la Heredera   120

    POV DE ARIANAMi teléfono vibró sobre la mesita de noche en la habitación de invitados de Marcus. La pantalla iluminó la oscuridad y fruncí el ceño, preguntándome quién sería.Me acerqué y mis ojos cayeron sobre el identificador de llamadas. Mi corazón dio un vuelco doloroso y loco. Una parte de mí quería estrellar el teléfono contra la pared.Otra parte quería agarrarlo y no soltarlo jamás.Lo tomé.Mi dedo se quedó suspendido sobre el botón de respuesta. Respiré hondo, temblorosa, deslicé para contestar y no dije nada.—¿Ariana? —su voz llegó al otro lado.No era la voz fría y plana de mi oficina.Era su voz, la de mi Dante, quebrada, ronca y llena de dolor.—¿Qué quieres? —pregunté, y mi propia voz sonó pequeña y fría.—Yo… necesito hablar contigo, por favor. Marcus me dijo… me dijo que lo sabes.—¿Saber qué? —espeté, y la ira volvió, caliente y rápida—. ¿Que me mentiste durante semanas? ¿Que tienes otra familia entera viviendo en nuestra casa? ¿O que tú y tu sobrino enfermo y tu e

  • La Venganza de la Heredera   119

    POV DE DANTELlevo horas sentado en mi escritorio, intentando trabajar, pero nada parece funcionar.Solo he estado mirando la pared, mirando a la nada, con la mente convertida en un ruido blanco y vacío. Si me permito pensar, me romperé.Así que no pienso.Solo estoy sentado.La puerta de mi oficina se abrió de golpe, estrellándose contra la pared.Levanté la vista y mis ojos se encontraron con los de Marcus. Estaba de pie, con los ojos llenos de irritación y decepción.Caminó directo hacia mi escritorio y golpeó ambas manos contra la superficie.—¿Cómo te atreves? —gruñó, con voz baja y temblorosa—. ¿Cómo te atreves a hacerle eso a ella?Sabía a quién se refería.Ariana.Mi corazón, que parecía una piedra fría en el pecho, dio un latido doloroso, pero aparté la sensación.Me recosté en la silla, tratando de mantener el rostro impasible.—No sé de qué hablas, Marcus, y este no es un buen momento.—¡No me mientas! —gritó—. ¡No te sientes ahí a hacerte el distante conmigo! La vi, pasé t

  • La Venganza de la Heredera   118

    A R I A N A—Siéntate. Te traigo agua. ¿O té? ¿Algo más fuerte?—Agua, por favor —susurré, con la garganta irritada de tanto llorar.Como prometió, Marcus me recogió y me trajo a su casa.Volvió con un vaso y se sentó en la silla frente a mí, inclinándose hacia delante con los codos apoyados en las rodillas.—Ahora, empieza por el principio. Cuéntamelo todo.Y lo hice. Le hablé de la llegada de Melissa, de la discusión en el jardín, de cómo Dante se puso de su lado. De la soledad aplastante. Luego, de cómo Angelo reveló la verdad: que Melissa era la exesposa de Dante, que Leo era su hijo.—Fui al apartamento de Angelo porque estaba desesperada… no tenía adónde ir después de lo que pasó en la oficina de Dante. Pensé que podría quedarme allí esa noche, hasta que pudiera resolver las cosas, y que tal vez él podría ayudarme —dije, y di un trago grande de agua—. Pero no estaba solo en casa. Ella estaba allí. Melissa.Los ojos de Marcus se abrieron de par en par.—¿En casa de Angelo?—Sí. Y

  • La Venganza de la Heredera   117

    A R I A N AMis piernas se movieron solas, un paso atrás y luego otro, mientras intentaba controlar la respiración para que no me oyeran.Había ido al apartamento de Angelo buscando consuelo, igual que la otra vez que habíamos peleado.Después de lo que pasó en la oficina, no tenía a dónde ir, así que llegué hasta aquí.Verlos a los dos juntos me partió el corazón, me heló la sangre. No podía ser.La voz de Angelo sonaba suave, aprobatoria.Todo esto era parte de su plan… ¿qué tan estúpida podía ser?—Te dije que podía manejarlo. Dante y yo… tenemos historia.La voz de Melissa.Escuché cada maldita palabra.El plan.Las mentiras.La manipulación.Los papeles del divorcio, una «jugada maestra». Los niños, una crueldad que decidió porque simplemente no le importaba.Quería ver a Dante destrozado.Tropecé hacia atrás y mi cadera chocó contra una mesita auxiliar; un florero se tambaleó, pero lo sujeté a tiempo, con los dedos torpes, y logré que quedara en su lugar con un tintineo suave.¿

  • La Venganza de la Heredera   116

    M E L I S S ASonreí cuando la puerta hizo clic al abrirse. Ni siquiera me molesté en girarme; sabía quién era. Angelo se acercó por detrás.Se le veía… satisfecho. Apoyó las manos en mis hombros.—Hiciste un trabajo excelente —dijo, con la voz como un rumor grave en la habitación en silencio—. De verdad. Tengo que admitir que no creía que pudieras hacer que todo pareciera tan… posible en tan poco tiempo.Me permití una sonrisa tensa y pequeña en el reflejo del cristal.—Te dije que podía manejarlo. Dante y yo… tenemos historia, y tú lo sabes. Lo conozco mejor que nadie. Sé lo que lo hace sentir culpable, lo que lo aterra, lo que lo bloquea. —Me giré hacia él, recostándome contra el vidrio frío—. Conozco cada uno de sus botones. Solo tuve que presionarlos en el orden correcto.Los ojos de Angelo brillaban con admiración mientras alargaba la mano, tomaba mi copa de vino y daba un sorbo.—Los papeles del divorcio fueron un golpe maestro. Entregárselos así, tan fría y clínica. Casi me lo

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status