LOGINPOV DE ARIANAUn año después…El sol calentaba mi rostro mientras el jardín bullía de ruido, del bueno. Del que hacen la risa, los pies corriendo y los gritos felices de los niños pequeños.Observaba a mis hijos corretear por todas partes.Asher, Leo y las gemelas perseguían una pelota azul brillante. Las gemelas estaban celebrando su quinto cumpleaños.Un poco más allá, Isabella intentaba enseñarle a Sofía a jugar a la rayuela en las piedras del patio que había dibujado con tiza. Sofía, con sus cinco años, se lo tomaba muy en serio, con su pequeña lengua asomando por la concentración.Mi mano descansaba sobre la curva dura y redonda de mi vientre. La barriga ya se notaba grande, otro niño… lo descubrimos la semana pasada.Y no puedo creer que haya pasado un año, un año entero desde que la tormenta terminó.Mi padre, que se había escapado de la cárcel, fue la clave. Lo atraparon cuando intentaba huir del país, y cuando la policía lo interrogó, empezó a hablar.Habló de un trato con An
POV DE ARIANAMi teléfono vibró sobre la mesita de noche en la habitación de invitados de Marcus. La pantalla iluminó la oscuridad y fruncí el ceño, preguntándome quién sería.Me acerqué y mis ojos cayeron sobre el identificador de llamadas. Mi corazón dio un vuelco doloroso y loco. Una parte de mí quería estrellar el teléfono contra la pared.Otra parte quería agarrarlo y no soltarlo jamás.Lo tomé.Mi dedo se quedó suspendido sobre el botón de respuesta. Respiré hondo, temblorosa, deslicé para contestar y no dije nada.—¿Ariana? —su voz llegó al otro lado.No era la voz fría y plana de mi oficina.Era su voz, la de mi Dante, quebrada, ronca y llena de dolor.—¿Qué quieres? —pregunté, y mi propia voz sonó pequeña y fría.—Yo… necesito hablar contigo, por favor. Marcus me dijo… me dijo que lo sabes.—¿Saber qué? —espeté, y la ira volvió, caliente y rápida—. ¿Que me mentiste durante semanas? ¿Que tienes otra familia entera viviendo en nuestra casa? ¿O que tú y tu sobrino enfermo y tu e
POV DE DANTELlevo horas sentado en mi escritorio, intentando trabajar, pero nada parece funcionar.Solo he estado mirando la pared, mirando a la nada, con la mente convertida en un ruido blanco y vacío. Si me permito pensar, me romperé.Así que no pienso.Solo estoy sentado.La puerta de mi oficina se abrió de golpe, estrellándose contra la pared.Levanté la vista y mis ojos se encontraron con los de Marcus. Estaba de pie, con los ojos llenos de irritación y decepción.Caminó directo hacia mi escritorio y golpeó ambas manos contra la superficie.—¿Cómo te atreves? —gruñó, con voz baja y temblorosa—. ¿Cómo te atreves a hacerle eso a ella?Sabía a quién se refería.Ariana.Mi corazón, que parecía una piedra fría en el pecho, dio un latido doloroso, pero aparté la sensación.Me recosté en la silla, tratando de mantener el rostro impasible.—No sé de qué hablas, Marcus, y este no es un buen momento.—¡No me mientas! —gritó—. ¡No te sientes ahí a hacerte el distante conmigo! La vi, pasé t
A R I A N A—Siéntate. Te traigo agua. ¿O té? ¿Algo más fuerte?—Agua, por favor —susurré, con la garganta irritada de tanto llorar.Como prometió, Marcus me recogió y me trajo a su casa.Volvió con un vaso y se sentó en la silla frente a mí, inclinándose hacia delante con los codos apoyados en las rodillas.—Ahora, empieza por el principio. Cuéntamelo todo.Y lo hice. Le hablé de la llegada de Melissa, de la discusión en el jardín, de cómo Dante se puso de su lado. De la soledad aplastante. Luego, de cómo Angelo reveló la verdad: que Melissa era la exesposa de Dante, que Leo era su hijo.—Fui al apartamento de Angelo porque estaba desesperada… no tenía adónde ir después de lo que pasó en la oficina de Dante. Pensé que podría quedarme allí esa noche, hasta que pudiera resolver las cosas, y que tal vez él podría ayudarme —dije, y di un trago grande de agua—. Pero no estaba solo en casa. Ella estaba allí. Melissa.Los ojos de Marcus se abrieron de par en par.—¿En casa de Angelo?—Sí. Y
A R I A N AMis piernas se movieron solas, un paso atrás y luego otro, mientras intentaba controlar la respiración para que no me oyeran.Había ido al apartamento de Angelo buscando consuelo, igual que la otra vez que habíamos peleado.Después de lo que pasó en la oficina, no tenía a dónde ir, así que llegué hasta aquí.Verlos a los dos juntos me partió el corazón, me heló la sangre. No podía ser.La voz de Angelo sonaba suave, aprobatoria.Todo esto era parte de su plan… ¿qué tan estúpida podía ser?—Te dije que podía manejarlo. Dante y yo… tenemos historia.La voz de Melissa.Escuché cada maldita palabra.El plan.Las mentiras.La manipulación.Los papeles del divorcio, una «jugada maestra». Los niños, una crueldad que decidió porque simplemente no le importaba.Quería ver a Dante destrozado.Tropecé hacia atrás y mi cadera chocó contra una mesita auxiliar; un florero se tambaleó, pero lo sujeté a tiempo, con los dedos torpes, y logré que quedara en su lugar con un tintineo suave.¿
M E L I S S ASonreí cuando la puerta hizo clic al abrirse. Ni siquiera me molesté en girarme; sabía quién era. Angelo se acercó por detrás.Se le veía… satisfecho. Apoyó las manos en mis hombros.—Hiciste un trabajo excelente —dijo, con la voz como un rumor grave en la habitación en silencio—. De verdad. Tengo que admitir que no creía que pudieras hacer que todo pareciera tan… posible en tan poco tiempo.Me permití una sonrisa tensa y pequeña en el reflejo del cristal.—Te dije que podía manejarlo. Dante y yo… tenemos historia, y tú lo sabes. Lo conozco mejor que nadie. Sé lo que lo hace sentir culpable, lo que lo aterra, lo que lo bloquea. —Me giré hacia él, recostándome contra el vidrio frío—. Conozco cada uno de sus botones. Solo tuve que presionarlos en el orden correcto.Los ojos de Angelo brillaban con admiración mientras alargaba la mano, tomaba mi copa de vino y daba un sorbo.—Los papeles del divorcio fueron un golpe maestro. Entregárselos así, tan fría y clínica. Casi me lo







