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Capítulo 1

last update Fecha de publicación: 2026-07-14 18:00:10

*Dos años después*

El vestido que Erik había elegido para mí era tan escandalosamente vulgar que estaba encantada.

La tela apenas ocultaba lo indispensable y el escote era lo bastante pronunciado como para competir con el de cualquier otra joven de la habitación.

Encajaba a la perfección con las prendas ligeras que todas llevábamos puestas.

Solo había un motivo por el cual congelar nuestros traseros en estos atuendos diminutos en esta época del año.

Convertirnos en la siguiente amante del rey.

Me di una última mirada en el espejo mientras el lobo encargado de vigilarnos repasaba una larga lista con evidente aburrimiento.

—Alina.

—Aquí.

—Maris.

—Aquí.

Los nombres continuaron uno tras otro.

El mío fue de los últimos.

—Yelena.

—Aquí.

Levanté apenas la mano y respondí con una voz suave.

El lobo levantó la vista de inmediato.

Le regalé una sonrisa inocente.

No demasiado amplia. No una invitación.

Solo la suficiente para parecer amable.

El tipo parpadeó un instante antes de volver a bajar la vista hacia la lista.

En cuanto dejó de mirarme, la sonrisa desapareció de mi rostro.

A mi alrededor, el resto de las aspirantes apenas podía contener la emoción.

Hablaban en susurros sobre el honor que representaba haber sido elegidas. Sobre las joyas que recibirían. Los vestidos. El lujo.

La posición que alcanzarían dentro del castillo.

Parecía que permitir que un lobo con edad suficiente para ser el abuelo de cualquiera de nosotras las tocara era el mayor logro al que podían aspirar.

No para mí.

Aun así, compartía su entusiasmo cada vez que alguna mirada se posaba sobre mí.

Había aprendido a sonreír cuando quería gritar.

A bajar la cabeza cuando lo único que deseaba era romperle el cuello a alguien.

A convertirme en exactamente el tipo de mujer que aquellos monstruos esperaban encontrar para follar.

Me había preparado durante dos años para llegar hasta este momento.

Dos años esperando la oportunidad de acercarme a uno de los mayores responsables de la muerte de mi familia.

Solo tenía que conseguir que me eligiera. Después esperar el momento adecuado.

No tenía reparos en vender mi cuerpo si con eso conseguía completar mi venganza.

La lista terminó por fin.

El lobo dobló el pergamino y levantó la vista hacia nosotras.

—Síganme.

Las veinte obedecimos de inmediato.

Nos condujo por los amplios pasillos del castillo formando una fila ordenada.

El sonido de nuestros pasos apenas rompía el silencio.

No pude evitar que una voz se colara en mi cabeza.

La voz de Erik.

Un recuerdo de las interminables horas que había dedicado a corregir hasta el más mínimo de mis movimientos.

"Camina despacio."

"La cabeza en alto."

"No tanto. Pareces un soldado, no una dama a la que me gustaría arrancarle el vestido."

Fruncí apenas el ceño.

Era irritante que, incluso cuando él no estaba presente, siguiera corrigiéndome desde algún rincón de mi memoria.

Nos detuvimos frente a unas enormes puertas dobles.

Dos guardias las empujaron al mismo tiempo.

El salón se abrió ante nosotras.

Era bien sabido que el rey cambiaba de amante con la misma facilidad con la que cambiaba de copa de vino.

También era conocido su gusto por las humanas.

Así que, años atrás, a algún Alfa pervertido se le había ocurrido organizar una competencia anual en la que las manadas presentaban a sus mejores esclavas humanas para ganarse el favor del rey.

Una estupidez.

Una que me beneficiaba bastante.

Allí estábamos. Veinte esclavas convertidas en ofrendas.

Erik me había explicado cómo funcionaría todo.

Primero habría una cena.

Los invitados beberían, conversarían y presumirían sus riquezas mientras nosotras hacíamos todo lo posible por llamar la atención del rey.

Cuando terminara el banquete...

Él escogería a la mujer que compartiría su cama aquella noche.

Durante los últimos años los Alfas habían convertido aquella competencia en un espectáculo.

Enseñaban a sus esclavas a tocar instrumentos. A bailar. A cantar. Y a dominar otras artes mucho más útiles entre cuatro paredes.

Así que yo también aprendí todo eso. Y bastante más.

Mis ojos recorrieron lentamente el salón.

Columnas de mármol blanco sostenían un techo cubierto de enormes candelabros de cristal.

Las mesas rebosaban carne, frutas, vino y postres que jamás había visto.

Los nobles caminaban con copas en la mano luciendo ropas bordadas con hilos de oro y piedras preciosas.

Algunos reían.

Otros discutían.

Muchas mujeres colgaban del brazo de los lobos como si fueran simples accesorios.

Al fondo del salón, sobre una plataforma elevada, se encontraba la mesa del rey.

Ya estaba bebiendo.

Reía a carcajadas junto a varios nobles.

Deslicé la mirada por el resto del salón hasta encontrar a Erik.

Conversaba tranquilamente con un grupo de Alfas.

Ni siquiera volteó hacia mí.

No hacía falta.

Él sabía perfectamente para qué me había entrenado.

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