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DESNUDA

last update Fecha de publicación: 2026-03-09 21:04:13

La proximidad de nuestros cuerpos me tuvo nerviosa, además de ansiosa.

Ni siquiera sabía lo que estaba pasándome, hasta que el mar dejó de tratar de arrastrarnos.

—Te sacaré de aquí —prometió él.

Sus ojos azules aún están grabados en mi cabeza incluso cuando no puedo verlos.

Él se ha dado la vuelta pareciendo ubicado sin soltarme la mano llenándome de una calidez extraña e inentendible que no me gustó, eso solo significaba peligro para mí. Sin embargo, no me liberé de su agarre firme el cual me llevó hasta orilla del mar, yo estaba como hipnotizada.

—Lleg...

Él se quedó mudo al verme y solo entonces me di cuenta de manera vergonzosa de lo que estaba pasando.

Mis mejillas se encendieron notablemente y solté un chillido de mi boca cuando los ojos de él que ahora parecían oscuros, estuvieron sin reparo sobre mi cuerpo desnudo incendiándome la piel.

Cada parte de mi cuerpo se erizó como si esparara algo de él.

"¡Oh por Dios! ¿Cómo demonios me olvidé de que estoy desnuda?"

—¡No me mires! —chillé escandalizada tratando de cubrir mis partes privadas.

De inmediato volvió su mirada a mis orbes volviendo su expresión más dura e imperturbable haciendo que pareciera imposible saber lo que estaba pensando en ese momento.

Si embargo fueron sus palabras suaves las que trajeron en mí la calma.

—Lo lamento, señorita —habló intentando tranquilizarme pero en esta ocasión pareció un poco más intimidatorio.

Él me dio la espalda y fue inevitable no mirarlo con atención llena de curiosidad, olvidándome de mi recién descubierta desnudez.

Todo él era glorioso.

Su espalda era ancha, cuerpo perfectamente marcado con músculos sólidos, era obvio que hacía constanteme ejercicio, y él era demasiado alto, no obstante, todo el tiempo había estado hablándome con una suavidad muy confortable y no hacía juego con su estructura intimidante.

Debía de tener miedo de estar a solas en este lugar y desnuda con un desconocido pero no lo estaba. Lejos de eso, tengo curiosidad por él.

De hecho sentía algo más que eso.

Algo de este hombre me llama.

Me atrae de manera sobrenaturalmente extraña llenando de calidez mi vientre.

De repente me tensé al ver que él se quitaba la camisa con un movimiento rápido dejándome sin aliento por un momento.

Mi corazón latía cada vez más rápido bajo mi pecho.

Como había pensado antes, su cuerpo era deliciosamente musculoso pero no de manera grotesca.

Él era la perfección masculina personificada.

Lucía exactamente como un dios debería lucir.

—¿Qu-qué haces? —me las arreglé para preguntarle.

—Te daré mi camisa para que te cubras y luego te llevaré a casa.

No eres de por aquí ¿No?

Él me tendió la camisa aún sin voltearse y yo respiré nerviosa dando un paso dudoso hasta llegar al desconocido.

Nuestros dedos se rozaron cuando tomé la camisa logrando que sintiera una llamarada dentro de mí, algo inusual, como si un montón de chispas golpearan mi cuerpo.

"¿Qué está pasándome?"

Jamás me había sentido tan atraída hacia un hombre.

Pero vamos, es obvio el porque.

Ningún hombre que haya conocido antes luce como él ni tiene esa voz afrodisíaca.

—No, no soy de aquí pero mis amigos estarán buscándome —le advertí aferrándome a la poca cordura que quedaba dentro de mi lujuriosa cabeza.

Estoy a solas con este hombre en medio de la oscuridad, él podría intentar de hacer algo.

Debo mantenerme alerta.

–De acuerdo, te acompañaré hasta que ellos lleguen.

Yo no dije nada mientras que deslizaba su camisa sobre mi cuerpo delgado.

Esta llegaba hasta un poco más abajo de mis muslos cubriendo mi desnudez a simple vista.

—¿En qué demonios estaba pensando? ¿Por qué acepté ese reto? —gruñí por lo bajo para que él no me escuchara y volví a alzar mi cabeza para mirarlo—. Ya puedes voltearte.

Él me obedeció enseguida guiándose frente a mí.

Sus orbes azules se deslizaron por mi cuerpo de manera rápida pero caliente erizándome la piel.

Parecía como si estuviera intentando no incomodarme y lo estaba logrando.

—Gracias por la camisa —susurré.

Tenerlo así de cerca no solo me asustaba sino también que... me seducía, por loco que sonara.

Pude fijarme mucho más en su belleza masculina.

Su pelo era corto pero no demasiado, gracias a la carencia de luz yo no podía saber si este era de color castaño o negro.

Su cara era masculinamente hermosa, rasgos fuertes, mandíbula marcada y labios gruesos completamente besables.

Era como una especie de guerrero antiguo, uno demasiado atractivo y masculino.

Sí, definitivamente este hombre era el más guapo que había visto en mi vida.

Parecía que una parte de mí había quedado flechada por él.

La otra simplemente estaba asustada y a la expectativa de lo que pasaría a continuación.

—Vamos, trataré de llevarte con tus amigos.

Yo asentí enseguida siguiéndole el paso en silencio.

No sé cuanto tiempo estuvimos caminando sin encontrar a los chicos.

De vez en cuando veía que mi "salvador" alzaba la cabeza y parecía olfatear algo, un comportamiento bastante extraño pero no le di mucha importancia.

—¿Hasta dónde nos trajo el mar? —murmuré hastiada.

Podía sentir la presencia de este hombre detrás de mí, además de que su mirada se mantenía fija en mi espalda, inquietándome.

No solo porque estaba junto a un hombre desconocido. Sino también porque él me atrae de una manera feroz y eso me asusta.

Hay algo de él...

Quisiera girarme a enfrentar su mirada pero no soy tan valiente aunque hace rato el deseo me golpeó sin avisar.

Me sentía seducida incluso cuando él no estaba haciendo nada.

Incluso, ni siquiera sabía su nombre.

Debería estar muy avergonzada por mi comportamiento.

—No te preocupes, te llevaré con tus amigos.

Iba a responderle pero comenzó a llover y no pude evitar maldecir por lo bajo.

—No puede ser... ¡Ah!

Me doblé del dolor que sentí cuando me enterré un vidrio en el pie el cual se cubrió de sangre y rápidamente me lo quité apretando los dientes.

—Estás sangrando —murmuró con voz suave pero en un tono de preocupación.

No sé en qué momento había llegado tan rápido.

—Puedo llevarte cargada ¿Me lo permites?

Alcé mi mirada y nuestros ojos se conectaron.

Algo golpeó mi vientre.

Una vez más era deseo.

Ardiente y demoledor.

"¿Qué está pasando contigo, Alexia?"

Me mordí el labio inferior viendo como sus ojos me devoraban lentamente, lo sabía.

Él se estaba sintiendo como yo.

Seguramente tampoco podía explicarlo.

Mis pezones comenzaron a marcarse a través de su camisa, no solo por la fría lluvia cayendo sobre nosotros sino también por mis pensamientos atrevidos.

Unos que por cierto nunca había experimentado con nadie.

Y sí, sé que él es como un príncipe que vino a rescatarme pero no entiendo el ímpetu de mi emoción inenarrable.

Quería tenerlo más cerca de mí.

Que me tocara.

Pero el sentido común no me permitió decir nada de eso.

Incluso cuando mi propio cuerpo estuviera impulsándome a estar entre sus brazos.

Podía de hecho sentir la humedad entre mis muslos avergonzándome.

—Yo creo que puedo sola...

Aunque cuando lo intenté solo pude lloriquear como una niña por el ardor.

—Claro que no.

Te llevaré.

Antes de que pudiera volver a protestar él me tomó en brazos sorprendiéndome y haciendo que me sonrojara inevitablemente.

—Estamos cerca de una cueva, esperaremos a que la lluvia cese, te vendaré el pie y luego te llevaré con los tuyos —alzó su vista a mis ojos de nuevo y me susurró casi en los labios haciendo que nuestro aliento se mezclara—. ¿Cómo te llamas?

Apenas y podía escucharlo.

Me sentía tan bien entre sus brazos masculinos, tan protegida.

Era una sensación indescriptible que llenaba de calidez mi cuerpo.

Mis brazos se habían sujetado a su cuello por impulso cuando me cargó y podía sentir los músculos de su pecho amplio.

Finalmente volví mi atención y lo encontré mirándome con curiosidad y algo más intenso, esperando mi respuesta.

—Alexia.

Me llamo Alexia —le respondí cuando pude encontrar mi voz con lo nerviosa que estaba—. ¿Y tú?

Sus orbes se clavaron en el movimiento de mis labios antes de responderme.

—Nicholas.

Un placer, señorita Alexia.

Y verdaderamente me hizo sentir ese placer, solo que ese no era el momento adecuado.

¿Qué iba a hacer ahora con la avalancha de emociones indescriptibles que estaba experimentando con él?

"Nicholas, el nombre que nunca podré sacarme de la cabeza."

 

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Último capítulo

  • La compañera humana del Alfa   EPÍLOGO

    La cocina estaba llena del olor a bougatsa recién horneada. Alexia estaba sentada en la encimera todavía con el pelo hecho un desastre y una sonrisa que no se le quitaba de la cara. Las gemelas entraron desde el porche con las mejillas rojas por el frío y soltando risitas cómplices. Alyssa fue la primera en oler el postre. —¿Bougatsa? —gimió encantada—. ¡Que rico! ¡Yo quiero! Aria, vas a alucinar con lo bien que saben, papá es el mejor haciendo postres. —Eso me ofende mucho, señorita —se quejó Alexia cruzándose de brazos. —No me dejaste terminar, mamá. Papá es el mejor haciendo postres griegos. Le guiñó un ojo a su hermana gemela y Alexia bufó pero era solo una fachada, ella nunca se enojaba con sus hijas. Nicholas soltó una carcajada grave y le pasó un plato a cada una antes de colarse entre las piernas de Alexia para darle un bocado. Alexia intercambió una mirada con él y carraspeó sintiendo la tensión entre los dos antes de escuchar la queja de sus cachorr

  • La compañera humana del Alfa   ES UN REGALO

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  • La compañera humana del Alfa   VOLVAMOS A CASA

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  • La compañera humana del Alfa   LA VERDAD BRUTAL

    —No vas a engañarme, mi mamá nunca haría algo como eso. —Ella no es tu mamá, Alexia lo es. Nuestra, Aria. Aria apretó la mandíbula furiosa. De repente una mujer apareció con una expresión mezclada de cansancio y alivio. Aria frunció el entrecejo ante su aparición. —Abuela... —susurró. Annie se detuvo a tres pasos de ellas. Miró primero a Aria, luego a Alyssa. Su expresión se suavizó al instante, como si estuviera viendo algo que había soñado durante mucho tiempo. Alyssa frunció el ceño y se tensó visiblemente, los músculos de sus hombros se enfurecieron. No conocía a esa hembra y que estuviera allí no le gustaba nada. Más aún porque estaba tratando de hacer que su hermana confiara en sus padres. —¿Quién eres? —preguntó Alyssa voz baja pero afilada. Annie sonrió con tristeza. —Soy Annie. La madre de Alexia, tú abuela. Aria dio un paso tensándose notablemente y Alyssa cruzó los brazos por encima de su pecho, desconfiada. —¿De qué estás hablando abuela? ¿

  • La compañera humana del Alfa   ¿QUIÉN ES EL REAL?

    En el centro del caos, Nicholas y Julián se enfrentaban brutalmente. Nicholas se movía con una furia que hacía que cada golpe pareciera hecho para matar. Su puño derecho conectó con la mandíbula de Julián, enviándolo varios metros hacia atrás. El impacto resonó y Julián escupió sangre pero su sonrisa no desapareció, al contrario, se ensanchó. —Voy a matarte —gruñó Nicholas con la voz enronquecida por la furia—. Por todo lo que nos has quitado, por lo que has hecho sufrir a mi compañera, por lo que le hiciste a mi hija vas a pagar. Julián se limpió la boca con el dorso de la mano, riendo entre dientes. —Pagar, no me hagas reír. Siempre fuiste el débil, Nicholas. Nicholas golpeó nuevamente a Julián en el estómago, doblándolo en dos y Julián jadeó pero contraatacó con un rodillazo en la ingle que hizo que Nicholas gruñera de dolor. Se incorporó y lanzó un gancho que conectó con la sien de Nicholas enviándolo al suelo. —Muéstrame esa fuerza que crees tener. ¿O vas a de

  • La compañera humana del Alfa   HERMANAS GEMELAS

    Nicholas junto con los machos de la manada emergieron de los árboles. Estaban en forma humana pero listos para la transformación completa en cuanto Acheron o Nicholas dieran la orden. Nicholas iba al frente con el único pensamiento de llevar de vuelta a su hija con su compañera como le había prometido. Julián ya los esperaba rodeado de lobos armados con dagas de plata. Nicholas no sabía cómo se había enterado de que lo encontraría tan pronto pero supuso que enviar a Aria tratando de cazar a su hermano despertaría la necesidad de Nicholas de encontrarlo y matarlo de una vez por todas. No había sorpresa en su postura, solo una sonrisa lenta, casi perezosa, como si hubiera estado esperando este momento durante años pero él si se dedicó a mirar a su alrededor notando brevemente a un cachorro de no más de dieciocho años estaba a su izquierda tenso, con los puños apretados. Nahiara al fondo, junto a una cabaña, con la mirada fija en el cachorro y en la niña que había criado como prop

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