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SOLO UN BESO

last update Data de publicação: 2026-03-09 21:05:04

Él se apresuró para llevarme a la cueva de la que me había hablado aunque para ese momento ya habíamos terminado completamente empapados con el agua de lluvia.

—Encenderé una fogata para que entres en calor.

No temas, voy a protegerte hasta que encontremos a tus amigos, señorita.

El hombre insistía en llamarme "señorita", como si unos minutos antes no me hubiera preguntado mi nombre pero extrañamente el tono empleado por él al murmurar esa palabra simplemente me encantaba y seducía a la misma vez.

Y no se trataba solo por el tono de su voz, sino también por ese acento que usaba.

No sé de donde venía pero bendecía ese país y a sus hombres, porque era obvio que no era de por aquí.

Pronto me mordí el interior de mi mejilla para no sonreír por mis pensamientos.

Él me dejó sobre el suelo de la cueva con delicadeza y seguí sus movimientos con mi mirada.

Él era un hombre grande, demasiado, sin embargo su destreza era admirable.

—Probablemente si hubiera salido sola del mar hubiera estado completamente perdida —No pude evitar hablar mirando como creaba fuego a partir de piedras y ramas secas que habían por suerte.

Él levantó sus orbes en mi dirección y casi me estremecí con la fuerza de su mirada sobre mi piel.

Hay algo sumamente poderoso en él, que no puedo distinguir de qué se trata.

—Quizás estuviéramos destinados a encontrarnos.

Por mi cuerpo pude sentir la electricidad recorriéndome y todo era por su causa, aunque no lo supiera.

Tenía un efecto en mí increíble.

¿Quién era este hombre?

Nicholas se levantó dejando el fuego encendido, no solo de la fogata, sino también de mi interior.

Lo perdí de vista por un momento ya que salió de la cueva mientras que yo me acercaba mucho más al calor de las brazas de fuego intentando dejar de temblar de frío.

Debería quitarme la camisa húmeda pero no podía quedarme desnuda otra vez frente a él.

—Sería una locura —susurré para mí misma sintiendo mis mejillas enrojecer.

Una vez más lo vi entrar viniendo en mi dirección.

Intimidándome se dejó caer frente a mí.

Me fijé que había roto su pantalón un poco para hacer con este una especie de venda.

—Voy a curar su pie.

Aunque me avisó mi cuerpo entero se tensó ante lo que sentí con su toque suave al sostener mi pie.

Nuestros ojos una vez más se encontraron y no sé si fue por causa del bailar de la fogata pero vi los suyos cambiar de índigo a un negro muy oscuro.

—T-tús o-ojos cambiaron —no pude evitar balbucear y pronto tuve miedo de su respuesta.

Noté la tensión en su mandíbula antes de que moviera la cabeza en señal de negación.

—Estás equivocada —afirmó y yo volví a ver sus ojos azules.

Me quedé en silencio sintiendo como limpiaba el corte con una venda de manera uniforme, como si no quisiera hacerme más daño del debido y finalmente terminó vendándomelo.

—Descansa un poco, en cuando deje de llover saldremos de aquí.

Él intentó apartarse pero como un impulso yo sostuve su brazo desnudo haciendo que nuevas las chispas saltaran entre nosotros.

Era evidente la tensión sexual y la atracción que comenzaba a surgir a nuestro alrededor, cosa que me intimidaba de cierta manera ya que jamás me ha pasado nada como esto.

No debería estar pensando en esto pero... de verdad me atraía aunque traté de recomponerme y que él no lo notara.

Solo esperaba que eso fuera posible.

—Te lo agradezco mucho.

Salvaste mi vida.

Muchas gracias, de verdad.

Sus pupilas se desviaron a mis labios entre abiertos asintiendo con la cabeza, pareciendo un poco perdido, por alguna razón.

—No me agradezcas señorita, jamás dejaría que algo te pasara —gruñó suavemente como una promesa.

Sin embargo en ese momento yo no lo entendí.

—Descansa un poco.

Se levantó deshaciéndose de mi agarre con sutileza y caminó al otro extremo de la cueva como si estuviera planeando huir de mí.

O quizás de las emociones que yo le despertaba.

Pronto cerré los ojos intentando dormirme y no tardé en lograrlo, aunque el frío estuviera calando en mis huesos.

Sus dedos largos se deslizan por mi garganta dejándome la piel caliente.

Sus labios recorren mi piel amándola en silencio.

Volviéndome loca de placer.

Sintiendo un deseo ardiente que me quema.

Sus labios buscaron los míos ahora con desesperación.

Como si llevara años deseando besarme.

Sus lengua me vuelve loca pero son sus manos las que se apoderaron de mi cuerpo tirándome más cerca de él como si temiera que pudiera escapar alguna vez.

—Eres mía, para siempre, Alexia.

Antes de que pudiera besarme una vez más logré ver por primera vez su rostro.

Y no era otro más que el de Nicholas, solo que este poseía los ojos negros como la noche.

En la bruma indescriptible de su posesión exquisita. mis ojos se abren sintiendo un cuerpo cálido debajo del mío.

Una mano masculina está anclada en mi cintura con posesividad.

Mis ojos se deleintan en su pecho musculoso al que estoy abrazada.

Se siente tan bien.

Como por un impulso alzo mi vista a su rostro.

Sus ojos están cerrados pero su cara mantiene una expresión de deseo que yo misma siento que él me está llamando.

Ni siquiera puedo explicar la fuerza de esta emoción.

Mi corazón late cada vez con más prisa, susurrándome lo que debía hacer.

—Solo será un beso —susurro a la nada.

Sin pensarlo demasiado me alzo un poco para terminar apoyando mis labios sobre los suyos carnosos sin reparo, sintiendo la explosión de su sabor divino, aunque no me esperaba que él me respondiera.

Mucho menos con esa pasión desmedida que me hizo gemir en medio de nuestro beso.

Él era dulce y salvaje al mismo tiempo.

Como si estuviera necesitando de mi beso con desesperación.

Como si quisiera marcarme mediante este.

Sus dedos se metieron entre mi pelo tirando ligeramente de este para acercarme a él y profundizar la invasión.

Su lengua penetró mi boca sin reparo, apoderándose de mí.

Haciéndome gemir.

Solo ahora me doy cuenta que esto es real y que ambos estamos completamente desnudos.

Mi pierna está por encima de su cintura y nuestras partes íntimas están peligrosamente cerca.

Lo peor de todo es que puedo sentir su miembro endurecido cerca de mi abertura completamente húmeda.

Abrí mis ojos horrorizada por lo que estaba haciendo.

Lo empujé para liberarme de su colonizadora boca y a duras penas lo logré respirando entrecortadamente.

—Por Dios.

Intenté liberarme de su agarre por completo para huir lo más pronto posible de su cuerpo musculoso, sin embargo, solo pude sentirlo más cerca de mí sosteniéndome con firmeza.

Sus ojos parecían los de un cazador.

Y sin duda alguna yo soy su presa.

—Calma —me gruñó él en un tono sedoso que buscaba apaciguarme aunque no lo consiguió.

Seguí moviéndome para liberarme de él pero todo lo que sentí fue la calidez de su cuerpo contra el mío.

Peligrosamente bueno.

En un rápido movimiento terminé con él sobre mí aplastando su cuerpo sobre el mío aunque no del todo ya que se sostenía con sus manos a cada lado de mi cabeza con su mirada inquietante sobre mí.

¿Estaba mal que se sintiera tan bien?

—Si dejas de moverte podré liberarte y explicarte por qué estabas así.

Vi en su mandíbula palpitar un músculo pero también vi la lujuria en su pupila.

Fue entonces cuando entendí que mi movimiento había sido el que lo estaba excitando a parte del beso que yo misma le había dado.

Yo había causado esto y por eso estoy tan molesta conmigo misma.

—Habla entonces —gruñí tratando de parecer dura aunque no lo era para nada.

Lo cierto es que a pesar de que estaba avergonzada también me encontraba deseosa por más.

Sin embargo, nunca diría eso.

Sus ojos me escudriñaron intimidatoriamente como si estuviera buscando algo antes de volver a hablar.

—Tuve que desnudarte porque estabas temblando de frío, podríamos habernos enfermado.

Necesitabamos el calor del otro por eso me acosté cerca de ti.

—Y yo... fui quien te rodeó con la pierna —afirmé avergonzada y él asintió.

No pude ver en su cara ninguna expresión pero aún podía sentir la dureza de su miembro presionándose contra mi vientre y eso era demasiado íntimo.

Mucho más para una virgen.

—Lo siento mucho, ahora puedes apartarte.

Lo vi vacilar un poco pero se apartó como le pedí señalándome su camisa que ya parecía totalmente seca.

Rápidamente la tomé colocándomela encima bajo su mirada oscura.

Él también tomó su pantalón para cubrir su desnudez pero yo aparté la mirada.

Por suerte mis pensamientos atrevidos no tuvieron cabida cuando escuché una voz conocida llamándome.

—Es Chloe —susurré para mí misma y enseguida salí de la cueva corriendo, olvidándome por un momento de la herida en mi pie que dolía con cada movimiento.

—¡Espera! —gritó Nicholas detrás de mí pero no le hice caso.

Necesitaba encontrar a mi amiga y huir de este hombre lo más rápido posible.

Estaba muy avergonzada por lo que había pasado.

—¡Chloe! —chillé al ver a la rubia quien venía con más hombres aparte de Ian y su amigo.

No dudamos en abrazarnos felices por nuestro reencuentro.

—¡Dios, estaba tan preocupada por ti! Pensé lo peor ¿Dónde te habías metido?

—Te lo contará todo más tarde, ahora iremos a la casa, estamos demasiado lejos de la tuya.

—¿Abuelo? —murmuró impresionada la rubia frente a mí mirando al recién llegado y yo fruncí el ceño posando mis ojos en él de nuevo.

—¿Abuelo? —pregunté llamando la atención de los presentes y noté que mi amiga se ponía un poco nerviosa.

¿Por qué lo llamaba abuelo?

Este hombre era joven e increíblemente guapo

—Es mi tío Nicholas de quien te hablé.

Es un juego entre nosotros llamarlo abuelo.

¿Cierto? ¿Cómo es que se conocen?

—Él me sacó del mar y me salvó, tuvimos que resguardarnos en una cueva gracias a la lluvia.

—Lo siento mucho por dejarte hacer algo tan estúpido Ali.

Yo iba a hablar pero él lo hizo antes que yo.

—Chicos, ya pueden irse —gruñó pareciendo enojado a los hombres que miraban en nuestra dirección antes de volver a poner su mirada en nosotras—. Vamos a casa.

—¿Estás herida? —exclamó Chloe viendo mi pie.

Ian se acercó a mí queriendo ayudarme.

—También lamento haberte dejado tanto tiempo sola.

Pensé que querías relajarte.

Déjame cargarte Alexia, te llevaré sin problema.

Abrí la boca para responderle.

Él parecía de verdad preocupado por mí y no pude evitar sonreírle con calidez al coqueto gemelo de mi mejor amiga.

—Yo la llevaré —afirmó el hombre detrás de mí y dejándome sin ninguna posibilidad de protestar me cargó en brazos de forma nupcial logrando que mis mejillas se enrojecieran ante el recuerdo del suceso reciente que acababa de pasar entre nosotros.

No sé cómo lo hizo pero no permitió que la piel de entre mis muslos fuera expuesta.

Chloe se colocó a nuestro lado sonriéndome ladinamente antes de guiñarme un ojos.

"Ay no, que vergüenza.

Él es su tío.

No se lo puedo contar.

Incluso cuando es la experiencia más atrevida y caliente que he tenido antes con un chico."

No.

Nicholas no era un chico sino un hombre, tan maduro y varonil que me dejaba sin aliento.

Aparté mis ojos de ella encontrándome con las orbes fijas de Nicholas intimidándome.

Parecía como si estuviera intentando penetrar mi cabeza y registrar cada uno de mis pensamientos.

"Tranquila Alexia, después de mañana no volverás a verlo."

O al menos eso era lo que esperaba.

Una vez más, como si él estuviera entrando en mi mente una sonrisa letal se extendió por su boca dejándome sin aliento, ahora era yo quien intentaba descifrar qué estaría pensando él ahora mismo para que sonriera de esa manera.

 

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