FAZER LOGINLa lágrima rodó por la mejilla de Max, su familia y todo su mundo se había destruido. Sus malas decisiones junto con todo lo que hicieron les había cobrado factura. Ahora no solo estaba solo, su familia se había dispersado por completo. Su padre se había alejado de ellos quedando en un lugar extremadamente lejano para no cargar con la vergüenza de las acciones de sus hijos. Especialmente las acciones de Zoe. Los chismes de la separación de los Baker y su familia los estaba destruyendo. Y ahora su hermana estaba ahí, encerrada completamente en un punto sin retorno. Y él… con la culpa absoluta de haber perdido lo único bueno que tenía en la vida. Max y su culpa estaban conviviendo a diario, a cada minuto. Él era consciente de lo malo que había hecho, pero también era consciente de todo lo que había hecho por su hermana. Y eso, de algún modo, le daba un poco de consuelo. Cada mañana él la visitaba. Cada mañana como un recordatorio constante del desastre inminente que eran, sin ningún
Elizabeth Baker observaba la lluvia golpear los ventanales de la biblioteca. El arresto domiciliario era una humillación que le quemaba la piel más que cualquier enfermedad. Ahora que sabía que Rafael tenía el video de la noche anterior, Zoe había fracasado estúpidamente y que el contrato de custodia que le arrebató a Abigail era ahora un papel sin sentido.—No puedo creer que haya sido tan estúpida. La subestimé. —¿Quiere que la saquemos de ahí? hice todo lo posible para que la señora Zoe pudiera salirse con la suya, es más desconocté algunas cámaras, pero al parecer él tenía algunas más. —Dejala un poco más ahí, espera mis indicaciones. Sigue trabajando en ese lugar, tal vez Rafael vuelva ahí o ella. Quiero que me sigas manteniendo informada. El hombre movió su cabeza afirmando y se retiró dejándola sola. —¿Creen que me han vencido? —susurró Elizabeth a la oscuridad de la sala, acariciando el borde de una antigua fotografía de su hijo fallecido—. Creen que tan poco bastarán para
Mientras un oficial esposaba a Rafael, otro se acercó a Abigail. Zoe miraba todo desde su posición, el dolor en su cuerpo simplemente no existía, la adrenalina del momento la tenía más pendiente de ellos que de su propia herida. Ella estaba convencida que con tal de separarlos, de arruinarlos… de arruinarla, sería capaz de cualquier cosa, sin importar si se tendría que herir una y otra vez. El policía se acercó a Abigail al ver como estaba afectada.—Señorita, ¿es usted la madre del menor?—Sí... —respondió ella, con la voz temblando—. Soy Abigail Taylor. Por favor, mi hijo está enfermo, acaba de salir del hospital por un trasplante de médula. Necesita estar conmigo.Rafael, con las manos a la espalda, y con esa seguridad que con esto Zoe llegaría a su fin, intervino con una voz de acero que intimidó a los presentes. —Oficial, aquí están los documentos legales de mi hijo y el poder notarial que firmé ayer mismo, otorgándole la custodia total a Abigail Taylor en caso de cualquier ev
Abigail se puso de pie y rodeó la mesa. Rafael se levantó también, y en un movimiento natural, ella se refugió en su pecho. El sonido del corazón de Rafael, latiendo con fuerza contra su oído, era la única melodía que necesitaba. —Te amo, Rafael Baker —dijo ella, levantando la vista para encontrar la de él—. A pesar de todo. Mi corazón nunca dejó de pertenecerte, aunque intentara arrancarlo.Rafael tomó su rostro entre sus manos, con una delicadeza infinita, como si temiera que Abigail se desvaneciera si presionaba demasiado. —Y yo te amo a ti, Abigail Taylor. Eres la mujer más valiente que he conocido. Gracias por no rendirte con Gabriel... y gracias por no rendirte conmigo.El beso que siguió fue diferente a todos los anteriores. No tenía la urgencia del deseo ni la desesperación. Era un beso lento, profundo, que sellaba su amor. En ese momento, las luces de la ciudad parecieron apagarse, dejando solo a dos personas que habían bajado al infierno y habían regresado de la mano.Rafa
Mientras la paz se instalaba precariamente en el nuevo hogar de Rafael, en un rincón oscuro de la ciudad, Zoe rompió todo a su paso. Su mundo se había desintegrado. Su hermano ahora se negaba a hablar con ella, acusándola de haber arruinado sus posibilidades con Abigail. Convencido que su amor de hermano lo cegó y arruinó su amistad, su oportunidad de poder al menos verla. Elizabeth, su gran aliada, estaba recluida en la casa, vigilada por algunos que ya no respondían a sus sobornos.Zoe se miró en el espejo de su habitación de hotel. Las ojeras y la línea de amargura en su boca la hacían lucir mayor. Rafael no respondía a sus llamadas, sus cuentas bancarias personales habían sido congeladas bajo la auditoría del divorcio, y la empresa familiar estaba al borde de la quiebra tras la salida de Rafael y tras todo lo que estaba pasando. —No voy a dejar que se queden con todo —siseó Zoe, lanzando un frasco de perfume contra la pared—. No después de lo que sacrifiqué por ese apellido.Sab
Pasaron dos semanas. Gabriel ya no necesitaba el respirador y empezaba a tolerar alimentos. La recuperación era lenta, marcada por episodios de náuseas y cansancio extremo, pero cada día era una pequeña victoria. El hospital, que antes era una prisión de angustia, empezaba a sentirse como el lugar donde todo volvía a tener sentido.Para Abigail, el mundo exterior ya no era tan importante, recibía mensajes de Max, pero… ella prefería no responder, no después de que su vida diera ese giro. Nada, absolutamente nada haría que su atención se disipara de su hijo. Rafael convenció a Abigail de salir un momento al jardín del hospital para respirar aire fresco mientras Gabriel dormía la siesta bajo la vigilancia de Rose. Se sentaron en un banco de madera, bajo la sombra de un roble antiguo. El sol de la tarde bañaba el rostro de Abigail, resaltando las ojeras que el maquillaje no lograba ocultar, pero también una paz que la acompañaba cada que veía a su hijo volviendo a ser el mismo niño de a







