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Dos semanas después, una noticia inesperada sacudió la tranquilidad que Elyna había logrado construir con tanto esfuerzo.Le informaron que la salud de Esteban se había deteriorado gravemente.No era un simple rumor ni una exageración; esta vez, la situación era real. Incluso Elías la llamó personalmente, con una voz seria y contenida, para decirle que Esteban estaba en su lecho de muerte.Aquellas palabras no la dejaron indiferente.Elyna permaneció en silencio durante largos minutos después de colgar.Su mirada se perdió en el vacío mientras una mezcla de emociones comenzaba a formarse en su interior. No era amor… ya no. Tampoco era rencor. Era algo más complejo: un eco del pasado, una historia que, aunque terminada, nunca desaparecía del todo.Sabía que tenía que ir.No por él únicamente, sino por ella misma. Porque, en el fondo, no quería cargar con la culpa de no haber cerrado ese capítulo de su vida. Había heridas que ya no dolían, pero que merecían ser reconocidas antes de desap
Meses después…El tiempo había seguido su curso, implacable y silencioso, como siempre lo hacía. No se detenía por el dolor ni por la alegría; simplemente avanzaba, dejando atrás cicatrices, recuerdos y, en algunos casos, una oportunidad para sanar.Muchas heridas, que en su momento parecían imposibles de cerrar, habían comenzado a cicatrizar. No todas estaban completamente sanas, pero al menos ya no sangraban como antes.La vida, poco a poco, se estaba reordenando.En medio de ese proceso, llegó una noticia que llenó de luz a toda la familia.Verónica había dado a luz.El nacimiento fue tranquilo, casi como un suspiro después de tantas tormentas. La niña, pequeña y delicada, tenía un rostro sereno que parecía prometer paz.La llamaron Oona.Desde el primer momento, Odin quedó completamente cautivado por ella. No podía dejar de mirarla, como si temiera que fuera un sueño que desaparecería si apartaba la vista.Sostenía a su hija con un cuidado casi reverente, como si fuera lo más valio
La madre de Alegra no logró sobrevivir.La noticia llegó como un golpe seco, devastador, imposible de amortiguar. Para Alegra, el mundo se detuvo en ese instante. Todo lo que había sido estable, todo lo que le daba sentido, se quebró sin previo aviso.El dolor no fue inmediato… fue peor. Fue lento. Profundo.Se fue instalando en su pecho como un vacío imposible de llenar.El funeral pasó como un borrón. Rostros, palabras, abrazos… nada parecía real. Todo era ajeno, distante, como si ella estuviera atrapada dentro de su propio cuerpo, observando una vida que ya no reconocía.Pero hubo algo —alguien— que sí logró atravesar ese estado.Juliano. No solo estuvo presente el día del funeral. Estuvo cada día. Sin falta y sin condiciones.Se quedaba con ella en silencio cuando no tenía fuerzas para hablar. La abrazaba cuando el llanto la rompía en pedazos. Le sostenía la mano cuando el dolor era demasiado intenso para enfrentarlo sola.No intentaba arreglarla. No intentaba decirle que todo esta
—¡Vamos al hospital! —gritó Juliano con la voz quebrada por la desesperación—. Tengo que estar ahí, madre… porque… ¡yo también la amo! Me enamoré de Alegra.Elyna lo miró con ternura, y salió con él.**Lejos de ahí, en la soledad de su departamento, Verónica intentaba mantenerse en pie.El cansancio físico era casi secundario frente al peso emocional que cargaba.Su corazón, herido y vulnerable, parecía latir en un compás propio, lento y doloroso.El embarazo, que debía haber sido motivo de alegría, ahora era un recordatorio constante de la soledad que la acompañaba. Sus padres habían insistido, suplicado incluso, que fuera a vivir con ellos, que no soportara este tiempo sola, pero Verónica había decidido esperar.Había algo en su interior que le decía que debía enfrentarlo por sí misma, que debía lidiar con su dolor sin esconderlo, aunque eso le desgarrara lentamente.Un golpe en la puerta la hizo saltar, y con el corazón en un puño fue a abrir. No esperaba a nadie.Ninguna visita po
Juliano llegó a su pent-house entrada la noche, con el cuerpo pesado y la mente aún más cargada. Cerró la puerta detrás de él sin siquiera encender las luces. No lo necesitaba. La oscuridad parecía más acorde con lo que sentía por dentro.Caminó directo hacia el minibar.No pensó. No dudó.Solo sirvió.El primer trago quemó su garganta, pero no fue suficiente. Nada lo era.Sirvió otro… y otro… y otro.Las imágenes de Alegra no dejaban de aparecer en su mente. Su voz. Su mirada. Las veces que creyó en ella… y las veces que ahora se sentía un idiota por haberlo hecho.—Maldita sea… —murmuró, apretando el vaso con fuerza.Pero la rabia no era lo único.Había algo más profundo Dolor.Una punzada constante en el pecho que el alcohol no lograba adormecer.Se dejó caer en el sofá, con la botella en la mano. Bebió directamente de ella esta vez, sin formalidades, sin control. La noche se volvió difusa. El tiempo dejó de tener sentido.Y eventualmente… se perdió.***A la mañana siguiente, la lu
Elyna sintió miedo al ver a su hijo ahí, ante ellas, y saber que lo había escuchado todo le hizo sentir temor.—¡Hijo! —gritó, con un hilo de voz que apenas se sostenía sobre la lluvia de emociones que la inundaba— Por favor, escúchanos.—Juliano escúchame —suplicó Alegra. Juliano retrocedió un paso, como si esa sola palabra hubiera sido un golpe físico. Sus hombros tensos, su mirada fría y sus labios apretados mostraban el muro que había construido entre ellos.—¿Qué tengo que escuchar? —su voz sonaba quebrada, pero cargada de ira—. Resulta que… estabas conmigo por dinero, ¿por un trabajo? ¡Mi propia madre te pagó para esto!Alegra quiso avanzar hacia él, tocar su brazo, sus hombros, cualquier cosa que pudiera hacer que se derritiera esa barrera de desconfianza.—¡No! No, escúchame —dijo, intentando que su voz sonara firme, pero el temblor en ella traicionaba el miedo y la culpa que la consumían.Juliano dio otro paso atrás, alejándose más. Sus ojos, grandes y oscuros, reflejaban un







