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Estás enojado conmigo

Autor: Lizzy Bennet
last update Data de publicação: 2025-11-30 07:19:15
Isa

No sé exactamente en qué momento dejo de escuchar a los niños gritando, ni en qué segundo exacto mi cuerpo decide olvidarse de todo lo que sé sobre Gabriel Moretti… y simplemente responde.

Lo único que siento es su mano firme en mi espalda baja, caliente, segura, atrayéndome hacia él como si hubiese estado esperándolo toda la vida. Su boca captura la mía con una mezcla imposible de suavidad y urgencia, y mi primer instinto es tensarme, congelarme, recordarme que esto está mal, que esto no de
Lizzy Bennet

Hola hola, más tarde les daré otro capítulo, gracias por leer.

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Último capítulo

  • La esposa deshonrada de Moretti   Lo logramos

    Gabriel El puerto huele a sal, óxido y humedad vieja. La casa azul está justo donde Lombard dijo que estaría. Valparaíso viejo. Fachada descascarada. Ventanas cerradas. Demasiado silenciosa para ser inocente. Rinaldi está a mi lado, ajustándose el chaleco antibalas. —Recuerda lo que te dije, Moretti —murmura sin mirarme—. Tú observas. Nosotros actuamos. Asiento. No respondo. Pero los dos sabemos que no he venido aquí a observar. Mis hombres están distribuidos por el perímetro. Adrián cubre la parte trasera con dos francotiradores. Luca está en la camioneta, monitoreando comunicaciones. —Objetivo confirmado en el interior —susurra uno de los agentes por el comunicador—. Visual parcial. Coincide con Santorini. Mi pulso no se acelera. Se vuelve frío. —Entramos en tres… dos… uno. La puerta revienta. El estruendo rompe la noche. Gritos. Pasos. Muebles cayendo. Yo avanzo detrás del equipo táctico, respirando despacio, controlando el temblor que no quiero que nadie vea. Lo

  • La esposa deshonrada de Moretti   Vamos por tu padre

    GabrielEl vidrio es más grueso de lo que parece.Lo sé porque tengo la frente apoyada contra él y, aun así, no siento el frío del otro lado. Solo veo. Solo escucho. Solo contengo.Maurice Lombard está sentado frente a la mesa metálica, esposado, con el traje arrugado, la camisa manchada de sudor en las axilas. Ya no parece el hombre seguro que entró armado a un hospital creyéndose intocable. Ahora parece exactamente lo que es: un animal acorralado.El detective Rinaldi entra en la sala con una carpeta bajo el brazo.No dice nada al principio. Deja que el silencio haga su trabajo.—¿Sabes por qué estás aquí? —pregunta al fin, sentándose frente a él.Lombard sonríe. Una sonrisa torcida. Provocadora.—Por amar demasiado —responde—. Por querer lo que otros no supieron cuidar.Aprieto la mandíbula.Rinaldi abre la carpeta con calma quirúrgica.—Estás aquí por secuestro, intento de homicidio, tráfico de personas, lavado de activos, asociación para delinquir y una lista larga de violaciones

  • La esposa deshonrada de Moretti   Nadie que no amemos

    Isa—Isa.. no vuelvas a hacerme esto…Él entra como si hubiera estado conteniéndose del otro lado, como si hubiera corrido hasta aquí. Sus ojos me recorren de arriba abajo en una fracción de segundo, buscando heridas nuevas, buscando sangre, buscando señales de que llegó tarde.—Isa.No dice nada más. Me envuelve en sus brazos con una fuerza que no duele, pero que me deja claro que estuvo a punto de perder el control. Yo me aferro a su camisa como si el mundo todavía pudiera derrumbarse en cualquier momento.—Escuché disparos —susurro contra su pecho—. Escuché gritos… me escondí en el baño, pensé que… —la voz se me quiebra— pensé que habían vuelto por mí.Gabriel me aparta apenas lo suficiente para mirarme a los ojos. Tiene la respiración agitada, la mandíbula tensa, pero su voz es firme.—No. Ya no. Todo está bajo control.—¿Qué pasó? —insisto—. Dime la verdad.Asiente despacio.—Lombard vino —dice—. Tal como lo esperábamos. Entró con hombres armados. Pero cayó en la trampa. Está det

  • La esposa deshonrada de Moretti   No estarás para velo

    Gabriel —Se acabó tu hora, Lombard. Suelta el arma. Estás rodeado. Mi voz no tiembla. No grito. No hace falta. El pasillo está tomado. Mis hombres a la derecha, los del detective a la izquierda. Adrián unos pasos más atrás, cubriendo el ángulo muerto. Diez armas apuntando al mismo punto. No hay salida. No debería haberla. Lombard se queda inmóvil un segundo. Solo un segundo. Lo suficiente para que vea cómo sus ojos se mueven de un arma a otra, calculando, buscando una grieta que no existe. Su respiración se acelera. Lo noto en la forma en que se le levanta el pecho bajo el abrigo. —No seas idiota —añado—. Esto terminó. Sonríe. Una sonrisa torcida, enferma. —¿Crees que esto es terminar? —escupe—. Tú no entiendes nada, Moretti. Y entonces todo se va a la m****a. Lombard se gira de golpe, dispara hacia el techo y se lanza hacia un costado al mismo tiempo. El estruendo ensordece. Fragmentos de yeso caen. Gritos. Alarmas que se disparan ahora sí, sin contención. —¡Al suelo! —g

  • La esposa deshonrada de Moretti   Estás acabado

    La puerta de la habitación se cierra a mi espalda con un sonido demasiado suave para todo lo que acaba de explotar dentro de mí.Camino apenas dos pasos por el pasillo del hospital cuando veo a Adrián esperándome. Está rígido, con los brazos cruzados, la mandíbula apretada de esa forma que conozco demasiado bien. Esa expresión solo aparece cuando algo está muy mal.—Rafael llamó —dice sin rodeos.Me detengo en seco.—¿Qué pasa? —pregunto, aunque mi cuerpo ya se tensa antes de oír la respuesta.Adrián exhala despacio.—Fue el detective.Siento cómo algo frío se instala en mi estómago.—No me digas que Lombard se escapó.—No —responde de inmediato—. No se ha escapado.Frunzo el ceño.—Entonces no entiendo —digo—. ¿Por qué no son buenas noticias?Adrián aprieta la quijada con más fuerza, como si las palabras le costaran salir.—Porque la ubicación indica que Lombard viene hacia aquí.Mi sangre se congela.—¿Cómo que viene hacia aquí?—Dos camionetas más lo acompañan —continúa—. Dirección

  • La esposa deshonrada de Moretti   La más afortunada de todas

    Isa Lo primero que siento es el dolor.No llega de golpe, no es una puñalada inmediata. Es una presión profunda, constante, como si algo pesado descansara justo debajo de mis costillas. Un ardor que late, que pulsa, que me recuerda que mi cuerpo pasó por algo grave… aunque mi mente todavía no logra alcanzarlo.Intento moverme y un quejido se me escapa antes de que pueda detenerlo.Abro los ojos.La luz blanca me enceguece por un segundo. Parpadeo varias veces, confundida, tratando de enfocar. El techo es blanco. Demasiado blanco. Hay un pitido constante, rítmico, que marca algo más que el tiempo.Hospital.La palabra llega lenta, pesada.Mi garganta está seca, como si no hubiera tragado saliva en días. Intento hablar, pero lo único que consigo es una tos áspera que me quema por dentro.—Isa…La voz llega de inmediato.Grave. Rota. Con miedo.Giro el rostro despacio, y entonces lo veo.Gabriel está sentado en la silla junto a la cama. Inclinado hacia adelante, los codos apoyados en la

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