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Fiorella sintió que se quedaba sin aire.Las manos de Roseen seguían apretando su cuello y, por más que intentaba apartarla, sus fuerzas comenzaban a abandonarla.El miedo se apoderó de ella.No podía respirar. No podía gritar.Y lo único que podía pensar era en su bebé.—Mi bebé… —intentó decir.Entonces, de repente, alguien sujetó a Roseen por los hombros y la arrancó de encima de Fiorella.—¡Suéltala!El hombre la apartó con una fuerza brutal, lanzándola a un lado.Roseen cayó sobre el césped.Fiorella quedó tendida en el suelo, intentando desesperadamente recuperar el aire.Tosió una vez.Después otra.Su pecho subía y bajaba con rapidez.El hombre que la había salvado se arrodilló junto a ella.—Donna Fiorella, ¿está bien?Fiorella abrió lentamente los ojos.Frente a ella había un hombre alto, de cabello oscuro y expresión seria. Vestía completamente de negro y tenía una postura que dejaba claro que estaba acostumbrado a enfrentarse a situaciones peligrosas.Ella lo miró sin pode
Su corazón se detuvo por un instante.Fiorella miró la prueba de embarazo sin poder reaccionar.Sus ojos se abrieron lentamente.Dos líneas.Dos malditas líneas.Dejó de respirar.Estaba embarazada.Durante varios segundos permaneció completamente inmóvil, como si su cuerpo hubiera dejado de obedecerle.Volvió a mirar la prueba.Quizá se había equivocado.Quizá estaba interpretando mal el resultado.Quizá aquellas dos líneas desaparecerían si esperaba un poco más.Pero no desaparecieron.Seguían allí.La verdad estaba frente a sus ojos.Fiorella apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas se clavaron en las palmas de sus manos.Una lágrima descendió lentamente por su mejilla.—No… —susurró.Llevó una mano hasta su boca para contener un sollozo.Después volvió a mirar su abdomen.Todavía no había ningún cambio visible.Nada que pudiera demostrar que dentro de ella comenzaba a crecer una nueva vida.Sin embargo, lo sabía.Dentro de su cuerpo estaba el hijo de Lorenzo.El hijo del hom
Fiorella estaba encerrada en su habitación, sentada al borde de la cama, con la mirada perdida frente a ella.Habían ocurrido demasiadas cosas en muy poco tiempo.Su matrimonio, que alguna vez había imaginado como el comienzo de una vida feliz, se había convertido en una prisión. Lorenzo seguía defendiendo a Roseen, seguía encontrando excusas para protegerla y, mientras tanto, Fiorella era quien terminaba pagando las consecuencias de todas sus decisiones.Ya estaba cansada.No quería seguir esperando a que su esposo decidiera qué lugar ocupaba ella en su vida.Tomó el teléfono de la mesa de noche y buscó el número de su hermano. Después de varios tonos, finalmente escuchó su voz.—Hermana, ¿qué ocurre?Fiorella respiró profundamente.—Hermano… esto es difícil para mí, pero quiero divorciarme.Hubo unos segundos de silencio al otro lado de la línea.Su hermano conocía bien la situación. Sabía cuánto había soportado Fiorella y también sabía que ella no era una mujer que tomara decision
Roseen no podía creerlo, era como su peor pesadilla.Sus ojos se abrieron de par en par.—No…Fiorella avanzó unos pasos y se detuvo frente a ellos.Estaba viva.Sin una sola herida visible.Y miraba directamente a Roseen.—¿Te sorprende verme?Roseen comenzó a retroceder.—Tú… tú estabas…—¿Muerta? —completó Fiorella con una sonrisa fría—. Eso era lo que querías que Lorenzo creyera, ¿verdad?Lorenzo se colocó junto a Fiorella.Esta vez no hubo dudas.No hubo excusas.Solo una verdad que finalmente había salido a la luz.Roseen comprendió que su mayor error no había sido intentar destruir a Fiorella.Había sido creer que podía engañar a Lorenzo para siempre.—¡No, Lorenzo!—¿Quién fue? ¿Cómo es que mis enemigos sabían los pasos de mi mujer?Roseen lloró desesperada.—No es así.Lorenzo la tomó del brazo con fuerza antes de que pudiera alejarse.Roseen se detuvo y lo miró por encima del hombro.—Sabes que voy a averiguarlo —dijo él con voz grave—. No importa cuánto tardes en decirme la
Fiorella se alejó de Lorenzo lentamente, mirándolo con una mezcla de rabia, decepción y dolor. Durante unos segundos no dijo nada. Solo lo observó, como si estuviera intentando comprender cómo podía haber sido tan ciego durante tanto tiempo.Lorenzo permaneció frente a ella, confundido por aquella reacción.—¿Viva? Claro que estoy viva, ¿esperabas que muriera?—No digas eso.Ella sonrió.—¿Acaso no sabes quien desea mi muerte? Tú saben quién hizo esto, porque lo hicieron por ti, gracias a ti.Lorenzo la miró sorprendido—¿Qué?—¿Qué sucede? —preguntó con el ceño fruncido—. ¿Por qué me miras así?Fiorella soltó una amarga risa.—¿Acaso no sabes quién me quiere muerta?Lorenzo se quedó inmóvil.—¿Qué estás diciendo?—Lo sabes perfectamente. Solo que nunca quisiste verlo.—Fiorella, yo jamás permitiría que alguien te hiciera daño.—Pero alguien lo intentó —respondió ella, con la voz quebrada por la indignación—. Y esa persona está mucho más cerca de ti de lo que imaginas.Lorenzo negó len
Lorenzo sintió que el mundo entero se desmoronaba bajo sus pies en cuestión de un segundo.La noticia había caído sobre él como un impacto seco, sofocante, incapaz de ser procesado por su mente.No podía creerlo.Con el rostro desencajado y la desesperación ardiendo en sus venas, salió corriendo por los oscuros pasillos del bastión de la familia, apartando a cualquiera que se interpusiera en su camino.Necesitaba verlo, necesitaba confirmarlo con sus propios ojos antes de permitir que la locura lo consumiera por completo.“No, no… Fiorella no puede morir. ¡No puede estar muerta!”, se repetía una y otra vez como un mantra ensordecedor que retumbaba en su cabeza.Estaba completamente fuera de sí, sintiendo cómo su corazón se quebraba en mil pedazos, convirtiendo cada latido en una punzada de agonía pura.Cuando cruzó el umbral y corrió hacia el patio exterior de la propiedad, la fría brisa de la noche le golpeó el rostro, pero nada pudo aplacar la fiebre del pánico. Salió a la explanada







