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7° Volver a casa.

Autor: DiegoAlmary
last update Data de publicação: 2026-03-20 09:35:32

La mano del hombre se posó fuertemente sobre la mía. Sus ojos se clavaron con tanta fuerza sobre los míos que sentí cómo mi estómago se volteaba al revés, todos los comensales no se percataron.

—¿De qué se supone que estás hablando? —le pregunté, intentando zafarme de su agarre.

Pero era un hombre terriblemente fuerte. Apreté con tanta fuerza mis puños que mis uñas se clavaron en mis palmas.

—Así como lo oyes, Astrid. Todo este trato también incluye eso. Sé que te sorprende que lo haga de repente, pero estoy seguro de que si te lo hubiera comentado antes, no hubieras aceptado.

—Claro que no hubiera aceptado. ¿Cómo se supone que vas a ofrecerme algo como esto?

Ambos hablábamos bajo para que nadie alrededor escuchara nuestra tensa conversación.

Pero al parecer, nuestro lenguaje corporal estaba comenzando a ser demasiado evidente. Entonces Mauricio me soltó y me acarició la mejilla con el dorso de la mano.

—Después hablaremos de esto, querida.

El resto de la cena transcurrió con lentitud, con más lentitud de la que yo hubiera deseado.

Lo único que quería era que terminara cuanto antes para poder hablar con Mauricio y comprender qué se suponía que era lo que significaba.

Claro que yo no iba a darle un heredero; era una tontería. Pero entonces las palabras de Raúl resonaron en mi mente, advirtiéndome que había firmado, que el contrato también me comprometía.

Si yo no seguía las condiciones, tendría que pagar una enorme multa. El dinero no era importante; con mi empresa podría cubrir aquella multa. Pero no quería dejar la venganza.

Necesitaba hacerlo. No podía continuar mi vida si no lo hacía.

Cuando terminó la cena al fin, me puse de pie, agradecí a los invitados por haber estado en el lugar y luego prácticamente corrí hacia el auto. Pero Mauricio me alcanzó.

—¿A dónde se supone que vas? —me preguntó, metiendo las manos en sus bolsillos mientras caminaba lentamente hacia mí.

—A casa. ¿A dónde más se supone que iré? Mañana hablaremos bien de este tema.

—No, no vas a ir a casa. Al menos no a tu casa —sentenció el hombre con seguridad.

Luego comenzó a acercarse. Intenté alejarme, pero mi espalda golpeó la puerta del auto.

Hasta que el hombre estuvo tan cerca de mí que pude oler el vino en su aliento.

—Solamente eres una muchacha. Sé que hay una doble intención detrás de todo esto, y voy a averiguarlo eventualmente. Pero no creas que tú eres aquí el depredador, porque te equivocas. ¿Crees que un hombre como yo sería tan ingenuo de caer en ese trato tan ridículo que me ofreciste? Descubriré las razones por las que querías desposarme. Pero tú ya comienzas a descubrir las razones por las que yo lo hice.

— Técnicamente no lo hemos hecho —le dije con seguridad.

Intenté dar la vuelta para alejarme y abrir la puerta del auto, pero Mauricio me tomó por el hombro para que lo mirara a la cara.

—Escúchame muy bien, Astrid. Esto es más grande que tú. Incluso es más grande que yo. Necesito un heredero. Lo necesito ahora. Y no tengo tiempo. Voy a pagarte cuanto me pidas. Si quieres, cuando finalice el contrato, puedes quedarte con las acciones que firmé en aquel contrato de la compañía, no me importa. Pero necesito ese bebé.

—Tú ya tienes un heredero —le dije, señalando hacia la entrada donde los invitados ya comenzaban a desaparecer.

Mis rodillas temblaban. El lugar se sentía tan frío que ni siquiera el calor corporal que desprendía Mauricio lograba calentarme un poco.

—Necesito un nuevo heredero —repitió—. Y vas a dármelo. Ya no tienes marcha atrás.

El hombre había cambiado por completo.

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