INICIAR SESIÓNEn la mañana Ignacio despertó con el ruido de la alarma. Volteó a ver a Amelia, luego miró hacia el techo y sonrió "No es un sueño." Pensó dentro de sí. Se acercó a ella y le acarició el rostro, Amelia se movió hacia el otro lado aun dormida; entonces le besó el hombro y comenzó a acariciar de nuevo si cara; Amelia abrió los ojos y volteó a mirarlo, vio el rostro risueño de su esposo.
—¿Cómo amaneció la reina? —Amelia puso la mano sobre la mejilla de Ignacio y se quedó viéndolo a los ojos con una tenue sonrisa le dijo:
—Feliz, con muchas ganas de vivir mi vida contigo. —Igancio besó su mano.
—Yo también me siento feliz, no sabes cuánto, contigo tengo la felicidad que había olvidado que existía.
Esa mañana hicieron de nuevo el amor y se ducharon juntos.
Por primera vez Amelia bajó al comedor a desayunar con toda la familia desde que despertó del coma.
Llegó tomada de la mano con Ignacio, los dos estaban sonrientes, Lucrecia emocionada al verlos juntos comentó:
—¡Qué lindos se ven así juntos! Qué alegría me da verte aquí Silvia.
—Gracias Lucrecia. —Ignacio sacó la silla para que ella se sentara, Amelia observó a Jimena y a Adrián, inocente acerca del odio no gratuito que Jimena sentía hacia la verdadera Silvia los saludó.
—¿Ustedes cómo están? —Adrian respondió:
—Muy bien. —Jimena puso mala expresión, desde días atrás le había demostrado a Amelia su rotundo desprecio creyéndola Silvia, pero ella aun no tenía precisado cuánto rechazo iba a recibir de la odiosa prima de su esposo. La mujer no le dirigió la palabra, al contrario, hacía expresiones de asco y de rechazo precisamente cuando Amelia comentaba algo. Comprobó esa mañana lo que sucedía, pero no tenía idea cuáles eran sus razones.
Cuando Ignacio se marchó, ella le pidió a Elena que le enviara a una de las mucamas y la ayudara a mudar algunas cosas a la habitación de Ignacio. Jimena la oyó y meneó la cabeza, luego se marchó con Adrián a trabajar.
Cuando llegó al grupo fue a la oficina de Jimena Chávez y le contó la novedad acerca de su primo.
—Llegaron al comedor agarrados de la mano como un par de tortolitos, es que no puedo creer que Ignacio sea tan estúpido, y mi mamá apoya a la zorra.
Jimena se puso de pie, cabizbaja le dijo:
—Ya me queda claro que no tengo lugar en la vida de Ignacio; antes cabía la posibilidad de que Silvia no despertara del coma, por eso mantuve la esperanza de que podía ganar su amor; pero ahora ella lo tiene atrapado, es su dueña. —Jiemna se levantó y fue a su lado.
—Aun tienes muchas cosas a tu favor, en cambio Silvia tiene mucho en contra. Ignacio podrá estar embelesado por ella en este momento, a lo mejor cree que con su falta de memoria se convertirá en una mejor persona, pero eso no es así, estoy segura que esa serpiente aún conserva su veneno por dentro, en cualquier momento se mostrará de nuevo como es realmente. También hay que hacer que Ignacio recuerde todo lo que ella le hizo.
—Tal parece que ya se olvidó de todo.
—Tal vez, pero nosotras nos vamos a encargar de que lo recuerde.
—¿Cómo, si la ha perdonado?
—Ningún hombre perdona una infidelidad, menos si siente que su mujer puede volverlo a hacerlo.
—¿Crees que Silvia vuelva a serle infiel a Ignacio?
—Si lo creo, solo debemos esperar que esos hombres con los que se acostaba comiencen a aparecer, especialmente el arquitecto Ricardo Murrié.
—¡¿Silvia fue amante de Ricardo?!
—No vayas a comentarle nada a Ignacio, pero fue con Ricardo que la encontró en un hotel.
—Ricardo es un picaflor, pero no se me pasó por la cabeza que él era el amante de Silvia.
—Ricardo está a cargo del proyecto de S&B, y vendrá a la convención, creo que Ignacio no soportará verlo de nuevo, ese encuentro despertará en él viejos recuerdos, y yo me voy a encargar de echarle sal en su herida para que deje de ser tan imbécil.
***
Por la noche la enfermera que atendía a Amelia le acercó su ropa de cama.
—Gracias Carlota. Antes de cambiarme necesito ir a la habitación de Jimena.
—¡¿Va a hablar con ella a estas horas?!
—En el día no está en la casa debo ir ahora, quiero saber por qué me menosprecia tanto.
—No debería hacerle caso, es una amargada; es tan distinta a su madre.
—No me siento bien, si voy a empezar a compartir con la familia debería llevármela bien con todos.
Antes que ella se marchara Carlota le dijo:
—¿Y si llega el señor Inácio?
—Me dijo que estará con Diego en el estudio preparando un informe, voy a hablar con ella antes que él suba.
Amelia tocó un par de veces la puerta de la habitación de Jimena, le abrió Adrián.
—¡Silvia, tú por aquí!
—Necesito hablar con Jimena. —Jimena se acercó cruzada de brazos.
—¿Qué quiere hablar conmigo? —Dijo de mala manera, Amelia miró hacia el pasillo.
—Pase. —Dijo Adrián, Amelia entró, Jimena tenía el ceño fruncido, Amelia no recordaba nada del pasado, pero las expresiones faciales de Jimena, su lenguaje corporal le decían todo acerca del menosprecio y enojo que sentía hacia ella; la mujer le intimidaba un poco, pero por referencia de las mucamas, Amelia sabía que en su pasado ella había sido una mujer fuerte que no se dejaba pisotear de nadie; pero claro, ellas hablaban de la verdadera Silvia, no de ella que poseía un carácter noble por naturaleza.
—Ahora sí, hable.
—Quiero aclarar que no me agrada llevarme mal contigo, y quiero saber qué es lo que te hice para que me menosprecies tanto.
Jimena aún tenía los brazos cruzados, pero cuando fue a responder su pregunta la señaló con el dedo índice.
—A mi no has hecho nada, pero a Ignacio si le estás haciendo mucho daño, se lo hiciste en el pasado y se lo estás haciendo ahora —Amelia con una voz tenue agregó:
—No comprendo qué daño le estoy haciendo a mi esposo.
—Le haces daño porque estorbas en su vida, él puede ser muy fel…
Adrián la interrumpió.
—Jimena no te metas en ese asunto, no atormentes a Silvia.
—Si me meto, a esta arpía hay que ponerla en su lugar.
—No te metas con ella, Ignacio se enojará mucho.
—¿Dígame que le he hecho para que me odie tanto? —Adrián agarró a Amelia del brazo y la sacó de la habitación.
—Disculpe Silvia, no quiero que haya problemas con tu marido.
—Solo quiero saber por qué tanto desprecio hacia mí, que le hice a tu esposa. —Jimena salió y le dijo:
—Le has hecho mucho daño a Ignacio, no mereces ser su esposa.
—Jimena por favor, deja de meterte en la vida de tu primo, Ignacio ya está bastante grande —Miró a Amelia—. Mejor vete a descansar, y no le hagas caso a Jimena, solo es una mujer amargada.
Amelia llegó consternada a la habitación que ahora era suya y de Ignacio. Las palabras de Jimena venían una y otra vez a su cabeza:
«Le has hecho mucho daño, no mereces ser su esposa»
La expresión de su rostro denotaba angustia. Se tocó la quijada y se dijo así misma:
—¿Qué le habré hecho a Ignacio?
De pronto sintió que un inmenso mar de dudas invadió sus emociones, el miedo se adueñó de su ser y oscureció la alegría que había en su corazón enamorado.
De repente oyó cuando Ignacio abrió la puerta.
—Mi amor, pensé que ya estabas acostada.
—Ya casi.
—Te ves pálida, debes estar muy cansada. —Amelia deseaba aclarar sus dudas, pero sintió miedo de descubrir la verdad, se quedó en silencio y se acostó.
Ignacio notó que estaba muy callada.
—¿Te sientes mal?
—No.
—¿Estás triste? —Amelia agachó el rostro, Ignacio levantó su quijada —. ¿Qué sucede?
—Es que quisiera poder recordar todo… las cosas que hice, y cómo era contigo, si te hice algún daño.
—Nunca me hiciste nada malo, me has hecho mucho bien desde que llegaste a mi vida, no solo a mi, también a mi familia, a mis hijos, hasta mi empresa.
—¿Teníamos problemas? —Ignacio evadió su mirada y tardó algunos segundos en responder.
—A veces… como todas las parejas. ¿Alguien te dijo algo distinto?
—No, es solo que me desespera no recordar nada.
—Sé que es difícil para ti, por eso voy a estar muy cerca de ti siempre, juntos vamos a superar todo eso por lo que estás pasando.
Amelia se tranquilizó un poco, pero conservó su inquietud acerca de lo que Jimena le dijo.
Se abrazaron y ella sonrió, luego agregó:
—Tu tía Andrea me dijo que una amiga le contó de un doctor...
—Si ya me dijo, es una nueva terapia.
—Pero tendría que vivir en Houston por más de un año.
—No nos vendría mal empezar una nueva vida en Estados Unidos. —Amelia sonrió.
—Jr. me dijo que le encantaría vivir allá.
—Siempre le ha gustado Miami. Podríamos viajar pronto para que te evalúe el doctor, si es necesario organizamos todo para mudarnos; si recuperas la memoria todo será más fácil de arreglar.
—¿A qué te refieres?
—Son cosas que debo contártelas, pero más adelante, por ahora solo quiero que estés tranquila y te sientas protegida.
***
Silvia intentó escapar tirando por una ventana una cuerda que encontró, gracias a la cámara de vigilancia no pudo lograr su cometido. Al otro día Cassandra fue a verla. Llevaron a Silvia a la sala donde la mujer la estaba esperando. Cassandra tenía en sus manos la cuerda con la que Silvia intentó salir por la parte trasera de la casa.
—Siéntate. —El semblante que Silvia tenía en si rostro no denotaba ni una gota de alegría, con amargura en el tono de voz le dijo:
—No hace falta, ya estoy harta de las sillas de esta maldïta pocilga.
—Oh que amargada te has vuelto Silvia, ¿A dónde se fue tu sonrisa llena de cinismo? Mirate —La ojeó y puso una expresión de lamento—. Ya ni te maquillas, ¿no te gustó la línea de maquillaje que Ignacio mandó a comprar para ti? —Silvia frunció los labios.
—No me nombres a ese desgraciado. —Los ojos se le aguaron.
—¿Por qué estás enojada con tu marido? Yo en tu lugar estaría feliz y lo adoraría; a pesar de todo lo que le hiciste él continúa dándote de comer, te compra ropa cara y se ha asegurado que no te falte tus perfumes, tu kit de maquillaje a la moda. Nunca me ha reclamado cuando gasto dinero de su tarjeta para comprarte tus cosas.
—¿De qué me vale tener todas esas miserias que él me da cuando no puedo salir de este encierro? —Casandra la miró con lástima.
—Tienes razón, una mujer hermosa como tú necesita salir para mostrarles a todos su belleza, yo también sufro de ese mal, me encanta que los hombres me miren y me halaguen; ¿Pero qué le vamos a hacer? eres una fiera peligrosa que no puede andar suelta, por eso te quedarás aquí toda la vida. De verdad lo lamento.
Silvia con angustia agregó:
—Ignacio no puede hacerme esto, ya me castigó suficiente, tengo encerrada más de un año.
—Tu marido ya te sentenció a pasar encerrada el resto de tu vida, y ya te diste cuenta que no puedes intentar escapar.
—Tu eres la que lo aconsejas para que me tenga aquí encerrada.
—No, no querida Silvia, fuiste tú la que cavaste esta tumba para ti. Antes que intentaras matarlo Ignacio jamás me buscó, jamás se le ocurrió hacer este tipo de cosas; él no es de nuestro mundo, ni siquiera fue capaz de matarte, te perdonó la vida solo porque eres la madre de su hija; eso demuestra que tiene un gran corazón.
—Eso confirma que tú eres la que lo animas a tenerme encerrada, seguramente intentas enamorarlo para que se case contigo.
—Me encantaría poder enamorarlo, ese hombre me encanta, me enloquece; pero Ignacio ya tiene dueña.
Silvia ignoraba que Amelia había despertado del coma hacía meses.
—Ah sí, ¿Y quién es la grandiosa afortunada? no olviden que sigo siendo su esposa.
—¿Su esposa tú? ¿No te llamas Amelia? Hasta donde sé Silvia de Alcázar está con su marido en la mansión de su familia. —Silvia dudó por un momento.
—¿Qué me estás queriendo decir?
—Lo que ya te imaginas, la usurpadora al fin despertó, y está con tu marido. Tú la mandaste a matar para quedarte con su identidad, pero fue ella la que se quedó con la tuya, con tu casa, con tu marido y tu hija, hasta con tus joyas. Si vieras la cara de felicidad que tiene Ignacio ahora, estos días andan casi que de luna de miel. Ignacio está muy, muy enamorado de esa muchacha. Yo creo que ya ni se acuerda que existes; ahora estás bajo mi control, y por mi parte jamás vas a salir de aquí.
Con una voz llena de amargura Silvia agregó:
—¿A qué vino? ¿A burlarte de mi? No necesito saber nada de esa usurpadora.
—¿La odias?
—Si.
—Es comprensible, se quedó con todo, resucitó para vivir como una reina.
—Si no tiene otra cosa de qué hablar lárguese.
Llegaron a un lindo restaurant. Esa noche Amelia se sintió como una reina, Ignacio se encargó de que todo fuera perfecto. Pidió una copa de vino para él, y para Amelia desde antes había ordenado un cóctel de copa sin alcohol. El mozo sirvió ambas copas, primero le acercó a Amelia la suya, ella la recibió y le dio las gracias con una gran sonrisa, después le entregó a Ignacio la otra. Cuando el mozo se retiró, Ignacio le dijo: —Quiero brindar porque ya soy un hombre libre y porque pronto serás mi esposa. —Con una sonrisa ambos brindaron y bebieron el primer sorbo; luego Amelia le agarró la mano y le dijo: —Yo quiero brindar por ti y por nuestra felicidad. Ahora me siento segura, sin miedos, y sin ninguna duda. Te amo y le doy gracias al cielo porque te pude recuperar —Sus ojos se llenaron de lágrimas —. Creí que nunca estaríamos juntos de nuevo, pero estás aquí, conmigo. —Nunca nos volveremos a separar. —Brindemos. Brindaron y bebieron de sus copas; de pronto Amelia sintió que un
Amelia quiso visitar a Rosalía al hospital ese mismo día. Cuando llegó donde ella estaba, Rosalía tenía yesos en sus brazos y en una pierna. En ese momento se encontraba sola, su madre y dos tías que estaban pendientes de ella bajaron a la cafetería. Rosalía estaba cabizbaja, y se sorprendió un poco al ver a Amelia. Se miraron a los ojos.—No esperaba verte llegar.—¿Cómo estás? —Fatal.—Siento mucho lo de tu embarazo. Rosalía volteó levemente su cara hacia otro lado y no respondió nada al respecto. Estaba triste, a la vez avergonzada. Amelia agregó:—Mi tía me contó que Mario era su padre.—Supongo que debes estar muy enojada por eso.—No.—Es tu esposo al fin y al cabo.—Él no me importa, pero tampoco me gustaría que siguieras con él después de lo que te hizo, casi te mata, y mató a su propio hijo antes que naciera… Mario es una mala persona.—Siempre les dije a ti y a Pedro quién era Mario en realidad, y no me creyeron; claro, delante de ti y de tu papá mostraba una cara, y delan
Amelia levantó el rostro y miró a Ignacio a los ojos, besó sus labios con ternura.—Te amo con toda mi alma. —Él la sujetó fuerte de la cintura e hizo el intento de cargarla.—No quiero que volvamos a separarnos jamás.—Quiero estar contigo el resto de mi vida. —Quiero que seas mi esposa, y que todos lo sepan; ya no más mentiras ni engaños, y no dejaremos que el pasado nos vuelva a hacer daño. Te amo Amelia Duarte. Como en toda reconciliación, los besos apasionados y las caricias no se hicieron esperar, sus corazones estaban palpitantes de amor y la emoción de estar juntos de nuevo; aunque ahora estaban aún más unidos, porque no había mentiras o verdades ocultas de por medio; ahora eran un par de seres que se amaban a pesar de los problemas que habían atravesado, y se habían perdonado sus errores, porque su amor era aún más grande que la duda y la desconfianza que reinó por un tiempo. Descubrieron que no podían ser felices el uno sin el otro.***Ignacio expuso el caso de Amelia y Pe
Ignacio suspendió la agenda del día y viajó a Houston lo antes que le fue posible. Cuando el avión aterrizó y pasó todos los controles del aeropuerto, salió a buscar un taxi que lo condujera al apartamento. Observó el cielo y pensó:"¿De dónde le salió tanta valentía para venir sola a está ciudad tan inmensa; yo jamás lo habría hecho estando en su lugar. Pero Amelia es así, tan frágil y anal vez tan fuerte coló un roble; tal vez por eso jamás podré dejar de amarla. Solo espero que me perdone y me dé otra oportunidad."Tomó un taxi y le dio la dirección al chofer, para que lo llevara al edificio donde sabía que iba a encontrarla.Cuando llegó sacó la llave para abrir la puerta. Iba a introducirla pero se detuvo."No puedo invadirla así de repente, mejor tocó el timbre."Tocó el timbre y esperó un momento, como no hubo respuesta volvió a tocar, pero nadie salió. Se preguntó si tal vez ella no estaba o si no quería abrirle la puerta a nadie; entonces introdujo la llave y abrió la puerta,
Ignacio regresó a la oficina, no había pasado mucho tiempo cuando Diego llegó a preguntarle qué quería la policía.—¿Para qué te citó el detective?—Amelia escapó de su casa en San Pedro hace cuatro días y nadie sabe dónde está.—¿Por qué escapó?—No quería estar con Mario, pero él la amenazó con quitarle al niño si lo dejaba. Amelia escapó a media noche de esa casa, ¿te imaginas? sola con Pedrito por ese camino de noche y con frío… después no sé qué habrá hecho para salir de ese pueblo tan tarde, para conseguir un auto —Se consternó —. Ese mismo día me buscó y yo la eché de aquí, no pensé que estuviera tan mal con Mario al punto que deseara huir.—Seguramente estará en casa de algún familiar escondida.—Según el detective todos están muy preocupados por ella.—Por qué no vas y hablas con ellos, tal vez te digan algo. —Ignacio se puso de pie.—Tienes razón, voy a la residencia ahora mismo.***Desde que llegó a Houston, Amelia comenzó a buscar un apartamento para alquilar, y consiguió
Amelia buscó un hotel en dónde hospedarse durante el resto de la noche.Ya era de madrugada cuando Mario despertó, vio en su reloj de muñeca que habían pasado varias horas. Por alguna razón sintió curiosidad por saber de Amelia y su hijo durmiendo, entonces fue a la otra habitación, cuando entró se percató que ella y el niño no estaban. Puso una expresión de consternación y asombro, sintió rabia y a la vez se rehusó a creer que ella se había marchado. Buscó el bolso de Amelia en el perchero pero este no estaba allí.—¡Amelia! Gritó y salió al pasillo, continuó gritando su nombre y abrió todas las puertas de las demás habitaciones esperanzado con encontrarla en alguna de estas, pero ella no estaba. Bajó las escaleras, la buscó hasta en la cocina, como no la encontró, salió al patio trasero y comenzó a gritar como loco:—¡Maldita seas Amelia! ¿Dónde te metiste? A donde sea que hayas ido te voy a encontrar.***Ignacio despertó de forma repentina en la madrugada, estaba profundamente d







