FAZER LOGINIgnacio regresó a la oficina, no había pasado mucho tiempo cuando Diego llegó a preguntarle qué quería la policía.
—¿Para qué te citó el detective?
—Amelia escapó de su casa en San Pedro hace cuatro días y nadie sabe dónde está.
—¿Por qué escapó?
—No quería estar con Mario, pero él la amenazó con quitarle al niño si lo dejaba. Amelia escapó a media noche de esa casa, ¿te imaginas? sola con Pedrito por ese camino de noche y con frío… después no sé qué habrá hecho para salir de ese pueblo tan tarde, para conseguir un auto —Se consternó —. Ese mismo día me buscó y yo la eché de aquí, no pensé que estuviera tan mal con Mario al punto que deseara huir.
—Seguramente estará en casa de algún familiar escondida.
—Según el detective todos están muy preocupados por ella.
—Por qué no vas y hablas con ellos, tal vez te digan algo. —Ignacio se puso de pie.
—Tienes razón, voy a la residencia ahora mismo.
***
Desde que llegó a Houston, Amelia comenzó a buscar un apartamento para alquilar, y consiguió una guardería para dejar a Pedrito mientras ella asistía a sus terapias.
Ese día regresó al apartamento y llevaba al niño en su coche, subió al ascensor, adentro estaba una señora gorda de unos 72 años, muy elegante. Con ella estaba su hijo mayor. Ellos se fijaron en Amelia, la anciana le sonrió al bebé.
—¡Qué lindo! Es una visita preciosa. —Amelia sonrió y de pronto miró al hombre, él también sonrió.
—¿Es su hijo?
—Si.
—¿Eres mexicana?
—Si.
—Nosotros también. ¿Eres la esposa de Ignacio Alcázar? —Amelia sintió un escalofrío, no podía ser que Ignacio tuviera conocidos en ese edificio, nunca le comentó que conociera a alguien que viviera allí.
—Eh, sí.
—Fui yo quien le vendió a tu esposo el apartamento, él me dijo que tenía un niño pequeño —El hombre extendió la mano—. Mucho gusto señora Alcázar, soy Humberto Altamirano, y ella es mi madre. —La mujer sonrió.
—Yo soy Carmela.
—Mucho gusto, soy Silvia, así me llamo. —Amelia lo dijo escondiendo detrás de su voz la preocupación que le producía que ellos supieran de su estadía.
Carmela le dijo:
—Hoy es mi cumpleaños, qué le parece si viene con su esposo a mi apartamento, tendremos una rica cena.
—Mi esposo no está en este momento.
—Ah, entonces venga usted, y traiga a los niños —El ascensor se abrió—. Para que jueguen con mis nietos.
—Tampoco vinieron.
—¿Está sola?
—Si, es que solo vine por motivos médicos. —Humberto agregó:
—Si es así, supongo que debe necesitar compañía, no le vendrá mal compartir con mi familia. Así que la esperamos. Es el 76B señaló el apartamento.
—La esperamos a las 7.
Amelia asentó con la cabeza.
—Gracias, ahí estaré.
Después las puertas del ascensor se cerraron frente a ella, Amelia mostró su preocupación.
"Y si Humberto le dice algo a Ignacio."
***
Ignacio llegó a la residencia de Rita, habló con ella y sus hijos afuera en el patio común de la residencia.
Rita le dijo:
—No sabemos a dónde fue, lo que más nos preocupa es que está sola con el niño.
—¿No tienen otro familiar donde ella pueda estar quedándose?
—No. —Fabiola bajó las escaleras y lo miró con recelo.
—¿Qué busca aquí?
—Usted debe saber en dónde está Amelia. —Fabiola se acercó a él y se le paró al frente, levantó la quijada de forma desafiante.
—Ojalá y lo supiera. Usted tiene la culpa de que ella se haya ido, si no la hubiera tratado como lo hizo, ni siquiera se inmutó cuando supo que le daría un hijo, desgraciado.
—Quiero encontrarla.
—Pues tendrá que buscarla por otra parte, porque nosotros no sabemos a dónde pudo haber ido.
—Fabiola, si sabe algo...
—Ella me dijo que pensaba irse, embarazada de otro no podía quedarse cerca de Mario. Yo no creí que fuera a marcharse tan pronto; me dijo que no iba a dejar que Mario le quitara a su hijo, y tampoco permitiría que tú le quitaras al que está esperando. Amelia huyó de los dos porque ya no confía en ninguno. Solo espero recibir noticias pronto, saber que está bien. Pero ojalá que ni Mario ni tú puedan encontrarla.
Ignacio se quedó callado, Rita les dijo:
—No es momento para andar como perro con gusanos, debemos rezar y pedirle a Dios que pronto tengamos noticias de Amelia.
Ignacio le dijo a Rita:
—¿Me podrías dar algún número de teléfono para llamarla y saber si tienen alguna noticia?
—Si, vamos adentro y le anoto. Usted también puede dejarme su número.
Fabiola no dejaba de mirarlo con recelo, mientras ellos fueron adentro, ella salió a la calle y se paró junto al auto de Ignacio. Cuando él salió de la residencia, Fabiola se paró en medio de su camino.
—Ella se humilló cuando fue a buscarlo a su lujosa oficina, usted la trató como a un perro y la comparó con la mujerzuela de su esposa, pero sabe qué: Silvia no le llega a Amelia ni a los talones, Amelia es demasiado mujer para usted, así que no vuelva a compararla, y ojalá que cuando aparezca esté feliz con otro hombre. —Ignacio con el semblante serio le dijo:
—¿Ya terminó de hablar?
Fabiola entre cerró los ojos, Ignacio le pasó por un lado y subió a su auto.
***
En la noche Amelia bajó al apartamento de Carmela, la mucama le abrió la puerta, Amelia tenía nervios y entró con timidez, pues todos eran desconocidos para ella. Carmela la recibió con un beso en la mejilla, Amelia le entregó un pequeño regalo.
Gracias, no te hubieras molestado, pero pasa, quiero que conozcan a mi familia.
La llevó a la parte de atrás del apartamento, allí había una gran terraza techada, Humberto se puso de pie y se acercó a Amelia.
—¡Bienvenida señora Alcázar!
—Gracias.
—¿Le puedo decir sólo Silvia?
—Por supuesto.
Carmela la presentó con todos los demás.
Pasó un rato, Amelia notó que Humberto a cada rato se quedaba mirándola, pero ella se hacía la que no se percataba de ello. De pronto él se acercó, tenía una copa de vino tinto en la mano, con una sonrisa le dijo:
—Me gustaría invitarla a una copa de vino o de champán si lo prefiere.
—Gracias, pero no bebo.
—Supongo que se debe a tu estado de salud. Perdón por mi intromisión.
—No te preocupes, si es por eso.
—Espero no sea nada grave.
—No, solo necesito un tratamiento para mejorar. —Humberto se quedó observándola.
—¿Su esposo por qué la deja sola? Yo no lo haría siendo tan hermosa, me daría miedo que me la robara algún vecino.
—No creo que debería decirme esas cosas.
—Perdone, solo es un cumplido, no tengo intención de incomodarla.
—Está bien, por favor guárdese ese tipo de comentarios. —Amelia se fue a otra parte y lo dejó solo, pero él se acercó de nuevo.
—¿Por qué estás tan nerviosa?
—¿Le parece que lo estoy?
—Desde hace rato en el ascensor, como si no quisiera hablar con nadie, ¿Ignacio es celoso?
—No, ¿por qué lo pregunta?
—Es que te comportas como si tuvieras miedo, evitas la cercanía de la gente.
—No es eso.
—¿Entonces qué es?
—¿Por qué hace tantas preguntas?
—Creo que es el vino que me ha puesto muy charlon.
***
Ignacio y su familia estaban preocupados por Amelia, él ya había mandado a Antonio a seguirme el rastro, pero aún era demasiado pronto para obtener noticias.
Tarde por la noche, Ignacio subió a su habitación, se puso la ropa de dormir, se veía cabizbajo, estaba triste, a la vez preocupado sin saber del paradero de Amelia y el niño que amaba como a su propio hijo.
Se sentó al borde de la cama, no tenía sueño, y pensó dentro de sí:
"Debió sentirse sola y desesperada para querer desaparecer de esa manera. Me arrepentimiento de mil maneras, cuando supe que estaba embarazada debí cambiar mi actitud, debí abrir mi corazón y dejar mi orgullo. Si le pasa algo no me lo voy a perdonar nunca. Cuando le encuentre le pediré que me perdone. Ojalá y no sea tarde para recuperarla, ahora que sé que se ha ido comprendo que no puedo vivir sin ella"
***
Cuando la fiesta de cumpleaños de Carmela se acabó, Amelia regresó al apartamento, agradeció la invitación y se marchó con Perrito.
Humberto muerto de la curiosidad le dijo a Carmela:
—¿No te parece que Silvia es algo extraña?
—¿En qué sentido?
—No sé, me dio la impresión de que está asustada, además no comprendo por qué está sola con ese niño tan pequeño, los Alcázar jamás han dejado solas a sus esposas, bueno, los que conozco no lo han hecho. Ignacio cuida mucho su esposa, me contó que tiene problemas de memoria debido a un intento de asesinato.
—Intentaron matarla.
—Le dispararon en la cabeza.
—Si está sin memoria ni debería quedarse sola en esta ciudad tan grande.
—A eso me refiero.
-Deberías llamar a su esposo y preguntarle si necesita que la cuidemos.
-¿Qué va a pensar?
-Nada malo, solo que sus vecinos son buena onda y se preocupan por su esposa, así que deberías ya marcarle.
-Pero es muy tarde.
-No importa, su esposa está aquí sola con su hijo, y se ve muy nerviosa.
***
Ignacio había apagado la lámpara que había junto a su cama, la habitación estaba oscura, pero él no había podido conciliar el sueño, pues tenía su cabeza llena de pensamientos hacia Amelia. De pronto oyó el timbre de su celular, corrió creyendo que se trataba de Antonio con noticias de Amelia, lo agarró y observó la pantalla "Humberto Altamirano"
Le extrañó ver una llamada de Humberto a esa hora, sin embargo contestó.
—Aló.
—¿Ignacio?
—Si, ¿Cómo estás Humberto?
—Muy bien. Sé que es tarde, disculpe si interrumpí tus horas de sueño.
—No te preocupes, aún estaba despierto, ¿en qué puedo serte útil?
—Disculpe mi intromisión y la de mi madre, pero hoy nos encontramos a su esposa en el ascensor. —Ignacio espabiló.
—¿Mi esposa?
—Si, ella estuvo aquí con nosotros hace un rato, es que mamá está de cumpleaños e invitamos a Silvia.
—¡Silvia!
—Si. —Ignacio sonrió y sus ojos brillaron de alegría.
—Si, mi esposa está en Houston.
—Bueno, te llamé porque a mi madre y a mí nos pareció que Silvia está muy nerviosa, además que nos pareció extraño que esté sola en ese apartamento con un niño tan pequeño.
—Si, es que la niñera se enfermó, y Ame… Silvia debía ir con el médico; pero no estará sola por mucho tiempo, mañana iré para allá.
—Bien, ven a visitarnos cuando estés aquí.
—Con gusto.
—Bueno, entonces te dejo descansar.
—Dile a tu madre que gracias.
—Está bien, pero mañana se lo agradeces tú mismo en persona.
—Eso haré.
—Por favor, que Silvia no se entere que te estuve llamando, va a pensar que soy un chismoso.
—No se lo diré, y ustedes tampoco le digan que llegaré mañana, ella piensa que voy a tardar más tiempo.
—Cuente con eso.
Ignacio despertó a Diego, a Jimena y a sus tías. Les contó todo con una gran sonrisa en su rostro.
—¡Jamás se me ocurrió pensar que ella pudiera estar en Houston! —Jimena sonrió, lo abrazó y le dijo:
—Espero que Amelia y tú puedan arreglar las cosas y la traigas de vuelta.
-Si, haré todo por recuperarla.
-Al menos tú recuperarás la felicidad,e n cambio yo…
-Adrian no te convenía, estabas con él como yo lo estuve con Silvia.
-Si, tienes razón, pero es muy doloroso perder a esa persona en quien pusiste tu esperanza.
-Ya conocerás a alguien más.
-Como tú a Amelia.
-Si, ella es tan distinta a Silvia; a pesar que son físicamente casi igual.
Llegaron a un lindo restaurant. Esa noche Amelia se sintió como una reina, Ignacio se encargó de que todo fuera perfecto. Pidió una copa de vino para él, y para Amelia desde antes había ordenado un cóctel de copa sin alcohol. El mozo sirvió ambas copas, primero le acercó a Amelia la suya, ella la recibió y le dio las gracias con una gran sonrisa, después le entregó a Ignacio la otra. Cuando el mozo se retiró, Ignacio le dijo: —Quiero brindar porque ya soy un hombre libre y porque pronto serás mi esposa. —Con una sonrisa ambos brindaron y bebieron el primer sorbo; luego Amelia le agarró la mano y le dijo: —Yo quiero brindar por ti y por nuestra felicidad. Ahora me siento segura, sin miedos, y sin ninguna duda. Te amo y le doy gracias al cielo porque te pude recuperar —Sus ojos se llenaron de lágrimas —. Creí que nunca estaríamos juntos de nuevo, pero estás aquí, conmigo. —Nunca nos volveremos a separar. —Brindemos. Brindaron y bebieron de sus copas; de pronto Amelia sintió que un
Amelia quiso visitar a Rosalía al hospital ese mismo día. Cuando llegó donde ella estaba, Rosalía tenía yesos en sus brazos y en una pierna. En ese momento se encontraba sola, su madre y dos tías que estaban pendientes de ella bajaron a la cafetería. Rosalía estaba cabizbaja, y se sorprendió un poco al ver a Amelia. Se miraron a los ojos.—No esperaba verte llegar.—¿Cómo estás? —Fatal.—Siento mucho lo de tu embarazo. Rosalía volteó levemente su cara hacia otro lado y no respondió nada al respecto. Estaba triste, a la vez avergonzada. Amelia agregó:—Mi tía me contó que Mario era su padre.—Supongo que debes estar muy enojada por eso.—No.—Es tu esposo al fin y al cabo.—Él no me importa, pero tampoco me gustaría que siguieras con él después de lo que te hizo, casi te mata, y mató a su propio hijo antes que naciera… Mario es una mala persona.—Siempre les dije a ti y a Pedro quién era Mario en realidad, y no me creyeron; claro, delante de ti y de tu papá mostraba una cara, y delan
Amelia levantó el rostro y miró a Ignacio a los ojos, besó sus labios con ternura.—Te amo con toda mi alma. —Él la sujetó fuerte de la cintura e hizo el intento de cargarla.—No quiero que volvamos a separarnos jamás.—Quiero estar contigo el resto de mi vida. —Quiero que seas mi esposa, y que todos lo sepan; ya no más mentiras ni engaños, y no dejaremos que el pasado nos vuelva a hacer daño. Te amo Amelia Duarte. Como en toda reconciliación, los besos apasionados y las caricias no se hicieron esperar, sus corazones estaban palpitantes de amor y la emoción de estar juntos de nuevo; aunque ahora estaban aún más unidos, porque no había mentiras o verdades ocultas de por medio; ahora eran un par de seres que se amaban a pesar de los problemas que habían atravesado, y se habían perdonado sus errores, porque su amor era aún más grande que la duda y la desconfianza que reinó por un tiempo. Descubrieron que no podían ser felices el uno sin el otro.***Ignacio expuso el caso de Amelia y Pe
Ignacio suspendió la agenda del día y viajó a Houston lo antes que le fue posible. Cuando el avión aterrizó y pasó todos los controles del aeropuerto, salió a buscar un taxi que lo condujera al apartamento. Observó el cielo y pensó:"¿De dónde le salió tanta valentía para venir sola a está ciudad tan inmensa; yo jamás lo habría hecho estando en su lugar. Pero Amelia es así, tan frágil y anal vez tan fuerte coló un roble; tal vez por eso jamás podré dejar de amarla. Solo espero que me perdone y me dé otra oportunidad."Tomó un taxi y le dio la dirección al chofer, para que lo llevara al edificio donde sabía que iba a encontrarla.Cuando llegó sacó la llave para abrir la puerta. Iba a introducirla pero se detuvo."No puedo invadirla así de repente, mejor tocó el timbre."Tocó el timbre y esperó un momento, como no hubo respuesta volvió a tocar, pero nadie salió. Se preguntó si tal vez ella no estaba o si no quería abrirle la puerta a nadie; entonces introdujo la llave y abrió la puerta,
Ignacio regresó a la oficina, no había pasado mucho tiempo cuando Diego llegó a preguntarle qué quería la policía.—¿Para qué te citó el detective?—Amelia escapó de su casa en San Pedro hace cuatro días y nadie sabe dónde está.—¿Por qué escapó?—No quería estar con Mario, pero él la amenazó con quitarle al niño si lo dejaba. Amelia escapó a media noche de esa casa, ¿te imaginas? sola con Pedrito por ese camino de noche y con frío… después no sé qué habrá hecho para salir de ese pueblo tan tarde, para conseguir un auto —Se consternó —. Ese mismo día me buscó y yo la eché de aquí, no pensé que estuviera tan mal con Mario al punto que deseara huir.—Seguramente estará en casa de algún familiar escondida.—Según el detective todos están muy preocupados por ella.—Por qué no vas y hablas con ellos, tal vez te digan algo. —Ignacio se puso de pie.—Tienes razón, voy a la residencia ahora mismo.***Desde que llegó a Houston, Amelia comenzó a buscar un apartamento para alquilar, y consiguió
Amelia buscó un hotel en dónde hospedarse durante el resto de la noche.Ya era de madrugada cuando Mario despertó, vio en su reloj de muñeca que habían pasado varias horas. Por alguna razón sintió curiosidad por saber de Amelia y su hijo durmiendo, entonces fue a la otra habitación, cuando entró se percató que ella y el niño no estaban. Puso una expresión de consternación y asombro, sintió rabia y a la vez se rehusó a creer que ella se había marchado. Buscó el bolso de Amelia en el perchero pero este no estaba allí.—¡Amelia! Gritó y salió al pasillo, continuó gritando su nombre y abrió todas las puertas de las demás habitaciones esperanzado con encontrarla en alguna de estas, pero ella no estaba. Bajó las escaleras, la buscó hasta en la cocina, como no la encontró, salió al patio trasero y comenzó a gritar como loco:—¡Maldita seas Amelia! ¿Dónde te metiste? A donde sea que hayas ido te voy a encontrar.***Ignacio despertó de forma repentina en la madrugada, estaba profundamente d







