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173. El inicio del final.

Autor: DiegoAlmary
last update Fecha de publicación: 2025-11-30 04:18:52

El frío que atravesó justo en ese momento fue paralizante. Sabía que la reacción con mi hermano había sido miedo, y después de nuestro reencuentro no quería volver a sentirlo, pero era mi hermano. Habíamos compartido tanto cuando éramos niños, y también el miedo que solíamos sentir al lado de la casa de mi abuelo. Era mi familia, mi sangre.

Y aquí estaba él, con la camisa manchada de sangre.

Gracias a la luz, aunque no era muy clara, pude ver perfectamente la palidez de su rostro, y eso me asus
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Último capítulo

  • La exesposa codiciada.   180. FIN. Promesa a Orillas del Mar

    Lo más difícil de lo que vino después no fue sintetizar el antídoto que sobrevivió, el que había enviado Arturo por correo, porque en el monasterio fue completamente incendiado todo el hogar, seguramente el abuelo intentando cubrir sus desgracias antes de que aquel lanzacohetes lo lanzara de vuelta al Inframundo. Lo más difícil era haber convencido al gobierno de que era algo que las personas tenían que tomar definitivo y absolutamente.Valdés Pharma, en todo su poder, había logrado exterminar por completo el medicamento contra el insomnio que contenía el L3, y el incendio del monasterio había erradicado por completo las fórmulas para convertir aquel veneno de los inocentes pulpitos en un arma tan poderosa. Al final logramos convencer al gobierno de que cada persona que había tomado el medicamento contra el insomnio debía sí o sí someterse al tratamiento con el antídoto.Pero había funcionado. Habíamos logrado limpiar el nombre de Valdés Pharma y ahora todo estaba bien. Las acciones h

  • La exesposa codiciada.   179. Vencer al destino.

    Lo había conseguido; había conseguido burlar al destino cuando le había quitado las balas a mi arma con esa intención. Nunca había llegado a imaginar que sí iba a funcionar. Arturo seguramente había hecho lo mismo, porque el arma que Máximo había recogido del suelo, que mi abuelo le había quitado, tampoco tenía balas.Santiago se puso de pie y me abrazó con fuerza. — Sé que podrás salvar a Samuel — dijo — . El destino no está escrito. Acabo de comprobarlo. Esto no nos muestra más que un grupo de posibilidades, y somos nosotros los que las hacemos realidad o no.Justo en ese instante apareció Samuel, como en mi primera visión. — Tenemos que irnos — nos dijo a todos — . Un grupo de hombres viene para acá para matarnos. Tu hermano te está esperando — dijo mientras señalaba las escaleras que ascendían hacia la azotea — . Tenemos que ir allá ahora. El helicóptero va a llegar enseguida. Vamos a poder secuestrarlo y salir de aquí, ¿entiendes?Entrelacé mis dedos con los de Santiago, per

  • La exesposa codiciada.   178. Predestinación rota.

    Sabía que, a pesar de todo, habíamos terminado cediendo en el mismo camino que el futuro había puesto para nosotros. Cuando vi que Máximo arrastró a Isabel hacia afuera, me sentí un poco aliviado de que la sacara de aquí, de esta trayectoria de muerte, pero sabía que era en vano. El destino estaba impuesto; ya nada nos salvaría de él.El campo tirador hizo que todos salieran corriendo de la habitación. El anciano se puso de pie, corrió hacia donde yo estaba y, con un cuchillo que tenía escondido en el pantalón, cortó mis correas, que se liberaron de inmediato. — Toma esa arma — me dijo.Yo intenté controlar mi cuerpo, pero no podía hacerlo, y tomé el arma que había caído de la mano de Isabel. — Estos estúpidos creen que van a poder jugar conmigo. Creen que esas malditas visiones del futuro en la que pierdo van a hacerse realidad. Claro que no — decía el anciano.Entonces tuve un extraño sentimiento. ¿Acaso era eso? ¿Acaso era que las visiones del futuro a todos les mostraban su pr

  • La exesposa codiciada.   177. Sangre en la Ventana.

    Claro que yo no tenía las fuerzas para pelear con el abuelo, a pesar de que era un anciano enclenque, pero el impulso y la conmoción que se formó en el momento permitió que mi cuerpo, prácticamente paralizado, se pusiera de pie y chocara contra el abuelo, que perdió el equilibrio, tropezándose contra una repisa y volteándola.Arturo se puso de pie. Ellos llevaban más tiempo sin consumir el medicamento contra el insomnio; su cuerpo estaba un poco más desintoxicado de aquella sustancia. Por eso, seguramente, las órdenes del abuelo no habían hecho un efecto tan severo como en mí, que no hacía ni 24 horas que había tenido nuevamente las visiones… las visiones.Apreté con fuerza el arma. Quisiera decir que pude haber hecho algo con eso, pero no: le había quitado las balas, el cargador estaba completamente vacío. — Lanza eso, la vida de Dios y la ley — me dijo el abuelo, ordenándomelo.Y yo no pude evitar obedecerlo. Tomé el arma y la lancé, que cayó a los pies de Santiago. — Tú también,

  • La exesposa codiciada.   176. La Voz que Rompe el Mundo.

    — Santiago — dije, acumulando todas las fuerzas de las que podía ser media en ese momento — , porque no podía moverme, no podía hablar más allá que el par de palabras. Era como si algo me tuviera fuertemente atada, pero no había nada: estaba completamente inmovilizada solamente por la orden de aquel hombre, por la orden que me había dado a través de una grabación. El control que él podría llegar a tener sobre todo el mundo era absurdamente impresionante.Al ver que nadie dijo nada, o que al menos nadie podía decirlo, el abuelo prefirió sentarse nuevamente en su asiento. — Es una tristeza que esta sea la primera y última reunión familiar — dijo — , pero lamentablemente ustedes se han interpuesto demasiado en mi camino.Cuando comprobó que, en efecto, iba a terminar hablando solo porque nadie más podía hacerlo, se aclaró la garganta y dijo en un tono de voz extrañamente diferente: — Pueden hablar.Y aquella orden fue un golpe completamente profundo en mi organismo. Era un extraño to

  • La exesposa codiciada.   175. La orden que nos quebró

    No pude hacer o decir nada. Estaba demasiado lejos de Samuel y también demasiado lejos de Gabriel como para intentar algo, así que no pude más que ver con impotencia cómo levantaba el arma y le disparaba a Samuel. Pero mi hermano, diestro en sus habilidades, saltó sobre el científico, dándolo de la trayectoria de la bala.El sonido del disparo retumbó por el bosque. Trataría de abalanzarme hacia mi hermano con la mano en alto; si lograba clavarle la ampolleta del antídoto, tal vez, solo tal vez, podría quitar la influencia que el abuelo estaba teniendo en él. Pero él fue mucho más hábil y rápido, y, en un movimiento ágil, me dio una patada en el costado, lanzándome al suelo con violencia, arrancándome el aire.Arturo se puso de pie, intentó levantar su arma y dispararle, pero Gabriel lanzó algo que tenía guardado en su muñeca, y cuando golpeó el pecho del policía, lanzó una descarga eléctrica que lo dejó entumecido en el suelo. Y justo antes de que mi hermano pudiera ponerse nuevament

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