INICIAR SESIÓN—¿Quién es la niña más linda? —preguntó Penélope, sonriendo. —No sé quién es la más linda… pero sí sé quién es la consentida de papá —respondió Christopher, besando a su bebé—. Y la mamá también es mi consentida —añadió, rozándole el cuello con un beso—. Te ves hermosa. —Gracias. ¿Nos vamos? —pr
—Podrías. Pero él está herido. Nadie te dará un dólar por él. No puedes llevarlo a un banco. No tienes auto, no tienes comida. Solo traje cien mil dólares. El resto son agua y provisiones. Charles le apuntó directamente al pecho. —¡Yo pedí seis millones! Dame una razón para no volarte la cabeza.
—Buenas noches, señora Ravelli. Soy Fabiola, me quedaré con usted. —¿Cuándo veremos a Xandro? —preguntó Dakota. —Lo verá en el penthouse. No podemos llevarla a la casa de campo, es demasiado peligroso —respondió Fabiola. Helena la tomó del brazo suavemente. —Dakota, piensa bien lo que harás.
El hombre escuchó en silencio. Luego de unos segundos, dijo. —Avisame cualquier novedad. Voy a hablar con Penélope y con Stavros. Christopher colgó. No sabía cómo decirlo. La primera en notar su expresión fue Penélope. —¿Qué pasa? ¿Por qué tienés esa cara? —Charles secuestró a tu hermano —di
Alekos Ravelli observó el caos en cuanto los custodios entraron en la casa de campo. Charles ya no estaba. La escena era aterradora; Charles había abusado de la esposa de Toribio y la había golpeado hasta dejarla inconsciente. El café que él mismo había preparado seguía caliente; no podía haber es
Alekos esperaba en la habitación cuando trajeron a Freya. —Alekos, cariño… siempre tan guapo —dijo ella. Él arrojó la carpeta sobre la mesa. Freya la tomó. —¿De quién es? ¿De Charles o de Robert? —preguntó Alekos. —Es tuyo, cariño —respondió ella. —No voy a aguantar tus estupideces. Dime l







