LOGINEstimadas lectoras y lectores Dante Montemayor esta muy confiado de su suerte, ¿Creen que esta vez, también le sonríe la suerte?
Cuando llegó el momento del pastel, reunir a todos alrededor de la mesa resultó mucho más complicado de lo que Marina había imaginado.Diego quería caminar y Javier parecía especialmente interesado en uno de los adornos.Lina sostenía a Liam mientras Patrik intentaba conseguir que el pequeño mirara hacia la cámara; Paulina permanecía junto a Sebastián, quien le había acercado una silla para que no tuviera que quedarse de pie durante demasiado tiempo.Rigoberto se colocó detrás de sus hijas y sonrió cuando Marina le pidió que se acercara un poco más. Lucrecia y Sofí ocuparon sus lugares junto a los ahijados, mientras Ofelia y su esposo se unieron al grupo entre las bromas de Efraín.Diana comenzó a cantar antes de tiempo.—¡Todavía no! —protestó Renata. —¡Faltan las velas!—¡Ya las están poniendo!—¡Pues espera!Marina soltó una carcajada mientras Efraín intentaba impedir que Javier alcanzara el pastel. Finalmente, encendieron las velas y todos comenzaron a cantar.Diego observó las pe
Más tarde, mientras los invitados disfrutaban de la comida, las tres hermanas consiguieron sentarse juntas bajo la sombra de un árbol. Patrik y Sebastián conversaban con Efraín y Rigoberto a poca distancia, mientras los niños permanecían entretenidos con los juegos preparados para la celebración.Lina sostenía a Liam, que comenzaba a mostrar señales de sueño, y Paulina observaba a su hijo con una sonrisa.—Todavía no puedo creer que seas madre —dijo Paulina mirando a su hermana.—Yo tampoco, algunas mañanas… —dijo Lina haciendo una pausa. —Especialmente cuando Liam decide despertarse antes de que salga el sol.—¿Y Patrik?—Patrik se levanta, revisa que todo esté bien y después me pregunta si necesito algo; es desesperante tener a alguien tan considerado cuando una está de mal humor.—Pobre hombre. —dijo Marina riendo.—No le tengas lástima. Él sabía perfectamente con quién se estaba metiendo.Paulina negó con la cabeza, divertida, y tomó un poco de agua.—Yo también estoy descubriendo
- ¡Renata, deja de tocar el pastel!—¡No lo estoy tocando!—¡Tienes crema en el dedo!—¡Porque se me pegó!Diana observó a su hermana con una expresión de absoluta incredulidad, mientras Renata escondía la mano detrás de la espalda y miraba hacia otro lado. El pastel todavía no había sido colocado en su mesa definitiva y ya estaba provocando la primera discusión de la mañana.Marina, que había escuchado el intercambio desde la entrada del jardín, se acercó justo cuando Renata intentaba convencer a Diana de que aquella pequeña marca en el betún había aparecido sola.—¿Qué está sucediendo aquí?—¡Renata se comió un pedazo del pastel de los bebés! —acusó Diana.—¡No me comí ningún pedazo! —protestó Renata inmediatamente. —Solamente probé un poquito de crema.Marina observó el pastel, después el dedo de Renata y finalmente la expresión indignada de Diana; tuvo que contener una sonrisa antes de tomar una servilleta para limpiarle la mano a su hija.—Renata, el pastel es para compartirlo cu
El aterrizaje transcurrió sin contratiempos; una vez fuera de la cesta, Marina se volvió hacia el globo y después miró a Efraín con una sonrisa enorme.—Lo hice.—Lo hiciste —confirmó él.—¡De verdad lo hice!Marina sonrió llena de felicidad, luego se acercó para abrazarlo. Efraín la levantó apenas del suelo antes de volver a dejarla, riendo al verla tan entusiasmada.—¿Contenta?—Muchísimo.Ella lo besó y después volvió la cabeza para contemplar el globo; durante años había imaginado aquel paseo como algo que haría algún día; ahora podía recordarlo como algo que había hecho, y esa diferencia le producía una felicidad inmensa.Desayunaron antes de regresar a casa. Marina revisó las fotografías mientras esperaba su comida y descubrió que había tomado muchas más de las que pensaba. Algunas estaban movidas, otras mostraban casi exclusivamente el cielo y en una Efraín aparecía con una expresión particularmente seria que la hizo comenzar a reír.—¿Qué sucede? —preguntó él.Marina le mostró
El cielo todavía estaba oscuro cuando Marina salió de su habitación; llevaba pantalones cómodos, una chamarra y el cabello recogido en una trenza que había terminado de hacerse frente al espejo.En una mano sostenía su bolso y en la otra, el teléfono, donde había revisado por última vez la información del vuelo. Efraín la esperaba al pie de la escalera y, al verla aparecer, guardó las llaves que había estado haciendo girar entre sus dedos.—¿Lista?Marina se detuvo en el último escalón y lo miró con una expresión desconfiada.—Eso depende. ¿Vamos a hacer lo que dice mi libreta o estás planeando llevarme a desayunar a algún sitio y después decirme que las condiciones no eran adecuadas?—Las condiciones son adecuadas, confirmaron el vuelo anoche.—¿Y el clima?—También lo revisamos anoche.—¿Y si empieza a hacer viento?—No volamos.—¿Y si llueve?—Tampoco.Marina frunció los labios al descubrir la sonrisa que Efraín intentaba disimular.—Estás disfrutando demasiado esto.—Un poco. —admi
Ofelia miró el reloj antes de guardar las últimas cosas en su bolso; por primera vez en mucho tiempo, no llevaba prisa, había terminado sus pendientes, dejado algunas indicaciones y comprobado que los bebés tenían todo lo necesario. Marina estaba en casa, Efraín también, y no existía ninguna razón para prolongar su jornada.—¿Ya te vas? —preguntó Marina al encontrarla cerca de la entrada.—Eso intento, pero si me sigues entreteniendo, voy a terminar llegando tarde.—¿Tienes algún compromiso? —preguntó Marina sonriendo.—Voy a salir con mi marido, quedamos en encontrarnos en la ciudad para comer algo y dar una vuelta. Hace días que lo venimos posponiendo.—Entonces no te entretengo más.—Mañana nos vemos y no quiero encontrarme con que decidiste encargarte de todo tú sola mientras yo no estoy; para algo tienes a ese hombre que anda por la casa cargando niños. —dijo Ofelia acomodándose el bolso.—Se llama Efraín. —dijo Marina soltando una carcajada.—Sé perfectamente cómo se llama, tambi







