LOGINEstimadas lectoras y lectores ¿Cree que Esteban detenga su viaje por la salida del hospital de Marina?
El aterrizaje transcurrió sin contratiempos; una vez fuera de la cesta, Marina se volvió hacia el globo y después miró a Efraín con una sonrisa enorme.—Lo hice.—Lo hiciste —confirmó él.—¡De verdad lo hice!Marina sonrió llena de felicidad, luego se acercó para abrazarlo. Efraín la levantó apenas del suelo antes de volver a dejarla, riendo al verla tan entusiasmada.—¿Contenta?—Muchísimo.Ella lo besó y después volvió la cabeza para contemplar el globo; durante años había imaginado aquel paseo como algo que haría algún día; ahora podía recordarlo como algo que había hecho, y esa diferencia le producía una felicidad inmensa.Desayunaron antes de regresar a casa. Marina revisó las fotografías mientras esperaba su comida y descubrió que había tomado muchas más de las que pensaba. Algunas estaban movidas, otras mostraban casi exclusivamente el cielo y en una Efraín aparecía con una expresión particularmente seria que la hizo comenzar a reír.—¿Qué sucede? —preguntó él.Marina le mostró
El cielo todavía estaba oscuro cuando Marina salió de su habitación; llevaba pantalones cómodos, una chamarra y el cabello recogido en una trenza que había terminado de hacerse frente al espejo.En una mano sostenía su bolso y en la otra, el teléfono, donde había revisado por última vez la información del vuelo. Efraín la esperaba al pie de la escalera y, al verla aparecer, guardó las llaves que había estado haciendo girar entre sus dedos.—¿Lista?Marina se detuvo en el último escalón y lo miró con una expresión desconfiada.—Eso depende. ¿Vamos a hacer lo que dice mi libreta o estás planeando llevarme a desayunar a algún sitio y después decirme que las condiciones no eran adecuadas?—Las condiciones son adecuadas, confirmaron el vuelo anoche.—¿Y el clima?—También lo revisamos anoche.—¿Y si empieza a hacer viento?—No volamos.—¿Y si llueve?—Tampoco.Marina frunció los labios al descubrir la sonrisa que Efraín intentaba disimular.—Estás disfrutando demasiado esto.—Un poco. —adm
Ofelia miró el reloj antes de guardar las últimas cosas en su bolso; por primera vez en mucho tiempo, no llevaba prisa, había terminado sus pendientes, dejado algunas indicaciones y comprobado que los bebés tenían todo lo necesario. Marina estaba en casa, Efraín también, y no existía ninguna razón para prolongar su jornada.—¿Ya te vas? —preguntó Marina al encontrarla cerca de la entrada.—Eso intento, pero si me sigues entreteniendo, voy a terminar llegando tarde.—¿Tienes algún compromiso? —preguntó Marina sonriendo.—Voy a salir con mi marido, quedamos en encontrarnos en la ciudad para comer algo y dar una vuelta. Hace días que lo venimos posponiendo.—Entonces no te entretengo más.—Mañana nos vemos y no quiero encontrarme con que decidiste encargarte de todo tú sola mientras yo no estoy; para algo tienes a ese hombre que anda por la casa cargando niños. —dijo Ofelia acomodándose el bolso.—Se llama Efraín. —dijo Marina soltando una carcajada.—Sé perfectamente cómo se llama, tamb
Cuando finalmente las niñas se fueron a sus habitaciones y los bebés estuvieron tranquilos, encontró a Efraín en la sala; estaba sentado con el teléfono en la mano. Al verla, lo dejó sobre la mesa.—¿Todo bien?Marina asintió con la cabeza y tomó asiento a su lado.—Las niñas ya están acostadas. Renata todavía estaba intentando convencerme de que estudiar gastronomía sería mucho más útil que cualquier otra carrera.—Supongo que su interés no tiene absolutamente nada que ver con los pasteles. —dijo Efraín sonriendo.—Ni un poco.Marina, durante unos segundos permanecieron en silencio; después apoyó la cabeza sobre su hombro.—Hoy fue un buen día.—Bastante bueno, considerando que regresamos de una noche extraordinaria para encontrarnos con pañales, tareas y una discusión sobre chocolate. —dijo Efraín acariciando su mano.—Precisamente por eso. —dijo Marina sonriendo.—¿Por qué?—Porque anoche fui feliz contigo y hoy también fui feliz aquí, no de la misma manera, por supuesto. Hubo mome
Renata salió de la cocina, Marina permaneció mirando la puerta, Efraín dejó su taza sobre la mesa.—No le gustó demasiado la idea.—No.—¿Te preocupa?—Me preocupa que sienta que voy a dejar de estar disponible para ella, pero también sé que no puedo renunciar a cada cosa que quiero hacer para evitarle cualquier incomodidad. —dijo Marina luego de pensarlo un poco.—Creo que eso también será parte de lo que tendremos que aprender como familia.—Sí. —dijo ella mirándole y sonriendo. —Aunque quizá empiece por aprender a hacer ese pastel.—Me parece una excelente idea, siempre que no conviertas el chocolate en una nueva obligación. —dijo Efraín acercándose a ella.Marina tomó nuevamente su taza.—Si lo hago, será porque a mí también me gusta.Y aquella diferencia, en su mente le pareció suficiente. Al caer la tarde, Rigoberto regresó a casa, encontró a Diana en la sala, a Renata explicándole algo a Ofelia y a Efraín intentando acomodar a uno de los bebés mientras el otro protestaba desde
—¿Puedo pasar?Marina levantó la cabeza; Diana estaba en la puerta.—Claro, cariño. ¿Sucede algo?La niña entró, miró la libreta.—¿Estás trabajando?—No exactamente, estoy revisando algunas cosas que me gustaría hacer. —dijo Marina sonriendo.—¿Como cuáles? —dijo Diana acercándose.Marina dudó un instante, no porque quisiera ocultárselas, sino porque todavía estaba acostumbrándose a hablar de sus deseos sin sentir que debía justificarlos.—Estoy pensando en estudiar.—¿En una escuela? —dijo Diana abriendo bien los ojos.—Sí, quizá en una universidad.—¿Vas a tener tareas? —dijo Diana fascinada.—Supongo que sí. —dijo Marina sonriendo ante la imagen que le regalaba su hija.—¿Y exámenes?—Probablemente.Diana la observó con una mezcla de curiosidad y diversión.—Entonces vamos a poder hacer la tarea juntas.Marina sintió una ternura inesperada.—Tal vez.—Aunque yo voy a terminar antes porque mis tareas son más fáciles.—Eso espero.—¿Qué quieres estudiar? —dijo Diana mirando la libre







