FAZER LOGINEstimadas lectoras y lectores ¿Qué creen que sucederá ahora? ¿Efraín estará en lo correcto o fue imprudente de su parte ir por aquel camino?
En casa de los Forcelledo Salas, los años habían traído nuevas costumbres, responsabilidades y una cantidad considerable de ruido.Diana y Renata se acercaban a la adolescencia, y aunque sus rostros todavía conservaban aquel parecido que tantas veces había confundido a quienes no las conocían, sus personalidades resultaban cada vez más diferentes.Renata tenía una facilidad extraordinaria para conseguir que las conversaciones giraran alrededor de sus intereses. Le gustaba recibir atención, sentirse importante y saber que los demás estaban pendientes de ella. Cuando algo no sucedía como esperaba, podía pasar de la alegría al disgusto con una rapidez, cosa que comenzaba a preocupar a Marina.Diana era distinta. Observaba más de lo que decía y había aprendido a guardar ciertos sentimientos para sí misma, especialmente aquellos que todavía no sabía cómo explicar.Una tarde, mientras ambas estaban en casa, recibieron una visita; Gio había llegado para ver a Renata.Diana lo descubrió desde
Tres años después…Había transcurrido el tiempo suficiente para que muchas cosas cambiaran, aunque no tantas como para borrar las huellas de lo vivido. Algunas personas habían encontrado aquello que durante años buscaron sin saber exactamente qué necesitaban; otras habían descubierto que la felicidad no siempre llegaba acompañada de grandes acontecimientos y que, en ocasiones, bastaba con abrir los ojos una mañana y comprender que ya no había nada de qué huir.La vida había seguido su curso, como siempre lo hacía, sin detenerse por las ausencias, los arrepentimientos o las promesas que alguna vez quedaron incumplidas. Había nuevos hogares, nuevos trabajos, niños que crecían demasiado deprisa y adultos que, después de tantas equivocaciones, comenzaban a comprender que nunca era demasiado tarde para aprender a vivir.Y aunque sus caminos los habían llevado a distintos lugares del mundo, todos conservaban algo en común: una historia que, de una u otra manera, había cambiado para siempre
Cuando llegó el momento del pastel, reunir a todos alrededor de la mesa resultó mucho más complicado de lo que Marina había imaginado.Diego quería caminar y Javier parecía especialmente interesado en uno de los adornos.Lina sostenía a Liam mientras Patrik intentaba conseguir que el pequeño mirara hacia la cámara; Paulina permanecía junto a Sebastián, quien le había acercado una silla para que no tuviera que quedarse de pie durante demasiado tiempo.Rigoberto se colocó detrás de sus hijas y sonrió cuando Marina le pidió que se acercara un poco más. Lucrecia y Sofí ocuparon sus lugares junto a los ahijados, mientras Ofelia y su esposo se unieron al grupo entre las bromas de Efraín.Diana comenzó a cantar antes de tiempo.—¡Todavía no! —protestó Renata. —¡Faltan las velas!—¡Ya las están poniendo!—¡Pues espera!Marina soltó una carcajada mientras Efraín intentaba impedir que Javier alcanzara el pastel. Finalmente, encendieron las velas y todos comenzaron a cantar.Diego observó las pe
Más tarde, mientras los invitados disfrutaban de la comida, las tres hermanas consiguieron sentarse juntas bajo la sombra de un árbol. Patrik y Sebastián conversaban con Efraín y Rigoberto a poca distancia, mientras los niños permanecían entretenidos con los juegos preparados para la celebración.Lina sostenía a Liam, que comenzaba a mostrar señales de sueño, y Paulina observaba a su hijo con una sonrisa.—Todavía no puedo creer que seas madre —dijo Paulina mirando a su hermana.—Yo tampoco, algunas mañanas… —dijo Lina haciendo una pausa. —Especialmente cuando Liam decide despertarse antes de que salga el sol.—¿Y Patrik?—Patrik se levanta, revisa que todo esté bien y después me pregunta si necesito algo; es desesperante tener a alguien tan considerado cuando una está de mal humor.—Pobre hombre. —dijo Marina riendo.—No le tengas lástima. Él sabía perfectamente con quién se estaba metiendo.Paulina negó con la cabeza, divertida, y tomó un poco de agua.—Yo también estoy descubriendo
- ¡Renata, deja de tocar el pastel!—¡No lo estoy tocando!—¡Tienes crema en el dedo!—¡Porque se me pegó!Diana observó a su hermana con una expresión de absoluta incredulidad, mientras Renata escondía la mano detrás de la espalda y miraba hacia otro lado. El pastel todavía no había sido colocado en su mesa definitiva y ya estaba provocando la primera discusión de la mañana.Marina, que había escuchado el intercambio desde la entrada del jardín, se acercó justo cuando Renata intentaba convencer a Diana de que aquella pequeña marca en el betún había aparecido sola.—¿Qué está sucediendo aquí?—¡Renata se comió un pedazo del pastel de los bebés! —acusó Diana.—¡No me comí ningún pedazo! —protestó Renata inmediatamente. —Solamente probé un poquito de crema.Marina observó el pastel, después el dedo de Renata y finalmente la expresión indignada de Diana; tuvo que contener una sonrisa antes de tomar una servilleta para limpiarle la mano a su hija.—Renata, el pastel es para compartirlo cu
El aterrizaje transcurrió sin contratiempos; una vez fuera de la cesta, Marina se volvió hacia el globo y después miró a Efraín con una sonrisa enorme.—Lo hice.—Lo hiciste —confirmó él.—¡De verdad lo hice!Marina sonrió llena de felicidad, luego se acercó para abrazarlo. Efraín la levantó apenas del suelo antes de volver a dejarla, riendo al verla tan entusiasmada.—¿Contenta?—Muchísimo.Ella lo besó y después volvió la cabeza para contemplar el globo; durante años había imaginado aquel paseo como algo que haría algún día; ahora podía recordarlo como algo que había hecho, y esa diferencia le producía una felicidad inmensa.Desayunaron antes de regresar a casa. Marina revisó las fotografías mientras esperaba su comida y descubrió que había tomado muchas más de las que pensaba. Algunas estaban movidas, otras mostraban casi exclusivamente el cielo y en una Efraín aparecía con una expresión particularmente seria que la hizo comenzar a reír.—¿Qué sucede? —preguntó él.Marina le mostró







