FAZER LOGINADRIANNo recuerdo con exactitud cómo salimos de aquella mansión ni cuántas veces repetí el nombre de Bianca durante el trayecto al hospital. Solo sé que no solté su mano hasta que los médicos me obligaron a apartarme para atenderla. Tenía miedo de cerrar los ojos y descubrir que todo había sido una pesadilla, que volvería a encontrarme solo, sin saber dónde estaba mi mujer ni cuánto más tendría que soportar.La imagen de Bianca tendida en el suelo de aquella celda no deja de perseguirme. Cada vez que intento apartarla de mi mente, recuerdo su cuerpo inmóvil, el collar alrededor de su cuello y el terror que sentí al pensar que podía perderla. Aprieto los puños, conteniendo la rabia. Ya habrá tiempo para ocuparme de Margaret y de todos los desgraciados que participaron en su secuestro. Ahora solo me importa que Bianca se recupere.—Su esposa está estable —me informa finalmente el médico—. Ha sufrido una descarga eléctrica, presenta varias lesiones y está deshidratada. Necesitamos mante
NARRADOR OMNICIENTE—He venido a buscarte —murmuro Adrián.La estrechó contra su pecho con cuidado, besándole la frente mientras intentaba comprobar el alcance de sus lesiones. No podía dejar de temblar. Había imaginado aquel reencuentro de mil maneras, pero nunca así, con Bianca debilitada.El collar estaba abierto, a un lado. Pero la marca que le había dejado a Bianca en el cuello era evidente.Entonces reparó en algo.—¿Dónde está Margaret?Bianca intentó incorporarse, pero el esfuerzo le provocó un mareo. Adrián la sostuvo antes de que volviera a caer y miró alrededor de la celda. La cama estaba desordenada, la puerta seguía abierta.—Se escapó... —consiguió susurrar Bianca—. Tiene el control remoto del collar.La expresión de Adrián cambió de inmediato.—¿Qué?—Lo tomó cuando peleó con el guardia.Adrián apretó la mandíbula. No podía salir detrás de Margaret y dejar a Bianca sola, no después de haberla encontrado en aquel estado. Pero tampoco podía ignorar que la mujer que había
NARRADOR OMNICIENTEEn el exterior, Larson avanzaba con su equipo mientras las sirenas anunciaban la llegada de más unidades. Había esperado aquel momento durante demasiado tiempo como para permitir que el caos arruinara la operación. La prioridad era asegurar la propiedad, detener a los responsables y encontrar a Bianca antes de que alguno de los hombres de Tideman decidiera utilizarla como escudo para escapar.—¡Entren! ¡Aseguren los pasillos y no disparen si no es necesario! —ordenó, avanzando detrás de sus agentes.Adrián iba a su lado, con el arma preparada y el corazón golpeándole las costillas. Cada segundo que pasaba sin noticias de su mujer se le clavaba en el pecho. Había repasado el plan una y otra vez, pero ahora que se encontraba dentro de aquella propiedad, rodeado de gritos, disparos y hombres que corrían en todas direcciones, las instrucciones parecían insignificantes frente a una sola necesidad: llegar hasta Bianca.—¡Adrián, espera! —le gritó Larson cuando lo vio ade
NARRADOR OMNISCIENTE —¡Basta de una maldita vez! —vociferó el guardia.Ninguna de las dos le hizo caso. Bianca mantenía las manos aferradas a los brazos de Margaret mientras esta intentaba apartarla, y el guardia, convencido de que las prisioneras se habían vuelto incontrolables, sacó el dispositivo de su bolsillo.No se detuvo a comprobar qué collar estaba conectado al mando que sostenía. Tampoco se molestó en advertirles una segunda vez. Simplemente apretó el botón.La descarga alcanzó a Bianca de inmediato.Su cuerpo se tensó violentamente antes de que las piernas le fallaran. Un grito ahogado escapó de su garganta y cayó al suelo, incapaz de sostenerse, mientras la corriente recorría sus músculos y le arrebataba el control de sus movimientos.Margaret se apartó de golpe, observándola con los ojos muy abiertos. Aunque aquella escena formaba parte del plan que ambas habían acordado, ninguna había previsto que el guardia reaccionaría de esa manera ni que Bianca recibiría la descarga
NARRADOR OMNICIENTEVladimir acomoda las solapas de su traje mientras Elena camina a su lado con la eficiencia de una asistente acostumbrada a desenvolverse en los círculos más exclusivos. Su expresión permanece serena y sus movimientos son precisos, aunque por dentro no deja de pensar en el peligro que están a punto de enfrentar. Van a meterse directamente en la boca del león, rodeados de hombres que no dudarían en disparar si sospecharan que algo no encaja. Hasta el momento, nadie conoce la verdadera relación que los une con Bianca y Adrián, pero en el mundo criminal los secretos rara vez permanecen ocultos para siempre. Basta un movimiento en falso, una mirada demasiado prolongada o una palabra fuera de lugar para despertar sospechas.Detrás de ellos, los hombres de Vladimir avanzan con una determinación que no deja espacio para las dudas. Esta vez no llevan simples pistolas escondidas bajo sus chaquetas. Cargan fusiles y subfusiles, además de explosivos de alta potencia preparados
BIANCAEl corazón me martillea en el pecho al saber que Ivanov vendrá.La noticia provoca un receso inmediato en la negociación, y los hombres que permanecen alrededor de la mesa comienzan a discutir entre ellos. Algunos se muestran claramente molestos al enterarse de que Tideman pretende venderme a Vladimir. El que más se altera es un hombre calvo, de edad avanzada, que golpea la mesa con una mano y exige que Ivanov esté presente antes de tomar cualquier decisión. Según él, está dispuesto a entregar la mitad de todo lo que posee con tal de quedarse conmigo.La sola idea me produce náuseas.Ya ni siquiera hablan de mí como una persona. Soy una cifra, que puede pasar de unas manos a otras dependiendo de quién esté dispuesto a pagar más.Evito cualquier mirada con Jeke, porque entendí desde el momento en que habló de Vladimir qué, es un aliado de nosotros.El guardia entra a colocarme el collar alrededor del cuello. El mecanismo se cierra con un sonido seco que me eriza la piel de inmed







