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POV Gianna
¡Besé a mi jefe!
¿Besé a mi jefe? ¡Dios mío! Apenas puedo creerlo. Lo que acaba de pasar es algo que jamás imaginé que sucedería, y, sin embargo, allí estaba yo, con los labios todavía ardiendo por el contacto, recordando el calor de su boca sobre la mía. ¡Yo besé al imponente señor Kyllian Dixon!
Soy su asistente número dos; la primera asistente estaba de vacaciones, y por una coincidencia que parecía malévola, tuve que asumir su lugar para acompañarlo en este viaje de negocios a Costa Azul.
Un viaje que debía ser simple: hospedarme en un hotel de lujo, acompañarlo a la sede de Dixon aquí, luego asistir a una cena de negocios, verificar las firmas de un contrato y mantener conversaciones estrictamente profesionales, comiendo en silencio, hablando solo cuando era necesario.
Luego, regresar a la habitación, dormir, tomar el avión de vuelta a la ciudad y finalmente cobrar mi sueldo.
Todo parecía tan sencillo… entonces, ¿cómo demonios terminé metida en este lío?
Todo ocurrió después de la cena de negocios.
Volvimos al hotel, y yo, agotada por el día y por mantenerme impecable frente a su seriedad casi aterradora, me dirigí a mi habitación.
Trabajar con el señor Dixon nunca había sido divertido; su carácter era frío y exigente, su voz podía intimidar incluso a los hombres más seguros.
Había escuchado cómo gritaba a sus socios con tal intensidad que me recordó a un lobo acechando ciervos.
Y aun así… aun así, por más rígido y severo que fuese, había algo en él tan atractivo, ya sea por su rostro perfecto o por su buen cuerpo, pero todas las mujeres caían ante él como moscas en la miel.
Me quité el vestido de la cena y me puse uno de dormir, ajusté la alarma y me dejé caer sobre la cama.
El sueño llegó casi de inmediato, y por unos instantes me sentí en paz. Pero entonces, el sonido de mi móvil me sobresaltó, arrancándome de la tranquilidad como si me hubieran tirado a un abismo.
Respondí al instante:
—¿Hola?
—Señorita Monroy, ¡drogaron a nuestros jefes con afrodisiaco! Debe ir con el señor Dixon, en la cena alguien manipuló sus copas.
Mi corazón se detuvo. Esa era la asistente del socio del señor Dixon.
—¿Qué…?
—Ya envié a mi jefe al hospital, llamé a un médico para atender a su jefe.
Mis manos comenzaron a temblar; la idea de que el señor Dixon estuviera drogado… con un afrodisiaco, no dejaba de hacer que un calor extraño subiera por mi cuerpo.
Respiré hondo, llamé a recepción y pedí un médico urgente.
—Estará aquí en quince minutos —me aseguraron.
Colgué y, sin pensarlo demasiado, salí de mi habitación temblando, con los pasos entrecortados, deseando que todo esto no fuera más que una pesadilla.
Toqué la puerta de su habitación una y otra vez, y con la tarjeta de reemplazo, finalmente abrí.
Cerré la puerta detrás de mí y me encontré con él: recién bañado, la toalla anudada apenas a la altura de la cintura, su cuerpo como esculpido en mármol.
Los hombros anchos, la cintura estrecha, abdominales marcados y tatuajes insinuantes que recorrían su pecho.
Su pelo mojado goteaba sobre su frente, y sus ojos oscuros me atravesaban, llenos de intensidad, de fuego contenido, de deseo y autoridad al mismo tiempo.
—¡Señor Dixon… le han drogado! —exclamé, tratando de recuperar el control sobre mi voz temblorosa.
Pero él no parecía escucharme.
Sus ojos me devoraban, y antes de que pudiera reaccionar, se lanzó hacia mí.
Caímos sobre la cama, él encima de mí, y sentí cómo el aire me faltaba por la presión de su cuerpo.
Intenté apartarlo con fuerza, pero él tomó mis manos y las sostuvo sobre mi cabeza, mientras sus labios buscaban los míos con una pasión abrumadora, con ardor animal.
Lo mordí, un impulso desesperado de defensa, y sentí cómo gruñía, como un lobo enfrentando resistencia.
Lo empujé con todas mis fuerzas y le di una bofetada, y aun así, sus ojos no mostraban enojo, sino sorpresa y un hambre que me helaba, no podía controlarlo, ¿Acaso él sabía que su simple asistente estaba haciendo acorralada en una cama por su cuerpo?
—¿Te niegas a aliviarme, Gianna? —susurró, con sus manos fuertes apretando mi cintura, acercándome más a él. Su perfume, su calor, todo lo hacía irresistible. —Bésame… ¡es una orden!
Por un instante, perdí toda noción de mí misma.
Su cercanía, la firmeza de su cuerpo, el roce de sus labios contra los míos me hizo olvidar todo lo demás: mi trabajo, mi posición, incluso mi propio nombre.
Y entonces sus labios tocaron los míos de nuevo, y esta vez no hubo resistencia.
Nuestros besos se hicieron voraces, sus lenguas explorando con hambre la mía, y yo me abandoné a la sensación, perdiendo cualquier control.
Un pensamiento irracional cruzó mi mente: yo tenía novio.
¿Qué diablos estaba haciendo?
Pero en cuanto traté de apartarlo, su abrazo se intensificó, sus manos recorrieron mi espalda con firmeza, y su boca abandonó mis labios y mordió suavemente mi lóbulo de mi oído, un gesto posesivo y perturbadoramente sensual al mismo tiempo.
—Gianna… no puedes escapar de mí. Tengo mis ojos en ti —susurró, y mi cuerpo se estremeció, atrapado en su dominio.
En ese momento, un golpe en la puerta me salvó.
Pude separarme, respirando con dificultad, con las mejillas ardiendo y el corazón latiendo desbocado.
Abrí la puerta y vi al médico, pero supe que lo que pasó me abrió una puerta directo al infierno.
POV GiannaEl día del bautizo de la pequeña AnaSol, toda la familia estuvo reunida.Desde temprano, la casa se llenó de flores, risas y voces.Antonio estaba junto a Anahí, sosteniendo a la pequeña AnaSol entre sus brazos. La manera en que la miraba me hizo sonreír todavía más.Nunca había visto a Antonio tan feliz.Parecía otro hombre.Ya no era aquel joven cargado de dudas y heridas que alguna vez conocí.Ahora tenía una familia y había encontrado algo que realmente quería proteger.Miré a Anahí.Era una mujer dulce, fuerte y admirable.Ella había llegado en medio de una tormenta y, sin darse cuenta, había terminado convirtiéndose en uno de los pilares que mantenían unido el corazón de Antonio.Todos eran felices.Y quizá eso era lo más hermoso de todo.Porque la vida no siempre había sido amable.Hubo momentos en los que pensé que nuestra familia jamás volvería a estar unida.Hubo resentimientos, errores, discusiones y heridas que parecían imposibles de cerrar.Pero nunca perdí la e
POV Antonio KingUn mes después, finalmente llegó el día que durante tanto tiempo había parecido imposible.Nuestra boda.A veces todavía me costaba creer que hubiera llegado hasta allí.Después de tantos secretos, tantos errores, lágrimas y momentos en los que pensé que había perdido a Anahí para siempre, ahora estaba a punto de convertirla en mi esposa.Todo lo que había ocurrido con Beatriz también había terminado.La justicia finalmente la alcanzó.Fue condenada a doce años de prisión por intento de homicidio y secuestro.Sus hombres también fueron detenidos y, por primera vez en mucho tiempo, sentí que aquella sombra que había perseguido nuestras vidas comenzaba a desaparecer.Ya no teníamos que mirar sobre nuestros hombros.Ya no teníamos que vivir con miedo. Podíamos comenzar de nuevo.Y esta vez quería hacerlo bien.Mi abuelo también había cambiado.Al principio le había costado aceptar nuestra relación. Había sido un hombre rígido durante toda su vida y estaba convencido de qu
POV AnahíEl sonido de las balas seguía resonando dentro de mi cabeza.No podía pensar.No podía respirar.Solo podía escuchar aquellos estruendos una y otra vez, como si el tiempo se hubiera detenido en ese instante.—¡Pedro! ¡Pedro! —grité desesperada.Intenté abrir los ojos, pero el miedo me paralizaba.¿Estaba vivo?¿Le habían disparado?No podía soportar la idea de perderlo.Había hecho todo aquello para salvarlo. Había renunciado al hombre que amaba, había roto el corazón de Antonio y había aceptado que él me odiara con tal de mantener a mi hermano con vida.No podía permitir que todo hubiera sido en vano.—¡Pedro!Entonces sentí unos brazos rodeándome.—Hermanita…Abrí los ojos de golpe.—¡Pedro!Era él.Estaba vivo.Frente a mí.Sus brazos me rodeaban con fuerza y su rostro estaba escondido contra mi hombro.Lo abracé con todas mis fuerzas.—¡Estás vivo! —sollocé—. ¡Estás vivo!—Estoy bien, hermanita.Lo apreté todavía más.Por unos segundos olvidé todo lo demás.El miedo.Las
Salí de aquella casa con el corazón destrozado.Subí al automóvil y permanecí unos segundos con las manos sobre el volante, intentando reunir el valor suficiente para hacer lo que tenía que hacer. Sabía que, después de aquello, nada volvería a ser igual.No quería terminar con Antonio.Quería correr hacia él, abrazarlo y decirle toda la verdad. Quería confesarle que lo amaba, que nunca había querido utilizarlo y que todo lo que le había dicho durante nuestra relación había sido una mentira que me estaba destruyendo por dentro.Pero mi hermano estaba en peligro.Y no podía arriesgar su vida por mis sentimientos.Encendí el motor y conduje hasta aquella casa.Durante todo el trayecto intenté contener las lágrimas. Cada vez que imaginaba el rostro de Antonio, sentía un nudo en la garganta.¿Cómo iba a mirarlo a los ojos y decirle que ya no lo amaba?¿Cómo podía destruir al hombre que había sido mi refugio?Sin embargo, no tenía otra opción.Cuando finalmente llegué, lo vi.Antonio estaba
POV AnahíBeatriz sonrió.—Sí, Anahí.Sentí que la sangre me hervía.Durante unos segundos no pude apartar la mirada de ella.No podía creer que aquella mujer estuviera detrás de todo.—¿Por qué? —pregunté.Beatriz no respondió.Simplemente se acercó.Antes de que pudiera reaccionar, levantó la mano y me dio una bofetada.El golpe hizo que mi rostro girara hacia un lado.Sentí inmediatamente el ardor en la mejilla.—¡Anahí!Escuché el grito de Pedro.Su voz estaba llena de miedo.Volví la cabeza hacia él.Mi hermano estaba llorando como un niño.Intentaba moverse, pero las cuerdas que sujetaban sus manos se lo impedían.—¡No la golpees! —gritó.Mi corazón se partió.Pedro todavía estaba convaleciente.No estaba completamente recuperado y, aun así, aquella mujer lo había utilizado para traerme hasta allí.Beatriz volvió a acercarse a mí.Yo podía sentir el calor de la bofetada en mi rostro.Tenía miedo. Muchísimo.Mis piernas temblaban y mi corazón latía con tanta fuerza que parecía que
POV AnahíNo podía respirar.Sentía que el aire no llegaba a mis pulmones y que mi corazón estaba a punto de salirse de mi pecho.Todo había ocurrido en cuestión de segundos.Mi teléfono vibró sobre la mesa y, cuando miré la pantalla, descubrí que había recibido un mensaje de un número desconocido.Al principio pensé que se trataba de algún error.Pero entonces leí el contenido.Había una dirección.Y una orden.Debía llegar allí en quince minutos.Solo tenía quince minutos.Mis manos comenzaron a temblar mientras continuaba leyendo.Había una última advertencia.Si acudía a la policía o intentaba buscar a Antonio King, matarían a mi hermano.Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.—No…Volví a leer el mensaje.Tal vez estaba entendiendo mal.Tal vez aquello era una amenaza vacía.Pero entonces llegó otro mensaje.Una fotografía de Pedro.Mi hermano aparecía sentado en una silla, con las manos atadas.Estaba llorando.Se veía aterrorizado.—¡Pedro!Me llevé una mano a la boca.Sentí







