LOGINRechazado
Alessio
Sin poder evitarlo, me toque mirando las fotos de aquella modelo. Nunca pensé que aquel prototipo de mujer pudiera excitarme, pero solo mirar su cuerpo en lencería me provocó un deseo que no bajó hasta que no hice algo por ella. No dudé en llamar a Deyna, pues sabía que era su representante. Ella siempre lograba convencer a todas las modelos de venir a conocerme. Lo que no sabían es que aquello incluía una sección completa de sexo con todo aquello que se me antojara. No podía esperar para tener a Gina Stevens a mis pies, mirándome mientras chupándome.
—Señor, la señorita Fiorella quiere pasar a verle.
Me quedé pensativo por un momento porque en realidad esperaba a otra persona.
—Dile que pase. —Me coloqué la chaqueta y arreglé mi reloj.
Los tatuajes siempre sobresalían aunque tratara de ocultarlos. No lo hacía por vergüenza a ellos, sino por guardar un poco las apariencias
—¿Dónde está? —pregunté con más rudeza de la cuenta cuando entró.
Deyna cayó sobre sus rodillas frente a mí y tuve una vista panorámica de sus pechos, unos jugosos pechos que más de una vez estuvieron en mi boca.
—Se negó a venir.
Sentí algo extraño correr por mis venas y apreté los puños con fuerza
¿Qué demonios había dicho?
«Se negó a verme».
—¿En serio? —cuestioné al acercarme.
Saber aquello me hacía hervir la sangre y también me excitaba. Sabía que sonaba retorcido, pero me había puesto duro de solo pensar que ella me rechazó.
—Abre tu boca —le ordené. Entretanto, me quitaba la correa y bajaba el zipper de mi pantalón. Enredé su cabello en mis manos y metí mi miembro en su boca.
Deyna era una experta con su boca; su lengua recorría cada centímetro de mi longitud. Hacía que me perdiera en aquella sensación de deseo desenfrenado, pero mi mente proyectaba una sola persona a la que quería que estuviese aquí arrodillada. No descansaría hasta hacerla mía.
Desabotoné su blusa y agarré con rudeza su pecho izquierdo. La escuché gemir. Sabía que estaba deseosa porque estuviese dentro de ella, más no había hecho su trabajo y por eso no obtendría su premio, así que tendría que quedarse con aquellas ganas y con el deseo de que estuviera dentro de ella.
—Tienes que hacerla venir a mí —espeté cuando corrí en su boca—. Ella tiene que ser mía
Se puso de pie y se acomodó. La miré fijamente a los ojos. Sabía que no debía decirle nada más. Nada se me había negado y aquella mujer no sería la excepción.
—No se negó a conocerlo, solo al hecho de venir a su oficina. —La observé con arrogancia—. Dijo que le vería en el ensayo para el desfile.
No pude evitar soltar una carcajada.
—¿Ella cree que puede poner las reglas? —Respiré profundo y me pasé la mano por el cabello—. Veremos quién es el que manda.
Hice un gesto con la mano para que se marchara.
Estaba encabronado. Ninguna mujer me desafió y mucho menos una extranjera.
Estaba en mi territorio, aquí mandaba yo. No existía nadie que se atreviera a meterse con Alessio Lombardi.
Tarde o temprano, Gina terminaría rendida ante mí.
Nunca pensé en volver a pisar las pasarelas, pero Alessio insistió para que fuese la modelo exclusiva de su nueva colección. De la forma como lo pidió, fue imposible negarme. Su estrategia para convencerme fue una buena jugada sobre la cama y no pude decirle que no. ¿Cómo podría negarme ante semejante petición? Estuve encantada de complacer a mi esposo.—Por los santos de la moda, estás radiante, mujer. Te ves mejor que nunca —comentó Paolo mientras terminaba de ajustar aquel vestido.—¿Tú crees? —indagué algo avergonzada mirándole a través del espejo.—No me digas que… —Me giré hacia él—. Dios mío, Gina, ¿ya se lo dijiste? —curioseó.—Pienso decirle después del desfile. —Me abrazó.Pude ver un asomo de lágrimas en sus ojos.
Mi dueñaAlessioContemplar a Gina dormida era algo de lo que nunca me cansaría. Mirar su rostro tranquilo y despreocupado me regalaba la paz que tanto anhelé. El camino hasta aquí fue turbulento. Tuvimos que atravesar demasiados obstáculos para poder estar tranquilos, para poder disfrutar del amor que sentíamos el uno por el otro. Nunca imaginé que se podía amar con tanta intensidad.Abrió los ojos despacio y me observó aún soñolienta. Acaricié su cabello y le di un corto beso. Era demasiado hermosa. No había nada que no pudiese amar de ella. No quería que estos días se terminaran. Volver a la rutina era algo que no anhelaba, pero sabía que era necesario y que aquello se convertiría en el verdadero reto de nuestra nueva vida.—Buenos días, señora Lombardi. ¿Quiere bajar a desayu
Siempre tuyaGinaSiempre me gustó sentir aquella ventisca que anunciaba el invierno y dejar que los rayos del sol me bañaran con su calor, proporcionándome aquel equilibrio que tanto necesitaba. Así me sentía ahora. De pie frente a Alessio miraba cómo el verde de sus ojos se hacía cada vez más profundo cuando los rayos de sol los iluminaban. Contemplaba la belleza de su rostro y cómo se transformaba cada vez que una sonrisa se asomaba. ¿Acaso esto era un sueño? Nos despertamos aquella mañana como todas las demás y ahora los dos al fin nos jurábamos amor eterno frente al altar.—¿Cuánto amor estás dispuesto a dar? —indagué mientras veía cómo temblaba aquel trozo de papel en mis manos—. No sabía lo que era amar con tanta intensidad hasta que te vi llegar. Llegast
Mi amor por GinaAlessio5 meses despuésAquella mañana estaba siendo de locos. No recordaba la última vez que me levanté tan temprano, pero a sinceridad no pude dormir nada. Estaba ansioso. Mi padre no estaba siendo de mucha ayuda; tomaba su copa de whisky con las piernas cruzadas sentado en el sofá de la habitación del hotel. No sabía por qué la universidad tuvo que poner la graduación justo este día.—Míralo desde la siguiente perspectiva —se puso de pie y caminó hacia mí—: no tendrán que hacer doble celebración. —Lo miré de mala manera.Levantó los brazos en señal de rendición.—Estoy asustado —admití—. Quiero que todo sea perfecto.Se acercó de nuevo y me miró a los ojos.—Todo saldrá
FelicidadGinaAlessio me cargó en sus brazos. La fresca brisa de aquella noche acarició mi rostro. Me escondí en su cuello e inhalé su aroma. Caminó al interior de la casa sin siquiera quejarse de lo pesada que quizá podría resultar para él, aunque nunca había hecho algún comentario respecto a mi peso. Era maravilloso estar aquí de nuevo. Compartir parte de su vida me hacía sentir importante, y lo era. Sabía que era importante para él, solo que aún no me acostumbraba a ser la mujer del hombre más codiciado de toda Italia.—Puedes bajarme si quieres, sé que soy algo pesada. —Envolví mis brazos en su cuello y lo miré con diversión. Tenía un brillo que nunca antes vi en su mirada.Lo que fuese que hubiese preparado lo emocionaba.—Déjame consentirte. Tiene
Tocar el cieloAlessioLa luz de la luna provocaba que sus ojos brillaran y cada movimiento de sus caderas me hacía enloquecer mucho más. Aparté mi mano de su boca y me apresuré a colocar su cuerpo boca abajo. Recorrí con mi lengua su espalda hasta llegar a su culo, levanté sus caderas y enterré mi cara allí; deslicé mi lengua por su coño mojado. El sexo con Gina no era solo eso, era un viaje de descubrimiento que cada vez me dejaba aún más sorprendido. Nunca llegaba a obtenerlo todo y parecía que nunca podría saciar mi deseo por ella.La puse sobre mis caderas y nos volvimos nuevamente uno solo. El sudor mojaba nuestros cuerpos. Agarré uno de sus pezones con mis dientes mientras ella soltaba un gemido. Introduje mis dedos en su boca. Ella chupó y lamió. Mi cabeza voló y su coño se apretó c







