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Capítulo 4

Penulis: Myosotis
Sobre la mesa frente a nosotros había veinte botellas de whiskey color ámbar perfectamente alineadas.

Giré la mirada hacia Luca de inmediato.

Busqué en su rostro una sola señal de protesta, aunque fuera el más mínimo rastro del cariño que alguna vez sintió por mí.

Pero no logré descifrar su expresión.

El silencio me aplastaba el pecho hasta dejarme sin aire.

Pensé en aquella vieja casa en medio del campo siciliano.

En esos días, Luca se emborrachaba hasta quedar inconsciente cada noche, intentando ahogar el dolor de haber perdido la voz, el poder y a su familia.

Le rogué una y otra vez que dejara de destruirse así, pero nunca me escuchó.

Hasta aquella noche en la que estaba tan borracho que apenas podía mantenerse consciente.

Empujó tres botellas de whisky hacia mí y escribió algo en su teléfono.

—¿Ahora hasta la hija del mayordomo de la Familia cree que puede decirme qué hacer? Perfecto. Bébetelo todo y te escucharé.

Yo solo quería salvarlo.

Por eso, aunque sabía que era alérgica al alcohol, aunque sabía lo que iba a pasar, levanté la botella y me la bebí hasta la última gota.

Diez minutos después terminé en la sala de emergencias.

Cuando desperté, Luca estaba sentado junto a mi cama, mirándome como si no hubiera nadie más en el mundo.

Solo le dije una cosa.

—Tengo miedo por usted, señor. Su voz volverá. Y aunque nunca vuelva, me quedaré a su lado para siempre. Así que, por favor… deje de lastimarse.

Después de aquel día, Luca no volvió a probar una gota de alcohol.

Pero ahora estaba sentado frente a mí, observando cómo otra mujer me ordenaba beber veinte botellas del mismo whisky.

Un sollozo roto y amargo salió de mi garganta mientras las lágrimas me empapaban el rostro.

Me incliné hacia el carrito del bar, tomé una botella completa de extracto de ghost pepper y vertí todo dentro de un vaso de whisky.

Mi voz sonó fría, cortante y definitiva.

—¿Solo veinte botellas? Eso no es suficiente para demostrar lo arrepentida que estoy. Agregaré esto también. ¿Ahora sí es suficiente para ti?

Llevé el vaso hasta mis labios.

Pero antes de que pudiera probar una sola gota, Luca se levantó bruscamente.

Me golpeó la mano y el vaso salió volando, haciéndose pedazos contra el piso mientras el licor y los fragmentos de vidrio se esparcían por todas partes.

—¡YA BASTA!

Su voz salió ronca y rota, casi irreconocible.

Lo miré y solté una risa entre lágrimas.

—Ni siquiera había empezado a beber. ¿Ya terminó mi disculpa? ¿Ya está contenta tu noviecita?

La furia endureció por completo el rostro de Luca. Me agarró la muñeca con tanta fuerza que sentí que iba a romperme el hueso.

—¡Entre Sofia y yo no hay nada! ¡Sabes mejor que nadie cómo funcionan las reglas de la familia! ¡Si realmente hubieras hecho algo así, los capos jamás dejarían de usarlo en tu contra! ¡La Familia nunca te aceptaría! ¡Solo intentaba protegerte!

Hablaba como si todo lo estuviera haciendo por mí. Como si todavía le importara.

Pero yo solo pude reírme.

¿La familia Vitali jamás aceptaría a la hija del mayordomo? ¿Pero sí aceptarían a Sofia, la mujer que abandonó al futuro Don y escapó con sus enemigos? Él había roto todas las reglas para firmar ese contrato de matrimonio con ella.

Todo era una mentira. La verdad era mucho más simple: no me amaba lo suficiente.

No respondí. Me zafé de su agarre, me di la vuelta y salí del reservado.

Apenas llegué a la puerta. El dolor acumulado de los últimos días, el dolor insoportable en la frente y la sangre brotando nuevamente de la herida, todo me golpeó al mismo tiempo. Mi visión se volvió negra y caí al suelo.

—¡ISA!

Escuché a Luca gritar mi nombre con desesperación antes de sentir sus brazos rodeándome. Me levantó de inmediato y salió corriendo.

Sofia fue tras él, llorando mientras se aferraba a su brazo.

—Luca… me duele la cabeza… no me siento bien…

Luca se soltó bruscamente de ella sin detenerse.

—Llama a mi asistente. Ella se hará cargo de ti. Yo llevaré a Isabella al hospital.

Cuando desperté, estaba en la sala VIP de la clínica privada.

Luca seguía sentado en la silla junto a mi cama. No había dormido en toda la noche. En el instante en que abrí los ojos, su cuerpo entero se relajó, como si hubiera pasado días enteros conteniendo el aire.

Nos observamos en silencio durante mucho tiempo. Ninguno fue capaz de hablar primero.

Me sirvió un vaso de agua tibia, me lo dio y salió a buscar al médico. Durante toda la revisión se quedó junto a la puerta, atento a cada palabra del doctor como si fuera cuestión de vida o muerte.

Su teléfono no dejaba de sonar. Su secretaria lo llamaba desesperada, suplicándole que asistiera a la reunión de emergencia de los capos de la Familia. Luca ignoró todas las llamadas.

Finalmente hablé yo.

—Debería irse. Sé cuidarme sola. No es su obligación.

Luca se arrodilló junto a mí y tomó mi mano entre las suyas. Su voz salió baja, ronca y quebrada.

—Sí lo es. Isa… ¿no lo recuerdas? Tú hiciste lo mismo por mí. Durante siete años cuidaste de mí. ¿Cómo podría olvidarlo?

Sentí un ardor en mis ojos.

Por un instante volví a aquella casa abandonada, sosteniéndolo entre mis brazos mientras lloraba.

Pero ya no había vuelta atrás. Ya no podíamos volver a lo que fuimos.

Esa tarde las enfermeras me llevaron a hacerme un examen completo.

Media hora después, cuando regresé a la habitación, empujé la puerta y me quedé helada.

Luca estaba en medio del cuarto, sosteniendo mi celular contra la oreja mientras le gritaba a alguien por teléfono.

Su voz temblaba de rabia.

—¡Ya te lo dije! ¡Nunca voy a casarme con nadie que no sea Isabella! ¡No me importa su sangre, su apellido ni ninguna de esas estupideces! ¡Deja de insistir! ¡Ella no me va a abandonar! ¡Jamás!

Entonces escuché la voz chillona de Anna gritar desde el otro lado de la línea, tan aguda que podía oírse perfectamente desde el otro extremo de la habitación.

—¿Perdiste la maldita cabeza? ¡Esa mujer te está engañando como a un imbécil! ¡Ella ya firmó...!

La llamada se cortó de golpe cuando mi teléfono se quedó sin batería.

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