Beranda / Romance / La pasion del mafioso / 4. Habitación de pánico

Share

4. Habitación de pánico

Penulis: miladyscaroline
last update Tanggal publikasi: 2022-08-10 01:30:55

Carlo

Era como estar presenciando una puta película de acción mal dirigida.

Detrás de ellos se desataba un caos que siquiera tenía pies ni cabeza. Lo que si era un hecho es que nuestros atacantes ambicionaban atraparnos ilesos, de lo contrario, mi hermana y Sebastian no hubiesen sobrevivido al encuentro cara a cara con aquellos esbirros.

Greco ya había acordonado el ingreso a la mansión con un equipo de diez hombres mientras el resto arañaba tiempo para que ellos ingresaran.

Rigo disparó a un hombre que se acercaba por la derecha de Sebastian mientras yo despejaba desde el lado opuesto.

Disparé a quema ropa. En el pecho de uno. En el brazo de otro. Cabeza y piernas.

El aliento no demoró en amontonárseme en la boca. Tampoco el corazón al latir como un loco sin frenos, pero eso era simplemente el resultado de una creciente adrenalina recorriéndome las venas.

Al principio, si quiera pude enfocar la vista en cuantos eran, pero conforme los segundos se convertían en minutos, eran más de ellos que de nosotros.

No resistiríamos más, pero, por suerte, Bella y Sebastian consiguieron ingresar.

. . .

Sebastian

La habitación de pánico era un recinto de alta seguridad con estructuras metálicas y de hormigón. Puerta acorazada. Línea telefónica segura y un pequeño sistema de cámaras de vigilancia de toda la casa.

El piso junto a la estantería de libros se abrió luego de que Carlo apretara el botón e ingresara el código de seguridad que solo nuestra gente de confianza sabia. Se reveló una escalera estrecha que guiaba al piso subterráneo de la casa.

Mi amigo fue el primero en bajar y encontrarse con su mujer. Llevaba a Isabella consigo mientras yo esperaba el ingreso del resto de nuestro equipo.

— ¡Joder, que le he dado en el puto ojo! —clamo Luigi, un esbirro de apenas veinte años.

Gruñí y evite que le clavaran una bala por la espalda cuando disparé a un atacante que ansiaba cocerle la piel a balas.

— ¡Cierra el pico y entra!

Sus compañeros terminaron de bajar las escaleras mientras Carlo volvía a subir para cubrir el ingreso de Greco y Rigo, quienes tenían la pelea más dura allí fuera en pos de protegernos. No abandonaríamos a nadie. Nuestra gente no solo era mafia. Era familia.

Una vez todos dentro. Las paredes absorbieron el bullicio de disparos que se había quedado allí fuera.

. . .

Gia

Isabella había despertado ajena a que yo la observaba. Tenía los labios un tanto morados y las mejillas pálidas. El ceño fruncido y la respiración demasiado apaciguada.

El frio en la habitación de pánico no cedía y por eso la abrigué un poco más con las sábanas. Ella aceptó el cobijo todavía aletargada.

— ¿Es la mafia… cierto? —murmuró bajito—. Ha vuelto para recordarnos lo indestructible que es.

Sonreí triste y enmarqué su rostro con el dorso de mis dedos. Me dolía muchísimo saberla lejos de la realidad.

—Cariño, nosotros somos la mafia, ¿recuerdas?

—Nosotros no hacemos esta clase de daño.

—Pero no todos aspiran a lo que nosotros sí.

Y cierto era. Ahora que Carlo y Sebastian gobernaban roma, las cosas en la ciudad habían dado un giro bastante brusco en comparación al pasado. Seis meses de poder absoluto habían conseguido que lo más desfavorecidos no sintiesen miedo del futuro y se respiraba un atisbo de tranquilidad. De la mano con la policía de roma, se había logrado un trabajo sucio que parecía tan limpio como los políticos trataban de demostrar.

Nuestra gente no sometía al pueblo como ellos.

Nuestra gente era más solidaria.

Isabella inclinó la cabeza hacia un lado y oteó el exterior. Estábamos en una pequeña habitación de al menos cuatro metros cuadrados y ajenas a lo que allí fuera se planeaba para salir de esto.

—Estuvimos a punto de morir —dijo de pronto, luego de haberse quedado un rato mirando la puerta—. Sebastian y yo estuvimos a punto de morir…

—No —respondí acariciándola—, sabes de sobra que la gente que te quiere no lo permitiría.

—Exacto —volvió a mirarme—. Harían cualquier cosa por ponerme a salvo y yo lo único que he hecho ha sido todo lo contrario. He arriesgado sus vidas innecesariamente. Las vidas de la gente que me quiere, Gia. ¡He sido tan egoísta!

La forma en que habló no solo me provocó un escalofrío, sino una alegría inmensa por saber que nuestra Isabella, la audaz y protectora, aún seguía allí.

Enredé mis manos a las suyas y respiré hondo en un intento por retener las lágrimas que comenzaban a pincharme los ojos.

—Todos hemos salido ilesos —le aseguré—, no tienes nada de qué preocuparte. En todo caso, ¿crees que te hará sentir mejor si hablas con Sebastian?

Mencionar su nombre consiguió que su cuerpo respondiera con un pequeño escalofrío que incluso logró traspasármelo.

—Él no va a perdonarme que haya actuado del modo en que lo hice. Fui inmadura e imprudente.

—Fuiste víctima de algo mucho más grande que todos nosotros —sus ojos me buscaron nostálgicos—, no seas tan dura contigo misma.

—Pero eso no me exime de pedir disculpas.

—En todo caso, no las necesitaría —Sebastian irrumpió en la pequeña habitación con una imperiosidad que era incluso indescriptible.

Isabella se estremeció con brusquedad al escucharle, pero si quiera eso fue lo más impresionante. El modo en el que se observaron habló más en silencio que en voz alta.

Por un segundo me pareció ver que regresaban a aquellos días en el que el amor era más grande y fuerte que cualquier otra cosa.

—Sebastian… —murmuró ella, como si su mundo entero se redujera a la mera existencia de ese hombre.

Preferí darles ese momento a solas.

. . .

Bella

Me aturdieron las ganas de saltar sobre él y abrazarle hasta que su piel y la mía fuesen una misma, pero no me atreví, tan solo me incorporé acompañada de una creciente emoción recorriéndome las venas y que inmovilizaba partes de mi cuerpo como si hubiese perdido absoluto control de ellas.

Era como si su sola presencia entumeciera de tajo mi sistema.

Él, por el contrario, dio un paso al frente cargado de timidez y seguridad a partes iguales. Tampoco se negó a regalarme una silenciosa y tierna mirada antes de capturar mi rostro y pegar su frente a la mía.

Ahogué un jadeo y cerré los ojos de pura conmoción. Nunca habíamos sido tan nosotros como en ese segundo. Nunca habíamos proclamado el amor que sentíamos el uno por el otro con un acto tan pequeño como ese.

Tuve un escalofrío al saber que respirábamos del aire del otro, pero ese hecho se intensificó cuando decidió abrazarme en un protector y caluroso contacto.

No impuse resistencia. No cuando necesitaba aquel abrazo del mismo modo en el que me urgía respirar. Fue como si hubiese estado esperando décadas por ello y mi cuerpo respondía únicamente como solo sabía hacerlo cuando se trataba de él.

Así que solo me abandoné a él.

A su piel.

A su aroma.

A todo lo que lo convertía en hombre. Entonces permití que abrazara mi temor a perdernos.

—Sebastian, yo… —susurré, pero él me silencio con un pequeño siseo.

—No digas nada, por favor… no ahora que te tengo en mis brazos.

Me procuré al silencio.

Me procuré a sus dedos recorriendo la piel de mi espalda en una caricia tan ardiente como intima.

. . . 

¡Recuerden que pueden seguirme en mi pagina de face book para obtener todos los detalles importantes de esta historia! Estoy como miladys caroline.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi
Komen (2)
goodnovel comment avatar
Joana Zamora
que tristeza la historia de Bella, ella es fuerte y no merece sufrir por la muerte de nadie, debe de ser fuerte y protegerse con el amor de Sebastián, ojalá que cambie su autodestrucción, porque eso solo les dará la victoria a Sandro, a su padre y a la doctora resbalosa
goodnovel comment avatar
Erika Villegas
Sebastián hola ............ espero que Bella reaccione porque los esta afectando a todos ......
LIHAT SEMUA KOMENTAR

Bab terbaru

  • La pasion del mafioso   El hijo del italiano... la mafia

    Hola, querido lector. Te agraedzco que hayas llegado al final de la historia de Isabella y Sebastian, ahora me gustaria invitarte a leer la de Emilio & Grecia en "El hijo del italiano" la encuentran en mi perfil y habrán apariciones de algunos de NUESTROS MAFIOSOS y sus chicas en algunos capitulos como personajes secundarios. ¡No pueden perdersela! Tendrán una aparición muy buena para la trama. El hijo del italiano está es una historia de romance erotica, embarazo, amor-odio entre los personajes, pasión desbordante, sin límites. Una historia que te hará desear estar dentro de ella Pueden encontrarme en mi página de face book para más detalles, adelantos e información sobre este libro; estoy como Miladys Caroline Un abrazo, mila :)

  • La pasion del mafioso   EPÍLOGO: El heredero de la mafia

    Sebastian Los chicos volaron a Viena para principios de febrero. Fue una sorpresa, Isabella no tenía si quiera idea de que volvería a tener a sus amigas y hermanos al alcance de una reconfortante caricia. Enzo trajo consigo a su chica y a sus dos pequeños hijos; la había mantenido lejos de la mafia todo este tiempo. Luigi, por su parte, batallaba con las secuelas que había desarrollado la joven rusa luego de haber permanecido secuestrada por demasiado tiempo. Su relación era lenta pero iba por buen camino. Katherina había aceptado la invitación sin ningún problema, agradecida por lo que habíamos hecho por ella y su hija. Rigo fue el primero en recibir el contacto de Isabella. Se habían mirado fijamente a los ojos y compartieron en silencio el inmenso cariño que sentía el uno por la otra. Mis padres se unieron a nosotros dos semanas después, cuando los últimos días de invierno parecían casi inexistentes. Ya pronto se asentaría una brisa primaveral y podríamos disfrutar de la hierba

  • La pasion del mafioso   62. El uno para la otra

    SebastianLa última semana Isabella había experimentado la calma en toda la extensión de la palabra. Finalmente sabía lo que era sentirse desprovista de cualquier miedo y dolor.Una noche, cobijados en una de las hamacas de la terraza y bajo las estrellas de un cielo Austriaco, habló conmigo.Me dijo que las pesadillas habían cedido en casi su totalidad, que yo veía el cuerpo de Sandro desprenderse de su propia mano y que tampoco sentía la necesidad de recurrir a los fármacos para conciliar el sueño. También me dijo que le alegraba respirar aquella clase de normalidad en la que ninguno de nuestros enemigos tenía acceso a nuestras vidas.La trivialidad era una buena terapia y a mí me gustaba estar a su lado para percibir de cerca su proceso.Me conto que a veces, cuando se miraba al espejo y me cazaba observando su cuerpo desnudo a través del reflejo, una parte de ella se avergonzaba. Todavía no estaba lista para volver a entregarse.Me gustó su sinceridad, por eso fui incapaz de tocar

  • La pasion del mafioso   61. Un hijo mio...

    CarloHabía pasado una semana desde que todo había quedado atrás.Stella tuvo una muerte de la que su padre se sintió aborrecido y su madre decepcionada. Esta última creyó conveniente entregarme un sobre sellado que terminé de abrir cuando estuve a solas dentro del auto.« Está en Barcelona. Por favor, hazle crecer como un Ferragni » describía la carta.Sonreí, y tan enorme fue la sensación de bienestar recorriendo mi cuerpo que no pude evitar que los ojos se me empañaran.Seis jodidos años perdidos.Iba a recuperarle, seguro estaba de ello.Encendí el motor del auto y emprendí camino a la casa del lago. Antes me detuve en un pequeño mercado de flores.. . .Llegué justo al tiempo que atardecía.El cielo se había cubierto de púrpura y estrellas para las vísperas de año nuevo. Empujé la puerta y esta hizo un pequeño chasquido interrumpió el silencio. Mauro y Analía se habían llevado al pequeño Alessandro a dar un paseo, así que Gia y yo teníamos un par de horas para nosotros solos e ib

  • La pasion del mafioso   60. Viena, Austria

    SebastianMis abuelos paternos tenían una casa de campo en Viena. La había heredado con apenas doce años, justo en el instante en el que presencié una muerte. La propiedad estaba rodeaba de hectáreas verdes, contigua a las pequeñas casas de los agricultores.Cerca de allí, también se encontraba una pista de aterrizaje privada en la que aterrizaríamos sin ningún problema.Miré a Isabella.Ella no hizo más preguntas respecto a nuestro repentino e inesperado viaje. La verdad es que yo llevaba planeándolo justamente para su cumpleaños; sin embargo, los acontecimientos de los últimos meses complicaron las cosas.Apreté su mano. Todavía seguía contrariada con lo sucedido hace un par de horas, así que esperaba que cambiar de aires aliviara un poco.—Señor, ¿están listos para el aterrizaje? —preguntó la azafata regresando de la cabina.Isabella tembló bajó mi contacto y yo besé el dorso de su mano.— ¿Estás lista, mi amor?—Lista.Cerró los ojos y sonrió.. . .BellaTodavía temblaba cuando S

  • La pasion del mafioso   59. Un golpe seco... crudo

    GiaDasha se había quedado dormida en el regazo de su madre minutos después de que el doctor informara de que la bala no había tocado órganos en el cuerpo de Luigi que pusiesen en riesgo su pronta recuperación.La zona había sido acordonada y algunos efectivos de Vicenzo Costa hicieron las preguntas pertinentes para guardar las apariencias.A veces me asombraba el nivel de influencia que gozaba la familia. Y es que la mafia te daba acceso a cosas que incluso podrían parecer imposible desde una perspectiva ajena.Entraba la media noche cuando miré a Mauro acercarse.— ¿Por qué no descansas un poco? —me dijo—. Hay dos habitaciones disponibles en el área para disposición de la familia.Sonreí en cuanto sus ojos se posaron en nuestro hijo. Estaba en su carriola; besó su frente y le acarició la mejilla con el dorso de los dedos.—Creo que te tomaré la palabra.Y a punto estuve de hacerlo cuando una extraña sensación se arremolinó en mi vientre.—Gia, ¿estás bien?No, no lo estaba y él no t

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status