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Capítulo 23

last update Fecha de publicación: 2025-01-17 00:52:32

—Hemos estado revisando los detalles del trato con los cárteles. —La voz de Alexey se mantuvo firme mientras señalaba los documentos frente a él. —Las negociaciones avanzan, pero requieren un toque final. Uno que tú, Dominika, estás perfectamente capacitada para manejar.

Un silencio cayó sobre el salón mientras procesaba sus palabras. Sabía lo que significaban antes de que él lo dijera.

—¿Qué quieres que haga? —pregunté con un tono neutral, aunque mi mente ya anticipaba su respuesta.

—Quiero qu
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    Esa noche, el aire en el apartamento estaba cargado, denso como una tormenta a punto de estallar. Nos habíamos refugiado allí después del caos en el club, con los documentos en mano y las marcas del enfrentamiento aún visibles en nuestros cuerpos. Mis manos temblaban ligeramente mientras revisaba los papeles, pero no por miedo. Era la adrenalina, el eco de todo lo que había sucedido horas antes y el peso de saber que apenas habíamos arañado la superficie de lo que los polacos y la Yakuza estaban planeando.Alonzo estaba sentado en el borde del sofá, con una camisa blanca que ahora estaba manchada de sangre en el hombro derecho. La herida no era grave, pero cada vez que lo veía mover el brazo, un nudo de preocupación se apretaba en mi pecho. Me acerqué con el botiquín que habíamos encontrado en uno de los armarios, obligándolo a mirarme.—Quítate la camisa. —dije, tratando de mantener mi tono neutral.Él me miró, sus ojos oscuros cargados de algo más que cansancio. Sin decir una palabr

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    Las siguientes horas a la fiesta transcurrieron con una calma engañosa. Después del baile, Alonzo desapareció entre la multitud, dejando tras de sí una estela de emociones que todavía me pesaban en el pecho. Yo, por mi parte, mantuve mi compostura mientras Lorenzo me presentaba a más invitados. Sus palabras eran siempre medidas, pero sus ojos reflejaban una constante evaluación, como si estuviera midiendo cada una de mis respuestas, cada gesto.Cuando los últimos invitados se retiraron y la villa quedó en silencio, Lorenzo nos convocó a Alonzo ya mí en su estudio. Era una habitación elegante, con paredes cubiertas de estantes llenos de libros y un escritorio de madera oscura que dominaba el espacio. Lorenzo estaba detrás del escritorio, con un vaso de whisky en la mano, mientras Alonzo se mantenía de pie a mi lado, con los brazos cruzados y una expresión que era imposible de leer.—Fue una velada interesante. —comentó Lorenzo, dejando su vaso sobre el escritorio. —Pero lo más interesa

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    La villa en las afueras de Lyon estaba envuelta en un aire de expectativa. A pesar de la aparente calma del paisaje, donde los árboles se mecían suavemente bajo el viento y el sol brillaba con una intensidad dorada, yo sentía un peso constante en el pecho. La boda estaba a días de distancia, y cada momento parecía una cuenta regresiva hacia lo inevitable.Alonzo estaba sentado en una de las terrazas, mirando el horizonte con una expresión pensativa. Era una rareza verlo así, lejos del control absoluto que siempre emanaba. Algo en su postura, con las manos cruzadas frente a él y la mirada fija en el vacío, me hizo acercarme.—¿Siempre luces tan dramático cuando piensas? —pregunté, mi tono ligero pero cargado de curiosidad.Él levantó la vista, y una pequeña sonrisa cruzó sus labios.—Solo cuando estoy decidiendo si saltar de este acantilado.—¿Crees que sería más fácil que casarte conmigo?—No lo sé. Saltar parece menos aterrador.No pude evitar sonreír ante su respuesta, pero también

  • La princesa de la Mafia   Capítulo 33

    El jet privado aterrizó en suelo francés al amanecer, rodeado por una neblina que parecía reflejar la incertidumbre que todos llevábamos encima. Alexey Volkova, mi padre, había convocado una reunión de emergencia en una villa discreta en las afueras de Lyon, lejos de las miradas curiosas y del alcance de nuestros enemigos.El ambiente en la villa era tenso desde el momento en que llegamos. Los miembros más cercanos de la Bratva ya estaban allí, junto con representantes de otras facciones menores que habíamos logrado atraer a nuestra causa. Vicente estaba en la sala principal, supervisando los preparativos, mientras Alonzo y yo entrábamos detrás de mi padre.El salón, decorado con un lujo sobrio, tenía un aire solemne. En el centro, una gran mesa de roble estaba cubierta de mapas, documentos y pantallas mostrando las ubicaciones estratégicas de nuestras operaciones. Mi madre, Amaranta, estaba sentada junto a Nikolas y Vladimir, mis hermanos gemelos, quienes miraban a su alrededor con u

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    El viaje de regreso al refugio fue silencioso, pero no incómodo. Cada uno estaba inmerso en sus pensamientos, procesando la información que Gabriel había compartido. Yo repasaba mentalmente las rutas y nombres que habíamos visto, tratando de anticipar los próximos movimientos de los Cuervos y los polacos. Alonzo, sentado junto a mí, mantenía su mirada fija en la ventana, aunque su postura delataba la tensión en su cuerpo.Cuando llegamos, las luces del refugio brillaban tenuemente en la distancia. Era una casa modesta, lejos del lujo que me rodeaba en La Fortaleza, pero lo suficientemente segura y discreta para nuestras necesidades. Alonzo fue el primero en bajar del auto, y yo lo seguí, ajustando el abrigo que llevaba.Dentro, la sala principal se había convertido en un centro de operaciones improvisado. Mapas, teléfonos y computadoras llenaban la mesa central. Vicente, quien había llegado antes que nosotros, levantó la mirada cuando entramos.—¿Qué averiguaron? —preguntó, y su tono

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    Alonzo caminaba a mi lado, su presencia inconfundible, incluso entre la multitud de rostros desconocidos. Sentía su mirada sobre mí cada vez que desviaba la vista, como si estuviera asegurándose de que no me alejase demasiado de su alcance.—Relájate. —murmuré mientras tomaba una copa de vino que un camarero me ofrecía. —Me estás poniendo nervioso.—Tú no estás nervioso. —respondió con una leve sonrisa. —Pero alguien tiene que estar alerta por los dos.—Confía en mí, Alonso. Sé lo que hago.Su mirada se suavizó, pero no respondió. En lugar de eso, su atención se desvió hacia un hombre que se acercaba a nosotros. Era alto, elegante, y su sonrisa tenía una seguridad irritante que hizo que mi piel se tensara.—Dominika Vólková. —dijo extendiendo una mano. —Un nombre tan fascinante como la mujer que lo lleva.Acepté su mano con una sonrisa medida, sintiendo cómo Alonzo se movía un poco más cerca.—Espero que mi reputación no me preceda demasiado. —respondí, manteniendo el tono ligero.—Oh

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