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Capítulo 151

Autor: Yamila Rivera
Luego Julieta rodeó a Héctor y caminó hacia adelante.

Temía que, si seguía hablando con él un segundo más, terminaría tan furiosa que le daría un infarto.

De repente, Héctor le dijo:

—¿Conoces a alguien llamado Julieta?

El corazón de Julieta se contrajo con fuerza. Una repentina inquietud le recorrió el pecho.

Respiró hondo en silencio, se volvió y lo miró con calma, el rostro frío.

—¿Necesitas que lo repita? No tengo nada que hablar contigo.

Después se alejó rápidamente.

No fue hasta que estuvo
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  • La señora no perdona al infiel   Capítulo 1169

    En ese momento, Héctor dijo de pronto:—Estoy por la calle Loma Serena.Julieta se quedó inmóvil un instante. Habían pasado por esa calle el día que regresó a Cumbres del Valle y no estaba muy lejos de ahí.Respiró hondo.—Entonces ven. Pediré que te preparen una sopa caliente.Héctor respondió con total naturalidad:—Voy para allá.Menos de veinte minutos después, el carro se detuvo frente a Cumbres del Valle.Héctor entró a la sala. La casa estaba muy silenciosa. Julieta bajaba por las escaleras con un vestido rosa largo que apenas dejaba al descubierto sus tobillos blancos y delicados. Llevaba unas pantuflas.Su largo cabello caía suelto alrededor de su rostro de facciones delicadas y suaves.La cálida luz que la envolvía hacía que se viera todavía más dulce.Aunque estaban separados por cierta distancia, Héctor creyó percibir el agradable aroma de su cuerpo. Avanzó para recibirla.Julieta lo observó. El traje gris realzaba su figura alta y su porte sereno. No parecía mareado

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    Gael también los vio.Sergio se detuvo frente a él y lo miró a los ojos.—¿Podemos hablar a solas?La mirada de Gael pasó por Héctor antes de volver a Sergio. No se negó.—De acuerdo.Los dos salieron del salón y Héctor también fue detrás de ellos, aunque mantuvo cierta distancia. Héctor se metió las manos en los bolsillos y se recargó contra la pared.Desde ahí no podía escuchar lo que decían.Sergio preguntó:—¿Qué le dijiste a Noemí?Gael lo miró con serenidad.—Ustedes nunca debieron involucrarse. Tú tienes mejores opciones. Noemí y tú no son compatibles.—¿No piensas responder mi pregunta?—No importa lo que le haya dicho. Tú y Noemí nunca podrán estar juntos.Sergio apretó los puños y su mirada se ensombreció.—¿Qué es Noemí para ti? ¿Una mascota que criaste?A pesar de la pregunta, el rostro de Gael no mostró la menor emoción y sus ojos permanecieron imperturbables.—Deja de aferrarte a ella.—El que se aferra eres tú.Gael no dijo nada más y pasó junto a él. Cuando llegó a l

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    Emanuel se rio.—Bueno, te dejo. Acuérdate de revisar el archivo que te mandé y respóndeme cuando termines.Luego colgó.Héctor dejó el celular, tomó el mouse, abrió su correo y revisó el archivo que Emanuel le había enviado.***A las seis de esa tarde, Héctor asistió a una recepción. Como llegó temprano, todavía había poca gente en el salón.El anfitrión se acercó a recibirlo. Se trataba de un pequeño coctel organizado por una persona con muchos años de experiencia en el sector financiero y de inversiones.Cuando envió las invitaciones, ni siquiera imaginó que Héctor asistiría en persona.Durante la conversación, el anfitrión notó claramente que Héctor estaba de muy buen humor. En aquellos círculos, todo el mundo sabía que el conflicto de la familia Quiroz había ocasionado pérdidas considerables a Grupo Central. Sin embargo, por la actitud de Héctor, parecía no darle ninguna importancia. Nadie sabía qué podía haber sucedido para que incluso aquello dejara de importarle.Mientras

  • La señora no perdona al infiel   Capítulo 1166

    Julieta se sorprendió un poco al escucharlo.—De acuerdo.Sofía también se quedó. Como al día siguiente tenía clases, Héctor haría que llevaran su mochila a la escuela.Julieta acompañó a Héctor hasta la puerta y le advirtió:—Ten cuidado en el camino.Héctor dio un paso hacia ella, le sostuvo la nuca con una mano, bajó la cabeza y la besó.—Acuérdate de llamarme.Julieta alzó la vista hacia él.—¿Para qué voy a llamarte si no pasa nada?—Puedes preguntarme si ya comí, si tomé agua o si dormí. También puedes preguntarme qué estoy haciendo o si me siento mal.Julieta tuvo ganas de poner los ojos en blanco.—Yo te veo perfectamente bien.—¿Y si mañana ya no estoy bien?—¿Y con que te pregunte una vez te vas a recuperar?Héctor sonrió.—Tal vez.Julieta respondió:—No sabía que tenía tanto poder.—Nunca es tarde para descubrirlo.Sofía, que estaba a un lado, se cubrió la boca para contener la risa.Héctor soltó a Julieta y se agachó frente a Sofía.—¿De qué te ríes?—Eres muy infantil.H

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    Julieta frunció ligeramente el ceño.¿Por qué sentía que él la estaba tratando como a una niña?—¡Qué infantil!Héctor soltó una risita.Julieta se levantó para ir a ver a los gatos y Héctor la siguió hasta la habitación. En cuanto Julieta los llamó, los dos animales se detuvieron un instante.Después corrieron hacia ella con la cola en alto, maullando y frotándose contra sus piernas.Julieta se agachó y los gatos se echaron para dejarse acariciar. Ella miró a Héctor y alzó una ceja.—Mira qué lindos son.Héctor se inclinó para ayudarla a levantarse.—No estés agachada tanto tiempo.Julieta se puso de pie.—Quiero llevármelos a casa.Sin embargo, Héctor no estuvo de acuerdo.—Podrían arañarte al menor descuido. Cuando los extrañes, puedes venir a verlos. Si después de que nazca el bebé todavía quieres llevártelos, entonces te los llevas.Julieta solo lo había mencionado al pasar. Como Héctor se negó, tampoco insistió.Julieta dejó salir a los gatos y jugó un rato con ellos usando un

  • La señora no perdona al infiel   Capítulo 1164

    Aun así, Julieta se daba cuenta de que Jimena no le había contado toda la verdad.Por ejemplo, ella no sabía cómo había terminado casándose con Héctor ni qué había ocurrido entre los dos.Si de verdad se llevaban tan bien, ¿cómo era posible que ella le hubiera ocultado a Héctor que estaba embarazada?Al notar que Jimena evitaba aquellos temas a propósito y desviaba la conversación hacia el bebé, no insistió.En realidad, tampoco tenía mucho sentido seguir indagando en el pasado. Lo más importante era el bebé.Ella tenía que dar a luz sin ningún contratiempo.Mauricio también subió para conversar un rato con ella. Salvo por no recordar el pasado, Julieta se encontraba perfectamente bien en todos los demás aspectos.En ese momento, la niñera subió para avisarles que uno de los gatos había arañado a Héctor.Jimena preguntó:—¿No estaban encerrados en su habitación?La niñera dijo:—Héctor entró a jugar con ellos.Jimena frunció el ceño. Jairo tampoco se había quedado abajo para acompañ

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