FAZER LOGINOrlando, no podía quitar la cara de tristeza de ella, verla con los ojos rojos e hinchados, algo de su interior se conmovió. Nunca pensó que después de tantos años, se preocupará por una mujer, dejó todo aquello atrás.
En su casa en el jardín, con sus amigos desayunaban. Orlando quería contarles, pero no sabía cómo decirles, ellos se alegrarían pero como explicarlo. En su mente estaba ella, no salía de su cabeza.—¿Qué te pasa? — dijo Franco, al verle tan pensativo.—¿Estaría traicionando a Florencia, si otra me cautiva? — todos les miraron, sonrieron después de todo, su amigo miró a otra mujer.—No, ella estaría feliz al saber que puedes rehacer tu vida. — Orlando negó.—No, no, lo que yo quiero con esa mujer es que sea mi sumisa 6 meses. — Enzo arrugó su ceño. —Me gusta, porque es inocente, inexperta y muy sexy.—¿Y por qué no hablas con ella? — preguntó está vez Maurizio.—Se lo propuse, le di el contrato, pero me vio con otra. — sus amigos escuchaban. —Me dijo que las mujeres no era objetos y que tenían corazón.Realmente él no pensaba así de las mujeres, él estuvo casado y si no estuvo con alguien en este tiempo, es porque aún no estaba preparado.—Tú no eres así, tú eres de los que dice, “las mujeres son independientes, unas joyas que debes cuidar y proteger” — dijo Enzo. —Tal vez la chica no crea en los hombres.—Si, pero ella no me ve así. No sé cómo haré para que sea mi sumisa. — bebió un trago de su café.—Haz un trato, no sé, investígala tal vez hay algo que ella tenga. — el italiano miró a su amigo.—Eso es algo cruel, ¿No crees? — Franco levantó sus hombros.—Si la quieres como tú sumisa, es la única manera. — Orlando proceso las palabras de su amigo, talvez tendría razón.A lo mejor era la mejor manera, la única forma de tenerla como él la quería, pero… la pregunta era, ¿Por qué quería romper su inocencia? Ni él mismo sabía porque, esa inocencia que él quería romper, le llamaba mucho la atención y quería corromperla.—Tienes razón. — sonrió. —¡Matt! — llamó a su escolta.El escolta no demoró mucho en llegar, cuando llegó a jardín, se puso al lado de su jefe.—¿Me llamaba, señor. — el italiano asintió.—Si, necesito para hoy toda la información de la señorita, Alessandra Espósito. — el chico asintió y salió del jardín.Hoy podría que ella aceptará el contrato y por fin podría tenerla como tanto ansiaba el mafioso.<Cuando llegaron a Sicilia, Orlando llevaba a su hija cogida de la mano. Entraron en la casa, la niña estaba nerviosa y callada. Orlando la miraba aún no creía que su pequeña estaba viva, iría a por Alessa y se lo diría. Orlando las llevó al salón y la sentó en el sofá, Orlando se puso a su altura. —Yo voy hablar con Alessa y ella será una mami para ti. — la acarició la mejilla.El italiano subió las escaleras y cuando abrió la puerta, la pelirroja no estaba en la cama. Escuchó en agua del baño y fue directo hasta allí. Pero antes de que pudiera abrir, esta fue abierta y Alessa salió pegándose un susto. —¡Joder amore! Que susto. —él sonrió. —¿Cuando llegaste? —le abrazó por el cuello. —Ahora mismo, necesito decirte algo. —ella asintió con el ceño fruncido, la llevó hasta la cama y la sentó. —¿Recuerdas cuándo te dije que iba a ser papá? —ella asintió. —Pues... Me acabo de enterar que ella está viva. —Alessa abrió sus ojos como platos. —Se llama Sarah y tiene 9 años. —la pelirroja l
Habían pasado unas semanas, Orlando y Alessa estaban mucho mejor, más felices que nunca. Sus bebés crecían de maravilla y muy sanos, Alessa había subido un poco se peso, pero hacía ejercicio. Orlando estaba lleno de felicidad y no podía ocultarlo, en su cara se reflejaba la alegría. Cuando perdió a su hija, lo destrozó y lo perdió todo. Pero la vida le había regalado dos bebés, dos hermosos bebés, que crecían en el vientre de su bella pelirroja. Y está vez iba tener cuidado, mucho cuidado, confiaba en ella ciegamente. Hoy tenía que estar en el club, Alessa dejó de trabajar en el local como camarera. Esta también mandaba y daba órdenes, nadie se atrevía a levantarla la voz o acosarla. Era la Mujer del dueño y tenían que respetarla. Eran las 3:00 de la madrugada y la música del club se escuchaba, Pero él estaba en su Oficina sentado, mirando unos papeles. Alessa entró al local, su vientre ya se notaba, no mucho, solo un poco. APero al llevar dos bebés, el vientre era más grande. Cam
La pareja salió de la consulta felices, pero callados. Orlando aún no se creía que iba a ser papá de mellizos, no podía ocultar su felicidad y lo iba a ser con su bella pelirroja. La cogió de la mano y la besó el dorso de este, la puso en frente de él. —Me has hecho el hombre más feliz del mundo. — ella sonrió. — La vida me ha regalado, lo que yo perdí hace tiempo y un regaló muy hermoso. —Mi amor, éstos bebés te amaran incondicionalmente y la vida nos regaló estos maravillosos bebés por tu dolor. — la besó. —Grazie amore mio. — Alessa le besó y entraron en el auto, rumbo a la casa. — Hoy podemos cenar con todos y darles la noticia. —Me parece una maravillosa idea. — lo apoyó con una sonrisa. —Alessa, vive conmigo. — ella arrugó su ceño. — vivamos juntos como una pareja. —Orlando, pero si prácticamente vivo contigo. — sentenció. — Pero si, me gustaría vivir contigo. —Ti amo. — la besó el dorso de la mano. Cuando llegaron a la casa, ella fue directamente a llamar a su hermano y
Los chicos se estaban preparado, irían a donde estaba Florencia, su tortura comenzaba ahora. Pero lo que ella no espera, que Alessandra era la hermana de los Ricci. Su final tal vez llegaba hoy, Orlando no la iba a perdonar todo lo que le ha hecho, todos irían a la cabaña a por ella y hacerla sufrir. Salieron de la mansión y subieron al todo terreno, rumbo a la cabaña de. Florencia parecía estúpida, creyendo que se iba a burlar de los líderes. Iban a torturarla hasta hacerla agonizar, tocó lo que Orlando amaba. Cuando llegaron, los seis bajaron del auto, caminaron hasta llegar a la puerta, Orlando miró por la ventana y la vio sentada viendo la televisión. Miró a sus amigos. Paolo y Enzo, fueron por la parte trasera, Franco y Maurizio, fueron por la puerta de la cocina, Orlando, Giovanni y Mariano, se quedaron en la puerta principal. Giovanni tocó a la puerta y Florencia no tardó en abrir. Cuándo les vio, abrió sus ojos sorprendida, más bien asustada. No podía creer que la encontrar
Orlando estaba súper feliz de saber que sería padre, después de perder a su hija. Todo lo tenía perdido, pero la noticia, le emocionó y no se lo esperaba. Alessa era la mujer de su vida, comprendió que Florencia fue un tropiezo en su vida. Una mujer que le enseñó, el engañó y la traición. Era una mujer soberbia y malévola, era el diablo vestido de mujer. Era bonita y con ella tuvo algo... "Bonito" le iba a dar una hija. Pero tuvo el poco corazón de matarla, esa niña que ahora tendría 8 años. Pero alessa lo cambió todo, le daría un bebé. No le importó estar enfermó, se levantó de la cama o lo Intentó, Alessa se lo prohibió. Orlando estaba pálido, con ojeras. La pelirroja se sentó en el borde de la cama y le puso un trapo húmedo en la frente y sintió la mano del italiano en si vientre.-Aún no se nota. - dijo él, ella sonrió y negó. - ¿Qué deseás que sea?-Me da igual, yo solo deseo que nazca sano y fuerte. - respondió y él mordió su labio.-Se me van hacer muy largo éstos meses. - dijo
Los hermanos ya podían entrar a ver a su hermana, abrieron la puerta y vieron a Alessa dormida boca arriba. Tenía una vía en su antebrazo, unas pequeñas máquinas en su vientre, para ver los signos vitales del bebé. Ellos se acercaron a ella y la cogieron de la mano, dormía profundamente.—¿Creés que ella se emocionará? — preguntó Giovanni mirando a Mariano. — ¿Creés que aceptará estar embarazada? —Si, claro que sí. — respondió. — Ella aceptará a su Piccolo.En ese momento, Alessa iba despertando. La costaba abrirlos, cuando por fin los pudo abrir, vio las paredes blancas, miraba por todos los lados y se encontró a sus hermanos.—Ciao Piccola. — saludó Giovanni con una sonrisa. —¿Como te sientes?—Bien, con un poco de dolor pero bien. — respondió. —¿Lleváis mucho aquí?—Mas o menos. — los hermanos se miraron. — Quiero que nos cuentes, quién re hizo ésto.—Fue ella, la esposa de Orlando. — ellos arrugaron su ceño. — Estaba haciendo la maleta, ella pasó y por detrás me apuñaló. —¿Flore







