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La terapeuta del Alfa
La terapeuta del Alfa
Autor: MuSubi GR

Impotencia

Autor: MuSubi GR
last update Fecha de publicación: 2023-11-12 14:09:59

—No sé por qué sigo perdiendo el tiempo contigo, seis meses sin ningún maldito resultado — Conan estaba apelando a una ridícula opción, después de ver qué ningún método científico podía resolver su problema, le hablaron de una tontería, su disfunción era causada por algo que solo habitaba en su cabeza.

Así que busco en el directorio al psiquiatra mejor calificado, el nombre de Jena resplandeció como si algo mágico hubiera iluminado su nombre en el directorio. Ahora estaba totalmente arrepentido de haberle contado todo de su vida a una doctora que después de varios métodos y tratamientos no había resultado nada bien.

—Si los médicos no encuentran la causa de tu impotencia debes encontrar tú la causa, ¿hay algo que no me has contado?

Si, existía algo que no podía revelar, su verdadera naturaleza, que su manada estaba por cortarle la cabeza y a pesar de un maldito año aún esperaba que Débora volviera, todavía la amaba.

Frotó la sien tratado de mitigar el dolor en su pecho, observo con una mirada sombría a su terapeuta.

Esa mujer era una diosa, sus largas y gruesas piernas, unas prominentes caderas, la cintura más fina que había visto y unos pequeños pero bien formados pechos. Su cabello negro y largo, hermosos ojos azules y sus labios. Unos carnosos y apetitosos labios rojos.

A pesar de notar cada semana su belleza no existía mujer que despertara si apetito.

—Creo que no existe persona en esta tierra que no sepa tanto de mi vida como usted. Y no ha servido de nada exponerme de esta manera, dejaré de asistir a esta tontería. —Sentencio

Jena respiro profundamente, las secciones con su paciente más difícil hasta ahora se estaban convirtiendo en una total tortura. Era testarudo y arrogante nunca lograba hacerlo cambiar de opinión o hacerle entender, era una piedra dura y difícil de penetrar.

—Si eso es lo que cree mejor, no le pediré que continúe su terapia, sé que puedo lograr libéralo de lo que sea que le tenga atado, pero usted…

Con dificultad lograba calmar todos los pensamientos en su cabeza, controlar el libido que Conan provocaba en ella, deseaba demostrarle que no se trataba de él, si no de la mujer que estaba a su lado quien no sabía seducirlo adecuadamente.

Pero romper esa delgada línea de profesionalismo no lo valía con ese hombre tan terco.

—¿¡Atado!? Soy maldito hombre libre ni siquiera pude quedar atado a mi esposa, lo lamento pero no colocaré una calificación positiva en su expediente…

—No es mi culpa usted es testarudo, arrogante y completamente obstinado, quiere curarse y… ¿al menos ha intentado estar con alguna mujer?

Maldición, el aire se cortó con una fina y filosa tensión entre ambos.

—¿Conan?

—No pienso pasar un ridículo más.

—Como piensa probar que ya ha conseguido recuperar su capacidad para satisfacer a una mujer. ¿Al menos usted ha intentado satisfacerse a sí mismo?

—¡¡No funciona!!— cada noche soñaba con su esposa la mujer que amaba, pero sus pensamientos no le removían el mínimo deseo, ni siquiera el recordar las noches de fuego que vivieron mucho antes de su accidente.

—Si está seguro que esto no funciona entonces ¿por qué me hace perder mi tiempo con un chiquillo como usted?

Enfadado por su reto camino directo hasta su sofá, coloco las manos en cada respaldo y se inclinó frente a ella. Se miraron fijamente y una chispa estallo entre ambos, le gustaba esa mujer era llamativa, era sensual la respiración que ejercía ahora que estaba junto a ella.

—¿Y si lo intento ahora, con usted? —propuso con un tono seductor, Jena abrió los ojos con asombro, su corazón palpito con fuerza la voz se le apagó con una corriente de nervios y deseo, que viajó por su piel.

Conan le hacía sentir empatía, provocaba en ella un empeño de ayudarlo como si a veces le tuviera lastima. Pero nunca imagino cruzas algún límite con él ahora esa idea se plantó en su mente como una especie de reto.

Algo era cierto, el miedo de no funcionar lo había privado de intentarlo.

—Tiene razón — se acercó aún más a ella su mejillas se acariciaron para susurrarle al oído —, le demostraré que usted es una incompetente y que debería dedicarse a otra m*****a cosa.

Jena apretó las manos en el cojín que estaba bajo de ella. Le dirigió una mirada a sus hermoso ojos, tan lindos y asombrados que casi lo enternecieron.

La huida de Conan se puntualizó con un fuerte golpe de la puerta al salir. Jena brinco en su sofá bastante perturbada por las actitudes de su paciente.

Soltó un profundo respiro, ese hombre provocaba en ella fuertes reacciones como un volcán en erupción esa enorme bestia y testarudo le hacía enojar, era insufrible.

Nunca había fallado con un solo paciente y este no sería la excepción. Estaba segura que después de que se le bajara los demonios, volvería a buscarla como un cachorro arrepentido.

Todos volvían.

Tania su secretaria llamo a la puerta del consultorio

—¿Todo bien?— la actitud arrebatada del hombre le intuyo algún peligro, y entro para asegurarse que su jefa se encontrará bien, Jena le dijo que si solo con un gesto.

Enseguida Tania se dio la vuelta y volvió con un enorme ramo de flores esperando que le borrará el mal trago que acaba de pasar, esto era cada vez más inquietante.

Alguien que no se atrevía a dar la cara le enviaba flores, chocolates, era interesante al inicio hasta que se tornó perturbador.

Llamadas en mitad de la noche donde al responder solo escuchaba la respiración agitada de un hombre, mensajes donde le halagaba su ropa o el modo en que había recogido su cabello. Y obsequios a su hogar que cada vez se volvían más incomodos. Látigos, esposas y objetos de placer que jamás había utilizado ni en sus sesiones de autoayuda en parejas.

Al leer la tarjeta le pidió a Tania que se llevará el ramo de flores y lo tirara a la basura, estaba inquieta y considerando seriamente contratar algún tipo de seguridad.

Ya había optado por una denuncia pero sin un nombre, un domicilio o una sospecha no había caso que investigar o perseguir.

Conan salió de la clínica con una rabieta pateando un cesto de metal que terminó doblado por la mitad

Afuera lo esperaba Derek, al igual que Zac y Philip. Tres de sus hermanos, dos de ellos no conocían la condición de Conan, solo Derek estaba enterado a fondo el problema que pesaba el alfa de la manada.

—Nos vamos, —Gruño, con mayor furia con la que salió la frustración y la impotencia lo enfurecían convirtiendo le en una fiera casi sin raciocinio.

—Que sucedió acabaste con tu maldición —Pregunto Derek en voz baja y así mismo respondió Conan

—Lo vamos a comprobar está noche — alzó la voz para animar a los otros dos —, busquemos un lugar donde podamos tomar unos tragos muchachos.

Esas palabras no salían de la boca de Conan desde hace tanto tiempo, que la alegría y euforia estallo con gritos de jubiló, Zac y Philip chocaron palmas y luego hombros en señal de fiesta y diversión.

—¿Estas bien? — Derek también se alegró pero era moderado al expresar sus emociones y sentimientos.

—No, y quizás nunca lo esté. — su única posibilidad de recuperar el ánimo y el sentido de la vida era el regreso de Devora.

Subieron al auto un convertible rojo, rugiendo el motor pisaron hasta el fondo, soltando la música en volumen alto.

Entraron en un bar recomendación del mismo Derek, se acercaron a la barra para pedir una bebidas. Philip y Zac eran hermanos mellizos ambos con caracteres diferentes pero con un entusiasmo por la diversión sin control que más de una vez les metió en líos de faldas.

Tenían un gusto por compartir siempre a sus conquistas.

Sin perder el más mínimo minuto examino las posibilidades, una víctima a la cual seducir, la mayoría de las mujeres venían acompañadas. Y las pocas que encontraba libres no despertaban en él ni una pizca de deseo, no eran mínimamente atractivas.

Tomo dos tragos de golpe, no estaba cómodo o listo con la idea de tratar de seguir a una mujer. Eso lo hacía sentir mucho más furioso y violento , algo incontrolable corriendo por su sangre.

—¿Que ha pasado, la doctora no puede ayudarte? —Derek estaba en verdad preocupado por su amigo, y al ver que Philip y Zac habían encontrado una chica con la cual jugar, tuvo la oportunidad de escuchar a su amigo.

Trago tras trago pasaba por su garganta, y ninguna mujer del lugar le era atractiva. Eran todas tan… normales.

—Ha Sido una m*****a pérdida de tiempo, sus inútiles terapias auditivas, ni la hipnosis a funcionado. Discutí con esa mujer por qué asegura que sus métodos son eficaces y es mi culpa por no inténtalo.

Levanto la mano para pedir que le sirvieran más. Le dejaron la botella a petición, servía un trago y bebida de golpe, se servía más y bebía.

—¿Por eso estamos aquí? —Conan asintió con un sonido nacido en su garganta. —Entonces mi deberías beber se es manera así no funcionarás…

Derek paseo su mano frente a Conan al verlo mirar un punto fijo.

La atención de Conan se dentro en una preciosa mujer de cabello rojo que entró en el bar con un entallado vestido rosa palo. Era una ilusión o acaso su esposa estaba de vuelta

—¿Débora …?

—¿Qué?, ella no es… —Él se puso de pie tambaleándose dirigiéndose hacia ella. —¡Conan, ella no es tu esposa!

Conan se acercó y al ir observándola mejor con la luz que entraba por la puerta se percató que su obsesión lo estaba volviendo aún más demente. Al escuchar su voz y su risa despertó de ese hechizo. Era muy parecida y tal vez más hermosa.

Al estar frente a ella le pidió disculpas y prefirió marcharse antes de cometer una tontería.

—Espera — él le agrado al verlo, fuerte y atractivo. Un cuerpo robusto su cabello largo y espeso.

—Disculpa, te confundí con alguien más…

—Debe ser importante para ti si alguien que no es ella te la recuerda —tomo uno de sus mechones rizados coqueteando con él. Giro su dedo alrededor de los grupos cabellos para luego acariciar con si dedo índice su torso.

Sonrió, descubriendo lo que ya sospechaba, era una muralla de piedra ese hombre.

—Mi ex esposa… Me abandono —Arrastro su lengua observando la inquieta mano de la mujer.

Ella torció los ojos al cielo, eso era una táctica vieja, algo que le pareció un mal ejercicio de conquista, pero lo pasaría por alto por su gran atractivo y posible virilidad. Un paseo por su cama era un deseo paradisíaco.

—Bueno, me llamo Paulina y si me invitas un trago puedo escucharte y arrancarte esa tristeza.

Ella solo quería sexo y Conan cubría con la expectativa de toda mujer el hombre dominaba un porte de masculinidad y seducción irresistible.

Este era el motivo de estar aquí encontrar una conquista y demostrarle a su terapeuta que nada había mejorado en su cuerpo.

Paulina no podía esperar, tras de unos tragos más y unos cuantos minutos de aburrida conversación lo arrastrado hasta los baños del bar, atropellando la puerta y rodando contra las paredes, Paulina tenía las riendas de la pasión.

Ansiosa devorándolo como si jamás en su vida hubiera tenido sexo. Le arrancó la ropa destrozando las costuras y masajeando todo su pecho.

Algo no estaba sucedido como debía; Conan se había convertido en una mono de tela mangoneado por una ninfómana. Con su boca pegada a los labios inmóviles de el se detuvo insatisfecha abrió sus ojos.

—¿Pasa algo?— Conan estaba bastante tomado y la imagen de Paulina se duplicaba, eructo y ella se quitó a un lado

—No me provocas nada, no eres buena amante…

Paulina se sintió horriblemente ofendida, le planto una bofetada y un golpe a su entrepierna.

La chica era sensual y atrevida bastante experta en esos menesteres, pero inútil para Conan.

Salió del baño y salió del bar tambaleándose, había terminado la botella que el barman le dio, bebió hasta que sintió el estómago a reventar.

Subió al auto las luces de la noche se partían en dos y giraban aún logro conducir hasta la clínica para buscar a su terapeuta, esperaba que tuviera otros métodos más eficaces y que los aplicará con él esa misma noche.

Paso entre pacientes y enfermeras hasta el consultorio de Jena, la secretaría Tania no estaba en el pequeño escritorio para anunciarlo, dejo la botella vacía que traía en la mano, sorprendente que nadie se percatara que entrara con ella.

Se limpio la boca y abrió la puerta con un fuerte brusquedad impulso.

—¡Ya comprobé que usted es…! — La luz estaba apagada, pero con la poca luz que entraba noto un desastre en la habitación, papeles regados por todos lados, un sillón tirado con el respaldo en el piso, vidrios rotos, su olfato se activó el olor a sangre entro hasta sus pulmones.

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Último capítulo

  • La terapeuta del Alfa    Epilogo

    Phillip entro corriendo al comedor con un sobre en su mano, presuroso se lo entrego a su padre, ya que estaba dirigida a él.—¿Qué es esto? —Limpio las comisuras de sus labios con una servilleta antes de recibir el pequeño trozo de papel.—Es una carta de Kenia, está dirigida a nuestro padre —de inmediato los dos hermanos se pusieron de pie, el pelirrojo con más fervor—Ábrela hijo, y lee lo que contiene. —ordeno su padre.Derek corrió a arrebatarle el sobre a su hermano—Oye, no es para ti, tú eres el culpable que se fuera no tienes el derecho de leer sus cartas—No me molestes.

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    Cargad d un odio infinito se echó para adelante, con las únicas fuerzas que poseía le arrebataría las palabras de la boca. El odio hacia Conan no tenía limites, su corazón era una piedra y solo se manejaba por la razón y la codicia.Conan espero el golpe, suspiro observando como el débil cuerpo de Camila se acercaba a todo galope, jamás imagino que las cosas llegaran hasta este punto, en realidad no estaba seguro de cuál sería su propia reacción.Elevo la vista, Edmundo decidió con un salto enfrentarse a su hermano mayor, pero un deslumbrante lobo blanco intervino en su decisión, atacándolo por un costado embistiéndolo antes de que pudiera tocar a Conan.—¡Jena!Con un alarmante chillido cayó contra la dura tierra, giraron unos metros buscando dominar uno al otro. La mandíbula de Jena atascada sobre su cuello, sin darle libertad a Edmundo de que pudiera defenderse o contra atacar. —¡Jena detente! —el rugido de Conan se desvaneció en el espacio.Cegada por la rabia, el miedo, y la

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