LOGIN¿Qué quiere hablar Milo con Viena? ¿Y cuál será la situación con Michael, su esposa y la tal Cassandra? Las leo ;)
Viena Prince«¿Esto está sucediendo de verdad?».Miro a Milo a los ojos y siento que me derrito. En ellos no veo dudas, solo una cruda verdad que no me hace daño, pero sí me deja sin respiración.No sé cómo aceptar lo que acaba de decirme. El significado detrás de su confesión hace que las emociones exploten en mi interior, que los sentimientos crezcan y se vuelvan más intensos.Esta casa ha sido su refugio todo este tiempo, y es algo… nuestro. Al menos simbólicamente.Subo las manos a sus mejillas, y su barba ahora descuidada me pincha las palmas. Lo toco como si estuviera descubriéndolo, miro cada detalle de su rostro de esa manera que ansiaba hacerlo desde que volvimos a vernos. Él se deja, y se siente como la gloria.¿Cómo pasamos de un rencor estancado a… esto? No lo sé, pero no lo cambiaría por nada.El gris de sus ojos es hoy como el color del mar en el exterior, como esas nubes que cubren el cielo. Me pierdo en ellos y poco a poco soy consciente de que me levanto de puntillas,
Viena PrinceAbro los ojos lentamente y la luz que entra a través de las cortinas termina de despertarme. Parpadeo un par de veces, un poco desorientada, y me incorporo en la cama. O eso intento.Un cuerpo musculoso y tibio me lo impide.Miro a mi lado y el enorme cuerpo de Milo me da la bienvenida. A diferencia de mí, él no está desnudo, lleva una camiseta de mangas cortas que esconde los duros músculos que hay debajo. Su brazo me rodea por la cintura y por esa razón no logro levantarme del todo. Está profundamente dormido, boca abajo, con el otro brazo doblado debajo de la almohada. El pelo le cae desordenado sobre la frente y la manta le cubre hasta la cintura. Siento mis mejillas calentarse al recordar todo lo que pasó anoche. Sé que el vino me envalentonó, y no me enorgullezco teniendo en cuenta mis experiencias previas, pero no puedo arrepentirme de haberlo permitido, porque no sabía cuánto necesitaba sentirme así de nuevo.El recuerdo de su boca entre mis piernas regresa con c
Milo PrinceEscucho la voz de Viena y levanto la mirada con el corazón acelerado.Ella está sentada a los pies de la cama con el abrigo puesto. Sus ojos, antes cerrados, están fijos en los míos con una mirada que quisiera no poder reconocer. Pero sí lo hago. Y solo por eso, me obligo a no mirar demasiado, a mantener mi atención en su cara. Porque algo me dice que ella no lleva ropa debajo del abrigo.Un cosquilleo me recorre la espalda y me eriza todo el cuerpo. Me quedo congelado en el lugar sin saber qué hacer o qué decir ahora mismo.Sus mejillas están encendidas y sus ojos vidriosos.—Creo que te debo algo —susurra, poniéndose de pie. Sus manos se aferran al abrigo, para mantenerlo en el lugar, y trago en seco al confirmar mis sospechas.Doy un paso adelante, atraído hacia ella como una musa imposible de ignorar, pero me detengo antes de acercarme demasiado. Obligo a mis ojos a permanecer en su rostro, porque el deseo que me enciende las venas me golpea con fuerza, pero a la vez r
Milo PrinceConduzco con un suave villancico de fondo. Viena va completamente dormida en el asiento a mi lado y eso, al menos, me permite pensar. El trayecto no es largo, pero voy lo más suave y responsable que puedo, teniendo en cuenta que el clima no es el mejor para estar conduciendo.Cada año suelo hacer este viaje, aunque nunca antes lo he hecho justo este día. Desde que hace años compré la propiedad en Montauk ha sido una constante en mi vida. La casa no es enorme como la mansión donde pasamos las fiestas con mi familia, pero es justo lo que necesito cuando quiero alejarme de todo. Pocos minutos después, aparco el auto en el camino de entrada y lo apago. El silencio se hace de inmediato, solo se escucha la tenue respiración de Viena. La miro, con la cabeza recostada a mi asiento, y con un suspiro atorado en el pecho. Con los ojos cerrados y la expresión relajada, se ve demasiado dócil. Sus labios rosados sobresalen un poco y atraen toda mi atención, así como esa ligera sombra
Milo Prince No hay brindis en familia, y tampoco estoy por la labor de irme a la inmensa casa a soportar el drama o fingiendo que nada pasó. Todos se van, pero yo me quedo. No saldré de aquí sin Viena. Ella no me dijo dónde está, pero no hay que pensar mucho para saber que no ha salido del club. Ni ella ni Bianca cuentan con un auto para escaparse, y a esta hora, en esta fecha, no van a encontrar un taxi qué las lleve a donde sea que quieran ir. Por eso sé que está cerca. Y su confirmación de que está calentita me alivia un poco la ansiedad. Sin embargo, no estoy dispuesto a permanecer a ciegas. Quiero saber dónde está y tengo el plan perfecto para eso. Atravieso el club hasta la zona administrativa. Llevo años viniendo a este lugar, y no solo cuando me toca compartir con mi familia. Sé muy bien a dónde debo dirigirme para averiguar lo que necesito. En cuanto llego a la puerta que delimita con la zona de miembros, me dirijo al área de seguridad. Me encuentro frente a frente con
Viena PrinceEl vino ya me está pasando factura. La segunda botella suelta la última gota en la copa de Bianca y no dejamos de reírnos por esa estupidez.Las manos me pican con responder a Milo con un mensaje, a esa propuesta que me hizo. No tengo certeza de cuánto tiempo ha pasado y, ciertamente, me aterra un poco. Él se escuchó genuinamente preocupado, y agradable con la situación. No hubo reclamos, no hubo discusión, solo comprensión. Pero Milo nunca ha sido un bruto de manual. Me levanto de la butaca, y me tambaleo cuando la cabeza me da vueltas. Mi teléfono está escondido en lugar de la sala porque decidí que solo así estaba a salvo. Todavía podría escuchar si él llamaba, pero no sentiría la tentación de hacerlo yo.Hasta ahora. —Si vas por más vino, que sepas que ya no aguanto una gota más. Me detengo, y casi me caigo por el gesto abrupto. Me giro para ver a Bianca. —¿Ya no hablaremos más de los cucarachos que tenemos por maridos? —inquiero, con una sonrisa lenta.Ella le







