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CAPITULO 3   

Autor: Antho Mo
last update Fecha de publicación: 2022-03-03 05:05:07

Seguidamente, después de la cena todos se retiraron a la terraza, Miguel se acercó a Helena, quien dudando de sus intenciones, lo escuchó:

—Me sorprendió éste compromiso —comentó con  distante cordialidad.

—¿Por qué? —preguntó ella, con una voz hostil.

—Tú bien sabes ¡porque! Esto era algo que Thomas no esperaba —comentó incrédulo.

—Y ¿qué era lo que él esperaba? —preguntó ella distante y fría.

—¡Cualquier cosa! Menos esto, sobre todo, que tú te comprometieras con su padre —comentario que hizo, frunciendo el ceño.

—Miguel… prefiero no me digas nada. Tu opinión es muy subjetiva y te entiendo, porque es tu mejor amigo.

—Sé que has conocido, la otra cara de Thomas, la que absolutamente nadie conoce, porque como él me ha dicho, tu enciendes su instinto animal, pero ya debes saber lo que siente por ti —comentó el con un tono de voz muy bajo, casi susurrante.

—Entonces… mejor no sigamos hablando, por favor —dijo ella, con una voz desgarrada, creyendo que era odio y no otro sentimiento.

Al terminar de hablar, Miguel se retiró dejando sola a Helena sumergida en sus pensamientos, en ese momento se acercó a ella, don Juan:

—Te noto como tensa, ¿Qué pasa, mi amor?

—Estoy cansada. Me voy para mi casa.

—Ok. Ya aviso al chófer.

Después de esa cena, don Juan no recibió noticias sobre su hijo, hasta el día lunes en la mañana, que Thomas decidió regresar a la hacienda, dispuesto a renunciar a su cargo e irse definitivamente de ahí.

El retorno de Thomas a la hacienda…

Fue directamente a su oficina, envió la carta de renuncia; pasados unos minutos, su padre entró y cerró la puerta. Ellos aclararon muchas cosas, pero sin tocar el tema de Helena. Al final, Thomas continuará en su cargo, mientras él, se llevará a Helena a la Capital.

Por su parte, ella en su oficina se sentía culpable, por el problema entre ellos, al haber aceptado esta propuesta matrimonial. A partir de ese momento, don Juan, apuró su matrimonio con Helena, para distanciarla de Thomas y que no hubiera entre ellos más pugna o acercamiento. Debido a esto, fijó la fecha del matrimonio,  para dentro de quince días.

El encuentro de Helena con sus amigas…

Las amigas de ella, estaban asombradas por esta decisión tan repentina, pues no entendían como se casaba con el padre, amando al hijo. Por este motivo, el siguiente fin de semana, justo una semana antes de la boda, le acompañan para comprar su ajuar y aprovechan para aclarar, las razones que tiene para semejante decisión.

—Es una historia larga de contar, que por ahora prefiero reservármela. Prometí no hablar. Más adelante, lo haré —fue todo lo que les dijo Helena, poniendo sus ojos en blanco.

—Y Thomas ¿Cómo reaccionó ante todo esto? —preguntó Mariángel, arqueando una ceja.

—Mal, se fue de la casa, renunció a su trabajo. Pero, gracias a Dios, ya volvió —contestó Helena con un tono de voz extremadamente grave.

—Amiga, creo que te equivocaste al tomar esa decisión, porque ya te lo he dicho varias veces, Thomas te ama y lo que esta es celoso, por la relación que tú has mantenido con su papá —aseguró Elizabeth.

—Eli ¿Cómo dices que me ama? Si siempre me está insultando y agrediendo —preguntó ella enojada.

—Porque percibo que es una forma de defensa ante el mismo y muy especialmente porque sabe que su padre está enamorado de ti —agregó su amiga.

—No… no lo creo. El que ama… no maltrata —respondió ella con su voz quebrada.

—Tú dices lo mismo… “lo amas” y lo tratas igual, que él a ti —replicó Eli nuevamente.

—Porque debo defenderme de sus ataques. Es más, no entiendo ¿cómo puedo amarlo? ¡Mi corazón, es un traidor! —expresó ella con enojo.

Entrando a la boutique para adquirir su ajuar de novia, las cuatro se concentran en los trajes que utilizaran para éste evento, que aunque es íntimo y en la hacienda, no deja de ser un evento social elegante y de etiqueta. 

El día de la boda…

Llegado el día,  Helena, se armó de valor para llegar hasta el final. Lo prometió y va a cumplir, además lo hace por su padre. De pie ante el espejo de su habitación, se contempla y se ve hermosa, con un cuerpo simétricamente perfecto, pero triste. 

—Hija estás muy hermosa — declaró su madre muy orgullosa.

—Gracias mamá, tú también te ves muy hermosa —citó Helena con una sonrisa fingida.

—Amiga, deberías cambiar un poquito ese rostro, en vez de ir a tu matrimonio, parece que vas a tu horca —refirió Katiuska con un susurro.

—Por más que quiero, no puedo Katiuska, cargo a Thomas, entre ceja y ceja,  como sembrado en el pensamiento. No me deja vida y de ahí esa tristeza —expresó molesta Helena, para que sus padres no se dieran cuenta.  

Nuevamente, perdida en sus pensamientos, recuerda cuando Thomas le dio su primer beso, estaba en la barra del pueblo con sus amigas, quienes la convencieron de que probara por primera vez el licor y para ello, pidieron una botella de tequila. Helena sintió que el licor, la volvió suave, apacible dejándola sosegada y tranquila.

El se acercó a la mesa, le reprochó que le dijera mentiras, porque días antes, ella le había dicho que no consumía licor y ahí estaba consumiendo tequila con sus amigas. Ella le explicó que fue más para complacerlas a ellas, que por experimentar su efecto.

Luego, Thomas la invitó a bailar, al estar entre sus brazos, le soltó el cabello e hizo algo que él le comentó, tenía días deseándolo: besarla. Fue su primer beso de amor y se lo dio él, apasionado, ardiente, despertando en ella fuertes emociones.

Después de esto, las llevó a la casa de Helena, por si se emborrachaban, nada les pasaría. No obstante, antes de llevarlas les compró bebidas, comidas, pasapalos y se portó totalmente divino con ella y sus amigas, como nunca antes.

Volviendo a su realidad, la del acto que se celebraría, junto con sus amigas y sus padres, salieron en las dos camionetas asignadas por Juan para sus traslados hacia la hacienda. Al llegar, fueron conducidos al lugar donde se celebraría el acto civil.

Thomas, tenia la esperanza que a última hora Helena se arrepintiera y no asistiera a la boda, e incluso se lo había hecho saber a Miguel, quien siempre le aconsejó  que se sincerara con su corazón y con ella, lamentablemente, no lo hizo; en consecuencia, aquí estaba Helena, casándose con su padre.

Durante todo el acto, ella se encerró nuevamente en sus recuerdos, pensando en los besos y caricias  que Thomas le dio,  los cuales, a veces le hicieron creer que él le amaba.

El funcionario dando lectura a las formalidades de ley, como a la toma de firma de los contrayentes y sus testigos, los declaró marido y mujer. Después, don Juan, dando cumplimiento a lo solicitado por el funcionario, besó a la novia, los invitados aplaudieron, acercándose a los nuevos esposos para felicitarlos.

Posterior a esto, comenzó la fiesta de celebración. Ellos llevaron a cabo todos los rituales de este  evento con sus respectivas tradiciones, hicieron un brindis, iniciaron el baile, partieron el pastel y se fugaron de la fiesta, a un sitio desconocido para todos.

Don Juan durante éste viaje, sentía como una pérdida de energía, cansancio y hasta debilidad, llegando incluso a sentir como falta de aliento. Él no le había comentado nada, para no preocuparla. Aun así, la llevó a una cabaña que poseía algo retirada, donde pasarían esa noche de bodas.

De conformidad con lo que habló con ella, al día siguiente, a las cinco de la tarde partirían en su avión a la capital, desde donde saldría en viaje de luna de miel, a recorrer algunos países del viejo continente para dejarle a Helena, estos recuerdos.

Ellos entraron y pasaron a un comedor, donde había una cena servida, con la comida preferida de ella. El agradeciendo a la persona que los atendía, halo la silla y la ayudó a sentarse. Esta agradeciendo le comentó:

—Eres muy especial, gracias Juan.

—No es nada. Buen apetito —respondió con una voz jadeante.

—¿Qué te pasa Juan? Preguntó ella preocupada.

—Es el trajín que he tenido hoy, pero al acostarme se me pasara.

De esta manera, llevaron a cabo su primera cena juntos como marido y mujer. Luego, Juan la condujo hasta su alcoba, dejándola en la puerta, para que ella apreciara sola, la sorpresa que ahí recibiría. Tenía un ajuar para su luna de miel, una joya bellísima sobre la cama, además, de flores y bombones.

Helena, recogió todo. Entró al baño se cambió y se acostó a dormir. Al día siguiente temprano, se levantó, se duchó y salió para recorrer la cabaña. Al encontrarse con Juan, éste le comentó:

—Ya hice la transferencia del dinero a tu cuenta del Banco, exactamente lo que requieres para el trasplante de tu papá.

»Asimismo contacte al Doctor Smith, para todo lo relacionado con el traslado, cirugía, hospitalización y proceso de recuperación.  Él se pondrá en contacto contigo.  —Aseguró don Juan, tomando a Helena de las manos.

—Gracias Juan, no sabes cuánto te agradezco esto que haces por mi padre. Te voy a estar infinitamente agradecida.

—No tienes nada que agradecerme. Recuerda que salimos hoy a las cinco para la Capital y de ahí para España.

—¿Seguro que puedes viajar? —preguntó ella preocupada por él.

—Tranquila todo está bajo control y si, si puedo viajar —afirmó él con una mirada acogedora.

—Juan no quiero arriesgarte —le dijo con una voz  muy tierna.

—Tranquila mi amor —respondió él, con su voz jadeante.

Ellos entraron a la cabaña y desayunaron. Después, don Juan llamó a todo el personal y la presentó como su esposa. Ella saludó a todos, guardando silencio ante lo que él, acaba de anunciar.

Helena observó desde la terraza el panorama que la rodeaba, consideró que esto era ciertamente un paraíso terrenal.  En horas de la tarde salieron rumbo a la pista de aterrizaje, donde los esperaba su avión privado, el cual llamó la atención de Helena, porque era más grande, cómodo y amplio, distinto a la avioneta en la cual viajó la primera vez.

Una vez que el avión se deslizó por la pista, ella pegada a la ventanilla del mismo, observó  a través de esta, a cierta distancia, la camioneta de Thomas estacionada y a él observando el despegue.  Motivado a esto, de forma inconsciente se le corrieron las lágrimas, las cuales trató de disimular, pero su marido acercándose muy sigilosamente le dijo al oído:

—¿Qué te pasa mi reina, porque lloras? 

—No te preocupes, ya se me pasará —respondió ella con su voz tierna.

—No quiero verte llorar, de repente debí llevarte para que te despidieras de tus padres —manifestó don Juan, preocupado por sus lágrimas.

—Gracias.

A los treinta minutos aterrizaron, siendo conducidos dentro del avión a un hangar donde una camioneta esperaba al magnate y su bella esposa.

Una vez en la mansión, son recibidos por todo el personal, presentándola don Juan, como su  esposa. Pedro, el mayordomo le dio la bienvenida en nombre de todo y la miraba muy sonreído. Al parecer estaba feliz de que su patrón se casara con ella.

«Por fin, alguien de mi lado», pensó Helena, al observar la franca sonrisa que él mostraba.

Todos se pusieron a sus órdenes, especialmente Gabriela y Jaime, quienes serían respectivamente su personal doméstico  directo. Luego, ella se acercó a Juan y le hizo una solicitud:

—¿Puedes llamar a tu amigo para que venga a examinarte? ¡Por favor! —Con un tono suplicante.

—Pero, mi amor me siento bien. Si bien es cierto, he sentido cansancio, esto no es para alarmarse —con una voz cada vez más jadeante.

—Te veo muy demacrado. Por favor, compláceme  —empleando el mismo tono suplicante.

—Ok. ¡Como tú digas! —respondió él, frunciendo el ceño. 

—No te enojes, por favor —por primera vez, ella lo besa en los labios, lo cual produjo en él mucha satisfacción.

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Último capítulo

  • La viuda joven y millonaria   CAPITULO 42

    Con el apoyo de Thomas y su padrino, Helena trae al mundo a su hermosa y preciosa niña, a quien llamaron: María Luisa, por los nombres de sus respectivas madres. En este, segundo parto, todo fue más fácil, los dos asistieron a los cursos profilácticos. En estos, les enseñaron todos los aspectos básicos del embarazo, parto y posparto, por lo que la niña nació sin ningún contratiempo. Thomas estaba nuevamente orgulloso, de la belleza de hija que Helena le había regalado… —¡Mi amor, que trabajo tan perfecto! Mi hija es ¡preciosa! Idéntica a ti —afirmó Thomas orgulloso, acercándose con la niña a Helena, para que ella la observara y poniéndosela entre sus brazos. —¡Es que fue hecha con mucho amor, recuerda que la hicimos, en nuestra luna de miel! —respondió Helena, con un suave susurro, una amplia sonrisa y una mirada cómplice. —¡Te amo, Helena! —confesó amorosamente Thomas. —¡Y yo a ti, mi amor! —respondió ella. —¿Cómo te sientes, mi vida? —preguntó él embobado con sus dos mujere

  • La viuda joven y millonaria   CAPITULO 41

    Al llegar a la hacienda, Thomas pidió a los padres de Helena se quedaran a vivir con ellos, que le encantaría su hijo tenga muy cerca a toda su familia. Estos emocionados, al tener la posibilidad de compartir tan de cerca con su nieto, de inmediato aceptaron la propuesta que les hizo. —Thomas, yo preferiría mudarme a la casa de huéspedes, porque si no me dejas hacer algo me voy a sentir mal, prefiero tener mi propia cocina —agregó María Inés— ese es mi hobby, cocinar, inventar nuevas recetas. —Si mami… como quieras, lo importante es que mi hijo te tenga aquí cerca, al igual que a Jorge. Es lo que más deseo —contestó Thomas, sonriendo de oreja a oreja. —Pues, aquí nos tendrás Thomas —declaró Jorge, feliz de poder disfrutar a su nieto. El de inmediato dio la orden para que limpiaran y acondicionaran la casa de huéspedes e igualmente, asignó a uno de los chóferes de la hacienda, para que le conduzca a ellos. Al tercer día, de haber regresado del viaje de luna de miel y con apenas

  • La viuda joven y millonaria   CAPITULO 40

    Seguidamente, Thomas poniendo el anillo en el dedo anular de la mano izquierda de Helena, se la comió a besos, literalmente hablando. El levantándola del suelo, dando vueltas con ella en sus brazos, le dijo: —Tienes una semana para organizar la boda, no quiero esperar más, nos casaremos por todas las leyes y ritos, no quiero que te escapes bajo ninguno concepto —ordenó Thomas amorosamente. —Creo que sería capaz, a estas alturas de mi vida, de prepararla en un día, lo demás no me interesa, solo estar unida a ti, para siempre, es lo único importante para mí —respondió Helena mordiendo suavemente el labio inferior de Thomas. —Entonces, hazlo… mi pequeña reina, no quiero que alguien se acerque a ti o a mí, con otra intención que no sea, una amistad. Porque mi corazón es totalmente tuyo —le dijo él, tomándole su rostro por el mentón y dándole un apasionado beso, que le hizo flaquear sus piernas. —Y el mío tuyo. Thomas, desde que llegué aquí y vi tu oficina cerca de la mía, me dije «aq

  • La viuda joven y millonaria   CAPITULO 39

    Thomas se levantó del sillón, llevó a su hijo hasta la cuna donde lo acostó a dormir, saliendo de la habitación, despidiéndose de Helena con un simple gesto de su mano, con lo cual la dejó asombrada, como si fueran dos amigos y nada más… «Esto es alarmante, debo realmente hacer algo, para que Thomas se interese en mí nuevamente», reflexionó ella, preocupada y decepcionada por su actitud. Ella no quería perderlo ni dejar a su hijo sin su padre, solo por caprichos o erradas decisiones de las cuales hoy se arrepiente. Así que dispuesta a recuperarlo, pensó que la fecha especial para tirar toda la carrocería sobre él, era el día del bautizo del bebé. Esa noche, ella se acercó a Thomas después de la cena y le preguntó por el certificado de nacimiento del bebé, porque haría los trámites para presentarlo y poderlo bautizar. —Thomas ¿Presentaste al bebé? —No, el día que lo fui a hacer había un error, porque te registraron en la clínica como la viuda de Juan Montero, pero dejé encargado

  • La viuda joven y millonaria   CAPITULO 38

    Ese mismo mediodía, Helena llegó a la hacienda, desesperada por ver y tener a su hijo. Thomas, la ayudó a caminar, ya que ella se resistió a que él la llevara en brazos, siendo escoltados por Miguel y Elizabeth, quienes venían detrás de ellos. Ella fue recibida por sus padres, quienes estaban ahí en la hacienda, invitados por Thomas, para que ella no se sintiera sola. Además había contratado una nana para su hijo, la esposa de Samuel. El personal del servicio doméstico, como los chóferes y guardaespaldas, también se habían reunido para recibir a la señora. Ella sintiéndose agradecidas con todos, los fue saludando a todos, antes de subir a su recámara. Thomas había hecho modificaciones en las habitaciones, para acondicionarlas a los nuevos requerimientos de Helena. Ella a pesar de la decepción que sufrió cuando al llegar a la habitación en la clínica y él no estuvo presente, venía dispuesta a resolver su situación. Helena se sintió feliz al tener a su hijo en sus brazos, dándole las

  • La viuda joven y millonaria   CAPITULO 37

    Por fin, en la Clínica Thomas contento y emocionado llamó a Miguel y le pidió que informara a Elizabeth, así como al resto de las amigas de Helena, que ya están en la dulce espera del bebé. No obstante, el proceso de parto apenas iba iniciando. No es sino hasta el crepúsculo del día siguiente, cuando Helena por fin trae a su hijo al mundo, tomada de la mano de Thomas, quien en ningún momento se separó de ella y contando además con la presencia de su padrino, que fue el médico que se encargó de su proceso de parto. —¡Mi amor, gracias! ¡Mira, es hermoso nuestro bebé! —declaró Thomas feliz y totalmente dichoso, acercándose a Helena con el bebé en sus brazos y dándole un beso en los labios. —Sí, se parece mucho a ti —dijo ella sonriendo, pero demasiado débil. El bebé estaba sano y salvo, además de ser muy hermoso, una combinación perfecta entre los rasgos físicos de Thomas y los de ella. Para el mismo personal de la clínica resultó una agradable sorpresa ver a un niño tan bello. No

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