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CAPITULO 2

Autor: Antho Mo
last update Fecha de publicación: 2022-03-03 05:04:01

Helena totalmente sorprendida, tragando en seco, ante esta propuesta, lo miró fijamente y tomando la copa en su mano, bebió de un sorbo su contenido. El sonriendo ante esta reacción de ella, afirmó:

—Tú me dijiste que no te gustaba el licor ¿Y eso qué fue? —preguntó con un tono de voz modulado y fluido.

—¡Perdóname! Pero no lo pude evitar, me sorprendiste.

—Ya me di cuenta ¿Qué  me  respondes? —Nuevamente con una voz cálida y susurrante.

—Si lo estás haciendo para que te herede. Te estoy muy agradecida, pero, ya me has dado mucho, tu amistad, apoyo y un puesto de trabajo. Te lo agradezco de todo corazón —afirmó ella, aunque eso significaba perder la posibilidad de ayudar lo más pronto posible a su padre, pero no quería hipotecar su vida así.

—Helena, tú sabes, cuáles son mis sentimientos hacia ti, antes de conocer esta situación, te los declaré. Te amo y deseo que seas mi mujer.

»Pero, lo que más deseo, es vivir mis últimos días junto a ti, que seas la persona que éste conmigo en los últimos minutos o segundos de mi vida, que sea tu rostro, lo último que mis ojos vean.

»Además, quiero que sin ningún problema con Thomas, recibas la ayuda económica que necesitas para tu padre, esa cantidad la recibirás, apenas te cases conmigo, ya hice el contacto con el médico y la clínica que en Estados Unidos realizará la cirugía, ellos se encargaran de tener el donante disponible. 

Helena, esperando que el mesonero terminara de servir, aprovechó estos minutos y pensó en Thomas, el hombre del que realmente estaba enamorada, pero ¡las paradojas de la vida! Era el que más la odiaba.

Tomando la copa, en la cual Don Juan vació más champaña, ella recordó nuevamente lo que vivió en su primera visita a La Montanera. Esa noche descubrió que Thomas Briceño era veterinario, un playboy, quien vivía rodeado de mujeres jóvenes y muy bellas. Al verla llegar con Raúl, se sonrió con ella, sin embargo,  no se le acerco, sino que se mantuvo a cierta distancia de ella.

Esa noche Don Juan la acaparó totalmente, se dedicó desde el instante que la vio llegar, a atenderla exclusivamente y no se separó de ella en ningún momento. Aunado a esto, ella pudo percibir entre los invitados, la presencia de dos mujeres jóvenes, muy bellas, quienes se desvivían por tener la atención de Thomas e incluso una de ellas no se separó de él.

Después, supo que era Roxana Díaz, la mujer que pasó toda la fiesta junto a Thomas, parecía una leona con él. Posteriormente, don Juan invitó a Helena al establo donde estaba la yegua Princesa y su cría, para que los conociera personalmente. Pero, hubo un momento, donde él salió para despedir a uno de sus invitados, dejándola  sola en el establo, con el animal.

En tanto, Helena continuando en el establo, sola, fue sorprendida por Thomas, quien de repente había cambiado su actitud, por lo que al verla ahí, cerca de la yegua y su cría, dirigiéndole una mirada gélida, le preguntó:

«¿Qué haces aquí?  Si quieres revolcarte con mi padre, hazlo en cualquier parte de la hacienda, pero aquí me respetas a Princesa» 

Ante esta ofensa  tan violenta y descabellada, Helena le soltó una bofetada con todas sus fuerzas, por lo que él, mirándola con rabia, la tomó de las manos, le dobló los brazos hacia atrás, diciéndole muy bajo para evitar que alguien más lo escuche:

«No se te ocurra volverme a pegar en la cara, porque te juro que no responderé…», gruñó con sus dientes fuertemente apretados.

El, al escuchar la voz de su padre, que regresaba, la soltó y ella salió corriendo, despidiéndose de don Juan y buscando a Raúl, su amigo para retirarse de la hacienda. Esa noche, Helena casi no pudo dormir por la amarga experiencia, además, era la primera vez que un hombre la trataba así y le hacía llorar.

Ella, rememorando con lujos de detalles, esa noche concluyó, que si bien es cierto, desde que lo vio, se sintió atraída por él, por su porte, físico, esa mirada y risa seductora, que derriban cualquier muro, la conquistaron, sin embargo, eso no bastaba para guardar sentimientos de amor por él, porque era un auténtico patán.

De vuelta a la realidad, don Juan, una vez que se retiró el mesonero, sacando a Helena del mar profundo de sus recuerdos y  pensamientos, le tomó la mano por encima de la mesa y le preguntó:

—¿Qué me dices? Te estoy dando la posibilidad de obtener  el dinero para prolongar la vida de tu padre…

—Ya te dije que no. ¿Tú, como los demás, crees que me estoy acercando a ti por tu dinero? —preguntó Helena, quien se enfureció al pensar que él dudaba de ella, como su hijo, levantándose de la silla para retirarse del lugar.

—No, Helena por favor no pienses eso de mí. Jamás he dudado de ti. Se bien la clase de mujer que eres —levantándose, acercándose a ella y tomándola de la mano, le dijo—: por favor escúchame...

»Solo busco, ayudarte para que puedas prolongar la vida de tú padre. Con el matrimonio, está justificada toda ayuda que te haga, no necesito dar explicaciones a nadie, es solo para protegerte del que dirán los demás. Es por ti, yo no necesito explicar que hago con mi dinero —logrando que ella vuelva a su silla de nuevo.

—Entiéndeme…  Juan, no ha sido fácil para mí, mantenerme en el cargo que me diste y tu bien sabes ¿Por qué? La mayoría piensa que llegue a él, por mi cara y mi cuerpo, no por mi desempeño. De aceptar eso, corroboraran lo que piensan.

—No te dejes llevar por el qué dirán. Yo solo quiero ayudarte y a tu familia —insistió él— Al casarnos, recibirás todo el dinero que requieres para el trasplante de tu padre, lo haré desde mi cuenta personal, será como un regalo de bodas para ti. 

Ella pensando, nuevamente sus palabras y convencida de la bondad y  sinceridad de parte de él, le respondió:

—Sí, estaría dispuesta a cumplir ese sueño, pero solo con dos condiciones… contestó ella decidida a aceptar su oferta.

—¿Cuáles? —preguntó él intrigado.

—Primero, no seré tu heredera… Aceptaré tu ayuda para la intervención quirúrgica de mi padre, pero nada más, siempre y cuando tu hijo no se entere de eso.                                                                                                             

—¿Cuál es la segunda condición? —preguntó con un tono de voz más grave.

—Que es cierto que te quiero mucho, eres mi más grande amigo, por quien soy capaz de hacer cualquier cosa, pero no puedo ser tu mujer…

—¿Por qué? —mirándola fijamente y acercando su rostro al de ella.

 —Soy virgen Juan y mi pureza la reservo para entregarla al hombre de quien me enamore —respondió ella de forma irrefutable.

—Tú sabes que te deseo, eso ya lo debes haber percibido  —respondió él pensativo.

—Si, pero… no te amo. No como tú quieres. Te quiero como amigo, te estoy muy agradecida por todo cuanto me has ayudado. Te respeto y te admiro, pero no te amo Juan —le aseguró, ella.

—¡Oh! Me encanta tu sinceridad, como eres, siempre de frente, decidida.  

—Si no aceptas mis condiciones, no te puedo complacer —contestó ella, muy concluyente.   

—Acepto… acepto, tus condiciones —afirmó él con un tono de voz más grave y profunda.

—Entonces… yo acepto, casarme contigo —afirmó ella con mucha seguridad.

—Espera. Con esto sellaremos nuestro compromiso. —Buscando en el bolsillo de su pantalón un estuche de regalo y extrayendo el anillo, el cual colocó en su dedo anular.

Cuando Juan, la llevó hasta su casa, encontró a sus padres  despiertos. Ella, al ver que se bajaría, lo detuvo unos instantes en su coche, pidiéndole por favor, que no le diga a sus padres las condiciones bajo las cuales se fijó este compromiso. No quería hacerlos sentir mal. Ellos siempre han querido su felicidad.

—Mi amor, estoy totalmente de acuerdo contigo, esto será un secreto entre tu y yo, nadie más debe enterarse de esto.

—Gracias.

—Helena, aquí el que tiene que dar las gracias soy yo. Tu eres demasiado buena y bondadosa, creo que nadie, a estas altura de su vida haría algo así.

—Te admiro, te respeto y te quiero mucho —respondió  ella mirándolo fijamente y sonriendo con él.

—Vamos mi pequeña, aprovecharemos para hablar de una vez con tus padres, recuerda que no tengo  mañana, este compromiso será el más corto de la historia, en cuestión de días nos casaremos.  

—Ok, como digas —respondió Helena.

—Haremos una celebración intima, en la hacienda —Agregó él.

—Estoy de acuerdo.

—Acondicionaré mi recamara tanto en la hacienda como en la capital, para que siempre estés conmigo.

—No hay problema.

Los dos entraron, saludaron a los padres de ella y Helena les pidió ir a la sala para informarles algo. En voz baja, Juan le pidió que dejara que él hablara, lo cual ella consintió.

Así fue como Juan pidió la mano de Helena. Los padres de ella, no estaban muy convencidos por las diferencias de edades, pero si ella ya lo había aceptado, ellos respetaban su decisión. Su hija siempre ha sido una persona madura y con mucho sentido común.

Juan invitándolos para una cena en su hacienda al siguiente día, se despidió de ellos. Helena y su mamá lo acompañaron hasta el coche.   

Al día siguiente, don Juan habló con su hijo Thomas, le manifestó que lo necesitaba esa noche en la casa, porque tenía algo que anunciar; motivado a esto, habrá una cena con sus allegados más íntimos, que por favor, invite a Miguel Alcántara y su padre, quienes son sus mejores amigos.

Siendo casi las siete de la noche, Don Juan envió a unos de sus chóferes para que busque a Helena y sus padres. Al llegar estos, llamó la atención a sus pocos invitados y les informó, que se había comprometido con ella, por lo que en muy pocos días, celebrará su matrimonio.

Thomas no podía creer esto, que Helena se atreviera a tanto, solo por escalar un lugar en esta sociedad, pues, para Thomas, Helena no dejaba de ser más que una cazafortuna, que estaba detrás del dinero de su padre.

Los invitados de don Juan, aplaudieron este anuncio y los felicitaron. Salvo él, quien salió del salón sin decir nada, subió a su habitación, preparó una maleta y quemando cauchos en su camioneta, salió de la hacienda hacia un lugar desconocido.

Las reflexiones de Thomas…

Para él, esto no era más que una farsa entre ellos, porque  estaba seguro, ella no estaba enamorada de su padre. Además, él respetaba mucho a don Juan y considerando que si había llegado hasta aquí, era por algo, por lo tanto, no se metería en sus asuntos.

Una vez, en la barra del hotel del pueblo, pidiendo una botella de licor para olvidar, lo que acaba de presenciar, comenzó a recordar, la primera visita de Helena a la hacienda:

«¡Estaba muy hermosa! Tenía unas ganas de domarla totalmente», pensó él. Pero, su padre la acaparó, no permitiendo que alguien se acercara a ella, razón por la cual, él se sentía furioso, celoso.

Luego, siguió recordando, como Roxana, le susurró a su oído:

—Tu padre está besando en el establo, a su nueva conquista.

El furioso, como estaba, salió para comprobar lo que ella le había dicho y es cuando la consigue sola en el establo. Helena lo abofeteó, porque él supuestamente la insultó, lo cual, incluso le hizo dudar sobre lo que le comentó Roxana, pero con esto de hoy, constata, que era cierto lo que aquella había dicho.

Mientras, en la hacienda…

Don Juan, quien no se había dado cuenta de la reacción de su hijo; al tratar de ubicarlo, preguntó al personal del servicio por él y ellos le avisaron lo que había ocurrido, llevándolo esto, a reflexionar y preguntarse…

«¿Qué le pasará a Thomas? ¿Por qué actúa así? Parece un hombre celoso», pensó él, preocupado por su hijo.

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Último capítulo

  • La viuda joven y millonaria   CAPITULO 42

    Con el apoyo de Thomas y su padrino, Helena trae al mundo a su hermosa y preciosa niña, a quien llamaron: María Luisa, por los nombres de sus respectivas madres. En este, segundo parto, todo fue más fácil, los dos asistieron a los cursos profilácticos. En estos, les enseñaron todos los aspectos básicos del embarazo, parto y posparto, por lo que la niña nació sin ningún contratiempo. Thomas estaba nuevamente orgulloso, de la belleza de hija que Helena le había regalado… —¡Mi amor, que trabajo tan perfecto! Mi hija es ¡preciosa! Idéntica a ti —afirmó Thomas orgulloso, acercándose con la niña a Helena, para que ella la observara y poniéndosela entre sus brazos. —¡Es que fue hecha con mucho amor, recuerda que la hicimos, en nuestra luna de miel! —respondió Helena, con un suave susurro, una amplia sonrisa y una mirada cómplice. —¡Te amo, Helena! —confesó amorosamente Thomas. —¡Y yo a ti, mi amor! —respondió ella. —¿Cómo te sientes, mi vida? —preguntó él embobado con sus dos mujere

  • La viuda joven y millonaria   CAPITULO 41

    Al llegar a la hacienda, Thomas pidió a los padres de Helena se quedaran a vivir con ellos, que le encantaría su hijo tenga muy cerca a toda su familia. Estos emocionados, al tener la posibilidad de compartir tan de cerca con su nieto, de inmediato aceptaron la propuesta que les hizo. —Thomas, yo preferiría mudarme a la casa de huéspedes, porque si no me dejas hacer algo me voy a sentir mal, prefiero tener mi propia cocina —agregó María Inés— ese es mi hobby, cocinar, inventar nuevas recetas. —Si mami… como quieras, lo importante es que mi hijo te tenga aquí cerca, al igual que a Jorge. Es lo que más deseo —contestó Thomas, sonriendo de oreja a oreja. —Pues, aquí nos tendrás Thomas —declaró Jorge, feliz de poder disfrutar a su nieto. El de inmediato dio la orden para que limpiaran y acondicionaran la casa de huéspedes e igualmente, asignó a uno de los chóferes de la hacienda, para que le conduzca a ellos. Al tercer día, de haber regresado del viaje de luna de miel y con apenas

  • La viuda joven y millonaria   CAPITULO 40

    Seguidamente, Thomas poniendo el anillo en el dedo anular de la mano izquierda de Helena, se la comió a besos, literalmente hablando. El levantándola del suelo, dando vueltas con ella en sus brazos, le dijo: —Tienes una semana para organizar la boda, no quiero esperar más, nos casaremos por todas las leyes y ritos, no quiero que te escapes bajo ninguno concepto —ordenó Thomas amorosamente. —Creo que sería capaz, a estas alturas de mi vida, de prepararla en un día, lo demás no me interesa, solo estar unida a ti, para siempre, es lo único importante para mí —respondió Helena mordiendo suavemente el labio inferior de Thomas. —Entonces, hazlo… mi pequeña reina, no quiero que alguien se acerque a ti o a mí, con otra intención que no sea, una amistad. Porque mi corazón es totalmente tuyo —le dijo él, tomándole su rostro por el mentón y dándole un apasionado beso, que le hizo flaquear sus piernas. —Y el mío tuyo. Thomas, desde que llegué aquí y vi tu oficina cerca de la mía, me dije «aq

  • La viuda joven y millonaria   CAPITULO 39

    Thomas se levantó del sillón, llevó a su hijo hasta la cuna donde lo acostó a dormir, saliendo de la habitación, despidiéndose de Helena con un simple gesto de su mano, con lo cual la dejó asombrada, como si fueran dos amigos y nada más… «Esto es alarmante, debo realmente hacer algo, para que Thomas se interese en mí nuevamente», reflexionó ella, preocupada y decepcionada por su actitud. Ella no quería perderlo ni dejar a su hijo sin su padre, solo por caprichos o erradas decisiones de las cuales hoy se arrepiente. Así que dispuesta a recuperarlo, pensó que la fecha especial para tirar toda la carrocería sobre él, era el día del bautizo del bebé. Esa noche, ella se acercó a Thomas después de la cena y le preguntó por el certificado de nacimiento del bebé, porque haría los trámites para presentarlo y poderlo bautizar. —Thomas ¿Presentaste al bebé? —No, el día que lo fui a hacer había un error, porque te registraron en la clínica como la viuda de Juan Montero, pero dejé encargado

  • La viuda joven y millonaria   CAPITULO 38

    Ese mismo mediodía, Helena llegó a la hacienda, desesperada por ver y tener a su hijo. Thomas, la ayudó a caminar, ya que ella se resistió a que él la llevara en brazos, siendo escoltados por Miguel y Elizabeth, quienes venían detrás de ellos. Ella fue recibida por sus padres, quienes estaban ahí en la hacienda, invitados por Thomas, para que ella no se sintiera sola. Además había contratado una nana para su hijo, la esposa de Samuel. El personal del servicio doméstico, como los chóferes y guardaespaldas, también se habían reunido para recibir a la señora. Ella sintiéndose agradecidas con todos, los fue saludando a todos, antes de subir a su recámara. Thomas había hecho modificaciones en las habitaciones, para acondicionarlas a los nuevos requerimientos de Helena. Ella a pesar de la decepción que sufrió cuando al llegar a la habitación en la clínica y él no estuvo presente, venía dispuesta a resolver su situación. Helena se sintió feliz al tener a su hijo en sus brazos, dándole las

  • La viuda joven y millonaria   CAPITULO 37

    Por fin, en la Clínica Thomas contento y emocionado llamó a Miguel y le pidió que informara a Elizabeth, así como al resto de las amigas de Helena, que ya están en la dulce espera del bebé. No obstante, el proceso de parto apenas iba iniciando. No es sino hasta el crepúsculo del día siguiente, cuando Helena por fin trae a su hijo al mundo, tomada de la mano de Thomas, quien en ningún momento se separó de ella y contando además con la presencia de su padrino, que fue el médico que se encargó de su proceso de parto. —¡Mi amor, gracias! ¡Mira, es hermoso nuestro bebé! —declaró Thomas feliz y totalmente dichoso, acercándose a Helena con el bebé en sus brazos y dándole un beso en los labios. —Sí, se parece mucho a ti —dijo ella sonriendo, pero demasiado débil. El bebé estaba sano y salvo, además de ser muy hermoso, una combinación perfecta entre los rasgos físicos de Thomas y los de ella. Para el mismo personal de la clínica resultó una agradable sorpresa ver a un niño tan bello. No

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