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Le cedí el Alfa a mi hermana… y se arrepintió

Le cedí el Alfa a mi hermana… y se arrepintió

By:  Señora TetuánCompleted
Language: Spanish
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En mi vida pasada, Leon, el Alfa que se suponía que completaría conmigo la ceremonia de marcado, cambió de repente a su compañera elegida por mi hermana menor, Rose, justo el día del ritual. Al verlos a los dos comportarse con tanta intimidad, una oleada de humillación me barrió por dentro. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de dar un paso al frente y exigir una explicación, la manada fue atacada por sorpresa. Los tres morimos en el motín. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado al día de la ceremonia de marcado. Esta vez, decidí cumplirles el deseo. Después de liderar a los miembros para sofocar el motín que habría ocurrido en mi vida pasada, dejé la manada y me adentré en la sociedad humana. Creí que en esta vida jamás volvería a cruzarme con ellos. No obstante, tres años después, el día de un banquete de cumpleaños, me reencontré inesperadamente con Rose y Leon. Rose se acurrucaba con timidez en los brazos de Leon, y me saludó con una expresión de sorpresa fingida. —¡Claire! ¿Qué haces en un banquete tan grandioso como este? ¿No te habías ido a vivir a la sociedad humana? Cuando guardé silencio, Rose se burló de mí con una risita. —¿No me digas que no pudiste sobrevivir en la sociedad humana y ahora quieres volver a la manada? Leon me miró de reojo, con un asco que ni siquiera intentó ocultar. —Jamás aceptaría dejar que regreses a la manada, ni aunque te arrodillaras a suplicármelo. Pero, pénsandolo bien, como mi esclava todavía calificas. Podríamos volver a como era antes. Sonreí, apenas. Yo estaba allí porque mi compañero era el nuevo Ultima de la Alianza de las manadas de lobos. Y ese exquisito banquete de cumpleaños había sido preparado especialmente para mí.

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Chapter 1

Capítulo 1

Tres días atrás, me enteré de un secreto.

El compañero que encontré en la sociedad humana, Claude, en realidad era el hombre lobo misterioso que se convirtió en el Ultima de la Alianza en apenas un mes.

En mi cumpleaños, anunciaría mi identidad como su compañera. Dijo que ese era uno de mis regalos de cumpleaños.

En ese momento, él estaba entre bambalinas revisando su discurso, mientras yo estaba recostada con pereza sobre sus piernas, aburrida.

Al ver mi aburrimiento, dejó escapar un suspiro suave.

—Cariño, ¿por qué no vas a divertirte un rato en el banquete primero? —dijo en voz baja—. Todavía falta un poco antes de que subamos al escenario.

Asentí levemente.

Cuando empujé las puertas del salón de banquetes, todo lo de adentro era un derroche de lujo y ostentosidad.

Estaba a punto de regañar a Claude por el enlace mental por no saber ser austero en mi cumpleaños cuando un ruidoso alboroto captó mi atención.

Eran Leon y Rose.

Como Alfa y Luna relativamente destacados dentro de la Alianza, atrajeron incontables vítores en cuanto aparecieron.

—¡Es el Alfa Leon y la Luna Rose!

—¡Les estamos enormemente agradecidos a su manada por las técnicas de caza que nos enseñaron! ¡Sin ustedes no sabríamos qué hacer!

Ante los elogios, Rose habló con timidez:

—Es lo que debemos hacer. Se supone que las manadas deben ayudarse entre sí.

Leon estaba a su lado, saludando con cortesía a los Alfas de otras manadas.

Cuando me vio, Leon se quedó helado un instante; luego, la comisura de sus labios se curvó en una sonrisa despectiva.

—Claire, ¿de verdad estás aquí? —se burló—. No has cambiado nada. Siempre quieres lo mejor de todo. Pero una reunión exclusiva de la Alianza como la de hoy… no es algo a lo que estés calificada para asistir.

Asentí apenas, reconociendo la primera mitad de sus palabras.

Yo siempre había sido la princesa más deslumbrante de la manada. Quería lo mejor del mundo. Así que mi compañero, naturalmente, tenía que ser el más sobresaliente entre los nuestros.

En mi vida pasada, Leon llamó mi atención con sus excelentes habilidades de caza. Por eso lo elegí tan rápido como mi compañero.

Sin embargo, cuando llegué a la ceremonia llena de alegría, esperando el marcado, lo que vi fue a él besando a mi hermana menor, Rose.

Me derrumbé, señalé a Leon y lo acusé a gritos. Incluso lo amenacé con los recursos de la manada.

—¡Mi poder y los recursos que controlo son muchísimo mayores que los de ella! —lo encaré—. ¡Piénsalo bien!

Pero no solo no retrocedió, sino que sujetó a Rose todavía con más fuerza.

Dijo que antes de conocer a Rose, había creído que los beneficios eran lo más importante. Sin embargo, después de conocerla, nada era más importante que ella.

Ese día, me convertí en el chiste más grande de toda la manada. Una loba a la que su compañero se negaba a reconocer, alguien que solo podía amenazar con beneficios.

Jamás olvidaría la mirada que Rose me lanzó mientras se acurrucaba en los brazos de Leon, con el rostro sonrojado, llena de provocación y triunfo.

En ese momento, dijo:

—¿Y qué si tu poder y tu capacidad son mayores que los míos? —se apoyó en los brazos de Leon—. Con solo mover un dedo, te quedarías sin nada.

La voz de Leon me arrastró de esos recuerdos devuelta al presente.

—Claire, hoy es un día importante —dijo, mirándome—: el Ultima Claude celebra el cumpleaños de su compañera. Alguien con tu estatus no es adecuada para estar aquí.

Incliné la cabeza y miré a Leon.

—¿Y cuál es mi estatus?

Antes de que pudiera decir algo más, estallaron carcajadas entre la multitud.

—Claire, tú solo eres una fracasada en el amor.

—Te desterraron a la sociedad humana. ¿A qué volviste?

—¿De verdad crees que sigues siendo esa princesita altiva de aquellos días?

Miré al hombre lobo que se burlaba de mí. Cuando su manada estuvo en crisis, yo lo salvé.

Al escuchar las mofas de todos, Rose quedó muy satisfecha.

Se balanceó hacia adelante para bloquearme y habló con suavidad, fingiendo comprensión:

—Está bien, todos… Claire debe haber sufrido en la sociedad humana para querer volver. Por favor, no le hablen así. Deberíamos darle la bienvenida de regreso a Claire.

Después de eso, me tomó la mano, con un tono «sincero».

—Claire, vuelve —dijo—. No tienes por qué sentir vergüenza. Este siempre será tu hogar.

Al ver la falsedad en los ojos de Rose, retiré mi mano con frialdad.

—No voy a volver.

Al oír mi negativa, Rose puso de inmediato una expresión agraviada y los ojos se le llenaron de lágrimas.

—Claire, ¿todavía me culpas por lo que pasó? —dijo, con la voz temblorosa—. Pero los sentimientos no se pueden obligar…

La apariencia lastimera de Rose le partió el corazón a Leon. La atrajo enseguida a sus brazos y la consoló con ternura.

—Eres demasiado buena. Por eso Claire siempre te intimidaba.

Luego, Leon se giró para mirarme.

—¡La sociedad humana no te aceptó, y nuestra manada tampoco lo hará!

Rose se presionó una mano contra el pecho, como si le doliera.

—Claire, en ese entonces amenazaste a Leon y a mí con irte —dijo—, intentando con ello obligar a Leon a aceptarte. Pero tú también sabías que Leon solo me ama a mí. Así que tus amenazas fueron inútiles.

Luego continuó, con voz agraviada:

—Aun así, Claire, pase lo que pase, siempre serás mi hermana. El hecho de que estés aquí demuestra que no te fue bien en la sociedad humana. Por lo tanto, si quieres volver a la manada, puedo ignorar lo de antes.

Al escuchar la voz dolida de Rose, Leon rugió:

—¡Si tuvieras un mínimo de dignidad, no volverías después de haberte ido! ¡Y ahora resulta que sigues soñando con regresar a la manada y competir contra Rose por su lugar! ¡De verdad no tienes vergüenza!

Las palabras de Leon hicieron que todos me miraran distinto al instante de haber sido dichas.

—Yo pensé que Claire había vuelto por su hermana… no esperaba que volviera para robarle la felicidad.

—Menos mal que el Alfa Leon ama a Rose.

Los murmullos a nuestro alrededor hicieron que los ojos de Rose se enrojecieran. Con generosidad, volvió a plantarse delante de mí.

—Por favor, no digan eso de Claire —dijo—. Al final… es mi hermana.

Luego miró a Leon con ojos suplicantes.

—Leon… está bien. Mientras tú me ames, que Claire vuelva no va a afectar realmente nada…

Leon le acarició la cabeza con cariño y luego me miró con una frialdad implacable.

—Por Rose, puedes volver a la manada —sentenció—. Pero tu estatus será el de la esclava más baja.
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