Início / MM Romance / Liberada por el Mafioso / Capítulo 1. Crueldad.

Compartilhar

Capítulo 1. Crueldad.

Autor: Emily Rose
last update Data de publicação: 2025-04-04 03:23:43

Catalina.

Esas palabras aún me taladran el alma.

—¡No tengo a dónde ir!  —le rogué con cada fibra de mi ser temblando—, no puedes echarme así.

Sentía las lágrimas calientes resbalar por mis mejillas, un río salado que no podía detener.

Mi pecho me dolía como si un puño gigante lo apretara, y cada bocanada era una puñalada, como si el aire mismo se negara a entrar en mis pulmones.

Pero su respuesta me heló la sangre en las venas.

—Por supuesto que puedo.

Cada sílaba resonaba con una crueldad fría y calculada. Y luego, ese grito, esa furia volcánica dirigida hacia mí, hacia el recuerdo de mi madre...

—¡No quiero nada que me recuerde a la maldita zorra de tu madre!

En ese instante, sus ojos... Nunca olvidaré la bilis que destilaban. Puro odio, puro desprecio. Era como si yo no fuera su sobrina, sino una mancha, un recordatorio constante de alguien a quien detestaba.

Sentí cómo se encogía mi corazón, cómo una parte de mí se rompía en mil pedazos. ¿Cómo podía alguien a quien se suponía que debía amar mirarme con tanta... repugnancia? Ese día no solo me quedé sin hogar, sino que perdí algo mucho más valioso: la ilusión de tener una familia.

Solo tenía cinco años cuando murió mi madre y me fui a vivir con mi tío paterno. No entendía nada: ¿por qué mi tío me miraba con tanta rabia? Yo no había hecho nada, solo era una niña pequeña asustada que no entendía por qué mamá ya no estaba.

Luego llegó tía Marta. Ella sí que me abrazaba y me hablaba con cariño. Se casó con mi tío y, aunque no era mi madre, su cariño me hacía sentir mejor.

—Déjala, Tobías, por favor, es una niña. No puedes echala a la calle, ¡es tu sobrina!

Su voz temblaba, como la mía cuando le supliqué que no me abandonara.

Pero su mirada oscura no cambiaba. Era como si yo fuera una sombra de algo que él detestaba. Sentía que mi tía Marta trataba de protegerme. Pero el odio de mi tío era tan intenso que parecía que iba a estallar en cualquier momento.

Escuché a mi tía Marta susurrar con miedo que, si no me iba esa noche, él podría hacerme daño de verdad. Esa noche, entendí que el cariño de una persona no bastaba contra la furia del otro. Y el miedo se instaló para siempre en mi corazón.

—Se irá a la calle a donde pertenece, ella no es mejor que la puta de su madre.

Esas palabras eran como latigazos para mi alma. No pude decir nada, solo llorar. Las lágrimas quemaban mi cara, pero el dolor que sentía era mucho peor. Sentía mi corazón como si se hubiera caído al suelo y se hubiera hecho añicos.

No podía creerlo. Ya había perdido a mi madre y ya vivía con su desprecio constante, ¿pero echarme así? Me sentía basura, un animal enfermo que había que echar de la casa. «¡Por favor!», alcancé a decir, con la voz apenas un susurro entre el llanto. Pero él no mostraba nada en su rostro. Era como una estatua de hielo, firme en su crueldad.

Y entonces llegó esa frase... «No sabes cuánto tiempo he esperado para poder hacer esto». Su voz denotaba una maldad fría y calculada. Era como si este momento, este dolor mío, fuera algo que él había deseado. ¡Vaya manera de celebrar mi mayoría de edad en mi cumpleaños número 18!

Sentí cómo me agarraba el brazo con fuerza, una presión que me dolía hasta los huesos. Y entonces... el empujón. De repente, el aire frío de la noche me golpeó la cara. Tropecé y caí a la acera.

Cuando levanté la vista, él estaba ahí, en la puerta, mirándome como si yo fuera lo más repugnante del mundo. Y luego, cerró la puerta. Me quedé sola, en la oscuridad, sin nada más que la ropa que llevaba puesta y el corazón destrozado.

El frío... ¡Dios, qué frío! Me entraba hasta los huesos, como agujas heladas clavándose en mi piel. Por un momento, pensé que no lo soportaría, que me quedaría tirada hasta que me congelara.

Y si no era el frío, sería el hambre. Nunca había pasado hambre de verdad. Siempre había una mesa puesta, aunque las miradas fueran frías. La calle era un mundo desconocido y aterrador.

Mi tío nunca me dejaba salir, nunca tuve amigos. Para él, dejé de existir el día que murió mi madre. Como si la culpa fuera mía.

De repente, escuché un grito.

—¡Cata!

Era tía Marta. Me estremecí, por supuesto. Su voz era lo único cálido en esa horrible noche. Pero no me detuve. Tenía que seguir caminando, alejarme de esa casa, de ese odio.

Cada paso era como arrancar un pedazo de mi alma, de lo poco que conocía. Tenía miedo de dar la vuelta y encontrarla, porque sabía que, si lo hacía, me rompería por completo.

—¡Espera, por favor, Cata!

Su voz sonaba desesperada. Esta vez me detuve. Mis pies se plantaron en el asfalto, pero mi cuerpo se negaba a girar.

¿Qué iba a decirle? ¿Qué podía decirle? El nudo en mi garganta era demasiado grande y las lágrimas caían silenciosamente. Solo podía escuchar su voz quebrada llamándome y sentir cómo el frío me calaba cada vez más hondo.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • Liberada por el Mafioso   Capítulo 147. Final y Epílogo.

    Francesco se había movido cielo y tierra, empleando toda su influencia y recursos, para asegurar que Roger no fuera condenado por el delito de complicidad.Su persistencia dio resultado, logrando que la estancia de Roger en prisión se limitara a unas pocas semanas, el tiempo justo para que la ley hiciera su mínima labor sin destrozar su vida por completo.Esta breve detención, aunque un golpe a su reputación, fue vista por Francesco como una victoria agridulce, un mal menor que evitaba un destino mucho más sombrío para su amigo.Una vez que recobró su libertad, Roger no perdió ni un instante. Cada día que pasaba en la calle era un día más para demostrarle a Lucía la profundidad de su cambio.Se dedicó a cortejarla con una persistencia admirable, demostrando con cada gesto, cada palabra y cada acción que su arrepentimiento era genuino y que sus sentimientos hacia ella eran profundos y sinceros.Le enviaba flores, le escribía cartas donde volcaba su corazón, la esperaba fuera de su trab

  • Liberada por el Mafioso   Capítulo 146. Hermosa Familia.

    —¡Los abuelos están por llegar! ¡Tenemos hambre! —gritaban sus dos pequeños terremotos, sus voces resonando por la casa con la energía inagotable de los niños.—Date un baño, amor. Yo atenderé a nuestros pequeños —se ofreció Francesco, saliendo de la cama con una rapidez sorprendente y acudiendo de inmediato al llamado de sus gemelos.—Giovanni, Camila, ¿por qué gritan tanto? —preguntó Francesco, un poco avergonzado, al reunirse con sus pequeños en la sala.—No tenemos la culpa, papá. Mamá y tú gritaron primero —respondió Camila, con una inocencia desarmante que hizo que el rostro de Francesco se pusiera rojo al instante.—¿Qué? —articuló Francesco, sin poder creer lo que escuchaba.—Mamá gritó: ¡Francesco! —explicó la pequeña de seis años, con una seriedad que casi lo hacía reír—. Y pensamos que pronto nos gritaría a nosotros para comer, pero no fue así…—Sí, y luego te dijo: ¡Por favor! —agregó Giovanni, el hermano gemelo, con una curiosidad completamente inocente—. ¿Qué le hacías a

  • Liberada por el Mafioso   Capítulo 145. Nublados por la pasión.

    Catalina abrió los ojos, ahora nublados por la pasión más intensa. Dejó escapar un suspiro profundo y tembloroso mientras Francesco la invadía con una lentitud exquisita, sin prisa, pero con una firmeza que la llenaba por completo.Cada centímetro que él avanzaba era una ola de placer que la sumergía más y más en un abismo de sensaciones.El gemido que abandonó sus labios fue abrumador, un sonido cargado de una emoción profunda que resonó en la habitación.Era la expresión silenciosa, la confesión sin palabras, de todo lo que estaban sintiendo en ese momento: una mezcla arrolladora de placer, conexión y la culminación de un amor que había superado cada obstáculo.Francesco se hundió, con un gemido de placer, en el cuerpo de Catalina, un movimiento que lo ancló profundamente a ella, sintiendo cada milímetro de unión.En una respuesta instintiva, casi felina, ella lo atrapó por la cintura con sus largas y esbeltas piernas, envolviéndolo por completo y sellando la conexión entre ambos.S

  • Liberada por el Mafioso   Capítulo 144. Placer.

    Un gemido profundo y lleno de puro placer abandonó los labios entreabiertos de la mujer, un sonido apenas audible que escapó de lo más íntimo de su ser.Su cuerpo se arqueaba ligeramente, respondiendo a la exquisitez de la sensación, mientras sentía cómo su clítoris era deliciosamente atormentado por la lengua húmeda, cálida y experta de su marido.Cada roce, cada lamida, cada suave succión enviaba una descarga eléctrica que se propagaba desde el epicentro de su deseo, extendiéndose por cada fibra de su ser, encendiendo su piel y acelerando su pulso hasta un ritmo frenético.La respiración se le cortaba, y un calor intenso la invadía, disolviendo cualquier pensamiento que no fuera la embriagadora ola de sensaciones que la arrastraba hacia el abismo del éxtasis, a merced de su amante.Catalina apretó las sábanas entre sus manos hasta formar dos puños, los nudillos blancos por la fuerza. Se mordió el labio inferior con tal intensidad que casi sintió el gusto a hierro, todo para no gemir

  • Liberada por el Mafioso   Capítulo 143. Embarazada.

    Francesco asintió, su rostro pálido y la frente perlada de sudor; realmente se sentía de la patada y no tenía fuerzas ni para discutir con su esposa.La idea de una cama y un poco de paz era mucho más atractiva que cualquier argumento. Así que, dos horas después, se encontraban sentados en la sala de espera del consultorio médico, con una tensión inmensa en el entorno mientras aguardaban los resultados de los exámenes que el doctor le había solicitado con urgencia.La incertidumbre se cernía sobre ellos, grande y pesada.—No creo que esté enfermo, Cata, de verdad —alegó Francesco, su voz un poco débil, mientras intentaba convencer a su esposa y, quizás, a sí mismo—. Estos malestares, estas náuseas, solamente me dan por las mañanas. Es raro, ¿no crees? Quizá sea solo estrés o algo que me cae mal al despertar.—No me discutas, Francesco. Por favor —respondió Catalina, su tono firme y sin espacio para argumentos. La preocupación era evidente en sus ojos, pero se mantenía decidida—. De to

  • Liberada por el Mafioso   Capítulo 142. Justa condena.

    Catalina, mientras abrazaba a su familia en el hospital, sintió una certeza fría y clara: la pieza que faltaba para cerrar aquel doloroso episodio en sus vidas era su propio padre, Tobías Praga. Él era el origen de todo este calvario, el arquitecto de su sufrimiento.Fue él quien, en un acto de traición inimaginable, había vendido a su madre años atrás, sumiéndolas en una vida de incertidumbre y dolor. Y luego, con la misma crueldad despiadada, había intentado hacer lo mismo con ella.Catalina, con el corazón endurecido por tanto daño, esperaba de verdad que su padre pagara con prisión, una larga y justa condena.Para ella, la muerte sería un regalo, un escape demasiado fácil para un hombre que merecía un castigo prolongado por cada herida que había causado y por cada vida que había destruido. La justicia, esta vez, debía ser lenta y dolorosa, acorde a la magnitud de sus crímenes.Y el anhelo de Catalina se convirtió en realidad una semana más tarde. Su padre, Tobías Praga, fue finalm

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status