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Capítulo 4

Penulis: Hyacinth
Adrian estaba sentado en su despacho revisando informes de la manada. Junto a los expedientes había un catálogo para la habitación del cachorro, varias muestras de roble y una placa nueva con el nombre: ROWAN BLACKWOOD.

Pasó el pulgar por las letras.

Un representante del Consejo se fijó en el catálogo.

—¿Cuándo va a celebrar la ceremonia de marca?

Otro lobo preguntó:

—¿Serena no le pidió al Alfa Adrian que la liberara?

—Estaba enojada porque él salvó primero a Ivy —respondió alguien—. Todo el mundo sabe que lleva ocho años queriendo ser Luna.

Adrian se reclinó en la silla y sonrió.

—Ya se calmará. Se le informará a la manada en cuanto elija una fecha.

Para él, el asunto estaba resuelto.

Serena se mudaría a la casa de la manada, aceptaría su marca y daría a luz al heredero de los Blackwood. Su petición de irse no era más que un intento de que él fuera tras ella.

De pronto, la puerta del despacho se abrió. Una sanadora entró corriendo con un formulario de autorización médica de emergencia.

—Alfa, llevaron a Serena a la enfermería regional. Tiene una hemorragia y el pulso lobuno del cachorro se está debilitando. Necesitan su permiso para liberar el plasma de Alfa que se guarda en el banco de sangre de la manada.

Adrian apretó la placa con el nombre en la mano.

—Les dije a todos que no la mencionaran hasta que se disculpe.

—Esto no tiene nada que ver con su pelea. La sangre común no ha logrado estabilizarla estabilizarla. Por favor, firme esto.

Adrian tomó el formulario y lo rompió por la mitad. Se hizo el silencio en el despacho.

—¿Esperas que me crea esto?

—Alfa, viene de la enfermería regional.

Adrian se rio, burlón.

—Serena me ama desde los quince años. Jamás arriesgaría al cachorro que concibió solo para retenerme.

Dejó caer el formulario roto sobre el escritorio.

—¿Y ahora también mete a los sanadores en sus caprichos?

—La envenenaron con acónito —dijo la sanadora—. Si el plasma se retrasa, los dos podrían morir.

Adrian se puso de pie y su presencia de Alfa hizo callar a todos en el despacho.

Ya había elegido el nombre, la cuna y la habitación de Rowan. Quería a este cachorro, y esa sola idea le daba la absoluta certeza de que era imposible que lo estuviera perdiendo.

—Serena quiere a Rowan más que a nada. Lo mantendrá con vida.

La sanadora lo agarró del brazo.

—Su firma podría salvarlos.

Adrian se la quitó de encima.

—Dije que no.

Y se fue.

Adrian puso el celular en modo no molestar y pasó la tarde con Ivy en el refugio del este. Pasadas las diez, revisó el celular. En la pantalla aparecieron más de cien llamadas perdidas.

La mayoría eran de la enfermería regional y de Helena. La sanadora en jefe también había marcado de forma insistente, así que decidió devolverle la llamada.

—Venga a la enfermería. Ya.

La comunicación se cortó de golpe. Adrian se puso sombrío. Manejó hasta la enfermería con Ivy a su lado. Estaba pálida y callada, pero él ni siquiera lo notó.

Las puertas del ascensor se abrieron en el piso médico y, de inmediato, un impacto seco le volteó el rostro. El poder de Alfa se desató alrededor de Adrian mientras levantaba la mano. Entonces vio quién lo había golpeado.

—¿Mamá?

Helena tenía los ojos hinchados de tanto llorar.

—¡Eres un monstruo! —Lo agarró de la camisa—. ¿Por qué no firmaste la autorización?

—Serena estaba mintiendo...

—¡La envenenaron con acónito! ¡La golpearon y le aplastaron el vientre mientras protegía a tu cachorro!

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    Un año después de la muerte de Rowan, mi vida se había vuelto común y corriente. En el archivo, organizaba registros de lobos que habían dejado sus viejas manadas para empezar de nuevo. Los entendía mejor de lo que ellos imaginaban.Helena venía a cenar dos veces al mes. Mis platos amarillos se quedaron en la alacena, y maté tres plantas del balcón antes de aprender cuáles sobrevivían al invierno.Algunas noches todavía soñaba con el pulso de Rowan y me despertaba con la mano sobre el vientre. El duelo seguía ahí, pero ya no tomaba todas las decisiones por mí.La manada Blackwood también cambió.Cuando Adrian cedió el control de la reserva de sangre de emergencia, los sabios hicieron permanente ese cambio. Los sanadores ya no necesitaban permiso del Alfa para liberar sangre compatible en una emergencia. El decreto no llevaba el nombre de Rowan. Era mi cachorro, no una advertencia que la manada pudiera exhibir después de haber aprendido demasiado tarde.Adrian seguía siendo un Alfa capa

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