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Capítulo 29

Autor: Katja Brook
last update Data de publicação: 2026-01-06 02:17:21
Adriana se encontraba sentada en la cama mientras su pequeña hija Catalina estaba amamantando. La habitación estaba parcialmente iluminada por la luz del sol filtrándose a través de las cortinas. Sus pensamientos divagaban entre la noche anterior y la presencia de Solana, la nueva niñera de sus hijos. Recordaba vívidamente cómo se había sentido al tener sexo en sueños con Solana. La cercanía, la complicidad en sus miradas, los sutiles roces de sus cuerpos. Cada vez que Solana le sonreía, Adriana
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  • Loca por mi padrastro   Capítulo 46. La hija y la novia

    El pasillo del hospital quedó en silencio apenas se cerró la puerta de la habitación. Diana no esperó ni dos pasos. Se giró hacia Viola con el rostro tenso y los ojos todavía húmedos.—Eres fría —escupió—. Apareces de la nada después de años y te crees con derecho a mandar. Solo viniste por el dinero. ¿Verdad? Por el testamento.Viola se detuvo. La miró con calma, sin alterar la expresión. Ajustó el bolso sobre el hombro con un gesto elegante y habló con voz baja, casi conversacional:—Créeme, preferiría estarme follando a un joven musculoso, o tomando sol en Saint Tropez, o estar en mi villa en Nueva York… incluso en una reunión con tiburones de negocios antes que estar aquí. Pero te guste o no, soy la persona a cargo. La hija de Lionel Grant.Diana soltó una risa corta, amarga.—Adoptiva. Eres la hija adoptiva.Viola inclinó ligeramente la cabeza, como si evaluara la corrección.—Adoptiva o no, soy la persona a cargo. Te guste o no te guste. Aparte, se necesita a alguien con la cabe

  • Loca por mi padrastro   Capítulo 45. Lo que no se dice, y lo que sí

    Lionel tragó saliva con dificultad. La garganta le ardía, pero forzó las palabras. Salieron rotas, apenas un hilo ronco, pero claras:—Estoy… feliz de verte aquí.Viola lo miró sin cambiar de expresión. Permaneció sentada en el sillón, las piernas cruzadas, una mano apoyada con elegancia sobre la rodilla. Cuando habló, la voz le salió calmada, casi indiferente.—Pues yo hubiera sido más feliz si no volvía a verte.El silencio que siguió fue denso. Lionel no apartó la mirada. Ella sostuvo la de él unos segundos y luego respiró despacio, como si se obligara a precisar.—Eso no significa que quisiera que murieras —aclaró—. Solo que no quería…Se detuvo. La frase quedó incompleta en el aire. No la terminó. No explicó qué era exactamente lo que no quería. El músculo de su mandíbula se tensó apenas, lo único que delató que esas palabras le costaban más de lo que mostraba.Lionel asintió con lentitud. La voz le salió todavía más baja:—Lo entiendo.Otro silencio. Este fue más incómodo. Ningu

  • Loca por mi padrastro   Capítulo 44. Roto

    Lionel no podía dejar de mirarla.La luz de la mañana entraba por la ventana de la habitación de la UCI y se posaba sobre ella como si la buscara a propósito. Viola estaba sentada en el sillón junto a su cama, las piernas cruzadas, el cuerpo erguido, la expresión serena hasta el punto de parecer distante. No había dicho una sola palabra desde que él había logrado tomar su mano y pedirle, con la voz destrozada, que se quedara.Él intentó hablar otra vez. Solo logró un sonido ronco y roto que no formó ninguna palabra clara. La garganta le ardía. Cada intento de articular algo le costaba un esfuerzo absurdo. Se rindió por el momento y simplemente la observó.No podía creer que estuviera allí.Lo último que recordaba con nitidez era estar subiendo al auto. Diana lo esperaba, estaba al teléfono, hablando de la cena con sus padres en casa de estos. Él había cerrado la puerta del conductor, puesto el cinturón… y después, nada. Un vacío negro. Ahora despertaba en una cama de hospital, con el

  • Loca por mi padrastro   Capítulo 43. El Nombre Equivocado (Otra Vez)

    Viola llegó a la puerta de la UCI casi al mismo tiempo que el médico joven. Todavía podía sentir el calor residual entre sus piernas y el olor a sexo disimulado bajo el perfume. Se acomodó el cabello con un gesto rápido y entró detrás de él sin decir una palabra.Lionel ya no tenía el tubo en la boca.Estaba semiincorporado sobre las almohadas, el rostro todavía hinchado y marcado por los moretones, pero los ojos abiertos. La voz le salió como un graznido ronco cuando intentó hablar.—Agua…Una enfermera se acercó de inmediato con un vaso y una pajilla. Le humedeció los labios primero y luego le dio un sorbo mínimo. Lionel tragó con dificultad, cerró los ojos un segundo y volvió a abrirlos, desorientado.Diana no esperó más. Se lanzó hacia la cama con los ojos llenos de lágrimas.—Mi amor… mi amor, estoy aquí, mírame por favor.Viola, de pie a un par de metros, puso los ojos en blanco con poca discreción. Cruzó los brazos y observó la escena como quien mira una obra de teatro mediocre

  • Loca por mi padrastro   Capítulo 42. Despertar

    El médico joven —el mismo de la mañana anterior— se acercó a Viola en la sala de espera con la carpeta bajo el brazo.—Vamos a empezar a reducir la sedación efectivamente como le había anticipado ya —le informó sin rodeos—. Los valores respiratorios se han mantenido estables y el neumotórax está controlado. En las próximas horas es posible que abra los ojos o que tenga alguna reacción. No podemos garantizar el nivel de conciencia ni si reconocerá a nadie de inmediato, pero el proceso ya comenzó.Viola asintió una sola vez.—Estaré aquí.No preguntó más. Se sentó de nuevo en la silla de plástico y cruzó las piernas. El tiempo se volvió espeso. Cada vez que una enfermera salía de la UCI, su mirada se levantaba apenas. La posibilidad de que Lionel abriera los ojos y la viera —o no la reconociera, o dijera algo que no debía— le generaba una tensión fría y precisa en el pecho. No se permitió mostrarla.Al cabo de un rato, la necesidad de aire se volvió más fuerte que la disciplina. Sacó un

  • Loca por mi padrastro   Capítulo 41. La casa y la cama

    La habitación era exactamente igual.Las paredes del mismo color crema apagado, la cama individual con el cabecero de madera oscura, el escritorio junto a la ventana donde antes hacía la tarea. Margaret había puesto sábanas limpias y una toalla doblada sobre la cómoda, pero el aire seguía oliendo a cerrado, a años de polvo contenido. Viola se cambió con movimientos precisos, se metió bajo las sábanas y apagó la luz.No pudo dormir.Al cabo de una hora se levantó. Descalza, con solo una camiseta larga, abrió la puerta y salió al pasillo. La casa estaba en completa oscuridad. El silencio era tan denso que podía oír su propia respiración. Bajó las escaleras sin encender ninguna luz, guiándose por la memoria de los peldaños. Pasó frente a la sala, frente a la cocina y volvió a detenerse frente a la oficina.Entró.La superficie de caoba estaba fría bajo sus dedos cuando la rozó. Se sentó en la silla de Lionel y se quedó quieta, mirando el espacio vacío donde, una noche de hacía nueve años

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