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last update publish date: 2026-09-14 08:44:19

—¡Lo siento! ¡No era mi intención! —exclamó, casi jadeando, sus mejillas ahora de un rojo encendido.

El ascensor quedó en un silencio tenso por un par de segundos. Entonces, una leve carcajada se escapó de alguien. Y otra. Algunos presentes, que habían presenciado la escena, se taparon la boca rápidamente al sentir la mirada helada del hombre atrapado con Olivia.

Arrugó el ceño con una expresión sombría, claramente incómodo, pero más por la situación absurda que por la proximidad física. Para alguien tan notoriamente que despreciaba el contacto físico con otras personas como él, aquello habría sido insoportable con cualquier otra mujer.

Pero con ella…

Él no se movía. No apartaba sus ojos de su rostro, como si intentara recordar algo.

Mientras tanto, Olivia no sabía dónde meterse. Intentó liberarse torpemente, pero el tirón sólo enredaba más su cabello. Las palmas le sudaban y su respiración se aceleraba.

—Lo siento, lo siento mucho… ¿Podría, podría ayudarme? —pidió, sintiéndose cada vez más ridícula. No podía perder esta oportunidad de trabajo por algo tan tonto.

Edward parpadeó lentamente. Había algo en esa voz. En su olor. En la forma desesperada —y honesta— con la que lo miraba.

Era como un eco.

Una memoria vaga, pero intensa.

Él no dijo nada al principio. Luego, inesperadamente, bajó la vista y deslizó sus dedos largos y precisos hacia su cabello. Con movimientos suaves pero firmes, comenzó a liberar los mechones atrapados.

—No te muevas. Relájate —ordenó con voz fría, baja… pero no cruel.

Olivia tragó saliva. Esa voz...

Esa voz... me resulta familiar.

El corazón se le detuvo un segundo.

Un recuerdo, como una ráfaga, la golpeó.

La noche de hace cinco años.

En la oscuridad, confundida, dolorida y mareada… abrió los ojos un instante. No pudo ver claramente su rostro, pero sí sus labios. Finos, sonrosados.

Y esa voz. Esa misma voz que ahora la atravesaba como un rayo.

—Gracias… —murmuró con un hilo de voz, incapaz de apartar la mirada.

No obtuvo respuesta.

Edward simplemente terminó de soltar su cabello, se enderezó, y volvió la vista al frente. Indiferente. Silencioso.

Pero Olivia no pudo evitar mirarlo con detenimiento. Su porte elegante, el traje hecho a mano de impecable corte. Sus labios fruncidos eran tan perfectos. Su expresión, distante y arrogante, irradiaba poder y control absoluto. ¿Sería él? Negó en absoluto.

Ella bajó la mirada rápidamente, maldiciéndose por su torpeza. No podía permitirse pensar en aquella noche ahora. Necesitaba ese trabajo.

Y aún no sabía que el mismo hombre ante quien se había humillado…

era el padre de su hija.

—Señorita —el asistente reaccionó de inmediato. Al recordar su caída sobre el señor Campbell, habló con frialdad—: Dijo que tenía prisa, pero supongo que sólo quiere coquetear con el presidente.

¿Coquetear? Olivia seguía aturdida. El hombre que estaba a su lado bajó ligeramente la cabeza y la miró de reojo.

Había tenido muchas mujeres a su alrededor durante todos esos años. De hecho, muchas se devanaban los sesos por acercarse a él. Pero desde lo ocurrido hace cinco años, no había podido desarrollar ningún interés real hacia ninguna. La única mujer con la que había tenido contacto íntimo era la de aquella noche… la madre de su hijo. Pensando en la actitud descarada de la mujer que tenía delante, parecía que buscaba acercarse a él a propósito. La frialdad y el desdén se reflejaron lentamente en su mirada. Por un instante, estuvo a punto de dejarse engañar.

Olivia se sintió molesta de inmediato.

—Dije que tenía prisa. ¿Por qué me miras así? —En el fondo, se sentía agradecida por la ayuda que había recibido.

—Logan —el hombre la ignoró por completo y se dirigió con frialdad a su asistente—. Pulsa el botón del nivel.

Logan Reynolds obedeció y presionó el botón correspondiente. Cuando la puerta del ascensor se abrió, le indicó a Olivia que saliera.

—Por favor, abandone el ascensor. Y la próxima vez, señorita, no use ese truco.

—Oh, vamos, de verdad que no... —Olivia intentó defenderse, pero la actitud implacable del asistente la obligó a callar. Apretó los dientes y le lanzó una mirada furiosa a Edward antes de salir. Murmuró con desdén:

—¿Quién se cree que es? ¿Por qué tendría que coquetear con él? Patético...

Su voz aún era audible. Logan palideció de inmediato, y el miedo se reflejó en su rostro. ¿Acaso la aspirante estaba buscando problemas? La aura dominante y despiadada del hombre que estaba junto a él lo hizo estremecerse. No se atrevía siquiera a mirarlo.

—¡Llamaré al guardia de seguridad para que se encargue de esto! —dijo con voz temblorosa.

—Olvídalo —ordenó Edward. Cuando la puerta del ascensor se cerró, su mirada volvió a la normalidad. Las palabras de aquella mujer aún resonaban en su mente, y, de forma inexplicable, sintió un ligero interés por ella. Entrecerró los ojos. Su voz, más profunda y fría que antes, rompió el silencio:

—Llama a Joshua y dile que asistiré a la entrevista de las diez de la mañana.

—Sí, señor Campbell.

Mientras tanto, Olivia había llegado a la sala de recepción. Al ver lo abarrotado del lugar, una presión inesperada cayó sobre sus hombros. El número de aspirantes era mucho mayor de lo que imaginaba. Tomó una posición al azar y se quedó allí. Unas cuantas mujeres a su lado conversaban con entusiasmo.

—Oye, ¿sabías que el Ceo vendrá personalmente a la entrevista de hoy?

—¿En serio? He oído que tiene un hijo, pero no una esposa... Y que es guapísimo. ¿Será que busca encontrarle una madre?

—¡Podría ser! Aunque también escuché que tiene algunos problemas... Si no, ¿por qué no se ha casado oficialmente en tanto tiempo? Tiene muchos escándalos, ¿será que lo abandonaron?

Tras una ronda de chismes, las mujeres siguieron suspirando por el presidente. No les importaba convertirse en madrastras con tal de casarse con una familia rica.

Al ver cómo competían por el corazón del presidente, Olivia no pudo evitar poner los ojos en blanco y soltar una risa sarcástica. Por lo general, un presidente con hijos debía tener ya más de treinta años y seguramente una barriga cervecera. ¿Y ahora querían hacer creer que buscaba madre para su hijo entre las candidatas? Para ella, claramente sólo buscaba una amante.

Desde el subconsciente, comenzó a desarrollar cierta antipatía hacia su futuro jefe.

—¡Olivia Jones!

—¡Aquí! —respondió rápidamente. Al escuchar su nombre, se abrió paso entre la multitud, respiró hondo y empujó la puerta.

Dentro había cinco entrevistadores sentados con formalidad en el centro del escenario. El que estaba a la derecha hablaba en voz baja con otro hombre, mostrándole una evidente deferencia.

Olivia se quedó boquiabierta al reconocer al hombre del ascensor. Su respiración se detuvo y el pánico se apoderó de ella al ver cómo todos lo rodeaban con un comportamiento halagador. Aquel tipo parecía tener una posición más alta que cualquier otra persona en la sala. ¿Gerente? ¿Director? ¿O tal vez...? Recordó que el asistente lo llamó… Sus ojos se agrandaron.

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