INICIAR SESIÓNAquella mañana, la habitación del señor Rocchi estaba llena de un silencio pesado, como si sus paredes guardaran demasiados recuerdos sin resolver. Estaba sentado en su viejo sillón de madera, con el cuerpo ligeramente encorvado, mientras en sus manos sostenía una fotografía envejecida cuyo color había ido palideciendo con el paso del tiempo. Su mirada se quedó fija largo rato en aquella imagen: un retrato de décadas atrás, cuando todo parecía aún sencillo.Allí estaba él, de pie junto al señor Vasillo, los dos con una gran sonrisa, como si el mundo nunca los hubiera herido. Sin embargo, ahora esa sonrisa se sentía como una ironía.Sus dedos se apretaron sobre la fotografía; su mandíbula se tensó y se escuchó su respiración pesada.—Nunca debería haber llegado a esto —murmuró en voz muy baja, casi inaudible. Pero los recuerdos del pasado irrumpieron enseguida: el rostro de su hijo, de su nuera, una pérdida que nunca había sanado del todo.—Puede que tú también hayas perdido algo... —c
El auto se detuvo suavemente frente a un lujoso edificio que se elevaba hacia las alturas. Las puertas automáticas se abrieron, y varios guardias que ya estaban de guardia desde antes se pusieron de pie de inmediato, inclinando la cabeza con todo respeto.—Buenas noches, señor.Alex bajó primero, luego se volvió levemente.—Tania, baja. —Su tono seguía tranquilo, pero sin dejar espacio para rechazarlo.Tania abrió la puerta y bajó junto con Renzi y Renzo. Los dos niños miraron a su alrededor con curiosidad; el lujo del lugar era demasiado llamativo para ignorarlo, y era la segunda vez que iban allí.En cuanto entraron al penthouse, una atmósfera cálida pero elegante los recibió. Las lámparas de cristal reflejaban una suave luz, mientras que el suelo de mármol brillaba bajo sus pies.Una empleada de mediana edad se acercó enseguida. Su porte era elegante; su rostro, amable pero lleno de respeto.—Bienvenido, señor —dijo inclinándose ligeramente.Alex solo asintió brevemente.-Llévalos
El auto salió del departamento a alta velocidad. El ambiente dentro era silencioso, pero lleno de una tensión que todavía no se disipaba. Renzi estaba sentada abrazando a Tania con fuerza; su rostro aún estaba hinchado de tanto llorar.Mientras tanto, Renzo estaba sentado al otro lado, callado, pero con una mirada aguda y cargada de pensamientos.Alex estaba sentado adelante, con la mandíbula tensa. De vez en cuando miraba por el espejo retrovisor, asegurándose de cómo estaban los de atrás, pero su mente claramente no estaba tranquila.Pasaron varios minutos sin ningún sonido. Hasta que al fin:—No volvemos a esa casa. —La voz de Alex rompió el silencio.Tania se volvió de inmediato. —¿Qué quieres decir?—Vienen conmigo —continuó Alex con firmeza—. Al penthouse. A partir de ahora viven allá. —Su tono no era una petición, era una orden.Tania frunció el ceño. —No.Alex se volvió de inmediato; su mirada se agudizó. —¿Cómo?—Dije que no —repitió Tania con más claridad—. Abuelo debe estar
La risa de Diego seguía resonando en el interior de la habitación, rebotando en las paredes del departamento que ahora estaba lleno de hombres armados. La atmósfera, que ya era tensa, se volvió aún más inquietante, como si hubiera algo que todavía no estaba del todo resuelto.Y fue en ese momento cuando el teléfono de Diego sonó. Ese sonido se oyó con toda claridad en medio del silencio.Uno de los hombres de Alex que sostenía el teléfono se volvió de inmediato. Pero antes de que pudiera decir nada, Tania ya se había movido rápido y había tomado el teléfono.—Dámelo —dijo con firmeza.Tania no pensó mucho. Lo contestó de inmediato y activó el altavoz.(Hola...) Se escuchó la voz grave de un hombre del otro lado.(Diego,) lo llamó aquella voz, firme pero algo apresurada.(¿Dónde estás ahora?)Tania se quedó paralizada al instante; se le cortó la respiración.[¿Qué hay de los niños?) continuó. [Están contigo, ¿verdad?)La habitación se quedó de repente en silencio; todos se miraron. Tan
Mientras todos estaban distraidos, la pantalla de la laptop seguía avanzando, y Renzo se movió de golpe.—¡Basta!Renzo apartó la mano de Diego con fuerza. El movimiento fue tan rápido que Diego se tambaleó hacia atrás, perdiendo el equilibrio.—¡Tú! —Diego todavía no había podido reaccionar.Renzo corrió de inmediato hacia Renzi.—¡Hermano! —Renzi entró en pánico.—¡Detente! —ordenó Renzo. Su mano golpeó el teclado y presionó con firmeza un botón de cancelar, y la pantalla parpadeó de inmediato para indicar que el proceso se había detenido.—¡Aaarg! —Diego gritó lleno de rabia. Su rostro se volvió salvaje.—¿Se atrevieron a frustrarlo?!Sin pensarlo, lanzó el cuchillo que tenía en la mano directamente hacia Renzo y Renzi.—¡Muéranse los dos!Pero en ese mismo instante, Alex se movió rápido y con reflejos el teléfono que tenía en la mano fue lanzado con precisión. El cuchillo salió despedido en el aire y cayó al suelo, a apenas unos centímetros del cuerpo de Renzo.Renzi soltó un grit
El auto de Mario se detuvo de golpe frente a la vieja bodega.Un leve polvillo se levantó cuando las puertas se abrieron con rapidez. Varios hombres bajaron de inmediato y se desplegaron, revisando cada rincón con agilidad.—¡Revisen todo! —ordenó Mario con firmeza.Pasos apresurados llenaron esa zona silenciosa. La puerta de la bodega fue empujada hacia adentro.Pasaron algunos segundos de tensión antes de que uno de los hombres gritara: —¡No hay nadie aquí!Mario entró más a fondo, con los ojos barriendo la habitación.Las cuerdas de las ataduras seguían tiradas en el suelo.Restos de comida en la mesa. Un aire sofocante que aún guardaba el rastro de la presencia de alguien.Mario apretó el puño.—Maldición... —murmuró en voz baja.Agarró el teléfono de inmediato y marcó un número.En otro auto que avanzaba rápido, el teléfono de Alex sonó.Lo contestó de inmediato.—¿Sí?[Señor...] la voz de Mario sonaba tensa. (Ya llegamos.)—¿Dónde están ellos? —preguntó Alex sin rodeos.Un breve







