تسجيل الدخولUna noche en Berlín lo cambió todo. Tania, vendida por su propia familia a un viejo repugnante, logra escapar de la habitación de hotel, solo para caer en otra trampa: la suite de un desconocido que también ha sido drogado. Ambos son víctimas; ninguno de los dos recuerda lo que ocurrió. Siete años después, Tania vive como madre soltera de dos gemelos extraordinarios: Renzo, un niño de mirada helada y mente implacable, y Renzi, un pequeño hacker prodigio con el corazón más grande del mundo. Juntos son su razón de vivir, su secreto más peligroso y la prueba viva de aquella noche que juró olvidar. Pero los secretos no permanecen enterrados para siempre. Alex Roman Vasillo —heredero de la familia mafiosa más temida de Europa, el hombre de aquella noche— descubre la existencia de los gemelos. Y un Vasillo jamás deja que le arrebaten lo que es suyo. Lo que comienza como una guerra por la custodia se transforma en un matrimonio forzado, una alianza imposible y, poco a poco, en algo que ninguno de los dos esperaba: un amor real nacido del caos. Pero el pasado tiene garras. Enemigos antiguos, traiciones familiares y una venganza que lleva décadas gestándose amenazan con destruir todo lo que Tania y Alex intentan construir. En esta historia donde la mafia se encuentra con la maternidad, donde dos niños genios superan a ejércitos de adultos y donde el amor más oscuro puede ser también el más verdadero, solo una pregunta importa: ¿podrán los herederos secretos de los Vasillo sobrevivir a la guerra que su propia existencia desató?
عرض المزيدLas luces de la ciudad se reflejaban en los cristales de los edificios altos, creando un brillo hermoso, irónico para una joven cuya vida acababa de ser subastada.
Tania estaba de pie frente a la puerta de una suite en el piso treinta de un hotel de lujo. El vestido fino que llevaba puesto se sentía como una burla. Transparente hasta revelar las curvas de su cuerpo tembloroso. Detrás de ella, su tío le apretaba el brazo con fuerza. — Tío, por favor... —la voz de Tania temblaba—. No hagas esto. Trabajaré en lo que sea. Puedo ayudar con la empresa... — ¡Cállate! —le espetó su tío. Su tía cruzó los brazos, sin un ápice de culpa en el rostro. —La empresa está al borde de la quiebra por culpa de tus padres. Ahora tú pagas el precio —bramó Milan. Merlin, la hija de ambos, sonrió con sorna. —Además, solo eres una recogida. Deberías estar agradecida de valer cien millones. Dentro de la habitación, un hombre viejo estaba sentado en un sillón mullido junto a una mesa de cristal. El cabello blanco. La sonrisa repugnante. El contrato descansaba impecable sobre la mesa. —Métanla —dijo con calma. Tania forcejeó. —¡Les suplico! ¡No! Sin embargo, una aguja penetró su brazo. Un líquido frío recorrió su cuerpo. La vista de Tania empezó a nublarse cuando la puerta fue empujada y su cuerpo lanzado adentro. La puerta se cerró con llave desde afuera; los pasos se alejaron sin titubear. —¡Tío! ¡Tía! ¡Por favor, abran! —Tania golpeó la puerta, pero sus manos estaban débiles por la droga. Nadie respondió, y cuando se volvió lentamente, el viejo ya estaba de pie. Sus ojos recorrían con avidez el cuerpo bajo el vestido transparente, que ahora se sentía como un castigo. —Pagué cien millones por ti —dijo con voz pesada y ronca—. Y el contrato de asociación salvará la empresa de tu tío. Deberías sentirte honrada. Tania retrocedió. —No se acerque... El hombre rio quedamente y avanzó. Tania corrió por la habitación. El corazón le martillaba. El sedante hacía que su cuerpo se tambaleara, pero el terror le daba fuerzas. El viejo intentó atraparla. Su mano casi tocó el hombro de Tania, pero... ¡Crash! Sin pensarlo, Tania agarró un jarrón de cristal de la mesa y lo blandió con todas sus fuerzas. El jarrón impactó contra la cabeza del viejo. El sonido del cristal al romperse resonó por la habitación; el cuerpo del hombre se desplomó. La sangre brotó de su sien. Tania se quedó inmóvil, las manos temblándole. —Y-yo no... —su respiración era agitada. Pero no tenía tiempo para arrepentirse. Con manos temblorosas, buscó en el maletín del hombre. Una tarjeta de acceso del hotel y una tarjeta negra sin nombre cayeron al suelo. Tania las recogió, abrió la puerta y echó a correr. Pero al final del pasillo, su tío y su tía seguían allí parados, como si se aseguraran de que la transacción hubiera concluido. Tania se congeló. Era imposible pasar por ahí. Presa del pánico, vio una puerta entreabierta. Un hombre de traje negro acababa de salir y caminaba con paso rápido hacia el ascensor. Eso significaba que la habitación estaba vacía, pensó Tania. Sin pensarlo dos veces, entró y cerró la puerta con cuidado. La luz del cuarto era tenue. Se recargó contra la puerta, tratando de calmar su respiración. Pero un fuerte olor a alcohol impregnaba el aire. Lentamente, Tania giró la vista hacia la cama, y al instante sintió que la sangre dejaba de correrle por las venas. Había un hombre tendido ahí, inconsciente. Afuera de la habitación, el guardaespaldas que acababa de salir solo estaba verificando que el pasillo fuera seguro. Nadie sabía que una joven aterrorizada había entrado en la habitación de su señor. Sobre la cama king size, el hombre que ella había creído inconsciente comenzó a moverse. Su mano grande y venosa se arrancó la corbata con brusquedad, como si el objeto lo estrangulara. Un calor pesado envolvía la habitación, no por la temperatura, sino porque algo no estaba bien. Tania giró lentamente la cabeza, y el mundo pareció detenerse. El hombre se había incorporado a medias. Su cuerpo era fornido e imponente. La camisa blanca abierta a la altura del pecho dejaba ver un torso firme. Sus brazos estaban cubiertos de tatuajes oscuros que se extendían hasta las muñecas. Pero para Tania, todo se veía borroso. Su visión era doble por efecto del sedante que aún corría por su sangre, la droga que Merlin le había inyectado en el brazo minutos antes. Le pesaba la cabeza y el mundo giraba. Se llevó la mano a la sien. —Tengo que... irme... -murmuró. Del otro lado, el hombre percibió la presencia de un extraño en su habitación. Su mirada era salvaje, pero luchaba por mantener la consciencia; los músculos de su mandíbula se tensaron. Alguien lo había drogado después de una reunión crucial esa noche, una reunión que lo había obligado a aparecer en público por segunda vez en sus treinta y dos años de vida. Rara vez se dejaba ver, rara vez le ponía un rostro a su nombre. Y esa noche, él también había sido víctima. —Quién... eres... —su voz era grave y pesada, contenida por una consciencia a medio perder. Tania se sobresaltó. —P-perdón... me equivoqué de habitación —respondió rápidamente—. Ya me voy. Se giró con la intención de abrir la puerta. Pero antes de que su mano tocara la manija, un agarre férreo le atrapó la muñeca. El cuerpo de Tania se sacudió. El hombre se movió con rapidez a pesar de que su consciencia estaba al borde de apagarse. La jaló y, en un solo movimiento, la empujó sobre la cama. Tania quedó sin aliento. —¡Suélteme! —gritó débilmente, intentando liberarse. Pero las fuerzas de ambos eran igualmente inestables. La droga en el cuerpo de Tania hacía que sus movimientos fueran lentos, mientras que la droga en el cuerpo del hombre destruía su cordura. La mirada del hombre recorrió el rostro de Tania, borroso ante sus ojos. —Quién te envió... —murmuró con voz ronca. Tania negó con la cabeza rápidamente. —Nadie... yo solo... Sus palabras se cortaron cuando la cabeza le pesó aún más. Su visión se oscurecía. Ya no estaba segura de qué era real y qué era una ilusión. El hombre cerró los ojos un instante, tratando de combatir el efecto del veneno en su sangre. Pero su cuerpo ardía, su mente era un caos, sus instintos estaban fuera de control. Las miradas de ambos se cruzaron; ninguno de los dos estaba plenamente consciente. Los dos atrapados por el veneno que corría por sus cuerpos. Tania intentó levantarse. —Tengo que irme... —susurró con la voz quebrada. Pero el agarre del hombre era demasiado fuerte. Su fuerza superaba con creces la del cuerpo de Tania, debilitado por el sedante. Cada movimiento de ella se sentía lento, pesado, como si su cuerpo ya no le perteneciera. El hombre levantó la mano y tocó el rostro de Tania. Ese contacto la hizo estremecerse. —No... —susurró. La vista de Tania era borrosa. El rostro del hombre sobre ella no era más que una silueta difusa: una mandíbula firme, una respiración pesada, una piel caliente que quemaba. No podía distinguir con claridad quién era. El hombre se inclinó; su aliento rozó la piel de Tania. Había algo antinatural en sus movimientos. Un impulso salvaje que no nacía de una consciencia plena. Tania se resistió; las lágrimas comenzaron a caer. —Suélteme... por favor... Pero cada uno de sus llantos parecía incapaz de atravesar la consciencia del hombre. El veneno que dominaba su mente desdibujaba los límites entre lo correcto y lo incorrecto. Un instinto distorsionado lo hacía actuar como alguien que no era él mismo. El hombre no estaba consciente; no estaba siendo él mismo. Pero para Tania, esa razón no disminuía el miedo. El dolor se extendió. Su cuerpo se tensó. Ella lloró, suplicó, intentó empujarlo, pero sus fuerzas se agotaban poco a poco. El llanto de Tania quedó ahogado entre las gruesas paredes de aquella lujosa habitación de hotel. Afuera, Berlín seguía congelada, indiferente a dos seres humanos igualmente traicionados por quienes los rodeaban. —Por favor, detente... duele, me estás lastimando —imploró Tania, pero el hombre no le hizo caso. Mientras tanto, él, en su consciencia fracturada, parecía atrapado en una oscuridad que le susurraba poder y victoria, como si viera a un enemigo que debía someter, no a una joven indefensa. «Mamá... Papá, Tata ha fracasado...», susurró Tania en su interior. Suplicar y resistirse ya no servía de nada; el hombre le había arrebatado algo invaluable. Algo que ella había protegido con todo su ser.Aquella mañana, la habitación del señor Rocchi estaba llena de un silencio pesado, como si sus paredes guardaran demasiados recuerdos sin resolver. Estaba sentado en su viejo sillón de madera, con el cuerpo ligeramente encorvado, mientras en sus manos sostenía una fotografía envejecida cuyo color había ido palideciendo con el paso del tiempo. Su mirada se quedó fija largo rato en aquella imagen: un retrato de décadas atrás, cuando todo parecía aún sencillo.Allí estaba él, de pie junto al señor Vasillo, los dos con una gran sonrisa, como si el mundo nunca los hubiera herido. Sin embargo, ahora esa sonrisa se sentía como una ironía.Sus dedos se apretaron sobre la fotografía; su mandíbula se tensó y se escuchó su respiración pesada.—Nunca debería haber llegado a esto —murmuró en voz muy baja, casi inaudible. Pero los recuerdos del pasado irrumpieron enseguida: el rostro de su hijo, de su nuera, una pérdida que nunca había sanado del todo.—Puede que tú también hayas perdido algo... —c
El auto se detuvo suavemente frente a un lujoso edificio que se elevaba hacia las alturas. Las puertas automáticas se abrieron, y varios guardias que ya estaban de guardia desde antes se pusieron de pie de inmediato, inclinando la cabeza con todo respeto.—Buenas noches, señor.Alex bajó primero, luego se volvió levemente.—Tania, baja. —Su tono seguía tranquilo, pero sin dejar espacio para rechazarlo.Tania abrió la puerta y bajó junto con Renzi y Renzo. Los dos niños miraron a su alrededor con curiosidad; el lujo del lugar era demasiado llamativo para ignorarlo, y era la segunda vez que iban allí.En cuanto entraron al penthouse, una atmósfera cálida pero elegante los recibió. Las lámparas de cristal reflejaban una suave luz, mientras que el suelo de mármol brillaba bajo sus pies.Una empleada de mediana edad se acercó enseguida. Su porte era elegante; su rostro, amable pero lleno de respeto.—Bienvenido, señor —dijo inclinándose ligeramente.Alex solo asintió brevemente.-Llévalos
El auto salió del departamento a alta velocidad. El ambiente dentro era silencioso, pero lleno de una tensión que todavía no se disipaba. Renzi estaba sentada abrazando a Tania con fuerza; su rostro aún estaba hinchado de tanto llorar.Mientras tanto, Renzo estaba sentado al otro lado, callado, pero con una mirada aguda y cargada de pensamientos.Alex estaba sentado adelante, con la mandíbula tensa. De vez en cuando miraba por el espejo retrovisor, asegurándose de cómo estaban los de atrás, pero su mente claramente no estaba tranquila.Pasaron varios minutos sin ningún sonido. Hasta que al fin:—No volvemos a esa casa. —La voz de Alex rompió el silencio.Tania se volvió de inmediato. —¿Qué quieres decir?—Vienen conmigo —continuó Alex con firmeza—. Al penthouse. A partir de ahora viven allá. —Su tono no era una petición, era una orden.Tania frunció el ceño. —No.Alex se volvió de inmediato; su mirada se agudizó. —¿Cómo?—Dije que no —repitió Tania con más claridad—. Abuelo debe estar
La risa de Diego seguía resonando en el interior de la habitación, rebotando en las paredes del departamento que ahora estaba lleno de hombres armados. La atmósfera, que ya era tensa, se volvió aún más inquietante, como si hubiera algo que todavía no estaba del todo resuelto.Y fue en ese momento cuando el teléfono de Diego sonó. Ese sonido se oyó con toda claridad en medio del silencio.Uno de los hombres de Alex que sostenía el teléfono se volvió de inmediato. Pero antes de que pudiera decir nada, Tania ya se había movido rápido y había tomado el teléfono.—Dámelo —dijo con firmeza.Tania no pensó mucho. Lo contestó de inmediato y activó el altavoz.(Hola...) Se escuchó la voz grave de un hombre del otro lado.(Diego,) lo llamó aquella voz, firme pero algo apresurada.(¿Dónde estás ahora?)Tania se quedó paralizada al instante; se le cortó la respiración.[¿Qué hay de los niños?) continuó. [Están contigo, ¿verdad?)La habitación se quedó de repente en silencio; todos se miraron. Tan


















Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.