Mag-log inEmmaEsa mañana me encontraba en la cocina con una taza de café en las manos. Los sucesos del día anterior se reproducían en mi cabeza como una película.Iva, la especialista en nuevos medios, era muy agradable hasta que preguntó por el tabloide.Espero que no se una a los chismes de la oficina y se convierta en una molestia constante.Mañana es viernes, fin de semana, la fecha límite que me dio mi madre para irme de la casa de Knox.Me estremezco solo de pensarlo.Llevo una camiseta holgada que apenas me llega a los muslos. La suave tela roza mi piel después de una noche en la que apenas dormí. Tomo un sorbo de café lentamente, dejando que el silencio de la cocina familiar me envuelva durante unos minutos de paz antes de que empiece la actividad del día.Cuando me doy la vuelta, el corazón casi se me sale del pecho.Knox está apoyado en el marco de la puerta, mirándome con esa mirada hambrienta en sus
Mónica “Mira, respira hondo, ¿de acuerdo? Cálmate y explícale la situación”, dice Gina por teléfono con voz firme, pero puedo percibir la preocupación que se esconde tras ella. Gina y yo hemos sido muy unidas desde que decidimos unir fuerzas contra Knox. Solté un largo suspiro de frustración y me dejé caer en el sofá, temblando de rabia y ansiedad. «Hace unos minutos, la policía se presentó en mi puerta. Dijeron que recibieron un aviso anónimo para que me registraran en busca de drogas». —Mierda, ¿encontraron algo? —pregunta con un tono cortante y preocupado. “¡No!”, casi grito. Luego me doy una palmada en la sien, frustrada. “Si no encontraron nada, entonces deberías tranquilizarte”, dijo, tratando de sonar tranquilizadora, pero me di cuenta de que no comprendía del todo la gravedad de la situación. Ella no lo entendía. No se trataba de un simple control aleatorio. Ahora estaba en su punto de mira. Est
MónicaMe quedo junto a la ventana, contemplando la ciudad mientras los primeros rayos del amanecer comienzan a extenderse sobre los edificios.Mi cigarrillo arde entre mis dedos, el humo se enrosca perezosamente en el aire inmóvil de mi apartamento.Doy una larga calada, inhalando profundamente, sintiendo el calor del humo llenar mis pulmones. Exhalo lentamente, observando cómo se extiende por el cristal.La ira me invade, llenando mi pecho como una nube oscura. Ira contra Knox, contra todo lo que representa en mi vida ahora.Todo por lo que he trabajado, todo lo que he planeado, siento que se me escapa de las manos, por mucho que intente mantenerlo todo bajo control.Creí que lo tenía, creí que estaba muy cerca.Hace unas semanas, casi me acuesto con él. Si hubiera ido un poco más allá, si le hubiera hecho sentir lo suficiente, podría haberlo atrapado.Un embarazo habría sido mi salvación. Lo habría seducido, lo habría obligado a quedarse,
EmmaLe sonrío a Ethan mientras bromea sobre algo que le sucedió durante el día.Probablemente debería mantenerme alejada de él, sobre todo con todo lo que está pasando con Knox, pero no puedo resistirme. Me digo a mí misma que no pasa nada, que solo somos amigos, que no es nada más que eso.Me he esforzado mucho por mantener una relación platónica, especialmente después de aquel día tan vergonzoso en el que me desperté desnuda en su cama.Se me ruborizan las mejillas solo de pensarlo: en lo enredadas que estaban las sábanas a mi alrededor, en la confusión que me golpeó como un balde de agua fría cuando me di cuenta de dónde estaba, y en el pánico que sentí al intentar reconstruir lo ocurrido la noche anterior.Me prometí a mí misma que después de eso establecería límites más claros, nada de acercarme demasiado, nada de cruzar la línea. Podríamos mantener una relación amistosa. Sin compromisos.Pero entonces Ethan me dedica esa sonrisa, esa que siempre h
KnoxMe siento en mi gran escritorio, y la idea de no poder rastrear los fondos desaparecidos todavía me inquieta.Tengo que dejarlo de lado por ahora, para retomarlo más adelante.Montones de archivos se amontonan frente a mí, cada uno de los cuales requiere toda mi atención.La luz del sol de la mañana se filtra a través de las persianas.Voy revisando una carpeta tras otra, cada página repleta de números, gráficos y documentos que exigen mi atención.Escribo notas rápidas pero precisas en los márgenes, ajustando planes y perfeccionando ideas.El trabajo en sí no es difícil, pero sí mentalmente exigente. Me da una sensación de control, sobre todo en un día en que todo lo demás parece impredecible.Un fuerte golpe en la puerta interrumpe mi concentración. Levanto la vista del papeleo, sin apenas perder la concentración, antes de gritar: «Adelante».La puerta se abre suavemente y una joven entra en la habitación.Es alta y se comport
EmmaEn cuanto Knox salió de mi habitación, dejé escapar un largo y cansado suspiro.El suave clic de la puerta al cerrarse resuena en el silencio que inunda el espacio, creando una extraña sensación de vacío y pesadez. Es como si su ausencia le arrebatara todo el aire a la habitación.Me dirijo lentamente a mi cama, sintiendo que mi cuerpo carga con un peso enorme. Me dejo caer sobre el colchón y hundo la cara en la almohada.El cansancio no proviene de mi trabajo. No, es una frustración constante y corrosiva que llevo dentro. Una sensación inquebrantable de haber llegado a un callejón sin salida en mi búsqueda personal, una que me deja sin aliento.Siento una opresión en el pecho, como si algo pesado me presionara, haciendo que cada respiración sea más difícil que la anterior.Recuerdo cuando estaba en el instituto y le preguntaba a mi madre por mi padre. Se lo pregunté muchísimas veces a lo largo de los años, pero siempre me daba largas.O cambiab







