LOGINSOL:
Dos años antes. Llevo días sintiéndome muy mal, voy a cumplir mis veintiún años mañana. Recorrimos casi todo el continente para venir a este lugar, que según papá, me curarán de mi enfermedad. Y aunque a simple vista parezco una chica normal; con mi gran estatura de uno setenta y cinco, mi hermosa cabellera castaño dorada con pequeños destellos de rojo, que hacen perfecta armonía con mi cuerpo lleno de pequeñas pecas, que para otros sería motivo de tristeza, para mi no lo son, porque siento que me hacen especial. Lo más peculiar son mis ojos de color amarillos, que en ocasiones cuando el dolor de cabeza empeora y mi temperatura sube, se vuelven rojos como la sangre, y que cubro con lentillas para que las personas no me miren como un bicho raro. No lo soy, todo lo contrario, padezco de una enfermedad incurable, que me imposibilita llevar una vida normal. Desde que tengo uso de razón, fui llevada de hospital en hospital. De poblado en poblado, visitando los más raros personajes que todos ofrecían curarme, pero al final, mi padre se molestaba, y nos marchábamos, alegando que eran unos farsantes. ¿Mi enfermedad? Todavía no sé cuál es, tampoco quiero saberlo; pues creo que tengo algo muy malo, mi dolor de cabeza y elevada temperatura, únicos síntomas que hasta ahora me aquejan, junto a botar sangre a cada rato de mi nariz, que nadie me ha dicho cómo aliviarlos. Me lo recuerdan a cada rato. Al fin amaneció. Hoy visitaremos en la noche esa clínica. No sé por qué debe ser de noche, no me gusta. Aunque, por complacer a mis padres, lo haré. Llevo días sintiéndome observada; antes y durante mi viaje, noto también a mis padres nerviosos. Y si a eso le agregamos que dormí con ellos en la cama porque, según papá, no existían más habitaciones disponibles, y no permitió que durmiera en el suelo, como le ofrecí, me siento realmente asustada y agotada. El caso es que tengo la sensación de que tienen miedo de algo, aunque lo ocultan. Anoche, después de llegar y subir, me acostaron en el medio de los dos, y se mantuvieron abrazados de mí. Hoy mamá no se me ha separado ni un momento, hasta al baño me acompaña. —Mamá, ¿sucede algo? —pregunto al verla introducirse en el baño conmigo y mirar asustada para todas partes. Incluso rueda la cortina de la ducha para revisar si hay alguien. —No, Sol, ¿por qué preguntas eso? —Pero no deja de mirar alrededor. —No lo sé, tú y papá están muy nerviosos —respondo sin dejar de observar lo nerviosa que está, aunque lo niegue. —Lo estamos —acepta al fin—. En este poblado la gente es muy extraña. La respuesta de mamá se queda flotando en el aire, pero no aclara nada. Ese "muy extraña" me intriga, pero noto que si insisto, su ansiedad será solo peor. Salí del baño, seguida de ella como una sombra. Mientras me peinaba, su mirada se clavaba en cada rincón de la habitación. Parecía buscar algo, aunque no me decía qué. —¿Extraña? —La miro de nuevo intrigada. —¿Qué quieres decir? No me lo pareció, todos nos sonreían amablemente. —No te confundas Sol —se apresura a decirme. — Solo estaban mirándote para ver si no tenías algo mal y si eras real. Habíamos pasado el día paseando por el pueblo, pero todo era incómodo. A cada momento, papá dirigía miradas rápidas hacia las calles, y mamá se pegaba a mí como nunca antes. La gente aquí es ciertamente peculiar; sus ojos, oscuros y profundos, parecían observarnos desde las ventanas y esquinas. No podía evitar sentir que algo no iba bien. —¿Qué quieres decir? —Quise saber más. —Nada, nada, hija, no me hagas caso —respondió sin decir más—. Termina, tenemos que vestirte muy hermosa hoy. —¿No vamos al médico? ¿Para qué debo vestirme hermosa? —No entendía por qué debía hacerlo, pero no dije nada. —¿Olvidaste que es tu cumpleaños? —me recordó de pronto—. Te compramos un hermoso vestido. Termina para que lo veas. Me lavo las manos ante su mirada. Me llama la atención que el baño no tiene espejo, tampoco la habitación. Todos los hoteles tienen uno. Salgo al ver la mirada impaciente de mi mamá. En la cama, abierto hermosamente, un impresionante vestido blanco. —Parece un vestido de novia, mamá —exclamo al verlo. Su sonrisa ante mi comentario fue extraña, parecía ocultar algo, pero no quise cuestionarla. El vestido parecía salido de un cuento, con detalles intrincados de encaje, pequeñas perlas en las mangas y un brillo casi sobrenatural que hacía que su blancura destacara en la tenue luz de la habitación. —Pruébatelo, Sol —murmuró mamá, casi suplicante. —¿Por qué dices eso? Eres una niña pura, nunca has sido mancillada por las manos de un hombre. Quisimos regalarte este vestido— me dice con expresión de tristeza, que no sé, me parece fingida. —Está hermoso, mamá, solo hice un comentario. ¿Me lo pruebo? —pregunto inocentemente. Obedecí en silencio. Mientras me vestía, algo en mi interior se revolvía: no entendía por qué un detalle tan sencillo como un vestido de cumpleaños podría merecer tanta atención, especialmente en medio de toda esta incomodidad que mis padres no lograban disimular. En verdad es de novia, observo la sonrisa de mamá ahora radiante, y me olvido de que lo es. Me lo pongo, justo a tiempo para ver asomar a mi papá. Se queda mirándome fijamente, para luego sonreír feliz. Se adelanta y me abraza, dándome un beso en ambas mejillas. —Estás preciosa Sol, el sacrificio de todos estos años, valió la pena— exclama conmigo en los brazos aún. ¿Sacrificio? ¿A qué se refiere? Soy su hija, no debería decir eso. Es su deber criarme. No pregunto al ver a mamá con los ojos llenos de lágrimas, y que es abrazada y besada por mi padre. Es tanta mi felicidad de verlos así, que voy y me uno a su abrazo, emocionada. Y aunque no me parezco en nada a ellos, que son muy blancos, de cabello negro y ojos azules, los amo con todo mi ser, porque han dado lo mejor de ellos para cuidarme. ¿Por qué hacen esto ahora?NARRADOR:Han pasado muchos años desde que Sol y Arni realizaran una espectacular boda en los tres reinos. Han tenido cinco hijos, que conforman, como dijera la profecía, una nueva raza, ya que pueden convertirse, como su padre, en cualquier animal, aunque en ellas predomina el lobo y en los varones, el murciélago. Sirius y Alis, al final, vinieron a vivir en el castillo de Arni, que les cedió un ala completa. Aunque podía fácilmente hacerles uno nuevo, quería tener a Sirius a su lado toda su vida. Su madre, al fin, podía vivir sin problemas en el inframundo, aunque subían mucho al mundo de las bestias; también habían procreado dos hijos más. La reina Lilith, al enterarse de que su nieto era el emperador elegido, dejó de querer robarle sus poderes. Aunque Arni le otorgó solo los necesarios para que no estuviera indefensa. Kenai se había mudado completamente a la manada con su esposa y su hijo. Maxas, al fin, encontró a su mitad, una loba muy joven de su manada. Al igual que su herma
NARRADOR:¿Por qué todo con él es así? Nada de romanticismo, se pregunta ella, a quien le encantan las novelas de amor. —¡No me casaré contigo si no lo haces bien! —dijo de pronto Sol. —Mi Sol, ¿otra vez con lo mismo? —bufa incómodo Arni, pensando que fue muy malo que su Sol creciera creyendo ser humana. ¡Es un fastidio! ¿Qué le estará pidiendo ahora?—. ¿Ayer no te gustó cómo te lo pedí? ¿No era eso lo que dijiste que tenía que hacer? ¡Lo hice! ¿Qué debo hacer ahora, mi Sol? —¡No me lo pediste! —niega ella con vehemencia. —¡Sí, lo hice! —afirma Arni. —¡No! Haz memoria, me pediste ser tu amante. Y acepté... acepté porque me moría de ganas también —confiesa ella. —¿No es lo mismo? —pregunta asombrado, tratando de recordar todo lo que aprendió de los humanos. Sol lo mira fijamente, como si quisiera saber si está bromeando o si de verdad no entiende dónde está la diferencia. Arni, por su parte, parece genuinamente confundido, lo que solo aumenta la frustración de ella. —¿Cómo pued
NARRADOR:Arni se entretiene haciendo muchas cosas que ha visto en las películas de escenas de sexo. No tenía la menor idea de que se hacía eso; para él, ese acto era solo introducirla y ya. Tanto Sirius como él habían aprendido mucho al respecto, y ahora se daba cuenta de que, en verdad, aquello hacía disfrutar a su mujer. Siguió esforzándose al máximo; había grabado cada detalle en su mente. Así que colocó su frente en la de su amada y le transmitió lo que había aprendido, queriendo que ella también pudiera hacerle cosas, haciendo que Sol lo mirara asombrada. —¿Dónde aprendiste eso? —pregunta sorprendida. —Con los humanos, ¿jugamos como ellos? —pregunta Arni. —¿Quieres que haga eso que me enseñaste? —ríe Sol, divertida y curiosa—. Está bien, colócate boca arriba, ahora me toca a mí. Y diciendo esto, con las nuevas informaciones que le pasara el príncipe, más las que ella había visto escondida en las escenas de amor de las películas, se dedicó a saborear y a lamer una y otra vez
NARRADOR: El emperador Árnyék, ha hecho que Sol permanezca con los ojos cerrados cubiertos por un pañuelo, luego de llegar a su castillo. Recuerda bien las escenas que viera de las habitaciones y acomoda la inmensidad de flores que llevó consigo ayudado por Sirius por todo el lugar, este último le agrega velas, y hace venir a su esposa Alis, que trae un hermoso traje a Sol, que está feliz. No sabe exactamente qué es, aunque la increíble fragancia de rosas la llena de felicidad y se deja hacer por ella. Al fin, le dicen que todo está listo. Sirius se retira con Alis, Arni, toma a Sol de las manos y la hace caminar despacio hasta que se detienen, luego le quita la venda de los ojos. Sol los abre despacio, y se encuentra en un mar de pétalos de rosas, con globos rojos por todo el techo, miles de velas esparcidas armoniosamente y a sus pies de rodillas, su príncipe vestido hermosamente, que la mira con adoración. —Sol, antes que digas nada —comienza a hablar nerviosamente Arni—, sé q
ÁRNYÉKMe quedo observando a mi hermano Sirius. ¿Cómo no se me ocurrió eso? Definitivamente, la decisión de cambiarlo fue muy buena, me digo. Aunque ahora mismo no me gusta que esté lejos de mí; debería pensar en eso. Me los llevaré a vivir a mi castillo. ¿No soy el emperador? Pues puedo hacer lo que quiera. —Sabía que ibas a ayudarme —le digo al tiempo que abrazo a Sirius, contento—. Vamos ahora mismo, de hoy no puede pasar que mi Sol me acepte y me deje hacer lo que quiero. En la ciudad, junto a Sirius, he explorado todas las maneras posibles que utilizan los humanos para enamorar a sus parejas. Y lejos de sentirme satisfecho, me encuentro más confundido. —Sirius, creo que debo hablar muy claro con mi Sol —digo frustrado—. Somos esposos y es su obligación estar conmigo, complacerme. No voy a andar corriendo detrás de ella como un tonto, como hacen los humanos. —No digas eso, Arni, es lindo. Si me hubiera enterado antes, lo hubiera hecho con mi Alis; creo que lo haré de ahora en
SIRIUS:Observo a Arni, que ha aparecido delante de mí en el castillo de Glendinning. No dice nada, solo se pasea molesto frente a mí, mientras yo espero pacientemente que finalmente se decida a hablar. Siempre ha sido así; quiere resolver los problemas solo, aunque en el fondo corre a mi lado en busca de ayuda. Al fin lo veo detenerse delante de mí y mirarme fijo con tremenda expresión de desesperación. Me asusto. —¿Qué pasa, señor? ¿Qué lo tiene así? —pregunto realmente preocupado. Pero sigue sin responder. Nunca lo había visto de esta manera, como si estuviera perdido y sin esperanzas. Ni siquiera cuando no encontraba a la descendiente de Al lo vi así. Arni mueve la cabeza negativamente y suelta un largo suspiro antes de decidirse a contarme qué le sucede. —Estoy perdido, Sirius —al fin habla. —¿Qué quiere decir con eso, señor? —pregunto con sumo respeto. El príncipe levanta la cabeza al escuchar cómo lo llamo. Aunque me ha exigido decirle su nombre, en momentos así sient