INICIAR SESIÓNLa frase me provoca un escalofrío inmediato.
Tomo asiento sobre la camilla mientras los doctores preparan agujas y tubos.
Iblack se sacude. Siento sus labios torcerse y me lanza una mirada maliciosa.
Disimulo no escuchar, mientras el tercer doctor me agarra el brazo con violencia.
—¡Oye! —chillo y lo retiro de golpe.
—¡Cuidado, idiota!... Debes tener cuidado —gruñe Corvin, su voz potente sacude el lugar, a ellos también.
El doctor se vuelve a los lados , amarra una tirilla de suero y me extrae otra jeringa de sangre.
Termina en segundos,salgo y siento que mi cabeza está en otro mundo.
—Come, esta noche te quiero lista —me órdena Corvin saliendo tras de mí,sin relleno, pasando sus ojos con total detenimiento sobre mi cuerpo.
Sus órdenes engreídas me tienen hasta el...
—¡Oye!... ¿De qué va todo esto? —me atrevo a contradecirlo.
Él se gira con rapidez, parece un volcán a punto de estallar.
Pero la puerta se abre de repente.
Entra una chica. Es alta, muy delgada, demasiado, parece que no come hace meses. Peina su cabello café tan magro como ella con una pasividad desesperante.
—Llegué —dice, su voz chillona se pega a mis oídos como chicle nuevo.
Corvin la mira con repugnancia, a ella no le importa, igual entra y se detiene junto a nosotros.
—Halow no ha llegado —le responde, y me deja ahí sola con esta Barbie de feria.
Ella finalmente repara en mí.
Sus ojos me recorren lentamente.
—Tú —chilla otra vez, señalándome con su dedo repleto de anillos dorados—. Debes ser Alessara.
Armo una sonrisa tan plástica que siento que me arden las comisuras de la boca.
—Sí, un placer...
—Soy Adriana Draven —me interrumpe—. La prometida de Magnus —me informa, endureciendo la voz, más que un saludo, marcando territorio, dando la advertencia.
No digo nada. Ella tampoco, entonces se va, como si ya hubiera ganado algo.Maldita engreída, mejor no hago caso ,regreso.
Pero cuando llego a la habitación, Elisa me detiene.
—Señora Veyra, la cena se adelantó, será justo ahora. El señor Iblack la necesita más temprano —me informa, recorriendo la vista por mí—. ¡Qué bonita!
Asiento en un agradecimiento silencioso y la sigo sin quejarme.
El comedor está listo, todos están ahí, también Magnus.
Adriana le dedica una mirada ácida mientras él detiene los ojos en mí. Siento que mis mejillas pálidas se incendian y tomo asiento.
Corvin llega y se acomoda a mi lado. Levanta la mano y miles de empleados de no sé dónde llegan, cubriendo la mesa de un aroma exquisito.
Volteo a los lados y el corazón se me acelera. Tomo la primera cuchara que veo, entonces él me da un manotazo.
Lo miro, él niega con la cabeza y señala otra.
Finjo que nada sucede, mientras la risa burlona de Adriana resuena en el comedor.
Magnus la mira y ella solamente come.
—Nos vamos a casar, Alessara. ¿Tú tenías novio? —suelta Adriana, moviendo el tenedor en círculos sobre un plato vacío.
Me atraganto y me vuelvo a Corvin, él solo come.
—No —disparo, seca—. ¡Felicidades! —dejo caer sin siquiera mirarla.
Ella sonríe levemente.
—Te invito a la boda... ahí no habrá cucharas, te lo prometo —dice, y siento que mi alrededor se oscurece.
Intento calmarme, canto internamente. La cena continúa.
—Seguro en la despedida de soltera se acerca alguna puta a buscarte —dice, y mi ceño se frunce.
—Adriana —le grita Magnus.
El ambiente se tensa, mi garganta se cierra.
—¡Suficiente! —bufa Corvin, pegando un puñetazo a la mesa que sacude las copas de cristal.
No digo nada,no ahora . Me vuelvo atrás y Elisa niega con la cabeza, con los ojos muy abiertos.
Pero es inevitable,me pongo de pie.
—La ciudad está llena de putas —murmuro recorriéndola con la mirada—. Y no todas trabajan en burdeles.
La sonrisa de Adriana desaparece por completo.
Y yo me marcho sin mirar atrás.No puedo.
Llego a mi habitación y me dejo caer sobre la cama con los ojos húmedos de rabia.
Todos creen que mis cinco años liderando un burdel me transformaron en la puta que creen que soy, y lo que realmente no saben es que, en este tiempo, solo tres hombres fueron a la cama conmigo.
Maldito pasado.No importa cuánto avance, siempre termina persiguiéndome como una marca grabada en la piel.
Paso las manos sobre mi rostro y suelto un sollozo cansado.
—Cariño… el señor Iblack está listo —anuncia Elisa desde el otro lado de la puerta.
Me pongo de pie, harta , exhausta y me miro al espejo, dudando si saldré viva de esta mansión del infierno.
Salgo finalmente de la habitación y me quedo quieta en medio del pasillo.
No tengo idea de dónde demonios queda el cuarto de Corvin.
Por suerte Elisa reaparece enseguida.
—Por allí —dice señalando el final del corredor—Te advertí de la señorita Draven,esa mujer es una víbora.
Su amabilidad consigue arrancarme una sonrisa pequeña.
Asiento y continúo caminando., sintiendo como el piso de lozas finas se niega a soltarme en cada paso, analizando cómo entraré a esa habitación y cómo saldré.
Me detengo a la puerta.
—¡Entra! —grita, y mi cuerpo tiembla, recordando hace cinco años.
Obedezco, ya acepté el maldito dinero.
La habitación huele a alcohol y a una mezcla rara de anestesia y cloro.
Corvin está sentado sobre la cama, bebiendo un trago,con mucha calma
Así que respiro hondo y cierro de golpe.
—Quítate la ropa —me ordena sin tan siquiera mirarme.
Tiemblo y niego con la cabeza.
—Hazlo, es una orden —insiste, dejando el vaso sobre la mesa y mirándome de reojo.
—No soy tu maldita esclava —chillo y busco la puerta por la que entré.
Él se pone de pie.
—Sí... lo eres —me aprieta el brazo y me avienta sobre la cama; caigo sentada de golpe.
Esta vez no dice nada, solo me señala con el dedo, empieza a desabotonarse la camisa con absoluta calma.
Y odio admitir que mi respiración cambia apenas lo veo.
—Aquí todo lo que eres está bajo este contrato —dice, acercándose—. Incluyéndote a ti.
Me giro apenas un poco , está tras de mí , trago saliva .Si le viene en gana me dormirá otra vez y Magnus no lo sabrá . Pero debo mostrarme tranquila, sin pistas de la evidente desesperación que hierve dentro de mí. —No estoy seguro de que realmente sepas todo —confiesa,con la expresión abatida, pasa por mi lado y se detiene frente a mí. Reacciono tragando con dificultad, tamboriteando mis dedos sobre mis rodillas. Suelto el aire con alivio , aún no estoy perdida del todo . —Esta casa es más difícil de lo que crees , nadie es quien dice ser , y cuando digo nadie , es nadie , ni siquiera Magnus —continúa explicando, aunque algo enfadado. Entorno los ojos hacia sus manos , que permanecen vacías . —¿A qué te refieres? —pregunto,algo curiosa, no sé que intenta pero lo quiera que sea , ya captó mi atención .—Todos guardan secretos , sé que no eres la excepción —suelta , insinuando una burla que lejos de sonar pícara , suena completamente amenazante —Puedo contarte el ... O los secre
—Alessara no puedo ir y decirle a Anton “hola,dice Alessara que te acuestes con ella ”, luego espero que él venga corriendo, le darás el té, que no sé de dónde te sacarás y antes de que se duerma , grabarás una confesión —enfatiza en confesión arrastrando la o. Aunque a decir verdad, resumido de esa forma , parece un poco...¿Absurdo? —¿Y qué sugieres? —admito,con expresión de arrepentimiento por quizás dos , cuatro o unos veinte fallos en mi plan maestro . Sin olvidar el escaso tiempo que tenemos, porque ahora mismo encontrar ese desperdicio humano de Storm es la prioridad. Magnus exhala , cansado , esta vez mirando a la lámpara de techo . —Ve a la enfermería, espera su movimiento, cuando intente sobrepasarse, dile :lo sé todo —explica despacio, como si fuera lo más inteligente del mundo. —¿Y qué sé exactamente?—lo cuestiono,no es que mi plan fuera mejor pero...—Eso,nada —aclara con obviedad—Estará tan pendiente a ti que creerá que es cierto ,así que escucha con atención lo que
Mi mente se ahoga, esbozo una sonrisa tan falsa que me tiembla el ojo. —¿Qué pasa? —pregunta Diego, con esa pasividad que lo caracteriza. Mi garganta se seca al instante, creo que pillarse en momentos de estrés provoca infartos, mi corazón golpea tan rápido que no logro mantenerme en pie . —Nada... Nada, yo... Debo sacarme sangre —mis labios se curvan con una intención de inocencia que para nada justifica escuchar tras las puertas. Él se queja , con la vista , siempre es así , pasivo ... aunque desconfiado. —Muy bien —carraspea—Ven conmigo. Cuando cruzamos el umbral , el ambiente cambia en segundos, el rostro de Vanessa se ensombrece de pronto, como si las líneas de su rostro, tan delicadas y duras a la vez se hubiesen borrado. —Yo haré la extracción —anuncia,un tanto macabra, asusta. Paso mi mano por el antebrazo instintivamente, sé que dolerá con tan solo ver su cara. A la vez que una ola de rabia me atraviesa el pecho recordando lo que acabé de escuchar. —No—decreta Diego
—¡Vete! No soy capaz de hacer que mientas por mí —la voz sale peor de lo que pensé, temblorosa, hundida, como goteo sin pausas.Magnus se sienta a mi lado.—Me quedo porque quiero. Me necesitas más que ella.En realidad, sus palabras no me tranquilizan, me irritan, pero mi corazón pesa demasiado, así que no tengo fuerzas para discutir.Lo dejo sentado y voy al baño. Me cambio la ropa, regreso y él está acomodado bajo la manta.No soy capaz aún de armar palabra alguna. Me peino con paciencia frente al espejo, mientras vigilo al hombre que descansa en mi cama. Está casi casado, esperando un hijo. No sé realmente qué estoy haciendo.Me cuestiono esto diariamente, pero creo que no es suficiente.Termino y, después de peinar y peinar mi pelo como demente, me meto a la cama.Me quedo rígida, acomodada bajo la manta pesada, con su respiración cálida atravesando mi cara.—Cada vez que paso por algo horrible, decides dormir en mi cama —balbuceo. Mis ojos se van cerrando lentamente.—No. Mi tie
—El último que intentó tocarme se quedó sin pene —escupo.El hombre se inclina hacia delante, con cinismo. Acaricia el arma y pega los labios a la botella.—¿Cotton? Era un inservible. Yo soy poderoso, nadie me toca —se burla.La maldita Clara tenía razón.—¡Clara! —susurro en voz alta—. Vas a ser papá. Déjame en paz, no querrás lo mismo para tus hijos.Él ríe otra vez, recorriéndome con la vista. Sucio del demonio.—Un dañito colateral. No es mío, me gusta por atrás —infiere y mira el frasco de vaselina.Tiemblo tanto que el aire no llega a mis pulmones. Un mareo llega, pero no es el momento.Si me desmayo justo ahora,no saldré viva de este maldito lugar.Por suerte, pasa rápido. Corvin continúa tendido en el suelo.—Será rápido, seré amable —dice y se pone de pie, esbozando esa risa repugnante y desquiciada.Ruedo la vista. No hay salidas. Soy una puta mercancía enjaulada.Storm se desabrocha la camisa del traje, se remanga las mangas y se deshace del cinto con paciencia.Trago en s
Cuando llega a mi estómago, siento que todo da vueltas , la música se ralentiza, las bailarinas me vigilan. —¿Con quién será la cena ? —pregunta Magnus, comiendo algo . Mis manos sudan, mis pensamientos están mezclados. —Con Storm,¿Qué comes ?—averiguo,con la voz arrastrada. Él bebe de golpe . —La fruta que adorna la copa , te hará bien, ayuda con el alcohol. Desvío la vista a mi copa, en efecto , un trozo de manzana . —Ten cuidado con ese viejo baboso, se aprovecha de las chicas , no sé para que cenar con él —gruñe,eleva la mano en el aire . La camarera se acerca . —Dos sandwich y dos batidos de limón por favor —le dice. —¿Tienes hambre? —le pregunto. —Once de la noche no es hora para cenas , conviene que estés consciente en presencia de ese viejo ... —Corvin estará ahí —infiero,llevando a mi boca el último trozo de manzana. —No te confíes de Corvin, esas cenas y cosas extrañas entre políticos no están bien —se queja . La camarera llega . La merienda no está mal ,el ba







