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Contrato con el diablo.

Autor: PerezPonce
last update Fecha de publicación: 2026-08-15 07:15:24

—Sí, cariño, el señor Iblack, el padrastro de Halow.

Mi corazón se acelera y mi mente se nubla. Necesito escuchar otra vez tal atrocidad.

La señora se gira para mí y me invita a continuar.

Del pasillo de la izquierda siento pasos apresurados. Otra empleada, demasiado joven, sus ojos delatan ira, se clavan en mí con desprecio,su cuerpo perfecto irradia maldad.

—¿Esta es la nueva prostituta?

Siento un calor peligroso que me hace arder desde dentro.

—¿Disculpa?

Ella sonríe con arrogancia.

—Nada especial, la verdad.

—Isabel, basta —la reprende Elisa.

La chica me detalla con la vista ,se queda ahí unos segundos que parecen siglos , emite un quejido bajo y desaparece.

—Disculpa a Isabel, es la empleada más rebelde que tenemos —se disculpa. Abre la cerradura con esfuerzo —. Muy bien, cariño, soy Elisa. Lo que necesites, aquí estaré.

La señora amable se marcha. Arrastro mi pequeña bolsa hasta la habitación, la dejo en el suelo y suspiro.

—Vaya de lujos —murmuro en voz alta. 

Todo es tan elegante que hasta me abruma,es como una pequeña jaula bonita.

Me siento en la cama, sola, y repaso mentalmente qué carajos estoy haciendo.

Hace años dormía en un cuarto miserable encima de un burdel clandestino.

Ahora estoy encerrada en la mansión de un senador obsesionado conmigo.

De repente la escasa calma se distorsiona. 

Sin previo aviso, entran tres personas de traje blanco y rostros cubiertos con nasobucos.

—¿Qué… quiénes son? —pregunto, pegando un brinco sobre la cama.

Tras ellos, el señor Iblack.

—A la enfermería, te harás chequeos de rutina —dice, más que una explicación, una orden.

No digo nada. Me pongo de pie enseguida.

—Cuidado con ella, es irremplazable —ordena nuevamente, con frialdad.

Tal cual los sigo. La habitación preparada como hospital me causa náuseas, justo como los controles semanales a los que me llevaba Ivana.

Sin decir nada me recuestan en una camilla, me estiran el brazo, el alcohol me marea y me dan un pinchazo del demonio.

Emito un gritito vago, me extraen una jeringa de sangre y ya está.

Me tomo mi tiempo, intentando descubrir por qué rayos acepté esto .

En realidad no lo pienso mucho ,el maldito dinero .

Regreso a la habitación. Cuando estoy llegando veo una silueta borrosa. El mareo llega, me sostengo de la pared y me quedo quieta.

—¿Estás bien? —pregunta él, su mano en mi cintura, la otra se desliza detrás de mi nuca para estabilizarme y por un instante olvido cómo respirar.

El calor de su cuerpo atraviesa el mío.

Los tatuajes oscuros que cubren parte de sus brazos resaltan bajo las luces tenues del pasillo y mi mente deja de funcionar correctamente.

—Sí, yo… —respondo, casi olvido que me preguntaba algo.

Entonces se retira dando un paso atrás.

—¿Cómo me encontraste? —le digo, nerviosa.No se me ocurre que más decir.

Él baja la mirada por unos segundos.

—Bueno...tengo mis métodos, aunque felicidades...fue difícil.

Eso no responde absolutamente nada.

Pero termino observando sus labios en lugar de exigir explicaciones.

Magnus parece notarlo.

—Bien, debo regresar. Dice Corvin que esta noche te necesita —irrumpe. Mis pensamientos estallan.

—¿Qué? —indago, no sé qué dijo.

Él señala mi habitación tras mi espalda.

—Lee el contrato —dice y desaparece como si jamás hubiese estado ahí.

Entro por inercia, parezco robot.

Busco el contrato del demonio y hojeo desesperada. Mi mente echa humo.

—Hijo de puta —gruño, de cada página proceso lo esencial.

Mi cuerpo disponible para satisfacer sus deseos: no opino, no alzo la voz, obedezco, chequeos diarios sin quejarme...

—No soy tu maldito lazarillo —bufo, esta vez más alto.

Entonces la puerta se sacude.

—¡Entra! —grito. Mi potestad en esta casa es de prostituta.

Isabel entra moviendo las caderas bajo el uniforme ajustado, mientras sostiene una bandeja de plata entre las manos.

—Te traje algo de comer —dice dejando los emparedados sobre la mesa—. Debes estar muriendo de hambre.

El tono burlón en su voz termina de colmar mi paciencia.

—Oye, maldita… ¿quién demonios te crees?

Ella se detiene.

Sus labios se curvan apenas en una sonrisa arrogante.

—Soy Isabel. Y no tengo por qué respetar a una prostituta.

Me pongo de pie muy rápido 

—Estoy aquí por un contrato,—respondo con frialdad—. No para competir contigo.

La frase sale antes de que pueda detenerla.Y aun así me molesta a mí también,porque no estoy segura de a quién intento convencer.

Pero en cuanto la digo, comprendo que cinco años domando prostitutas y viendo mujeres destruirse entre ellas por hombres poderosos me hacen reconocer los celos.

Ella baja la cabeza y no dice nada.

—Yo tampoco —susurra y se marcha sin más.

Entonces comprendo: solo no sé a quién se debe, a Corvin o a Magnus.

Mi estómago ruge y me lanzo a la bandeja, devoro todo, como si no existiera un mañana.

La puerta suena otra vez, blanqueo los ojos.

Se abre de golpe.

—Señora Veyra, el señor Iblack reclama esta ropa para esta noche —anuncia Elisa, cargando unas cajas más grandes que sus manos.

Las deja sobre la cama, con algo de esfuerzo.

—La primera —dice, señalando la que encabeza la fila—. La cena es a las 7, esta noche viene Adriana Draven —me informa.

Me encojo de hombros,el nombre no me dice nada ,me desespero.

—La prometida del señor Halow —aclara y mi corazón se deprime.

—¿Prometida? —repito, quiero que me afecte escucharlo otra vez.

En realidad no se por qué,pero siento que me lo debo.

Elisa asiente y se marcha. Se detiene a la puerta.

—Isabel no se compara al lado de esa, ten cuidado —declara y se va finalmente.

No reacciono, realmente no me interesa. Mi contrato es con Corvin, no con ese Magnus.

Sacudo mi cabeza para no pensar y me apresuro a abrir las cajas.

La primera, como ordenó Elisa, guarda un vestido sencillo, de escote pronunciado y falda hasta los muslos, el color rosa pálido es muy distintivo.

Contemplo mi ropa de burdel y abro el resto de las cajas. Tomo una ducha. Me visto rápido, cambiando mis telas chillonas por ropa con aroma a lujo.

Me miro al espejo y no me reconozco. El maquillaje fuerte se fue, y parece que con él, mi antiguo yo.

Sonrío, divertida, hasta que la maldita puerta vuelve a vibrar.

Entonces regresan los doctores. Enarco una ceja y el más alto me señala.

Así que me cruzo de brazos y los sigo.

En la enfermería está él.

—Tengan cuidado, es única —murmura al más alto.

Me siento en la camilla en silencio.

—Señor Iblack, es Rh nulo —dice otro, al parecer una chica.

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