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El rastro

Autor: Lilith Moon
last update Fecha de publicación: 2025-01-25 12:35:10

La sangre bañaba el cuerpo de Darius. Gemidos de dolor salían de los cuerpos ensangrentados que permanecían encadenados a la pared del sótano. Se negaban a darle respuesta a cada una de sus preguntas. Preferían morir que revelar la verdad. Sin embargo, el alfa no se daba por vencido, de una u otra forma iba a tener lo que quería. No iba a poder vivir mientras Kara estuviera atrapada y vulnerable por el embarazo. Podía ir de clan en clan para averiguar a cuál pertenecían, pero podía llevar más t
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Comentarios (3)
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Gloria Amparo Villamizar Landinez
Que nervios,por fin la va ha encontrar, gracias por actualizar Lilith, me gusta mucho esta historia, bendiciones
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Samantha Arellano Castañeda
Y luego como termina???
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Karla Castro
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Último capítulo

  • Marcada por el alfa oscuro   Epílogo

    El sol de la tarde iluminaba la jungla cuando Darius llegó al viejo olmo. Habían pasado varios meses desde que la maldición desapareció y, por primera vez en generaciones, ya no tenía que medir sus fuerzas ni preguntarse cuánto tiempo le quedaba. Había recuperado su capacidad de transformarse, y su lobo volvía a responderle con la misma fuerza de antes. Sin embargo, seguía disfrutando de aquellos momentos de tranquilidad en los que podía dejar atrás sus obligaciones y regresar al lugar donde siempre se había sentido libre.Se detuvo bajo las ramas y contempló las raíces que sobresalían de la tierra. Recordaba perfectamente la última vez que había estado allí antes de conocer a Kara. Había regresado de una cacería, satisfecho y sin imaginar que, minutos después, su vida cambiaría para siempre.Todavía recordaba el olor que había percibido en el aire, la sensación que le había recorrido el cuerpo y la certeza que lo había impulsado a correr en busca de su compañera. Su vida había comenz

  • Marcada por el alfa oscuro   La manada

    Darius regresó a la sala de reuniones una semana después de la muerte de Caelum. Todavía no había recuperado todas sus fuerzas, pero la sanadora le había permitido retomar algunas de sus responsabilidades siempre que descansara entre una tarea y otra. Leif ya lo esperaba con varios informes extendidos sobre la mesa.—Antes de que preguntes, sí, he dormido —dijo el beta al verlo entrar—. Y no, no pienso hacerme cargo de tus obligaciones para siempre.Darius tomó asiento con cuidado.—Qué alivio. Por un momento pensé que tendría que buscarte un reemplazo.—Después de todo lo que he hecho por ti, esperaba algo más de gratitud.—Te nombré mi beta. ¿Qué más quieres?—Una semana sin problemas, para empezar.Darius soltó una risa breve, pero enseguida centró la atención en los documentos. Los informes recogían las declaraciones de los guerreros capturados tras la rebelión de Talon. Algunos habían participado desde el principio, convencidos de que Darius estaba demasiado enfermo para seguir g

  • Marcada por el alfa oscuro   Caelum

    Tres días después, Kara ya podía caminar sin ayuda, aunque todavía sentía molestias. Cuando la sanadora le permitió salir de la habitación, decidió que había llegado el momento de hablar con Caelum.Darius insistió en que Leif la acompañara hasta donde lo mantenían prisionero. Kara aceptó, pero dejó claro que quería hablar con él a solas.—Leif esperará afuera —le aseguró antes de salir.Darius, sentado junto a la cama, la observó con el ceño fruncido.—No estás recuperada del todo.—Lo sé.—Y Caelum sigue siendo peligroso.—También lo sé, Darius. No voy a cambiar de opinión.Él apretó la mandíbula, pero terminó asintiendo. Leif la esperaba en el pasillo y la acompañó hasta la habitación vigilada. Cuando Kara entró, él se quedó junto a la puerta.Caelum estaba sentado frente a una mesa, con las manos libres. Levantó la cabeza al verla y recorrió su figura con la mirada.—Ya puedes caminar —comentó—. Pensé que tardarías más en recuperarte.Kara cerró la puerta a sus espaldas.—¿Eso es

  • Marcada por el alfa oscuro   La primera noche

    Darius seguía mirando a Leif cuando intentó repetir la pregunta, pero la voz apenas le salió. Tenía la garganta seca y el cuerpo tan pesado que hasta levantar la cabeza le exigía un esfuerzo considerable.—¿Dónde está? —consiguió preguntar.—Aquí mismo —respondió la sanadora, acercándose a la cama—. Pero no vas a levantarte para buscarla. Acabas de recuperar el conocimiento y todavía necesito vigilarte.Darius apretó la mandíbula, aunque no discutió. Miró por encima del hombro de la mujer y encontró a Kara recostada en otra cama, con los ojos cerrados y una manta sobre el cuerpo. Estaba pálida por el agotamiento, pero respiraba con regularidad. A su lado, Freya sostenía al recién nacido.Darius se quedó mirando al pequeño. Durante unos segundos no dijo nada. La sanadora siguió la dirección de sus ojos y comprendió lo que necesitaba.—Tu hijo está bien —le aseguró—. Y tú también estás fuera de peligro inmediato. Eso no significa que puedas hacer esfuerzos ni que estés recuperado. Neces

  • Marcada por el alfa oscuro   ¿El fin de la maldición?

    Nadie se movió hasta que la sanadora volvió a inclinarse sobre Kara.—Necesito luz —pidió, acercando dos dedos al cuello de la joven.Freya levantó una lámpara sin soltar al recién nacido. El pequeño dormía contra su pecho, ajeno al silencio que se había apoderado de la habitación. La sanadora buscó el pulso de Kara y esperó, concentrada en sentir cualquier señal bajo la piel fría.—Vamos, muchacha —murmuró, presionando un poco más—. No me hagas esto ahora.Galen permanecía junto al recipiente de piedra. La superficie había perdido su brillo rojizo y las grietas ya no emitían ninguna vibración. La presencia seguía inmóvil, a pocos pasos del círculo, como si aguardara algo que ninguno de ellos comprendía. Leif se inclinó sobre Darius.—Alfa, necesito que me des alguna señal —dijo, apoyándole una mano en el hombro.No obtuvo respuesta, y la sanadora levantó la cabeza de golpe.—Aquí está —anunció, sin apartar los dedos del cuello de Kara—. Tiene pulso.Freya cerró los ojos un instante.

  • Marcada por el alfa oscuro   Darius

    —¡Kara, abre los ojos!La voz de la sanadora llegó desde algún lugar lejano, pero Kara apenas consiguió distinguir las palabras. Tenía la cabeza inclinada hacia un lado y el cuerpo tan débil que ni siquiera podía sostenerse con ayuda. La mujer la acomodó contra su brazo y buscó su pulso una vez más.—Galen, necesito que hagas algo. Está perdiendo la consciencia.El anciano permanecía junto al recipiente. La sangre había dejado de moverse por las grietas, pero la línea oscura que rodeaba el centro de la piedra seguía intacta. La presencia continuaba al otro lado del círculo, sin acercarse ni retroceder.—No sé qué más hacer —admitió Galen, con la mirada fija en la piedra—. No hay ninguna indicación para esta fase.—¡Pues deja de mirar el recipiente y ayúdala! —exclamó la sanadora.Galen se volvió hacia Kara. Su rostro estaba pálido, sus labios habían perdido el color y su respiración era apenas perceptible. El anciano se arrodilló a su lado, pero no se atrevió a tocar el círculo ni a r

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