LOGINEn el Pack de la Luna Plateada, Sky Silver es la marginada que nadie quiere. Su madre ya no está, su padre Lucien apenas le habla y cada día es una lucha para sobrevivir a la crueldad de Lamen y su pandilla. Aun así, Sky sueña con la paz y la libertad más allá de las fronteras del pack. Cuando llega su décimo octavo cumpleaños, todo cambia. Bajo la luz de la luna, Sky descubre que el destino la ha atado a su peor enemigo: Lamen es su compañero predestinado. Pero en lugar de amor, su mordisco trae dolor. Traicionada y dada por muerta, Sky huye hacia la noche, cargando únicamente con su voluntad de sobrevivir. Su huida la conduce al territorio del Pack Colmillo de Sombra, gobernado por el despiadado Alfa Gareth Rock. Su hijo, Damien Rock, es un líder en espera feroz y seguro de sí mismo, acostumbrado a tomar lo que quiere. Pero cuando encuentra a Sky herida y desafiante, algo dentro de él se agita, una conexión que no puede explicar. Mientras Sky se recupera, comienza a descubrir secretos sobre su linaje. Las hermanas de su difunta madre, Lyra y Selene, revelan la verdad: Sky porta magia rara de los antiguos faes. Su don podría unir a los lobos y a los faes... o destruirlos a todos. Atrados juntos por el destino y el peligro, Sky y Damien se interponen entre dos packs envenenados por el odio y la historia. Pero mientras los enemigos se acercan y su antiguo pack la caza, Sky debe decidir: ¿se alzará para reclamar su poder o caerá ante la misma oscuridad que intentó acabar con ella? Cuando la luna se alce de nuevo, ¿en qué corazón confiará y qué destino cambiará para siempre?
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El latido de mi corazón es tan fuerte que se siente como un trueno retumbando por mi cuerpo. Cada latido resuena en mis oídos, instándome a moverme más rápido. Sigo mirando por encima del hombro cada pocos segundos, escudriñando las sombras entre los árboles. Están ahí fuera. Puedo sentirlos. Mantengo un trote constante, mis zapatos crujiendo contra la alfombra de hojas secas que cubre el suelo del bosque. Si no sigo corriendo, me atraparán. De alguna manera, sin importar cuántas rutas diferentes tome a través de estos bosques, siempre logran encontrarme. Pero esta noche no. No puedo dejar que me atrapen de nuevo. Siempre he sido rápida, pero cuando me acorralan, no hay escapatoria. Cinco contra una: son unas probabilidades terribles para cualquiera. Son demasiado fuertes cuando cazan juntos y ya no puedo soportar el dolor que me causan. Alargo el paso, saltando sobre raíces y troncos caídos. Los bosques del Bosque Plateado se cierran a mi alrededor, oscuros e interminables, pero estoy a solo unas millas de la sede de la Manada Luna Plateada. Si tan solo logro llegar al claro, estaré a salvo. Estaré en casa. El sudor gotea por mi frente, mi trenza dorada aflojándose con cada movimiento. Giro la cabeza para mirar hacia atrás, pero el movimiento me cuesta caro. Un pinchazo agudo me corta el brazo, obligando a salir un grito de mi boca. —¡Maldita sea! —siseo. Una rama baja me desgarró la piel, dejando un corte superficial en mi antebrazo. El dolor es menor, pero la sangre... es suficiente para que Lamen capte mi olor. Y una vez que lo haga, no habrá forma de escapar de él. Aprieto los dientes, ignorando el escozor. La herida sanará pronto; siempre lo hace. Solo necesito seguir corriendo. Me arden los pulmones, pero la idea de la libertad me mantiene en marcha. Si logro llegar al claro, si puedo pisar las tierras de la manada, no se atreverán a seguirme. Me agacho debajo de una rama larga, respirando con dificultad, cuando miro hacia atrás una vez más. Gran error. Choco de lleno contra algo sólido... no, alguien. El impacto me deja sin aire. Mi rostro se estrella contra un pecho duro y reboto, aterrizando dolorosamente sobre mi mochila. Una ola de náuseas se arremolina en mi estómago. Gimo, abriendo los ojos, y cuando veo quién está de pie sobre mí, se me hiela la sangre. Lamen. Sus ojos son pozos de oscuridad, dos vacíos negros que tragan toda la luz. Solo mirarlo me hace temblar. De todos los lobos de la Manada Luna Plateada, él es a quien más temo. Y de alguna manera, he corrido directamente hacia él. Tiene los brazos cruzados sobre el pecho, su cabello oscuro cayendo sobre un ojo. Aria, su cruel y perfecta novia, está de pie a su lado. Su largo cabello negro azabache brilla como cristal pulido contra su piel pálida. Detrás de ellos, Max, Alastair y Silver, su leal manada de matones, están de pie sonriendo, listos para el espectáculo. —Hola, nerd —dice Lamen, con una sonrisa cruel—. ¿Corriendo asustada? ¿Le tienes miedo a la oscuridad? Me empujo hacia arriba, sacudiéndome las hojas de la camisa, aunque algunas se pegan a la sangre de mi brazo. —Cállate, Lamen. Solo déjame en paz —espeto, aunque sé que es inútil. Mis palabras nunca significan mucho para él. Su sonrisa se desvanece, su expresión retorciéndose en algo más oscuro. —¿Qué dijiste? —gruñe, dando un paso más cerca—. Te estás volviendo valiente, ¿eh? Antes de que pueda reaccionar, me empuja con fuerza en el pecho. Tropiezo hacia atrás, luchando por mantenerme en pie. Una luz tenue se filtra a través de los árboles más adelante, el claro. Si tan solo pudiera alcanzarlo... tal vez pueda escapar. —Lamen, ¿cuál es tu problema? ¿Por qué simplemente no me dejas en paz? —grito, aunque mi voz tiembla. Los demás se ríen. Aria me imita en un tono burlón, con su voz aguda y cruel. —¿Por qué simplemente no me dejas en paz, Lamen? —Pone los ojos en blanco dramáticamente antes de burlarse—: Deberías haber muerto con tu madre. Al menos ella significaba algo. No eres más que una desgracia mestiza. Sus palabras me golpean como un cuchillo. Me congelo por un segundo, mi garganta apretándose. Mi madre, la única que de verdad se preocupó por mí, ya no está. La Manada Colmillo de Sombra la asesinó hace años. Recordarlo todavía me quema un agujero en el pecho. Trago saliva y sigo moviéndome, abrazando mi mochila con fuerza como si pudiera protegerme. Estoy a más o menos una milla y media de casa. Lo sé por el lazo rosa que até a mi roble rojo favorito. Ese lazo me recuerda que, sin importar cuán rota esté, todavía puedo encontrar el camino de regreso. Lamen me da un fuerte codazo, obligándome a tropezar. Max y Alastair se ríen por lo bajo detrás de él, disfrutando cada segundo de esto. —Ella tiene razón —dice Lamen, con un tono que destila desprecio—. Nunca liderarás la Manada Luna Plateada. ¿Crees que ir a la escuela hará que los ancianos te respeten? A nadie le importas aquí. Probablemente seas adoptada. Sus palabras duelen, pero no dejo que vea cuán profundo cortan. Mi cabello se pega a mi frente húmeda, y todo mi cuerpo comienza a calentarse. Siempre sucede antes de una pelea o cuando estoy aterrorizada, mi piel se vuelve caliente, como si me estuviera quemando de adentro hacia afuera. No lo entiendo, pero tal vez es lo que me hace sanar tan rápido. Y tal vez sea ese mismo calor lo que alimenta mi temperamento. —¿Estás celoso, Lamen? —le respondo, con la voz temblorosa pero desafiante—. ¿No reprobaste tus exámenes parciales? La mandíbula de Lamen se tensa. —¡Cállate! —ladra, y su voz resuena por el bosque. Silver se ríe entre dientes detrás de él, ganándose una mirada fulminante. Puedo ver la luz asomándose a través de los árboles de nuevo. Solo unos pasos más. Aprieto el agarre de las correas de mi mochila y doy un cuidadoso paso hacia un lado, lista para salir corriendo en el segundo en que vea una abertura. Pero soy demasiado lenta. Lamen se interpone en mi camino, bloqueándome por completo. Antes de que pueda moverme, me golpea los hombros con las manos, estrellándome contra el suelo. Los demás estallan en carcajadas, con voces agudas y crueles. —En el suelo, donde perteneces —gruñe Lamen, su sombra cerniéndose sobre mí—. Nunca dirigirás la Manada Luna Plateada. No tienes la sangre adecuada. Ni siquiera eres una loba completa. Su bota presiona con fuerza contra mi columna, hundiendo mi rostro en la tierra fangosa. El dolor me desgarra, caliente e insoportable. Grito, incapaz de evitar que el sonido escape. Sus risas resuenan a mi alrededor, llenando el bosque, ahogando mi propia voz. Me muerdo para contener otro grito, saboreando tierra y sangre, deseando, solo por una vez... que alguien viniera. Que alguien hiciera que esto se detuviera.DAMIEN¡Crack! Me agacho rápido, usando la fuerza de mi pierna trasera para clavar mi puñetazo con más fuerza en las costillas de mi hermano Rylan Rock. —¡Tú no eres el dueño del lado oeste! ¡Yo lo soy! —grito, con la voz áspera de ira. Ya no hay marcha atrás, no con él. Si cedo aunque sea un segundo, me golpeará por la espalda. Eso es lo que hace Rylan. Es así de traicionero.Me aparto el pelo de la cara, entrecerrando los ojos bajo las luces del estacionamiento mientras lo evalúo. Está furioso, demasiado furioso para pelear con inteligencia. Me muevo con ligereza sobre los pies, manteniéndome en mi postura, escupiendo la sangre que se me acumula en la boca. Mi grupo está cerca, observando, esperando.—¡Damien, no te contengas! —exclama Kellan, mostrando los dientes en una sonrisa salvaje—. ¡Conoces su lado débil! ¡Dale con todo! Kellan forma parte de la rebelión, el pequeño grupo que he estado liderando. Es una banda dura, pero me cubren las espaldas.—¡Cállate, Kellan! —espeta Ryla
SKYEcho un último vistazo al espejo, estudiando el moño despeinado que aprendí a hacerme con un video en internet. No está perfecto, pero tendrá que servir para esta noche. Mis dedos alisan la suave tela de mi vestido azul medianoche, el que compré con meses de propinas y ahorros de Jersey Store, la pequeña cafetería donde he trabajado durante años. Cada moneda que ahorré fue a parar a este vestido, aunque si pudiera cambiarlo por un amigo de verdad en la manada, lo haría sin pensarlo dos veces.Mis ojos verdes brillan bajo la tenue luz, ese mismo resplandor de esmeralda que nunca parece apagarse, incluso cuando estoy sufriendo por dentro. Un poco de maquillaje hace que mi piel pálida resplandezca, y me paso un brillo labial transparente por los labios antes de salir al aire de la noche. Mis tacones resuenan suavemente mientras cruzo el patio hacia el salón de la Manada Luna de Plata, y mi pulso se acelera con cada paso.El salón está decorado con serpentinas plateadas y azules que b
SKYDe alguna manera logro pasar dos días enteros sin ningún problema por parte de Lamen y sus amigos. Parece un milagro, pero sé que no durará. La reunión de la manada Luna Plateada de esta mañana seguramente cambiará eso.Cuando entro al gran salón donde se reúne la manada, mantengo la cabeza gacha y me deslizo hacia un asiento en la parte de atrás. Mis hombros se encorvan hacia adelante como si esconderme me hiciera invisible. Los lobos llenan la habitación rápidamente: el chirrido de las sillas, el retumbar de las voces bajas, el olor familiar a pelaje y pino mezclándose en el aire.Al frente, mi padre, Lucien Silver, se yergue alto detrás del podio, con su presencia imponente de siempre. A su alrededor, los ancianos de la Luna Plateada se sientan en semicírculo; sus rostros serios no revelan nada. Retuerzo mis dedos nerviosamente en mi regazo, con el estómago hecho un nudo mientras espero a que aparezcan Lamen y su grupo.Unos pocos miembros de la manada que apenas conozco toman
SKYMe ha roto la columna. La escuché romperse... un horrible y seco crujido que resonó en mis huesos. Apenas puedo respirar. El dolor me quema como el fuego, extendiéndose por mi espalda.—¿La sangre correcta? —se burla Lamen. Ni siquiera sé a qué se refiere. Lo dice todo el tiempo, pero nunca lo explica. Tal vez sea solo su retorcida forma de recordarme que no pertenezco aquí.Estoy condenada. Completa y absolutamente condenada. Lo único que me ha mantenido cuerda es hundir la cabeza en mis libros. Ahora, ni siquiera puedo ponerme de pie.—Y quédate en el suelo, debilucha, antes de que te rompa un brazo —gruñe Aria. Su voz destila una cruel diversión. Supongo que esa es su versión de un cumplido.Me quedo donde estoy, boca abajo en el barro, intentando no moverme. El dolor es insoportable. Siento como si me hubieran desgarrado la espalda, y no puedo detener los sollozos que se me escapan. ¿Por qué no me quieren en la manada? ¿Por qué me odian tanto?Le he preguntado a mi padre lo mi












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