LOGINMientras el comandante continuaba buscando cualquier información que pudiera conducirlos hasta el paradero de Alma, Héctor y su familia regresaban a la mansión Varela.Nadie hablaba demasiado durante el trayecto.Valeria permanecía abrazada a Matilde, mientras Héctor observaba por la ventana con el rostro serio.No podía dejar de pensar en Alma.Al mismo tiempo, muy lejos de allí, Víctor comenzaba a instalarse en aquella desconocida ciudad.Había decidido empezar una nueva vida.Compró una pequeña propiedad y comenzó a poner en marcha una empresa dedicada a los bienes raíces. Todo estaba cuidadosamente planeado. No quería llamar la atención ni cometer ningún error que pudiera permitir que Héctor lo encontrara.Mientras tanto, Alma intentaba mantener la calma.Sabía que no podía enfrentarse directamente a Víctor.Necesitaba esperar.En algún momento él tendría que bajar la guardia.Y cuando eso sucediera, ella tendría que estar preparada.Por ahora, debía hacerle creer que necesitaba t
Víctor permaneció inmóvil durante varios minutos, observando a Alma mientras esperaba pacientemente a que despertara.Finalmente, ella comenzó a moverse.Sus párpados temblaron antes de abrirse lentamente. Durante unos segundos, Alma permaneció desorientada, intentando recordar dónde se encontraba.Entonces levantó la mirada.Y lo vio.El impacto fue inmediato.Sus ojos se abrieron de par en par y todo su cuerpo quedó paralizado.—Tú...La sorpresa fue tan grande que no pudo articular una sola palabra más.El corazón comenzó a latirle con fuerza. Sintió que las manos le temblaban y una oleada de miedo recorrió todo su cuerpo.Víctor, en cambio, sonrió con satisfacción.Había esperado ese momento.—Por fin despertaste, mi amor.Alma retrocedió instintivamente sobre la cama.—¿Qué... qué haces tú aquí?Víctor dio un paso hacia ella.—Esperándote.Alma lo miró horrorizada.De repente comprendió que no había sido un accidente. Él la había llevado hasta aquel lugar.—¿Dónde estoy?Víctor n
Rafael comenzó a caminar de un lado a otro de su departamento.Algo no dejaba de darle vueltas en la cabeza.¿Y si Sofía le había mentido?Quizá sabía mucho más de Víctor de lo que había querido contarle.Sin pensarlo demasiado, tomó las llaves de su automóvil y salió.Minutos después llegó al departamento de Sofía.Subió rápidamente y llamó a la puerta.Una vez.Dos veces.Tres.Nadie respondió.Rafael frunció el ceño y volvió a llamar.—¡Sofía!Silencio.Sacó su teléfono y marcó su número.En la casa de la playa, Sofía observaba la pantalla de su teléfono.Matilde estaba sentada frente a ella y la miraba atentamente.Sofía comprendió inmediatamente lo que aquella mirada significaba.Contestó.—¿Sí?—¿Dónde estás? —preguntó Rafael—. Necesito saber algunas cosas sobre ese tal Víctor Méndez.Sofía miró a Matilde.La anciana hizo un pequeño gesto indicándole que pusiera el altavoz.Sofía obedeció.—Ya te dije lo que sabía de Víctor.—No todo.—Sí, todo.Rafael respiró con impaciencia.—
El comandante abrió una carpeta.—La noche, en que su esposa desapareció, una pequeña embarcación llegó a un muelle bastante alejado de aquí.Héctor permaneció completamente atento.—¿Y qué ocurrió?—Las cámaras del muelle captaron a dos personas descendiendo de la embarcación. Un hombre y una mujer.Sofía se acercó unos pasos.—¿La mujer era Alma?—No podemos asegurarlo al cien por ciento —respondió el comandante—, pero por las características físicas y la ropa que llevaba, creemos que podría tratarse de ella.Héctor sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.—¿Qué más encontraron?—La mujer parecía estar inconsciente o muy débil. El hombre la llevaba en brazos y la subió a un automóvil.—¿Pudieron identificarlo?—No. Llevaba el rostro cubierto.Héctor apretó la mandíbula.—¿Y el automóvil?—Lo encontramos.Héctor levantó la mirada.—¿Dónde?—A unos cien kilómetros del puerto, en una zona bastante apartada.—¿Y Alma?—No estaba allí.Héctor cerró los ojos durante unos segundos.—L
No pasó mucho tiempo antes de que el jet privado aterrizara en la pista cercana a la casa de la playa.Poco después, Sofía fue conducida hasta la propiedad.Al llegar, encontró a Matilde esperándola en la entrada.A su lado estaba Valeria.Sofía se quedó inmóvil al verla.Durante unos segundos, ninguna de las dos dijo una palabra.Valeria simplemente la observó con un gesto de desaprobación. Después bajó la mirada, dio media vuelta y salió corriendo hacia el interior de la casa.Sofía sintió un dolor profundo en el pecho.—Valeria...Matilde se colocó frente a ella.—Gracias por venir.Sofía asintió lentamente.—Me dijeron que necesitaban hablar conmigo.—Así es.Matilde mantuvo la mirada firme.—Tenemos muchas cosas que aclarar.Sofía tragó saliva.—Lo entiendo.—Y quiero que me cuentes todo lo que sabes sobre Víctor y Rafael.La expresión de Sofía cambió ligeramente.—Les contaré todo lo que sé.Matilde asintió.—Eso espero.Después se hizo a un lado.—Ven. Héctor también necesita e
Sofía bajo vigilanciaMatilde se quedó observando a su nieto durante unos segundos.—Creo que deberíamos traer a Sofía aquí.Héctor giró lentamente la cabeza.—¿A Sofía?—Sí. Quiero que nos cuente personalmente todo lo que sabe. Además, si tiene algo que ver con la desaparición de Alma, será mucho más fácil vigilarla si permanece aquí.Héctor volvió la mirada hacia el mar.La idea no le agradaba.Tener a Sofía bajo el mismo techo significaba que Valeria tendría que verla todos los días.Y después de lo ocurrido durante la fiesta, sabía perfectamente cuánto le afectaba su presencia a la niña.—Valeria no va a estar cómoda con ella.—Lo sé —respondió Matilde—. Pero ahora tenemos que pensar también en Alma. Si Sofía sabe algo que pueda ayudarnos a encontrarla, no podemos dejarla marcharse sin más.Héctor permaneció en silencio.Pensó en Alma.En la última vez que la había visto.En aquella noche en el yate.En su sonrisa.Y en la desesperación que sentía desde que había desaparecido.Fin







