MasukMatilde miró entonces a Héctor.—¿Y tú?Héctor dirigió la mirada hacia Alma antes de responder.—Por mí no hay problema.Valeria tomó las manos de ambos.—¡Entonces iremos los tres!Alma y Héctor se miraron.Ninguno dijo nada.Pero ambos sabían que aquellos días en la finca podían ser mucho más difíciles de lo que Valeria imaginaba.Durante las dos semanas que faltaban para que comenzaran las vacaciones, Alma continuó con su rutina de siempre.Cada mañana se levantaba temprano para ocuparse de Valeria. La despertaba con cariño, la ayudaba a arreglarse y después desayunaban juntas.Para Valeria, todo parecía haber vuelto a la normalidad.Sin embargo, la realidad era muy diferente.Héctor y Alma apenas intercambiaban algunas palabras durante las mañanas. Y cuando Valeria estaba frente a ellos, ambos hacían un esfuerzo por aparentar que todo estaba bien.—Buenos días —decía Héctor.—Buenos días —respondía Alma.A veces hablaban sobre Valeria, sobre la escuela o sobre algún asunto de la c
Alma no pudo evitar que se le partiera el corazón al ver cómo Valeria le suplicaba que no se fuera.—Mamá, no te vayas... —dijo la niña entre lágrimas—. ¿Por qué siempre me tienen que dejar sola? ¿Por qué no me quieren?Aquellas palabras destrozaron a Alma.Se arrodilló inmediatamente frente a ella y le limpió las lágrimas con ambas manos.—No digas eso, mi amor.Valeria la miró con los ojos llenos de tristeza.Alma respiró profundamente y, después de unos segundos de lucha interna, tomó una decisión.—Está bien, mi amor. No me voy a ir.La pequeña abrió los ojos con sorpresa.—¿De verdad?Alma sonrió entre lágrimas y la abrazó con fuerza.—Sí. Me quedo contigo, mi princesa.Valeria se lanzó a sus brazos y la rodeó con todas sus fuerzas.A unos pasos de distancia, Matilde soltó un largo suspiro de tranquilidad.Había temido que aquella despedida terminara rompiendo todavía más el corazón de su bisnieta.Héctor, en cambio, permaneció en silencio.No dijo una sola palabra.Solo observó
Sabía que no podía retenerla. Después de lo ocurrido, utilizar el contrato para obligarla a permanecer en la mansión sería todavía peor.—Está bien —respondió finalmente.Alma pareció sorprenderse de que no discutiera.Héctor bajó la mirada durante unos segundos antes de hacer la pregunta que realmente le preocupaba.—¿Y Valeria?Alma sintió un nudo en la garganta.Sabía que aquella sería la parte más difícil.—No voy a alejarme de ella.Héctor levantó la mirada.—¿Qué quieres decir?—Seguiré cuidándola como hasta ahora.Su voz se volvió más firme.—Vendré por las mañanas para estar con ella y llevarla al colegio y, me iré cuando ya se haya quedado dormida.Héctor no supo qué responder.La idea de regresar a una casa sin Alma le resultaba insoportable, pero al menos sabía que ella no estaba dispuesta a abandonar a Valeria.—¿Has pensado todo esto desde hace cuánto? —preguntó finalmente.Alma guardó silencio.Aquella pregunta la tomó desprevenida.Héctor la observó detenidamente.Cada
Alma se quedó inmóvil, sin saber qué responder.Las palabras de Héctor seguían resonando en su cabeza.Quiso dar un paso hacia atrás, pero el alcohol hizo que perdiera el equilibrio.Tropezó y estuvo a punto de caer.Héctor reaccionó rápidamente y la sostuvo por el brazo.—Suéltame. ¡No me toques! —exclamó Alma, apartándose de él.Héctor la miró durante unos segundos.Una leve sonrisa apareció en su rostro, aunque sus ojos reflejaban tristeza.—No estás en condiciones de caminar sola.Sin darle tiempo a protestar nuevamente, la tomó con cuidado en brazos.—¡Héctor! ¡Bájame!Él comenzó a subir las escaleras.—No te di permiso para que me cargaras —protestó Alma, molesta.Héctor no respondió.Continuó subiendo lentamente, sujetándola con cuidado para evitar que se lastimara.—¡Te estoy hablando!Pero él permaneció en silencio. Sin responder ni una sola palabra, así como ella lo hizo con él. Él también lo estaba haciendo.Alma terminó apoyando la cabeza contra su hombro, demasiado cansa
Cuando Alma terminó de vestirse, escuchó que llamaban a la puerta.Se acercó y abrió enseguida.—¡Amiga!Era Paula.Las dos se abrazaron con fuerza.—Pasa —dijo Alma, haciéndose a un lado para dejarla entrar.—¿Estás lista?—Sí. Solo dame un momento.Mientras Alma terminaba de arreglarse, Paula la observó en silencio. Sabía que su amiga necesitaba salir de la rutina y despejar la mente.Al otro lado de la ciudad, Héctor finalmente había regresado de su viaje cuando llegó a la mansión.Apenas entró, uno de los empleados se acercó.—Señor Varela, la señorita Alma salió esta tarde y todavía no ha regresado.Héctor permaneció en silencio durante unos segundos.—Está bien. Y Valeria --Señor con la señora Matilde.Héctor no hizo más preguntas.Subió las escaleras y se dirigió directamente a su habitación.Una vez dentro, cerró la puerta y se quedó solo.Se acercó a la ventana y contempló la noche.—Alma, mi amor... no sabes cuánto te amo.Bajó la mirada con tristeza.Pero no sabía dónde es
Durante los días siguientes, Héctor procuraba llegar tarde a casa para evitar encontrarse con Alma.Cuando regresaba, la mansión ya estaba en silencio. Subía las escaleras lentamente y, antes de dirigirse a su habitación, pasaba por la de Valeria.Entraba con cuidado para no despertarla, se acercaba a la cama y le daba un beso en la frente. —Buenas noches, princesa —murmuraba.Después salía de la habitación y continuaba hasta la suya.Se duchaba y, una vez que terminaba, se dirigía hacia la pequeña mesa donde guardaba su colección de coñacs.Tomaba una de las botellas, se servía un vaso y se sentaba en el sillón frente a la ventana.Desde allí podía contemplar las luces de la ciudad y la oscuridad de la noche.Permanecía horas sentado en aquel lugar, bebiendo en silencio.Intentaba no pensar en Alma.Intentaba convencerse de que podía acostumbrarse a la idea de perderla.Pero cada vez que cerraba los ojos, volvía a escuchar aquellas palabras.—Quiero el divorcio.Y entonces volvía a







