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Contracciones

Autor: Charles
last update Data de publicação: 2026-05-16 18:43:49

El silencio en la habitación era sofocante.

Catalina no sabía cuánto tiempo había pasado desde que despertó. Podían ser minutos… horas… incluso más. En aquel lugar sin ventanas, sin relojes, sin voces humanas, el tiempo había dejado de existir.

Lo único real…

Era su respiración.

Y el latido acelerado de su corazón.

—Axel… —susurró con voz temblorosa.

No hubo respuesta.

Sus manos descansaban sobre su vientre, protegiéndolo de manera instintiva, como si pudiera cubrir a su bebé del peligro
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Último capítulo

  • Matrimonio impuesto, Amor a voluntad.   EXTRA 7

    El sonido de pequeñas risas llenaba toda la casa. —¡No, papá, así no! —protestó una vocecita aguda, mezclando indignación con diversión. Axel Fort, el hombre que alguna vez fue temido por su frialdad, estaba arrodillado en el suelo… completamente derrotado. —Te aseguro que así va —insistió, sosteniendo una torre de bloques que claramente estaba a punto de colapsar. Frente a él, un pequeño niño de tres años cruzó los brazos, imitando perfectamente la expresión seria de su padre. —Se va a caer. —No se va a caer. Silencio. Un segundo después… La torre se desplomó. El niño soltó una carcajada. —¡Te dije! Axel suspiró, dejándose caer hacia atrás sobre la alfombra. —Esto está arreglado… —Papá pierde —declaró el pequeño con total seguridad. Desde la puerta, Catalina observaba la escena con una sonrisa imposible de ocultar. Tres años. Habían pasado tres años… Y aún había momentos en los que le parecía irreal. Ese hombre… que ahora fingía estar ofendido porque su hijo le ha

  • Matrimonio impuesto, Amor a voluntad.   Extra 6

    El avión había aterrizado hacía apenas unas horas, pero Catalina aún sentía que todo era un sueño. Turquía se extendía ante sus ojos como un cuadro vivo. Colores cálidos. Aromas nuevos. Una brisa distinta… como si el mundo, por primera vez en mucho tiempo, no estuviera en su contra. Sino a su favor. Catalina estaba de pie frente al balcón del hotel, observando la ciudad bañada por la luz dorada del atardecer. Sus dedos descansaban sobre la baranda mientras su corazón latía con una calma que no conocía. —Es hermoso… —susurró. Detrás de ella, Axel la observaba en silencio. No estaba mirando la ciudad. La estaba mirando a ella. Porque después de todo… Catalina seguía siendo el paisaje más impresionante que había visto en su vida. —No más que tú —respondió él con suavidad. Catalina sonrió sin girarse. —Mentiroso. Axel se acercó lentamente, rodeando su cintura con sus brazos desde atrás, apoyando su barbilla en el hombro de ella. —Nunca contigo. El contacto la hizo cerrar l

  • Matrimonio impuesto, Amor a voluntad.   EXTRA 5

    El viento soplaba suave aquella tarde, como si incluso la naturaleza hubiera decidido ser testigo de algo que no era simplemente una boda… sino una promesa elegida. Catalina permanecía frente al espejo, inmóvil, con los dedos temblando ligeramente mientras sostenía el velo entre sus manos. No era nervios. No exactamente. Era algo mucho más profundo. —Esta vez… —susurró para sí misma— es real. Sus ojos se humedecieron apenas, recordando aquel primer día. Aquella primera boda fría, distante, donde las palabras “para siempre” habían sido una obligación… no una elección. Pero hoy… Hoy su corazón latía con fuerza, con certeza. Un pequeño sonido la sacó de sus pensamientos. —Mamá… Catalina giró de inmediato. Ahí estaba su pequeño, con esos ojitos brillantes que parecían contener todo su mundo. En brazos de Sofía Fort, quien lo sostenía con cuidado mientras sonreía con dulzura. —Mira nada más… —dijo Sofía—. La novia más hermosa que he visto… y eso que he visto muc

  • Matrimonio impuesto, Amor a voluntad.   Extra 4

    El atardecer caía suavemente sobre la ciudad, tiñendo el cielo de tonos dorados y rosados que parecían pintados a mano. La brisa era ligera, tibia, perfecta. Desde el balcón de su hogar en Francia, Catalina sostenía a su bebé contra su pecho, balanceándolo con un cuidado casi instintivo, como si su cuerpo hubiera aprendido ese lenguaje desde siempre. Había algo distinto en ella ese día. No era solo la calma… era decisión. —Hoy… —susurró, besando la cabecita del pequeño— hoy vamos a cambiarlo todo, mi amor. El bebé soltó un pequeño sonido, como si comprendiera. Sus manitos se aferraron a la tela de su vestido, y Catalina sonrió con ternura, aunque sus ojos brillaban con una emoción contenida. Dentro de la casa, Axel hablaba por teléfono. Su tono era serio, firme, el de siempre. Pero Catalina ya sabía leer entre sus silencios, entre sus pausas… y sabía que, incluso en medio del trabajo, él siempre estaba pendiente de ellos. Siempre. —Sí, mañana reviso ese contrato —decía é

  • Matrimonio impuesto, Amor a voluntad.   Extra 3

    El aire en Francia era distinto. Más ligero. Más cálido. Más… peligroso. No por el lugar. Sino por lo que despertaba. Catalina bajó del auto, acomodando su abrigo mientras observaba la calle elegante frente a ellos. Cafés llenos, gente caminando, risas suaves… todo parecía sacado de una película. —No está mal —murmuró, mirando alrededor. —Es funcional —respondió Axel, cerrando la puerta del auto. Catalina giró lentamente la cabeza hacia él. —¿Funcional? Axel la miró con total serenidad. —Tiene buena infraestructura. Catalina entrecerró los ojos. —Estamos en Francia, Axel… no en una reunión empresarial. —La eficiencia es universal. Ella negó con la cabeza, soltando una pequeña risa. —Eres imposible. —Y aún así estás aquí. Catalina sonrió. —Eso dice mucho de mí. Axel no respondió, pero la forma en que su mirada se detuvo en ella… lo decía todo. Caminaron juntos por la acera. Sin prisa. Por primera vez en mucho tiempo… sin peligro. Sin urgencia. Solo ellos. Ca

  • Matrimonio impuesto, Amor a voluntad.   Extra 2

    La casa estaba en calma. Una calma distinta a la del día anterior. Más viva. Más… ruidosa, aunque el silencio dominara el ambiente. Porque ahora cada pequeño sonido importaba. Cada suspiro. Cada movimiento. Cada quejido. Catalina estaba en la cocina, apoyada ligeramente contra la encimera, observando hacia la sala con una sonrisa que no podía disimular. Ahí estaba Axel. De pie. Rígido. Tenso. Con el ceño fruncido. Y completamente paralizado. Frente a… una mesa. No cualquier mesa. El cambiador. Y sobre él, su pequeño bebé. Moviéndose suavemente. Haciendo pequeños sonidos. Ajeno al caos existencial que estaba provocando en su padre. Axel lo miraba como si fuera una bomba a punto de explotar. —Axel —llamó Catalina, conteniendo la risa—. Solo tienes que cambiarle el pañal. —Lo sé. Pero su tono no coincidía con alguien que lo tuviera claro. Ni un poco. Sus manos estaban suspendidas en el aire. Como si no supiera por dónde empezar. —Entonces hazlo —insistió ella.

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