LOGINLa luz explotó a mi alrededor como una supernova de energía pura y cruda.
Sentí el poder del ritual chocando con el mío, la magia antigua de los Guardianes de Sangre chocando contra el don que corría por mis venas. Por un momento, no hubo nada más que ese resplandor, esa fuerza abrumadora que amenazaba con desgarrarme desde dentro.
Entonces el impacto me golpeó.
Salí despedid
La llamada telefónica terminó, pero las palabras permanecieron.Adrian se quedó en el porche, su mano todavía agarrando el teléfono, su corazón latiendo en su pecho. La voz había sido fría, calmada, totalmente sin misericordia. No era la voz de Victor. Era alguien más. Alguien que sabía sobre ellos. Alguien que estaba observando.Se giró y entró de nuevo a la casa segura, su expresión cuidadosamente controlada. Isabella levantó la vista desde el sofá, sus ojos buscando en su rostro.¿Quién era? preguntó.Adrian vaciló. No quería asustarla. No quería traer la oscuridad de vuelta a sus vidas. Pero no podía mentirle. No ahora. Nunca.Alguien amenazándonos, dijo, su voz firme. Alguien conectado con Victor. Dijeron que hay otr
El juzgado era un caos.Adrian estaba de pie al borde de la multitud, su espalda presionada contra la pared fría de piedra, sus ojos recorriendo el mar de rostros que se habían reunido afuera del edificio federal. Reporteros, fotógrafos, curiosos, todos empujando y gritando, todos desesperados por vislumbrar al hombre que había aterrorizado la ciudad durante años.Victor Kane. El multimillonario. El monstruo. El hombre que había tratado de matar a la familia de Adrian.La noticia había estallado al amanecer, extendiéndose como un incendio forestal por cada medio de comunicación, cada plataforma de redes sociales, cada conversación susurrada. Los titulares gritaban desde cada pantalla, cada periódico, cada rincón de la ciudad.El multimillonario Victor Kane arrestado por intento de asesinato, conspiración y cr&i
La sala de interrogatorios era fría, desnuda y silenciosa.Vanessa Kane estaba sentada a la mesa de metal, sus manos esposadas frente a ella, su rostro pálido, sus ojos rojos de tanto llorar. Había estado sentada allí durante horas, sola, el silencio presionándola como un peso. No había comido. No había dormido. No había hecho nada más que sentarse y esperar y pensar en todo lo que la había llevado a este momento.La puerta se abrió, y una mujer entró. Era alta, afilada, sus ojos duros y calculadores. Una fiscal, adivinó Vanessa. Alguien que había estado esperando este momento durante mucho tiempo.Sra. Kane, dijo la fiscal, sentándose frente a ella. Estoy aquí para hablar sobre su esposo. Sobre lo que ha hecho. Sobre lo que usted sabe.Vanessa levantó la vista, sus ojos vacío
El grito resonó por la noche, agudo y desesperado, cortando el silencio como una cuchilla.Vanessa retrocedió, su teléfono todavía agarrado en su mano, su corazón latiendo tan fuerte que pensó que estallaría. Victor avanzaba hacia ella, su rostro torcido de furia, sus ojos ardiendo con un odio que le helaba la sangre.¿Crees que puedes escapar de mí? gruñó, su voz baja y peligrosa. ¿Crees que puedes traicionarme y simplemente irte?La espalda de Vanessa golpeó la pared del almacén, atrapándola. No tenía dónde correr, dónde esconderse. Victor estaba a centímetros, su mano extendiéndose hacia ella, sus dedos cerrándose alrededor de su garganta.Y entonces, en la distancia, lo oyó.Sirenas.Victor se congel&oac
Las sombras se tragaron la figura por completo.Adrian se quedó congelado en la ventana, su corazón latiendo, su respiración atrapada en su garganta. Lo había visto. Había visto a Victor, de pie en la oscuridad, observándolos. Y entonces había desaparecido, como un fantasma, como una pesadilla, como algo que nunca había estado allí.Pero Adrian sabía lo que había visto. Sabía que Victor estaba ahí fuera. Sabía que el peligro era real.Se giró desde la ventana, su mente acelerada, su cuerpo tenso. Isabella lo observaba, sus ojos muy abiertos de miedo.¿Qué pasa? preguntó. ¿Qué viste?Adrian vaciló. No quería asustarla. No quería empeorar las cosas. Pero no podía mentirle. No ahora. Nunca.Victor
El bosque estaba en silencio.Adrian estaba sentado en el asiento del conductor, sus manos todavía agarrando el volante, su corazón latiendo en su pecho. El teléfono todavía estaba en su mano, la pantalla oscura, las palabras de Victor resonando en su mente. Sé dónde estás. Siempre he sabido dónde estás. Y voy por ti.No sabía si era cierto. No sabía si Victor estaba fanfarroneando, tratando de asustarlo, tratando de hacerlo entrar en pánico. Pero no podía arriesgarse. No podía arriesgar las vidas de su familia con la esperanza de que Victor estuviera mintiendo.Tenían que moverse. Tenían que encontrar ayuda. Tenían que llegar a algún lugar seguro.Se giró para mirar a Isabella, a los niños acurrucados en el asiento trasero. Liam estaba dormido, su pequeño