Partager

Capítulo 5: Sin dejar nada atrás

Auteur: Miss-Er
last update Date de publication: 2026-06-19 16:01:15

La luz de la mañana se coló por la rendija de las cortinas mal cerradas y golpeó directamente los párpados de Daryl Dixon.

El hombre emitió un leve gruñido, parpadeó varias veces y finalmente estiró los músculos de su cuerpo, que se sentían extraordinariamente rígidos. Giró la cabeza hacia el reloj digital que colgaba sobre el televisor de la habitación.

Las siete de la mañana.

Daryl se sobresaltó ligeramente y se sentó al borde de la cama. Se masajeó el puente de la nariz, que le latía con una leve molestia.

Durante los últimos cinco años, nunca había dormido tan profundamente ni se había despertado tan tarde.

De repente, los recuerdos de la noche anterior regresaron a su mente: la intensa lucha entre ambos, las respiraciones agitadas y la forma en que el cuerpo de Michelle había parecido una adicción imposible de abandonar.

Daryl dirigió la mirada hacia el lado vacío de la cama.

Las sábanas ya estaban frías, dejando únicamente arrugas desordenadas como evidencia de que alguien había estado allí.

—¿Michelle? —llamó con la voz ronca de quien acaba de despertar.

No hubo respuesta.

El único sonido que rompía el silencio era el suave zumbido del aire acondicionado.

Daryl resopló y se pasó una mano por el cabello revuelto.

Cuando estaba a punto de levantarse, sus ojos se detuvieron en dos objetos que descansaban sobre la mesita de noche.

Un libro de cubierta roja —su certificado de matrimonio— y una hoja de papel doblada cuidadosamente debajo de él.

Frunció el ceño.

Extendió la mano, tomó la carta y la abrió lentamente.

La letra firme y ordenada de Michelle apareció ante sus ojos.

«Para Daryl:

Gracias por anoche. Gracias por haber cumplido finalmente el mayor deseo de mi vida, para que no tenga que suplicarte otros seis meses en esta casa.

¿Sabes algo? Te he amado desde que éramos niños. Desde que tenía diez años, desde aquel día en que me ofreciste un vaso de jugo y apartaste una silla para mí en un rincón de aquella fría fiesta de la familia Alexander. Para una niña adoptada a la que nadie parecía ver, aquel pequeño gesto lo significó todo. Guardé ese sentimiento durante años, esperando que algún día me miraras.

Pero anoche comprendí algo. Ese amor murió junto con cada una de las heridas que me dejaste. Todo está saldado, Daryl. Te devuelvo tu libertad.

Reúnete conmigo hoy a las diez de la mañana en la Oficina del Registro Civil. Terminemos con todo para que puedas llevar a tu amor de vuelta a casa cuanto antes.

Michelle.»

Crujido.

Los dedos de Daryl reaccionaron por instinto.

Apretó el papel hasta convertirlo en una bola arrugada.

Una sensación extraña atravesó su pecho. Un leve ahogo, desconocido para él, se instaló en su corazón, pero su orgullo masculino rechazó aquel sentimiento de inmediato.

—Qué absurdo... —murmuró.

Su voz resonó en la habitación vacía.

Arrojó la carta al suelo con brusquedad.

—¿Cómo puede alguien enamorarse tan fácilmente por algo tan insignificante como un vaso de jugo de hace tantos años? Es ridículo.

Daryl se puso de pie y apretó los puños con fuerza a ambos lados del cuerpo.

Sus ojos se fijaron en la puerta abierta del baño.

De repente, sus pensamientos se volvieron confusos.

Sentía alivio porque había conseguido lo que siempre había querido, pero al mismo tiempo una extraña sensación de vacío comenzaba a extenderse por su interior.

—Es mejor así. Al menos cumplió su promesa —se dijo a sí mismo, intentando convencer a un corazón que de pronto parecía dudar—. Esto es lo que quería desde el principio. Todo esto es por Thania.

A las diez en punto de la mañana, los pasillos de la Oficina del Registro Civil estaban relativamente tranquilos.

Michelle ya esperaba junto a una gran columna.

Llevaba un conjunto informal de blazer color crema que la hacía lucir elegante y distante al mismo tiempo.

Un maquillaje discreto ocultaba la luz especial que brillaba en sus ojos, el secreto de la nueva vida que ahora crecía dentro de ella.

El sonido de unos pasos apresurados la hizo girar la cabeza.

Desde la entrada, Daryl avanzaba con porte firme.

Pero no estaba solo.

Thania Purry caminaba aferrada a su brazo izquierdo. Llevaba unas gafas de sol y una sonrisa victoriosa se extendía por sus labios.

—Vaya, qué puntual eres —comentó Thania con sarcasmo mientras se bajaba ligeramente las gafas al detenerse frente a Michelle—. Pensé que te esconderías en casa llorando.

Michelle ni siquiera la miró.

Su mirada impasible se dirigió directamente a Daryl.

—Terminemos esto cuanto antes —dijo con voz tranquila, sin mostrar la menor emoción.

Daryl la observó con la mandíbula tensa.

No le gustaba la calma que transmitía aquella mañana.

No había lágrimas.

No había miradas suplicantes.

Nada de lo que había visto el día anterior.

—Entremos —respondió secamente.

Después retiró con suavidad la mano de Thania de su brazo.

—Espérame aquí.

—Está bien, cariño. No tardes demasiado —respondió ella con un tono deliberadamente afectado.

Michelle y Daryl entraron juntos en la oficina.

Los trámites avanzaron con rapidez y eficacia, ya que todos los documentos necesarios habían sido firmados por ambas partes la noche anterior.

No hubo discusiones.

No hubo negociaciones.

Solo el sonido de los bolígrafos deslizándose sobre el papel y el golpe seco de los sellos oficiales marcando el final de cinco años de matrimonio.

Cuando el funcionario declaró que todo había concluido, Michelle soltó lentamente el aire que había estado conteniendo.

Una parte del peso que llevaba sobre los hombros pareció desaparecer.

Bajó la mirada hacia el dedo anular de su mano izquierda.

El anillo de oro blanco con un pequeño diamante seguía allí.

Intentó quitárselo.

Pero la tensión acumulada había hinchado ligeramente sus dedos y la joya quedó atrapada en el nudillo.

Volvió a intentarlo.

La piel se enrojeció.

—Si te cuesta tanto, no hace falta que te obligues —comentó Daryl con frialdad.

Había estado observándola atentamente.

Aunque su voz sonó indiferente, una extraña incomodidad le oprimía el pecho al verla tan ansiosa por deshacerse de aquel símbolo de su matrimonio.

Michelle se detuvo.

Luego volvió la cabeza hacia él y le dedicó una sonrisa tenue cargada de ironía.

—Me lo quitaré cuando consiga devolvértelo, Daryl —respondió con calma—. No quiero conservar algo que ya no me pertenece.

Hizo una breve pausa mientras acomodaba la correa de su bolso.

—En cuanto a tu padre y tu madre, yo misma les explicaré todo. Seré yo quien soporte su enojo para que no te culpen ni a ti ni a tu querida amante.

Se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la salida.

Pero apenas había avanzado dos pasos cuando la voz grave de Daryl la detuvo.

—¡Espera, Michelle!

Ella se detuvo sin girarse.

—¿Qué más quiere, señor Daxon? Todo ha terminado, ¿no es así?

Daryl avanzó unos pasos y sacó una carpeta azul oscuro del bolsillo interior de su chaqueta.

La extendió hacia ella.

—Aquí están los documentos de transferencia del veinte por ciento de las acciones de una de las filiales del Grupo Daxon. Los preparé anoche. Tómalos.

Michelle se giró lentamente.

Miró la carpeta.

Luego miró a Daryl.

Para sorpresa de todos, extendió la mano y tomó los documentos.

Y al instante siguiente los rompió.

La carpeta y todos los papeles importantes quedaron reducidos a varios pedazos.

Sin vacilar, arrojó los fragmentos contra el pecho de Daryl.

Los trozos de papel cayeron dispersos sobre el suelo de mármol.

—No necesito tus acciones, Daryl. ¡No necesito ni un solo centavo de la familia Daxon!

Sus ojos brillaban con una intensidad feroz.

Era el orgullo de una mujer que había sido humillada durante cinco años.

Daryl cerró los puños con tanta fuerza que la mandíbula le tembló.

Aquella mujer era increíblemente orgullosa.

—Tú...

Al ver la escena desde la entrada, Thania se apresuró a acercarse.

Se aferró al brazo de Daryl mientras observaba los papeles rotos con una expresión despectiva.

—Déjalo, Daryl. No vale la pena. Seguramente actúa con tanta arrogancia porque piensa volver con la familia Alexander para mendigar otra vez el dinero de sus padres adoptivos.

Daryl sostuvo la mirada de Michelle.

La irritación y la confusión se mezclaban dentro de él.

—Haz lo que quieras. Vuelve con la familia Alexander o conviértete en una vagabunda. Me da exactamente igual.

Su voz sonó más alta de lo normal.

Era la única forma que encontró para ocultar la repentina culpa que comenzaba a arañarle el corazón.

Michelle simplemente sonrió.

Una sonrisa ligera.

Misteriosa.

Una sonrisa cuyo significado Daryl jamás comprendería aquel día.

Continuez à lire ce livre gratuitement
Scanner le code pour télécharger l'application

Dernier chapitre

  • Me Pidió Que Me Marchara, Ahora Me Suplica Que Regrese   Capítulo 24

    Michelle entró en su silencioso apartamento.Sin embargo, aquella noche, el silencio ya no le parecía frío ni asfixiante. Dejó su bolso y la carpeta marrón sobre la mesa del comedor y, después, se sentó lentamente en el borde de su cama individual.Sus manos se movieron de manera inconsciente hasta posarse sobre su vientre, que aún permanecía completamente plano. Aquel contacto le transmitía un calor indescriptible.—Ahora estamos a salvo, mi amor... —susurró Michelle en voz baja.Una tenue sonrisa, desaparecida durante semanas, volvió por fin a dibujarse en su rostro, que empezaba a recuperar parte de su vitalidad.Conseguir el puesto de secretaria personal de Kael Sebastian era una suerte que jamás habría imaginado. Más aún cuando Kael había aceptado su embarazo sin poner ninguna condición ni mostrar la menor duda.En una ciudad que hasta hacía poco le había parecido cruel y llena de puertas cerradas, finalmente había encontrado una salida.Michelle inhaló profundamente y dejó escap

  • Me Pidió Que Me Marchara, Ahora Me Suplica Que Regrese   Capítulo 23

    Mientras tanto, en otro extremo de la ciudad, el ambiente dentro del despacho del director ejecutivo de Daxon Group era pesado y sofocante.Daryl Dixon permanecía sentado en su gran sillón, con la camisa aflojada y los primeros botones desabrochados.—¡Ugh...!De pronto, se inclinó hacia delante y se aferró al borde de su amplio escritorio cuando una intensa oleada de náuseas le revolvió el estómago.El hombre que normalmente irradiaba autoridad y arrogancia lucía completamente pálido. El sudor frío empapaba sus sienes, mientras una fuerte sensación de vértigo hacía que toda la habitación pareciera girar a su alrededor.—Maldita sea... —murmuró con voz ronca mientras se masajeaba el puente de la nariz, intentando aliviar el insoportable dolor de cabeza.Aquellos extraños síntomas lo perseguían desde primera hora de la mañana.Cada vez que percibía el aroma de su café negro favorito o el intenso perfume de Thania que aún permanecía impregnado en algunos rincones del despacho, el estóma

  • Me Pidió Que Me Marchara, Ahora Me Suplica Que Regrese   Capítulo 22

    El suave llanto de Michelle fue apagándose poco a poco, dejando solo pequeños sollozos ahogados tras sus dedos. Kael Sebastian permaneció sentado en su silla sin interrumpir aquel momento de profunda emoción. Le concedió el tiempo suficiente para asimilar el nuevo destino que acababa de llamar a la puerta de su vida.Después de varios minutos de silencio, Michelle bajó las manos. Se secó las lágrimas que aún quedaban en sus mejillas y miró a Kael con mucha más serenidad, aunque sus ojos seguían enrojecidos e hinchados.—Lo siento, señor Kael —dijo con la voz todavía ronca—. Me dejé llevar por las emociones.—No tiene que disculparse —respondió Kael con amabilidad.Tomó la carpeta marrón que contenía los documentos de Michelle, la cual llevaba un buen rato sobre la mesita junto a la cama del hospital, y la abrió con calma. Sus penetrantes ojos recorrieron una a una las páginas del currículum de la mujer que tenía delante.—Tuve la oportunidad de leer su currículum mientras usted aún es

  • Me Pidió Que Me Marchara, Ahora Me Suplica Que Regrese   Capítulo 21

    La habitación VVIP del hospital privado estaba envuelta en un silencio reconfortante. El tenue olor a antiséptico se mezclaba con la delicada fragancia del ambientador. Sobre la cama hospitalaria, Michelle seguía con los ojos fuertemente cerrados. El rostro que antes lucía pálido comenzaba a recuperar su color natural mientras el suero intravenoso recorría lentamente sus venas.Kael Sebastian permanecía de pie junto al gran ventanal con vistas al jardín del hospital. Con los brazos cruzados sobre el pecho, contemplaba el exterior en silencio antes de dirigir la mirada hacia la mesilla de noche, donde descansaba la carpeta con los documentos de Michelle.Click.La puerta de la habitación se abrió lentamente. Luca, el asistente personal y chófer de confianza de Kael, entró con pasos tranquilos y ordenados.—Señor Kael, todos los trámites administrativos y los gastos médicos de la señorita ya han sido cubiertos —informó Luca con voz baja y respetuosa. Lanzó una breve mirada hacia Michell

  • Me Pidió Que Me Marchara, Ahora Me Suplica Que Regrese   Capítulo 20

    La noche avanzaba, pero el aire dentro del apartamento del cuarto piso era tan frío como el hielo. Michelle estaba sentada al borde de su cama individual, observando la pantalla de su viejo portátil, cuya tenue luz iluminaba la habitación. En la bandeja de entrada de su correo electrónico volvía a aparecer la misma frase que ya se había vuelto demasiado familiar para ella durante las últimas tres semanas:«Lamentamos informarle que su perfil no se ajusta a las necesidades de nuestra empresa.»Michelle dejó escapar un largo suspiro y cerró el portátil lentamente. Era otro rechazo más. Desde que Thania le había cerrado el camino en la empresa de cosméticos tres semanas atrás, una barrera invisible parecía haberse levantado frente a la entrada de todas las empresas de la ciudad. Thania realmente había utilizado todos los contactos que aún conservaba de su pasado para asegurarse de que Michelle no tuviera ni un solo espacio para respirar.Los ahorros que Michelle había reunido gracias a s

  • Me Pidió Que Me Marchara, Ahora Me Suplica Que Regrese   Capítulo 19

    —¡No quiero que me molesten, Thania! ¡Sal de mi habitación ahora mismo! —la echó Daryl, con la mandíbula fuertemente apretada hasta que las venas de su cuello se marcaron con tensión.—¡Esto es por esa mujer del orfanato, ¿verdad?! —chilló Thania, desahogando toda su frustración acumulada al límite. Se puso de pie, señalando directamente al rostro de Daryl con un dedo tembloroso—. ¿Te sientes culpable por ella? ¡¿La extrañas?! ¡Daryl, ella ya se fue! ¡Ella fue quien se divorció de ti! ¡¿Por qué sigues aferrándote a su sombra en esta casa?!Las palabras de Thania golpearon de lleno el orgullo de Daryl. El hombre apretó los puños con fuerza a los costados de su cuerpo, rechazando rotundamente la acusación de que extrañaba a Michelle.—¡No menciones su nombre delante de mí! ¡Lárgate, Thania! ¡Antes de que pierda lo que me queda de paciencia y ordene a los guardias que te saquen a rastras de esta casa!Thania jadeaba, con su hermoso rostro completamente enrojecido por una frustración incr

Plus de chapitres
Découvrez et lisez de bons romans gratuitement
Accédez gratuitement à un grand nombre de bons romans sur GoodNovel. Téléchargez les livres que vous aimez et lisez où et quand vous voulez.
Lisez des livres gratuitement sur l'APP
Scanner le code pour lire sur l'application
DMCA.com Protection Status