Share

Capítulo 5

Author: dayiEscritora
last update publish date: 2025-11-23 00:56:27

~25 de noviembre, día de la boda~

Isabella

Las maquillistas me arreglan el cabello mientras otra termina de abrochar la parte trasera del vestido. Tengo las manos frías, las rodillas temblando y ese nudo en el estómago que no se me ha ido desde anoche. Intento sonreír cuando una de ellas me dice que estoy preciosa, pero la sonrisa ni siquiera me sale completa.

—¿Puedes pasarme el gloss? —pido, solo para sentir que participo en mi propia celebración.

—No es necesario, te he puesto un mate rosita que no necesita brillo. Ven aquí, es hora de que te mires al espejo. —Me toma de la mano y me coloca frente al enorme cristal con mi reflejo en medio—. Toda una princesa ¿te gusta?

La verdad, no.

Tuve que aceptar que mi suegra escogiera mi vestido porque Ryan asegura que su madre es lo más importante en su vida y sabrá cuál vestido se vería mejor en mí. Intenté varias veces decirle qué modelo me gustaría usar, pero su respuesta siempre era la misma: mi madre sabrá escoger el que más me gustará a mí, que soy tu esposo.

Y así quedó todo; debía estar bonita únicamente para él, mi opinión no importaba ni importará una vez se celebre la boda.

Siempre soñé con un vestido campana, enorme, de esos con los que a penas se puede caminar bien. Con un encaje desde la cintura hasta las muñecas de las manos, llenos de piedrecillas brillantes y bordados únicos. En cambio, mi suegra escogió uno ajustado al cuerpo, rozando mis tobillos y con una cola ridícula que detesté desde el primer momento. No me queda mal, lo admito, pero no me gusta el diseño.

—Sí, no estoy mal. —Es mi respuesta u a través del reflejo veo como las chicas se miran entre sí preocupadas.

—Es normal que te sientas así, tranquila, que estás preciosa. —Me anima la que se encargó de mi cabello—. Mi colega ya terminó con tu amiga Amber, ¿quieres que la mande a llamar para que te levante esos ánimos? —propone y asiento repetidas veces, ella sabrá como calmarme.

—Te lo agradecería muchísimo, gracias. ¿Pueden dejarme sola unos minutos?

—Claro que sí, ya hemos terminado. Niñas, salgamos afuera.

Al salir me doy cuenta que se han dejado la puerta abierta, y me aproximo a ella para cerrarla. Ryan me recordó varias veces lo importante que es no dejarme ver hasta la entrada de la iglesia, y no quiero más problemas. Cuando tomo el pomo de la puerta con una mano y me dispongo a jalarla, unos pasos me detienen. Por un momento pienso que es mi novio y me congelo, no puedo permitir que me vea, así que decido hacerme a un lado sin darme tiempo a cerrarla.

Una sombra queda clavada en el marco de la puerta. Luego da un paso dentro y recorre el interior con la vista, murmura algo sobre un baño y al notar que es una habitación corriente se da la vuelta para irse.

Es entonces que mi cuerpo reacciona y siento que me falta el aire. Mis ojos quieren salirse de sus órbitas, y él me atraviesa con los suyos tan azules que dan miedo. Su ceño se frunce, me señala con su índice y hace un amago de hablar, pero no lo logra. Yo me llevo la mano al pecho e hiperventilo unos segundos sin poder entender nada.

Finalmente reacciona, y con un par de zancadas cierra la puerta con cuidado y regresa a mí. Me observa de arriba a bajo y maldice en inglés.

—¿Qué haces aquí? —Es lo que se me ocurre decir y su rostro pasa de preocupado a divertido. Pero no una diversión genuina, sino más bien irónica.

—La pregunta es: ¿qué clase de mujer se ha traído mi sobrino a casa?

Sus palabras me destruyen, y aunque no entienda el significado no me quedo callada.

—¿Perdona?

—Ya veo por qué estabas así anoche, tenías y aún tienes miedo de que algún día te descubran. Por un momento te creí, pensé que eras una mujer indecisa de su propia boda porque no amaba a su prometido. Pero por lo visto me equivoqué.

—No sé de qué hablas pero puedo explicarte —respondo enseguida, apretando mis manos intentando dejar de temblar. No tengo idea de lo que pasa por su cabeza pero definitivamente está equivocado.

—No, no hace falta explicar nada —interrumpe con una sonrisa amarga—. Claro… ahora entiendo por qué evitaste responderme anoche. Por qué estabas tan tensa. Dijera lo que dijera ya estaba decidido, claro, no ibas a renunciar a esta vida.

—¡No es lo que piensas! Ese no es el motivo de que diga que sí en el altar, no me conoces.

—¿Ah, no? —avanza un poco más—. ¿No te estás casando con mi sobrino por su bolsillo? Porque vamos, clarísimo está que no lo quieres. Solo mírate, ¿así luce una mujer enamorada?

Me ahogo un poco al escucharlo decir “mi sobrino” tan directo, tan frío; y yo sin saber nada, confesándole lo que sentía creyendo que era un desconocido que no vería en mi vida...

—Evans… por favor…

Él me mira de arriba abajo con un gesto que mezcla decepción y enojo. Yo me ruborizo de la vergüenza.

—¿Sabes lo que más me molesta? —pregunta, inclinando la cabeza— Que él ni siquiera sabe elegir bien a las personas en las que deposita su dinero.

—¿Perdón? —susurro, sin creer lo que acabo de oír.

—No te ofendas —dice con falsa calma—. Pero se nota cuando alguien dice “sí” por conveniencia.

Es como si me hubieran golpeado en el pecho.

—No estoy aquí por dinero —respondo, llorando, sintiendo cómo me sube el calor por la piel—. No tienes idea de nada.

Evans suelta una risa corta.

—Anoche parecías todo menos una mujer enamorada.

—Porque tuve dudas, igual que cualquier persona normal —levanto la voz sin querer—. No porque quiera su cuenta bancaria.

Se le tensa la mandíbula.

—Mi sobrino merece que alguien lo quiera de verdad —dice—. No que lo use.

—¡No lo estoy usando! —respondo, dolida, crispada, temblando y con ganas de tirarme de rodillas a suplicar perdón, así como Ryan me obliga a hacer cada vez que hago algo mal. La necesidad de rogar piedad me consume, por un momento mi cuerpo lo pude a gritos y yo intento resistirme.

Él se detiene a centímetros de mí. Demasiado cerca. Lo suficiente para que pueda sentir su respiración.

—Entonces mírame a los ojos y dime que lo amas —susurra, con esa voz ronca que se mete debajo de mi piel.

Mi boca se abre, pero no sale nada.

Evans observa mi silencio… y lo interpreta como una confirmación.

—Eso pensé —concluye, dándose la vuelta para irse.

Pero antes de tocar la puerta, se detiene… y dice sin mirarme:

—No sabes en lo que te estás metiendo. Esa boda no se va a llevar a cabo, créeme, no mientras yo esté aquí.

Y se va.

Me quedo sola en el cuarto, con el maquillaje destruido… y el corazón completamente desordenado. Amber entra sonriente y al verme pega un grito y me abraza. Ni siquiera me pregunta qué ha pasado y agradezco que sea siempre ese apoyo que necesito; ese que no me juzga ni presiona. Nos quedamos así, abrazadas, y minutos después llama a las maquillistas otra que arreglen el desastre en mi cara.

Al menos eso lo pueden arreglar, porque el que llevo dentro no lo sana ni el mejor médico...

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Me enamoré del hombre equivocado    Epílogo

    IsabellaCuando por fin el silencio se traga por completo los pasos de mi prometido, no siento alivio inmediato, ni siquiera vacío. Lo que siento es algo más difícil de nombrar, algo que se parece demasiado a la ausencia de una estructura que llevaba sosteniéndolo todo sin que me diera cuenta. Como si hasta hace unos segundos hubiera habido un triángulo invisible manteniéndome en equilibrio y ahora solo quedaran dos puntos, demasiado cerca, demasiado expuestos, demasiado reales.Evans no se mueve.Yo tampoco.Y por primera vez desde que todo empezó, no hay nadie más en la escena para justificar lo que siento, no hay una tercera mirada que distorsione lo que está ocurriendo entre nosotros. Solo queda el hecho desnudo de su presencia frente a mí, una presencia que ya no puedo reducir a incomodidad, ni a tensión, ni a interpretaciones ajenas.Es algo más directo.Más peligroso.Más difícil de ignorar.Evans finalmente da un paso hacia mí, no rápido, no invasivo, pero suficiente para camb

  • Me enamoré del hombre equivocado    capítulo 128

    IsabellaLa forma en que mi prometido se da la vuelta no es brusca ni dramática, pero aun así siento que algo se rompe en ese movimiento, algo que no hace ruido, pero que cambia completamente la estructura de lo que éramos hace apenas unos minutos. Es extraño cómo una decisión tan simple, una retirada tan silenciosa, puede dejar un vacío tan grande en el centro de todo, como si de repente el espacio entre Evans y yo hubiera dejado de estar sostenido por la tensión de tres personas y ahora dependiera únicamente de lo que yo haga con lo que queda.Lo observo alejarse unos pasos antes de detenerse, no para volver, sino para ajustar algo dentro de sí mismo, como si necesitara asegurarse de que lo que acaba de decidir no es un impulso, sino una conclusión. No me mira de inmediato, y esa ausencia de mirada pesa más que cualquier reproche, porque no hay rabia en su retirada, no hay confrontación abierta, solo una claridad fría que me obliga a entender que esto no es una escena emocional más,

  • Me enamoré del hombre equivocado    capítulo 127

    IsabellaEl “ambos ya están dentro de mí” no lo digo en voz alta, pero lo siento como si lo hubiera dicho el propio aire entre nosotros, como si la tensión hubiera terminado por volverse tan densa que empieza a pensar por sí misma. Y en ese instante comprendo que ya no hay forma de mantener esta conversación en el terreno seguro de las interpretaciones, porque todo lo que se ha estado evitando decir ha terminado acumulándose en un punto demasiado frágil.Mi prometido me observa sin apartar la mirada, pero ya no hay paciencia en su expresión, hay una claridad fría, de esas que aparecen cuando alguien deja de esperar una explicación perfecta y empieza a actuar sobre lo que ya cree haber entendido.Evans, en cambio, no me mira a él. Me mira a mí. Y esa diferencia lo cambia todo otra vez, porque aunque el conflicto es entre los dos hombres, la decisión parece estar cayendo sobre mis hombros con una precisión que me deja sin espacio para escapar.—No quiero que esto se convierta en una ele

  • Me enamoré del hombre equivocado    Capítulo 126

    IsabellaEl aire entre los tres ya no se siente como una conversación, se siente como una frontera inestable que puede romperse en cualquier dirección dependiendo de quién dé el siguiente paso, y lo peor es que ninguno parece dispuesto a retroceder. La frase de Evans sigue resonando en mi cabeza, no como una defensa, sino como algo más peligroso, algo que me coloca en una posición en la que ya no puedo fingir que esto es solo una incomodidad pasajera.Mi prometido lo mira con una calma que ya no es calma, es control sostenido con esfuerzo, como si cada segundo estuviera evitando que algo dentro de él se desborde.—No la estoy presionando —dice finalmente, pero su voz no busca convencer, busca marcar un límite—. Estoy pidiendo claridad. Algo que debería existir si todo esto es tan “no simple” como tú insistes en decir.Evans no responde de inmediato, pero su postura cambia apenas, lo suficiente para que yo lo note, lo suficiente para que entienda que ya no está tratando de evitar el co

  • Me enamoré del hombre equivocado    Capítulo 125

    IsabellaLa pregunta de mi prometido no cae como una simple duda, cae como una decisión, como si en ese instante hubiera dejado de intentar entendernos a los dos para empezar a exigirme a mí una verdad que yo misma he estado evitando mirar de frente durante demasiado tiempo. “¿Te está afectando de la misma forma?” Y lo dice con una calma que no engaña, porque ahora ya no hay espacio para interpretaciones suaves, ahora todo lo que no se diga va a ser igual de revelador que lo que se diga.Siento cómo el aire se vuelve más denso, no porque la habitación cambie, sino porque yo cambio dentro de ella, porque por primera vez en toda esta conversación no puedo esconderme detrás de la confusión ni de las medias respuestas. Evans está a mi lado, demasiado consciente, demasiado quieto, y aun así lo siento como si su presencia fuera una pregunta constante que no necesita ser formulada para existir.Mi prometido me observa sin parpadear, esperando.Evans no interviene.Y ese silencio entre los do

  • Me enamoré del hombre equivocado    Capítulo 124

    IsabellaLa palabra de Evans todavía no se ha terminado de asentar cuando siento que todo el peso de la conversación cambia de dirección otra vez, como si esa admisión mínima hubiera abierto una puerta que ya no puede volver a cerrarse con silencio. “Sí.” Tan simple, tan directo, y aun así suficiente para que mi prometido deje de mirar únicamente con sospecha y empiece a mirar con una claridad mucho más incómoda, como si por fin hubiera conseguido una pieza que no encajaba en sus dudas, pero sí en algo más grande que todavía no termina de nombrar.Mi prometido no habla de inmediato. Lo noto porque su respiración cambia, porque su mandíbula se tensa apenas, no de forma explosiva, sino controlada, como alguien que está evitando decir algo que ya tiene perfectamente formado en la mente pero que todavía está decidiendo cómo y cuándo soltarlo sin perder el control del momento.Y yo me quedo atrapada en medio de ese silencio con una sensación difícil de explicar, porque no es alivio lo que

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status